Francisco Fabián y Fueros (1719–1801): Un Obispo Ilustrado y Reformista
Orígenes y Formación Académica
Francisco Fabián y Fueros nació el 7 de agosto de 1719 en la pequeña localidad de Terzaga, en la provincia de Guadalajara, dentro del señorío de Molina, en el centro de la actual España. Hijo de Esteban Fabián y Ana Fuero, ambos naturales de la región, su infancia estuvo marcada por una tragedia temprana, pues quedó huérfano de madre a una edad muy temprana. Su tío materno, sacerdote en la ciudad de Almazán, lo acogió en su hogar, lo que permitió a Francisco comenzar sus estudios en esta localidad. Fue aquí donde comenzó a desarrollar su interés por el latín y las humanidades.
El joven Fabián continuó su formación académica en el Colegio Carmelitano de Calatayud, en Zaragoza, donde destacó por su capacidad intelectual y su dedicación a los estudios. Gracias a su talento, obtuvo una beca para continuar su educación en el Seminario Conciliar de Sigüenza, en Guadalajara, donde cursó los estudios necesarios para su futura carrera eclesiástica. En 1741, Fabián y Fueros se graduó en Artes y Teología en la Universidad-Colegio de San Antonio de Portacoeli de Sigüenza, y en 1743, logró un notable logro académico al doctorarse en Teología, lo que le otorgó un estatus respetado dentro del ámbito eclesiástico y académico.
Su capacidad para el estudio y su dedicación a la enseñanza no pasaron desapercibidos, y en 1743, fue elegido rector de la Universidad de Sigüenza, cargo que ocuparía hasta 1751. En este período, Fabián y Fueros se destacó no solo como un hombre de fe, sino también como un pensador con un claro interés por la cultura y la educación.
Ascenso en la Iglesia Española
El ascenso de Francisco Fabián y Fueros dentro de la jerarquía eclesiástica fue meteórico, impulsado tanto por su intelecto como por su dedicación a la labor pastoral. Tras su exitosa carrera académica, Fabián continuó acumulando prestigio en las altas esferas del clero. En 1755, fue nombrado canónigo de la catedral de Toledo y abad de San Vicente, un puesto de gran relevancia en la iglesia española, lo que le permitió interactuar con figuras importantes del ámbito eclesiástico, como Felipe Fernández Vallejo, Rodríguez Arellano, y Francisco Antonio de Lorenzana. Con ellos, compartió una pasión por la historia y la lingüística, aspectos que marcarían gran parte de su vida intelectual.
Fabián y Fueros, al igual que muchos de sus contemporáneos, se sintió atraído por las corrientes de la Ilustración que comenzaban a infiltrarse en el pensamiento europeo, particularmente las ideas de reforma y modernización dentro de la Iglesia. Su cercanía a figuras como Lorenzana, quien más tarde se convertiría en un cercano colaborador, también lo acercó a los ideales de la ilustración, convirtiéndolo en un referente eclesiástico progresista.
Sin embargo, su gran salto hacia la fama llegaría en 1765, cuando el rey Carlos III lo nombró obispo de Puebla de los Ángeles, una de las diócesis más importantes de la Nueva España (México). Este nombramiento marcó un punto de inflexión en la vida de Fabián y Fueros, pues lo colocó en el centro de los cambios sociales y religiosos que atravesaba el continente americano en esa época.
Obispo de Puebla de los Ángeles: Reformas y Conflictos
Francisco Fabián y Fueros asumió su cargo como obispo de Puebla en 1765, con el desafío de gobernar una diócesis vasta y rica en recursos, pero marcada por serios problemas de disciplina eclesiástica. Desde el primer momento, puso en marcha un ambicioso programa de reformas con el fin de purificar y renovar tanto la vida religiosa como las prácticas administrativas de la diócesis. Su principal objetivo fue erradicar las supersticiones que prevalecían entre la población, al mismo tiempo que promovía la religión auténtica y extendía la observancia de la disciplina eclesiástica.
Fabián y Fueros también tomó medidas drásticas para organizar la vida en los conventos femeninos, uno de los puntos más delicados y controversiales de su gestión. En 1765, emitió un edicto que exigía a las monjas de Puebla cumplir con una vida comunitaria estricta, en lugar de vivir en condiciones más individuales, como era la práctica habitual en muchos conventos. De acuerdo con sus reformas, las monjas debían seguir el principio de la pobreza y compartir sus comidas en comunidad, un concepto radical para la época. Además, prohibió la compra y venta de celdas privadas, limitó el número de sirvientas y controló las celebraciones religiosas, impidiendo las festividades privadas.
Estas reformas, que incluyeron incluso la normativa sobre la vestimenta de las monjas, no fueron bien recibidas por todas las religiosas. La implementación de las nuevas reglas provocó una división en los conventos de Puebla, y algunas monjas, sobre todo las que favorecían la vida privada, resistieron las órdenes del obispo. Uno de los episodios más célebres de esta resistencia fue el levantamiento de las monjas del convento de Santa Inés de Monte Punciano, quienes se rebelaron contra las medidas y buscaron la intervención de las autoridades civiles. El conflicto fue tan grave que, para contrarrestarlo, Fabián y Fueros encargó al clérigo José Ortega Moro la redacción de un libro titulado Carta a una religiosa para su desengaño y dirección, publicado sin licencias reales en 1774, que defendía las reformas y atacaba a las monjas desobedientes.
A pesar de la oposición interna, Fabián y Fueros continuó sus esfuerzos para reforzar la disciplina eclesiástica y garantizar que la vida religiosa se mantuviera dentro de los márgenes de la moral católica y las órdenes de la corona. Sin embargo, no todos los conventos aceptaron sus reformas, lo que dio lugar a un largo conflicto que perduraría durante su mandato.
Reformas Sociales y Educativas en Puebla
Además de sus reformas en la vida religiosa, Fabián y Fueros se dedicó a fomentar la educación y la cultura en Puebla. En 1770, impulsó la recuperación del culto y la liturgia mozárabe, un legado de la presencia visigoda en la península ibérica, y promovió la edición de la Missa Gótica seu Mozarabica, un lujoso volumen que fue publicado en las prensas del Seminario Palafoxiano de Puebla. Este trabajo, que contó con la colaboración de su amigo Francisco Antonio de Lorenzana, mostró su profundo interés en la historia de la iglesia y su deseo de rescatar elementos perdidos de la tradición religiosa española.
La labor cultural de Fabián y Fueros también incluyó la creación de una academia de Bellas Artes y el desarrollo de nuevas ordenanzas para la Biblioteca Palafoxiana, una de las más antiguas y prestigiosas de América. Además, desempeñó un papel fundamental en la beatificación de Juan de Palafox y Mendoza, su antecesor en el obispado de Puebla, y promovió la castellanización de los pueblos indígenas, aprendiendo incluso la lengua nahua para comunicarse directamente con la población local.
El legado cultural y educativo de Fabián y Fueros fue tan importante como sus reformas eclesiásticas, y su nombre se asociaría a la idea de un clérigo ilustrado comprometido tanto con la modernización de la iglesia como con la preservación de las tradiciones de la fe católica.
La Expulsión de los Jesuitas y el Conflicto con la Compañía de Jesús
Uno de los episodios más tensos durante el episcopado de Francisco Fabián y Fueros fue la expulsión de los jesuitas en 1767, un evento que sacudió los cimientos de la iglesia en América y España. En ese año, el rey Carlos III decretó la disolución de la Compañía de Jesús, lo que provocó una serie de conflictos en diversas regiones, incluida la Nueva España, donde los jesuitas desempeñaban un papel clave tanto en la educación como en la gestión de misiones.
Fabián y Fueros, alineado con las reformas del rey, apoyó la expulsión de la orden, pero esta medida no fue recibida de manera uniforme. El clero local y algunos sectores de la sociedad se opusieron rotundamente a la expulsión de los jesuitas, y muchos acusaron al obispo de ser un ferviente partidario del jansenismo y del luteranismo. Se difundieron numerosas sátiras y pasquines en los que se criticaba al obispo por su postura y se cuestionaba su lealtad al Papa. A pesar de la oposición que enfrentó, Fabián y Fueros mantuvo firme su postura y participó activamente en el IV Concilio Provincial Mexicano (1771), donde reiteró su apoyo a la expulsión y abogó por la autoridad real frente a la eclesiástica, una postura que no era común en la época.
El apoyo de Fabián y Fueros a las políticas del monarca y su implicación en la eliminación de la influencia jesuita en Puebla y otras partes de la Nueva España sentó las bases de las tensiones que más tarde marcarían su relación con otros sectores del clero. Su relación con los jesuitas y su postura frente a la autoridad papal reflejaban su alineación con las corrientes de pensamiento reformista y regalista que buscaban un control más directo de la iglesia por parte del poder secular.
Desafíos en el Arzobispado de Valencia
En 1773, Fabián y Fueros recibió el nombramiento de arzobispo de Valencia, un cargo que lo trasladó a España, donde continuó con su labor reformista. Durante su mandato en Valencia, Fabián se enfrentó a nuevos desafíos tanto en el ámbito religioso como político. Uno de los primeros aspectos en los que se destacó fue en la fundación del Real Seminario de la Purísima Concepción y Santo Tomás de Villanueva en 1790, un centro educativo que buscaba formar a nuevos clérigos en un contexto de profundas transformaciones.
Sin embargo, su actuación en Valencia no estuvo exenta de conflictos. Las tensas relaciones con la universidad local y la disputa sobre las reformas académicas fueron uno de los aspectos más polémicos de su gestión. Fabián decidió imponer la Gramática de Juan de Iriarte en lugar de la tradicional Gramática latina de Gregorio Mayans, lo que suscitó la animosidad de los académicos, en especial de Mayans, quien lo calificó de «crédulo y vengativo». Esta medida fue vista por muchos como una imposición autoritaria, lo que exacerbó las tensiones entre el arzobispo y la universidad de Valencia, una institución de gran influencia en la ciudad.
A medida que los conflictos fueron intensificándose, la situación en Valencia se volvió cada vez más insostenible. La Revolución Francesa (1789) y la llegada de eclesiásticos franceses a la ciudad de Valencia complicaron aún más las relaciones entre las autoridades locales y Fabián. El arzobispo decidió ofrecerles protección, lo que provocó una serie de disturbios populares. La situación llegó a su punto álgido cuando el 23 de enero de 1794, el capitán general, el duque de la Roca, ordenó el arresto de Fabián y Fueros debido a su postura en favor de los refugiados franceses.
El arzobispo, preocupado por su seguridad, logró escapar de su residencia, disfrazado de cura, y se retiró a su ciudad natal, Terzaga, para huir de la persecución. Este evento marcó el fin de su actividad como arzobispo y dejó una profunda huella en su legado.
La Revolución Francesa y los Disturbios en Valencia
La Revolución Francesa fue un factor crucial en los últimos años del arzobispo Fabián y Fueros. La protección que otorgó a los eclesiásticos franceses que llegaron a Valencia tras la revolución le valió una gran cantidad de enemigos. Fabián justificó sus acciones al argumentar que Carlos IV, el rey de España, había dado su apoyo a los refugiados y les otorgó protección. Sin embargo, el capitán general, el duque de la Roca, no compartía este punto de vista y ordenó la expulsión de los clérigos franceses de Valencia.
La intervención de Fabián en estos asuntos, además de proteger a las monjas ursulinas francesas que se encontraban en el Colegio de la Enseñanza, desató una serie de disturbios en la ciudad. Las tensiones sociales y políticas crecieron hasta que el arzobispo fue arrestado, pero logró escapar y retirarse a Terzaga. Este episodio significó un fuerte golpe a su autoridad, pero también mostró su firme compromiso con la protección de los refugiados y su postura frente a las autoridades civiles.
Retiro y Últimos Años
El retiro de Francisco Fabián y Fueros a su ciudad natal de Terzaga en 1794 marcó el fin de su carrera activa en la Iglesia. Aunque había renunciado formalmente a su cargo como arzobispo el 9 de enero de 1794, no fue sino hasta el 28 de mayo de 1795 cuando el Papa Pío VI aceptó su renuncia, debido a las presiones y los conflictos políticos en los que se había visto involucrado. Tras su retiro, vivió los últimos años de su vida en relativa tranquilidad, aunque siempre estuvo involucrado en los asuntos del Consejo de Su Majestad.
Francisco Fabián y Fueros falleció el 3 de agosto de 1801 en Torrehermosa, Guadalajara, dejando un legado complejo, marcado tanto por sus esfuerzos reformistas como por los conflictos que estos generaron. A lo largo de su vida, Fabián fue reconocido no solo por su fervor religioso, sino también por su pasión por la cultura, la educación y la reforma eclesiástica. Su nombre pasó a la historia como el de un hombre que, a pesar de las adversidades y las tensiones, siempre se mantuvo fiel a sus principios de modernización y servicio a la iglesia, un verdadero ilustrado de su época.
MCN Biografías, 2025. "Francisco Fabián y Fueros (1719–1801): Un Obispo Ilustrado y Reformista". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/fabian-y-fueros-francisco [consulta: 5 de febrero de 2026].
