Eugenio de Aviraneta e Ibargoyen (1792–1872): Intrigas, Conspiraciones y Aventuras de un Revolucionario Incansable

Raíces familiares y primeros años

Un linaje vasco-francés marcado por el espionaje y la política

Eugenio de Aviraneta e Ibargoyen nació en Madrid el 13 de noviembre de 1792, en el seno de una familia de fuertes convicciones políticas y marcada por una inquieta relación con los vaivenes ideológicos de su tiempo. Su padre, Felipe de Aviraneta, natural de Guipúzcoa, fue un conocido afrancesado, probablemente implicado en actividades de espionaje en favor de los patriotas durante la ocupación napoleónica. Su madre, Juana Josefa Ibargoyen, procedía de Irún y era hija de un militar, lo que dotó al joven Eugenio de un entorno familiar donde el mundo castrense y los debates ideológicos eran parte del día a día.

Durante sus primeros años, Eugenio vivió en Madrid, pero pronto fue enviado a Irún a vivir con un tío materno, comerciante de profesión. Allí debía aprender francés y formarse para seguir la vía mercantil, en un ambiente marcado por las interacciones culturales con la cercana Bayona. Sin embargo, su espíritu inquieto pronto lo llevó a fundar una sociedad secreta juvenil llamada El Aventino, revelando desde joven su inclinación hacia la organización clandestina y la actividad conspirativa.

Juventud en tiempos de guerra

Participación en la Guerra de la Independencia

La irrupción de la Guerra de la Independencia (1808-1814) transformó el destino de muchos jóvenes españoles, y Aviraneta no fue una excepción. Decidido a luchar por la independencia, se unió a las partidas guerrilleras, iniciando su militancia en la célebre tropa del cura Jerónimo Merino, y más adelante pasando a servir bajo el mando de Juan Martín Díez, el Empecinado, otra figura clave del movimiento guerrillero.

Estas experiencias forjaron su carácter combativo y lo introdujeron en el complejo mundo de las luchas ideológicas que marcarían su vida. Entre 1814 y 1820, se sospecha que Aviraneta viajó por diversos países de Europa y América, aunque la documentación es fragmentaria. Lo que sí se sabe es que estuvo en México, regresando a España a finales de 1819, en un momento en que la restauración absolutista tras el Congreso de Viena acentuaba las tensiones políticas internas.

Primeros vínculos con sociedades secretas y grupos insurgentes

En 1820, durante el Trienio Liberal, Aviraneta fue nombrado primer regidor de Aranda de Duero, una posición desde la cual se implicó activamente en la vida política local. Junto al alcalde Juan González de Navas, firmó una Representación al Gobierno, documento que fue publicado en El Constitucional, órgano de prensa liberal. En 1821, volvió a tomar las armas al lado del Empecinado, esta vez enfrentando al propio Merino y al canónigo Barrio, en una pugna que demuestra los bandazos ideológicos del momento.

Para 1822, Aviraneta se vio envuelto en misiones secretas y nuevos combates, incluyendo un viaje a París, reafirmando su papel como agente encubierto dentro del convulso tablero político hispano. Su captura por parte de fuerzas realistas portuguesas tras cruzar la frontera en 1823, y su posterior fuga, añadieron un tono casi novelístico a su biografía.

El aventurero internacional

Viajes por América y Europa: México, París y más allá

Tras su fuga de prisión, Aviraneta emprendió un recorrido que lo llevaría a Gibraltar, Tánger, y según Pío Baroja, incluso a Alejandría y Grecia, consolidando su imagen de aventurero romántico. En 1825 partió de nuevo hacia México, país donde tenía vínculos familiares, y donde se insertó en el complejo entramado de luchas internas tras la independencia.

Allí colaboró con El Veracruzano Libre, enfrentado al oficialista El Mercurio Veracruzano, lo que lo convirtió en objetivo de represalias. El 25 de julio de 1827, fue violentamente agredido por un militar que lo consideraba responsable de varios artículos políticos. El episodio provocó incluso la intervención del entonces general Manuel López de Santa Anna, quien denunció la agresión, reflejando la intensidad de los enfrentamientos periodísticos y políticos.

Enfrentamientos políticos y conspiraciones en tierras mexicanas

No contento con su papel como periodista y agitador, Aviraneta concibió en 1828 un plan audaz y peculiar: propuso que España enviara una expedición militar a Nueva España, no para reinstaurar el dominio colonial, sino para imponer un príncipe europeo como rey, dejando bajo control español únicamente Veracruz y San Juan de Ulúa como garantía. El proyecto, visionario y utópico a partes iguales, nunca se materializó.

Sin embargo, Aviraneta no desistió. Participó activamente en la expedición Barradas en 1829, concebida para reconquistar México. Ocupó el cargo de secretario político de la misión, pero tras su estrepitoso fracaso, se refugió en Nueva Orleans. Desde allí, publicó el 27 de octubre de 1829 una carta en el periódico La Abeja, defendiendo el comportamiento de las tropas españolas durante la invasión de Tampico.

Posteriormente, pasó a La Habana, donde intentó reorganizar sin éxito nuevas operaciones militares. Su paso por América consolidó su reputación como conspirador incansable, dispuesto a involucrarse en los escenarios más inverosímiles con tal de influir en los destinos políticos del mundo hispánico.

Proyectos monárquicos y conspiraciones transatlánticas

Planes para instaurar una monarquía en Nueva España

El proyecto monárquico diseñado por Aviraneta se adelantaba, en ciertos aspectos, a planteamientos posteriores del imperialismo ilustrado, proponiendo una vía alternativa para conservar la influencia española en América sin recurrir a la pura restauración colonial. Su idealismo político se manifestaba en propuestas como la instalación de una monarquía constitucional con príncipe europeo, lo que revela un pensamiento que oscilaba entre el pragmatismo estratégico y el idealismo liberal.

Aunque la idea fracasó y fue desestimada por los poderes fácticos en España y América, demuestra el grado de ambición y la audacia política de Aviraneta, que veía la geopolítica como un campo abierto a la imaginación y la voluntad de poder.

La expedición Barradas y la defensa de Tampico

La expedición Barradas fue el intento final del régimen español por recuperar México mediante una operación militar directa. En este contexto, Aviraneta, como secretario político de la misión, jugó un rol central. Sin embargo, la empresa fracasó debido a la resistencia mexicana y a la falta de apoyo logístico. Tras el desastre, la defensa que hizo Aviraneta en La Abeja no sólo buscaba justificar la actuación de las tropas, sino también reivindicar su propia estrategia y visión política, enfrentándose al descrédito que pesaba sobre los afrancesados y conspiradores expatriados.

Con este fracaso, concluyó una etapa de su vida caracterizada por la acción internacional y el compromiso revolucionario desde el exilio. En 1830, Aviraneta regresó a Europa, dispuesto a insertarse nuevamente en las complejidades del escenario español.

Regreso a Europa y conspiración isabelina

La Confederación de los Isabelinos y los “guardianes de la inocencia”

El retorno de Eugenio de Aviraneta a Europa en 1830 marcó el inicio de una nueva fase en su vida, dominada por conspiraciones internas en el seno del liberalismo español. Poco después de su regreso, se involucró en la organización de una sociedad secreta conocida como La Isabelina, cuyo objetivo era proteger la figura de la futura reina Isabel II y oponerse a la causa carlista. Aunque su impacto político fue limitado, Aviraneta jugó un papel clave en su concepción e ideología.

Redactó los Estatutos de la Confederación general de los guardadores de la inocencia, fechados el 1 de marzo de 1834 en Madrid. Esta organización clandestina se presentaba como una red de defensores del orden constitucional, aunque sus métodos y objetivos eran ambiguos, oscilando entre la conspiración y el reformismo moderado. El carácter extravagante de estos estatutos ha llevado a algunos historiadores a atribuirles más valor simbólico que práctico.

Artículos políticos y participación en “El Regenerador”

Ese mismo año, Aviraneta colaboró en el periódico El Regenerador, publicado en Barcelona. En sus primeros números publicó el texto “Lo que debería ser el Estatuto Real, o derecho público de los españoles”, una propuesta reformista que tuvo suficiente relevancia como para publicarse aparte en Zaragoza. Estas intervenciones lo consolidaban como un pensador político con visión constitucionalista, aunque siempre desde una perspectiva pragmática, movida por la acción política inmediata.

Su capacidad para combinar militancia, espionaje y propaganda política lo convertía en una figura atípica en el panorama ideológico español de la época, donde el debate entre absolutismo y liberalismo solía dividir a los actores de manera más rígida.

Activismo en la España del siglo XIX

Expulsiones, misiones secretas y conflictos en Barcelona y Málaga

En 1836, Aviraneta se vio envuelto en los disturbios revolucionarios de Barcelona, motivo por el cual fue expulsado a Canarias. Aunque su estancia en las islas duró apenas dos meses, el episodio refleja la percepción que se tenía de él como un elemento desestabilizador. Desde allí logró trasladarse a Cartagena, donde fue perseguido por orden del entonces ministro Juan Álvarez Mendizábal, uno de los protagonistas del proceso desamortizador.

En Málaga, se halló de nuevo inmerso en revueltas urbanas, esta vez durante la revolución malacitana, acontecimiento que le permitió estrechar vínculos con sectores militares y civiles opuestos a la regencia de María Cristina de Borbón. En junio de 1837, Aviraneta pasó a Francia en misión secreta, ya que había concebido un plan ambicioso: terminar la guerra civil carlista desde dentro, usando desinformación como arma estratégica.

Las intrigas entre carlistas y liberales y la operación “El Simancas”

Entre 1837 y 1839, hasta el célebre Abrazo de Vergara, la vida de Aviraneta se confundió con un vasto entramado de intrigas políticas, alternando entre los campos carlista y liberal. Su táctica más audaz fue la fabricación de documentación falsa dirigida al Cuartel General carlista, operación que denominó “El Simancas”, aludiendo al famoso archivo histórico.

Estos documentos pretendían inducir errores estratégicos en el bando enemigo, y según varias fuentes, influyeron en algunas decisiones erróneas de los líderes carlistas. El Ministro de Hacienda, Pío Pita Pizarro, respaldó estas maniobras, lo que revela el nivel de apoyo institucional con que contaba Aviraneta en sus acciones encubiertas. La historia de que Espartero intentó fusilarlo, aunque popularizada, carece de pruebas sólidas y parece formar parte de las leyendas que rodean al personaje.

Últimos años de agitación y cargos institucionales

Relación con Espartero, Narváez y el espionaje político

Tras la victoria liberal, Aviraneta continuó su actividad política y de inteligencia. En su obra Vindicación (Madrid, 1838), mencionaba sus colaboraciones en medios como El Eco del Comercio y El Eco de la Razón y de la Justicia, dos órganos liberales de gran alcance. Durante la década de 1840, continuó implicado en las luchas contra los últimos focos carlistas en Cataluña, al tiempo que se convirtió en un actor fundamental en las disensiones internas del liberalismo, especialmente entre María Cristina y Espartero.

Su habilidad para moverse entre bandos opuestos y su costumbre de denunciar a los oportunistas del régimen lo convirtieron en una figura polémica, admirada por unos y odiada por otros. Algunas de sus cartas y documentos como espía han sido editados por la investigadora María del Carmen Simón Palmer, confirmando su papel como intermediario secreto en numerosos conflictos.

En 1841, escribió la Memoria dirigida al Gobierno español sobre sus estrategias en la pacificación de las provincias del norte. Aunque se ha sostenido que Narváez lo consideró como posible Ministro de la Gobernación en 1846, esto parece fruto de la imaginación de su adversario Martínez Villergas. No obstante, el 31 de diciembre de 1851, fue recompensado con el cargo de intendente militar de segunda clase, reconocimiento oficial a su larga trayectoria política.

Detenciones arbitrarias y vida entre San Sebastián y Madrid

Su vida siguió siendo agitada incluso en la madurez. El 24 de julio de 1854, fue detenido junto a Diego Flores Suazo en la Plaza Mayor de Madrid por un individuo armado que alegó como causa de arresto que ambos miraban a los arcos en lugar del suelo. El presidente de la Junta Revolucionaria intentó liberarlos, pero la presión del arrestador provocó que fueran enviados incomunicados al Saladero. Mientras Flores fue liberado el 4 de agosto, Aviraneta permaneció preso hasta el 17, en un episodio que ilustra el ambiente de paranoia e inestabilidad que reinaba en el país.

Tras este incidente, se trasladó a San Sebastián, donde residió durante cuatro años antes de volver a Madrid. En esta última etapa escribió dos de sus obras más relevantes: Contestación a los autores de la vida del General Espartero (1864) y Las guerrillas españolas o las partidas de Brigantes (1870), en las que ofrece su visión crítica de los protagonistas del siglo XIX español.

Legado literario y figura histórica

Producción escrita y visión política de su época

Aviraneta no sólo actuó como agente, conspirador y regidor, sino también como cronista de su tiempo. Su obra Mis Memorias íntimas. 1825–1829, publicada póstumamente en México en 1906, revela no solo sus actividades en América, sino también su carácter, su pensamiento político y su visión sobre el papel de España en el mundo.

Fue un autor político prolífico, aunque disperso, que utilizó la prensa y la escritura como herramientas de combate ideológico. En sus textos se percibe una preocupación constante por el bien público, la honestidad administrativa y la denuncia del oportunismo. Su tono oscilaba entre el idealismo y el sarcasmo, reflejando su desencanto con los vaivenes políticos de su país.

Una figura controvertida entre el mito y la realidad

Eugenio de Aviraneta falleció en Madrid el 8 de febrero de 1872, tras haber sido testigo y partícipe de los principales eventos que marcaron el siglo XIX español: guerras, revoluciones, monarquías constitucionales, exilios, y conspiraciones. Su vida es un testimonio de la complejidad del liberalismo español, sus contradicciones, sus alianzas temporales y su pasión por la libertad, aunque muchas veces ejercida desde el secreto y la subversión.

Figura enigmática, fue reivindicado por autores como Pío Baroja, que lo convirtió en personaje de sus novelas. Aviraneta simboliza esa generación de revolucionarios románticos, mitad héroes, mitad conspiradores, cuya vida fue un entrelazado de aventura, política e historia viva.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Eugenio de Aviraneta e Ibargoyen (1792–1872): Intrigas, Conspiraciones y Aventuras de un Revolucionario Incansable". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/aviraneta-e-ibargoyen-eugenio-de [consulta: 5 de febrero de 2026].