Caracalla, Antonino Basiano (188-217): El emperador romano que definió una era
Marco Aurelio Antonino, conocido popularmente como Caracalla, fue uno de los emperadores más influyentes y controvertidos del Imperio Romano. Nacido en Lugdunum (hoy Lyon, Francia) el 4 de abril de 188 d.C. y fallecido en Carres (actual Mesopotamia) el 8 de abril de 217 d.C., Caracalla es recordado tanto por sus victorias militares como por su despiadada política interna, que definió su reinado entre los años 211 y 217 d.C. Hijo del emperador Septimio Severo y de Julia Domna, su figura se asocia estrechamente con el fortalecimiento de la autoridad imperial, las reformas fiscales, las disputas familiares y una serie de hechos sangrientos que marcaron el curso de la historia romana.
Orígenes y contexto histórico
Caracalla nació en una época de gran tensión y cambio dentro del Imperio Romano. Su padre, Septimio Severo, había ascendido al trono tras un período de inestabilidad política tras la muerte de Cómodo, y fue responsable de consolidar el poder de la dinastía de los Severos. Durante su juventud, Caracalla fue testigo de la expansión del imperio y de las dificultades internas que enfrentaba Roma, incluidas las amenazas de invasiones bárbaras y las luchas internas por el poder. Desde su infancia, Caracalla estuvo muy involucrado en las campañas militares de su padre, participando en expediciones por Siria, Egipto y Britania, entre otras.
A una edad temprana, Caracalla fue nombrado César en 196 d.C. y proclamado Augusto en 198 d.C., compartiendo el poder con su hermano Geta. La figura del «emperador colegiado», propuesta por Vespasiano y seguida por Tito y Domiciano, fue adoptada en el gobierno de los hermanos, aunque el destino de esta colaboración fue trágico. La relación entre Caracalla y Geta fue profundamente conflictiva y culminó en el asesinato de Geta por parte de su hermano, un hecho que marcaría el inicio del reinado absoluto de Caracalla.
Logros y contribuciones
Caracalla fue un emperador cuyas decisiones dejaron una marca indeleble en la historia del Imperio Romano. Entre sus logros más importantes se encuentra la promulgación de la Constitutio Antoniana en el año 212 d.C., también conocida como el Edicto de Caracalla. Esta ley otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio, una medida que tenía más motivaciones fiscales que altruistas. A través de esta expansión de la ciudadanía, Caracalla pretendía aumentar la base tributaria del imperio, imponiendo a todos los ciudadanos el pago de un impuesto sobre las herencias y manumisiones. Si bien la medida fortaleció la administración fiscal romana, también incrementó la carga sobre los ciudadanos, lo que contribuyó a la creciente insatisfacción con su gobierno.
En el ámbito militar, Caracalla continuó la tradición de su padre al enfrentar numerosas amenazas externas. Su obsesión por la gloria militar lo llevó a embarcarse en varias campañas, incluyendo enfrentamientos con las tribus germánicas entre 212 y 213 d.C., donde logró una victoria importante a orillas del río Maine, lo que le valió el título de Germanicus Maximus. También emprendió una invasión en 216 d.C. del Imperio Parto, un acto inspirado en su admiración por Alejandro Magno y su deseo de replicar sus conquistas en el este. La campaña, aunque no tuvo los resultados esperados, reflejó las ambiciones expansionistas de Caracalla y su deseo de emular a los grandes conquistadores del pasado.
Otro de los legados de Caracalla fue la construcción de las Thermae Antonianae (más conocidas como las Termas de Caracalla), uno de los complejos termales más impresionantes del Imperio Romano. Estas termas, situadas cerca de la vía Appia, fueron diseñadas para ser un centro de esparcimiento y socialización, con lujosos baños, jardines y espacios para el ejercicio. Las termas fueron una muestra del derroche y la magnificencia del emperador y continúan siendo uno de los monumentos más visitados de la Roma antigua.
Momentos clave
A lo largo de su reinado, Caracalla vivió varios momentos clave que marcaron el rumbo de su gobierno. El primero de estos eventos fue la muerte de su padre, Septimio Severo, el 4 de febrero de 211 d.C., lo que dio inicio al reinado conjunto con su hermano Geta. Sin embargo, las diferencias personales entre ambos hermanos llevaron rápidamente a un conflicto que culminó en el asesinato de Geta en 212 d.C. Este fratricidio no solo eliminó a su rival, sino que también desató una ola de persecuciones en la que se ajustició a muchos de los seguidores de Geta, incluidos miembros de su familia y allegados. La cifra de víctimas fue difícil de precisar, pero según el historiador Casio, se calculó que fueron alrededor de 20,000 personas, aunque este número ha sido cuestionado por su exageración.
Otro momento importante de su reinado fue la medida fiscal que adoptó para sostener las arcas del imperio. En lugar de recurrir a una reforma más estructural, Caracalla duplicó el impuesto sobre las herencias y las manumisiones, un movimiento que desató descontento entre los ciudadanos romanos. A pesar de la crítica por esta acción, la moneda que introdujo, el Antoniniano, buscaba aliviar los problemas económicos al aumentar la cantidad de metal en las monedas. Sin embargo, la devaluación de la moneda generó aún más problemas a largo plazo, exacerbando la inflación y la crisis económica en el imperio.
En su afán por ser reconocido como un gran líder militar, Caracalla también emprendió una serie de campañas contra las tribus germánicas y las comunidades en el este, como se mencionó anteriormente, en su intento por emular a Alejandro Magno y expandir las fronteras del imperio. Sin embargo, su obsesión con la guerra y el poder le llevó a descuidar la administración interna, lo que terminó provocando descontento en las provincias.
Relevancia actual
La figura de Caracalla sigue siendo una de las más fascinantes y debatidas en la historia del Imperio Romano. Su brutalidad, sus reformas fiscales y su enfoque autocrático marcaron su reinado de manera indeleble. No obstante, también es cierto que su medida de otorgar la ciudadanía romana a los habitantes libres del imperio fue un paso significativo hacia la unificación del vasto territorio romano, un proceso que continuaría bajo sus sucesores.
El legado de Caracalla también es evidente en la arquitectura romana, particularmente en las Thermae Antonianae, que han sido testigos de innumerables eventos y siguen siendo un símbolo del poder imperial. Además, su historia resuena en la cultura popular como un ejemplo de emperador despótico, cuyo reinado, aunque breve, tuvo un impacto duradero en la estructura del Imperio Romano.
La muerte de Caracalla el 8 de abril de 217 d.C., a manos de su propio Prefecto del Pretorio, Opelio Macrino, puso fin a su turbulento gobierno. A pesar de sus esfuerzos por afianzar su poder, Caracalla no pudo escapar de la violencia que caracterizó su vida y su reinado. Tras su muerte, Macrino fue proclamado emperador, pero su legado como uno de los emperadores más sanguinarios y controvertidos perdura hasta el día de hoy.
Bibliografía
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MECKLER, M.L. Caracalla and his late-antique biographer: a historical commentary on the Vita Caracalli in the Historia Augusta. (University of Michigan, 1994).
MCN Biografías, 2025. "Caracalla, Antonino Basiano (188-217): El emperador romano que definió una era". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/caracalla-antonino-basiano-emperador-de-roma [consulta: 11 de febrero de 2026].
