Lee Strasberg (1901–1982): El Arquitecto del Método que Revolucionó la Interpretación en el Siglo XX
De Budanov a Nueva York: formación, exilio y vocación escénica
Contexto histórico y migración familiar
A comienzos del siglo XX, Europa Oriental vivía una era de gran inestabilidad política, económica y social. En el Imperio austrohúngaro, donde se encontraba Buzdanow (hoy Budanov, en Ucrania), las tensiones étnicas y religiosas afectaban gravemente a las comunidades judías. Pogromos, discriminación legal y restricciones económicas impulsaron a miles de familias judías a buscar un futuro más seguro en tierras lejanas. Fue en este contexto que, en 1909, la familia de Israel Lee Strasberg decidió emigrar a Estados Unidos, cuando él contaba apenas ocho años de edad. Este traslado marcaría el inicio de un recorrido vital que habría de cambiar el curso del arte dramático en el siglo XX.
La familia Strasberg se instaló en Nueva York, ciudad que en aquella época recibía a oleadas de inmigrantes del Viejo Mundo. El joven Lee creció en el Lower East Side, un hervidero de culturas y tensiones sociales que moldearon su sensibilidad artística y política. Aunque siempre se consideró ciudadano norteamericano, su identidad estuvo profundamente marcada por su origen europeo y la experiencia del desarraigo.
Primeros contactos con el teatro
Desde muy joven, Strasberg manifestó una inclinación por el teatro, especialmente por aquellas formas dramáticas que servían de vehículo para el compromiso social y político. El teatro político, con sus raíces en la tradición europea y su vocación de denuncia, captó su atención en los años de su juventud. En esos círculos independientes y de vanguardia, Strasberg no solo empezó a actuar, sino también a reflexionar sobre el significado profundo de la interpretación escénica.
En esta primera etapa, entró en contacto con la literatura dramática rusa, un corpus que lo impactó por su densidad psicológica y su realismo emocional. Obras de Chejov y el ideario del Teatro de Arte de Moscú comenzaban a perfilar una cosmovisión artística que pronto sería central en su desarrollo profesional.
Formación y primeros pasos profesionales
En 1925, convencido de sus capacidades y de su vocación, Strasberg decidió profesionalizarse en el mundo del teatro. Se unió al Theatre Guild de Nueva York, una de las agrupaciones más influyentes del momento. Allí dio sus primeros pasos como actor y, rápidamente, se abrió paso como director de escena. Sin embargo, su paso por el Guild fue breve: sus firmes convicciones políticas chocaban con la orientación más apolítica del grupo. Para Strasberg, el teatro no podía ser neutral; debía ser un espacio de transformación individual y colectiva.
Esa disonancia ideológica lo llevó a abandonar el Theatre Guild en 1930, decisión que sería clave para su evolución. Ese mismo año fundó su propio colectivo, el Theatre Group, con la intención de crear un entorno donde las ideas progresistas y la innovación escénica pudieran coexistir libremente. Este nuevo proyecto no solo le otorgó independencia creativa, sino que también lo conectó con un legado teatral que pronto se volvería fundamental en su vida: el de Konstantin Stanislavski.
Influencias rusas: el legado de Stanislavski
Durante los años treinta, el estallido de la Revolución Rusa y las turbulencias posteriores provocaron una diáspora entre los integrantes del Teatro de Arte de Moscú, fundado en 1898 por Stanislavski y Nemirovich-Danchenko. Algunos de sus más destacados actores, como Richard Boleslavsky y María Ouspenskaya, aprovecharon una gira por Estados Unidos para quedarse en el país y comenzar a difundir los principios del método stanislavskiano, centrado en la verdad emocional y la psicología del personaje.
Strasberg, siempre atento a las posibilidades de innovación, se integró en esta nueva corriente de pensamiento. En especial, se sintió atraído por la filosofía realista de Stanislavski, que proponía un modelo de actuación basado en la interioridad del personaje y el proceso emocional vivido por el actor. Bajo la influencia directa de Boleslavsky y Ouspenskaya, Strasberg comenzó a adaptar esas enseñanzas al contexto estadounidense, desarrollando su propia visión del llamado “método”.
El Group Theatre, heredero del Theatre Group, se convirtió entonces en el laboratorio escénico más avanzado de su época. Allí, Strasberg aplicó los principios del método con rigor, pero también con una clara intención transformadora: no solo quería mejores actores, sino también seres humanos más conscientes, comprometidos y auténticos.
El impacto del Group Theatre fue inmediato. En una década dominada por la Gran Depresión, este colectivo ofrecía una forma de teatro profundamente conectada con la realidad social. Las obras elegidas, como House of Connelly (1931) de Julien Green, Night over Taos (1932) de Maxwell Anderson, Men in White (1933) de Sidney Kingsley y Gentlewoman (1934) de Lawson, reflejaban la angustia, los dilemas morales y las tensiones ideológicas del momento.
Strasberg, como director, no solo guiaba a los actores en la búsqueda de la verdad emocional, sino que también moldeaba el espectáculo en su conjunto como una experiencia ética y estética. Su enfoque revolucionó el modo en que se concebía la actuación: ya no se trataba de fingir emociones, sino de vivirlas auténticamente.
Este enfoque, sin embargo, también generó controversia. La intensidad emocional que exigía a los actores, el énfasis en la introspección psicológica, y su carácter perfeccionista provocaron tensiones internas dentro del grupo. Aunque el Group Theatre seguía activo, Strasberg decidió abandonarlo en 1937, cerrando así una etapa clave de experimentación artística.
La partida marcó el final de un ciclo, pero también el comienzo de una nueva fase. Fascinado por el creciente poder del cine como medio de expresión, Strasberg se trasladó a Hollywood, donde comenzó a tejer relaciones con actores, directores y guionistas que, años más tarde, serían esenciales en la expansión de su método. Entre ellos se encontraba Clifford Odets, dramaturgo y guionista con quien compartiría una fértil colaboración en años posteriores.
El método y la revolución actoral: del Group Theatre al Actor’s Studio
Años de efervescencia creativa en el Group Theatre
El Group Theatre, fundado en los albores de los años treinta, no fue solo una compañía escénica, sino una auténtica comunidad artística con un compromiso ideológico profundo. Inspirado por los ideales del realismo psicológico de Stanislavski, pero también por un fuerte sentido de justicia social, este colectivo se convirtió en una fuerza única en el teatro estadounidense. En él, Lee Strasberg consolidó su rol como director visionario y comenzó a desarrollar su propio enfoque de la actuación, posteriormente conocido como “el Método”.
Durante su período más productivo, el Group Theatre estrenó obras que marcaron un antes y un después en la historia del teatro estadounidense. Entre ellas destacaron House of Connelly (1931), Night over Taos (1932), Men in White (1933) y Gentlewoman (1934), todas caracterizadas por su contenido social y político, y por el trabajo de interpretación intensamente emocional que las acompañaba. Para Strasberg, cada montaje era una oportunidad para explorar más a fondo la conexión emocional entre actor y personaje, fomentando una interpretación basada en la experiencia interna del actor más que en la imitación superficial.
No obstante, esta misma intensidad acabó generando fricciones. Algunos miembros del colectivo consideraban excesiva la presión que Strasberg ejercía sobre los actores para alcanzar una organicidad total en la representación. Las tensiones ideológicas y creativas derivaron en conflictos internos que debilitaron la cohesión del grupo. A pesar de que el Group Theatre continuó su actividad hasta 1941, Strasberg lo abandonó en 1937, desencantado y en busca de nuevos horizontes.
Paso por Hollywood y retorno a Broadway
Tras su salida del Group Theatre, Strasberg se trasladó a Hollywood, centro neurálgico de la industria cinematográfica emergente. Allí conoció a actores, guionistas y directores que compartían su inquietud por una interpretación más realista y profunda. Uno de esos encuentros decisivos fue con Clifford Odets, dramaturgo que había sido su compañero en el Group Theatre y que, como él, alternaba la vocación teatral con el trabajo en el cine.
La colaboración entre ambos fructificó en 1948 con la puesta en escena de The Big Knife (El gran cuchillo), una feroz crítica al sistema de producción de Hollywood escrita por Odets. Strasberg dirigió esta obra en Broadway, y el papel protagónico fue interpretado por John Garfield, otro exmiembro del Group Theatre. La producción fue un éxito rotundo, tanto en términos de crítica como de recepción popular. Para muchos, representó la reconciliación de Strasberg con los escenarios y la confirmación de su talento como director.
La intensidad emocional de la obra, su mirada crítica sobre la industria y la potencia actoral desplegada por Garfield marcaron un hito en el teatro estadounidense de posguerra. Además, sentaron las bases de un nuevo proyecto que Strasberg y otros compañeros tenían en mente: la creación de una institución dedicada a la formación actoral en profundidad, alejada de las fórmulas convencionales.
Fundación del Actor’s Studio
Ese sueño se materializó el 3 de julio de 1947, cuando Lee Strasberg, junto a Elia Kazan, Robert Lewis y Cheryl Crawford, fundó el Actor’s Studio en Nueva York. El centro fue concebido como un lugar de perfeccionamiento para actores profesionales, donde se pudiera investigar y pulir las herramientas del intérprete en un ambiente riguroso pero creativo.
Inicialmente, el liderazgo fue compartido, pero en 1951 Strasberg asumió la dirección total del Actor’s Studio, iniciando la etapa más influyente de su carrera. Bajo su guía, el centro se convirtió en un espacio mítico para varias generaciones de actores, donde el “Método” Strasberg encontró su formulación definitiva.
A diferencia de otros enfoques pedagógicos, Strasberg no ofrecía un programa académico fijo, sino una serie de ejercicios y procesos introspectivos diseñados para conectar al actor con sus propias vivencias emocionales. Su premisa era clara: la verdad escénica debía nacer de la experiencia personal, no de la imitación. Esta búsqueda de lo “orgánico” se convirtió en la piedra angular del entrenamiento actoral en el Actor’s Studio.
La adaptación del método Stanislavski
Aunque Strasberg siempre reconoció su deuda con Stanislavski, su interpretación del método original fue selectiva y transformadora. Si bien el director ruso había empezado a desarrollar ejercicios de “memoria afectiva” —revivir experiencias personales para dotar de autenticidad a una escena—, había abandonado parcialmente esa vía en sus últimos años. Strasberg, en cambio, la convirtió en el núcleo de su enfoque.
El “método Strasberg”, como llegó a conocerse, requería que los actores se sumergieran en sus propias emociones pasadas, analizando sus reacciones, sus traumas y sus impulsos más profundos. Mediante ejercicios de relajación, concentración y evocación, el actor debía acceder a un estado emocional sincero y utilizarlo como motor de su actuación.
Este enfoque resultó particularmente eficaz en el cine, donde la cámara era capaz de capturar los matices más sutiles de la expresión facial y corporal. Actores formados por Strasberg brillaron con una naturalidad y una intensidad emocional que rompieron con los moldes de la actuación teatral tradicional. Películas protagonizadas por estos intérpretes mostraban una verdad dramática que antes parecía inalcanzable.
Sin embargo, el método también recibió críticas, sobre todo por su énfasis en lo psicológico en detrimento de otros aspectos técnicos o estilísticos. Algunos consideraban que su insistencia en el mundo interior del actor podía derivar en actuaciones ensimismadas o egocéntricas. Incluso figuras cercanas, como Sanford Meisner o Stella Adler, que también fueron discípulos del pensamiento stanislavskiano, discreparon abiertamente del camino seguido por Strasberg.
A pesar de esas tensiones, el método triunfó y transformó por completo la formación actoral en Estados Unidos. No solo cambió cómo se actuaba, sino también cómo se concebía el arte de actuar: no como una técnica externa, sino como un viaje interior, ético y emocional.
Influencia global y legado cultural de un maestro del método
Formación de una generación dorada
La trascendencia del trabajo de Lee Strasberg no puede medirse únicamente por sus teorías o sus montajes escénicos. Su verdadero impacto se hizo visible en el fenómeno que significó la emergencia de una nueva generación de actores que revolucionó el cine y el teatro en la segunda mitad del siglo XX. Bajo su tutela en el Actor’s Studio, se formaron intérpretes cuya naturalidad, expresividad y profundidad emocional marcaron una ruptura definitiva con las convenciones de actuación anteriores.
Entre sus alumnos más destacados se encuentran nombres que hoy son iconos de la historia del cine: Montgomery Clift, Marlon Brando, Paul Newman, James Dean, Steve McQueen, Shelley Winters, Carroll Baker, Dennis Hopper, Dustin Hoffman, Jane Fonda, Al Pacino, Sally Field, Harvey Keitel, Mickey Rourke, Peter Gallagher, Alec Baldwin, Nastassja Kinski y Matt Dillon, entre muchos otros.
Cada uno de ellos, con estilos y trayectorias distintas, llevó a la pantalla una forma de interpretar más introspectiva, emocional y auténtica, estableciendo un nuevo canon de actuación. Filmes como Un tranvía llamado deseo, El padrino, Taxi Driver o Tarde de perros son testimonio del legado vivo de Strasberg. La actuación dejó de ser artificio para convertirse en un acto de verdad emocional. Strasberg no solo formó actores: formó artistas capaces de explorar lo más profundo del alma humana.
Institucionalización del método
El éxito y la fama del Actor’s Studio motivaron la creación de otros centros dedicados a la difusión del método. El más emblemático fue el Lee Strasberg Theatre and Film Institute, fundado en Los Ángeles, con sedes también en Nueva York. Este instituto no solo continuó con la enseñanza formal del método, sino que se convirtió en un referente internacional en la formación actoral.
Además, Strasberg impartió clases en numerosas universidades estadounidenses, y su método fue objeto de estudios, seminarios y análisis teóricos en instituciones de prestigio. Su capacidad para traducir una experiencia subjetiva en una herramienta pedagógica clara lo convirtió en una figura imprescindible en el ámbito académico.
En 1963, recibió el Centennial Gold Medal Award for Excellence in Dramatic Arts, reconocimiento que consolidaba su estatus como una de las figuras más influyentes del arte dramático del siglo XX.
Pero quizás el aporte más duradero fue la publicación de su libro “Un sueño de pasión. El desarrollo del Método”, donde Strasberg sistematizó sus ideas y técnicas, ofreciendo a futuras generaciones una guía detallada sobre su visión del arte de actuar. Esta obra es hoy un texto de referencia en escuelas de teatro de todo el mundo.
Diseminación internacional del legado
La influencia de Lee Strasberg trascendió las fronteras de Estados Unidos. En Europa y América Latina, su método fue adoptado, adaptado y recontextualizado por numerosos artistas y pedagogos.
Uno de los más relevantes fue William Layton, nacido en Kansas City en 1914 y fallecido en Madrid en 1995. Tras formarse bajo la tutela de Sanford Meisner, Layton desarrolló una fructífera carrera en Broadway y en los principales escenarios de Londres antes de establecerse en España a finales de los años cincuenta. Fascinado por el teatro de Federico García Lorca y comprometido con una visión humanista de la actuación, Layton fundó el Laboratorio de Teatro de William Layton en Madrid, donde difundió las enseñanzas del método Stanislavski filtradas por las aportaciones de Strasberg, Uta Hagen y Meisner.
Este laboratorio fue clave en la formación de una generación de actores y directores españoles, entre ellos Miguel Narros, José Carlos Plaza, José Luis Alonso de Santos, Juan Margallo, Ana Belén, José Pedro Carrión, Berta Riaza, Adriana Ozores y Ana Duato, entre otros muchos. Gracias a esta labor pedagógica, el método de Strasberg se incorporó al ADN del teatro contemporáneo español, revitalizando su lenguaje interpretativo y elevando sus estándares de realismo.
Últimos años y continuidad de su influencia
Durante las últimas décadas de su vida, Lee Strasberg continuó enseñando, escribiendo y reflexionando sobre su método. Su energía creativa no decayó con el paso del tiempo, y hasta sus últimos días se mantuvo vinculado al Actor’s Studio y al Instituto que llevaba su nombre.
Uno de sus herederos naturales fue su hijo, John Strasberg, quien también se dedicó a la pedagogía actoral y desarrolló un enfoque propio, aunque crítico con algunos aspectos del método original. John planteó una revisión más flexible del trabajo emocional, buscando un equilibrio entre el interior del actor y las circunstancias externas del personaje. Su aportación representa una evolución crítica del legado paterno, consciente de las limitaciones de un enfoque centrado exclusivamente en la psicología interna.
También la actriz y maestra Uta Hagen se destacó como una importante continuadora y reformuladora del método, aportando herramientas adicionales y subrayando la necesidad de integrar la imaginación activa del actor con su experiencia personal. Su influencia fue clave en la renovación del teatro norteamericano, y su manual Respect for Acting se convirtió en otro texto esencial para actores en formación.
Las críticas contemporáneas al método Strasberg suelen centrarse en su tendencia al psicologismo extremo, en ocasiones en detrimento de otros recursos expresivos o técnicos. Sin embargo, incluso sus detractores reconocen que su método provocó una revolución irreversible en la forma de actuar. El cine y el teatro modernos ya no pueden concebirse sin su huella.
Hoy, su legado sigue vivo en las escuelas de teatro más prestigiosas, en el trabajo de actores que siguen utilizando sus herramientas, y en la memoria emocional de quienes han sentido alguna vez la verdad de un personaje en escena. En tiempos donde la autenticidad se valora como un bien escaso, la propuesta de Strasberg —conectar lo personal con lo universal— sigue siendo radicalmente contemporánea.
MCN Biografías, 2025. "Lee Strasberg (1901–1982): El Arquitecto del Método que Revolucionó la Interpretación en el Siglo XX". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/strasberg-lee [consulta: 14 de febrero de 2026].
