Rosella Hightower (1920-VVVV): La icónica bailarina y coreógrafa que dejó una huella imborrable en el ballet mundial

Rosella Hightower

Rosella Hightower (1920-VVVV) fue una de las figuras más influyentes del mundo del ballet del siglo XX. Nacida el 30 de enero de 1920 en Ardmore, Oklahoma, esta excepcional bailarina, coreógrafa, maestra y directora artística de ascendencia india, dedicó su vida a la danza, convirtiéndose en una de las más grandes figuras del ballet clásico. A lo largo de su carrera, Hightower no solo fue una destacada intérprete, sino también una influyente pedagoga que dejó un legado duradero en la formación de nuevas generaciones de bailarines. Este artículo explora su vida, sus logros y la relevancia de su carrera, que continúa siendo fuente de inspiración para muchos en el mundo de la danza.

Orígenes y contexto histórico

La historia de Rosella Hightower comienza en un contexto cultural y social en el que las oportunidades para las mujeres en el ámbito artístico eran limitadas. Sin embargo, Hightower desafió estas barreras y se estableció como una de las figuras clave en la evolución del ballet moderno. Desde muy joven mostró su inclinación por la danza, iniciando sus estudios en 1928 con Dorothy Perkins en Kansas City. A partir de este momento, comenzó a forjar su camino en el mundo del ballet, un camino que la llevaría desde Estados Unidos hasta las grandes compañías de ballet de Europa.

En 1937, con tan solo 17 años, Hightower se trasladó a Europa, un paso crucial que marcaría el inicio de su carrera internacional. Fue en Europa donde se unió al Ballet Russe de Monte Carlo en 1938, una de las compañías más prestigiosas de la época, bajo la dirección de un grupo de maestros visionarios. Durante su tiempo con esta compañía, Hightower tuvo la oportunidad de interpretar papeles clave en obras innovadoras, como la famosa pieza Vienna-1814 (1940), de Léonide Massine.

Logros y contribuciones

A lo largo de su carrera, Rosella Hightower acumuló una impresionante cantidad de logros que consolidaron su nombre en la historia de la danza. Después de su participación en el Ballet Russe de Monte Carlo, Hightower regresó a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, donde se unió al Ballet Theatre (hoy conocido como American Ballet Theatre). Fue con esta compañía donde estrenó Mademoiselle Angot (1943), una coreografía de Massine, y formó parte del cuerpo de baile de Giselle (1943), donde Alicia Alonso interpretó el papel principal.

La versatilidad de Hightower como intérprete y su capacidad para adaptarse a diferentes estilos de danza le permitió destacarse rápidamente. En 1945, se unió al Original Ballet Russe del Coronel de Basil, donde continuó perfeccionando su arte. Un año después, en 1947, Hightower se unió al Nouveau Ballet de Monte Carlo, lo que la llevó a ser una de las principales figuras de la compañía cuando fue adquirida por el Marqués de Cuevas.

Durante su tiempo en el Grand Ballet du Marquis de Cuevas, Hightower participó en la creación de numerosas piezas importantes. Entre sus contribuciones más destacadas se encuentran sus interpretaciones de Doña Inés de Castro (1952), una obra de Ana Ricarda, y Piège de Lumière (1952), una coreografía de John Taras. Además, desempeñó papeles fundamentales en obras como La Sílfide (1953), una pieza de Harald Lander, y Corrida (1957), de David Lichine.

La carrera de Hightower también se destacó por su habilidad para interpretar roles protagónicos en clásicos del repertorio, como La Bella Durmiente (1960), donde asumió el papel de Aurora en una versión de Bronislava Nijinska y Robert Helpmann. Además, su faceta de coreógrafa se consolidó con la creación de Salomé (1950), una pieza que se convirtió en un referente dentro del repertorio de la danza moderna.

Momentos clave

A lo largo de su carrera, Hightower vivió momentos clave que marcaron el rumbo de su vida artística. Uno de los más destacados fue su retiro en 1961, después de una exitosa carrera como bailarina. Sin embargo, no dejó de estar vinculada al mundo de la danza. En ese mismo año, realizó una de sus últimas apariciones como bailarina invitada en el debut de Rudolf Nureyev en Londres, un evento que se convirtió en un hito en la historia del ballet. En 1969, participó en el estreno de Variations, una obra de Maurice Béjart con el Ballet du XXe Siècle.

En 1962, Hightower fundó el Centre de Danse International Rosella Hightower en Cannes, un centro educativo que ha formado a numerosos bailarines de renombre. Además, creó su propia compañía de ballet, donde presentó obras como La Pequeña Cerillera (1963), un ballet estrenado por Maina Gielgud. Su carrera como pedagoga y directora artística también la llevó a ocupar cargos destacados, como la dirección del Ballet de la Ópera de Marsella (1969-72), el Ballet de Nancy (1973-74), el Ballet de l’Opéra de París (1980-83) y el Ballet del Teatro alla Scala de Milán (1983-86).

Relevancia actual

A pesar de haberse retirado de la escena como bailarina, Rosella Hightower sigue siendo una figura relevante en el mundo de la danza contemporánea. Actualmente, continúa con la dirección y enseñanza en su escuela de danza en Cannes, y mantiene una pequeña compañía formada por los alumnos más avanzados. A lo largo de los años, su contribución al arte de la danza ha sido reconocida con importantes premios y distinciones, como el Gran Premio de los Críticos de Danza de París (1949), la Medalla de Oro de la Universidad de la Danza de París (1967) y el título de Caballero de la Legión de Honor (1975). En 1993, presidió el Jurado del Prix Volinine, uno de los certámenes más prestigiosos de la danza.

El legado de Rosella Hightower no solo se limita a su extraordinaria carrera como intérprete y coreógrafa, sino también a su profunda influencia en la formación de nuevas generaciones de bailarines. Su escuela de danza sigue siendo un referente en el ámbito pedagógico, y su enfoque en la técnica y la expresión artística sigue inspirando a muchos jóvenes bailarines.

Conclusión

Rosella Hightower ha dejado una huella imborrable en el mundo del ballet. Desde su destacada carrera como bailarina hasta su trabajo como pedagoga y directora artística, su contribución al arte de la danza es incuestionable. A lo largo de su vida, ha trabajado al lado de grandes maestros como Léonide Massine, Alicia Alonso, John Taras, Harald Lander, David Lichine, Bronislava Nijinska y Robert Helpmann, entre muchos otros. Además, su relación con figuras legendarias como Rudolf Nureyev y Maurice Béjart ha fortalecido aún más su influencia en el desarrollo del ballet moderno. Sin lugar a dudas, el legado de Rosella Hightower continúa siendo una fuente de inspiración para las generaciones presentes y futuras.

Bibliografía

  • Rosella Hightower: Una vida dedicada al ballet – J. Bayo.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Rosella Hightower (1920-VVVV): La icónica bailarina y coreógrafa que dejó una huella imborrable en el ballet mundial". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/hightower-rosella [consulta: 15 de febrero de 2026].