Antonio Sánchez Fernández (1952–VVVV): El Torero Manchego que Nunca se Rindió

Orígenes manchegos y entorno rural

Nacimiento y raíces familiares en Cabezarrubias del Puerto

En el corazón de la provincia de Ciudad Real, al pie del Valle de Alcudia, se encuentra el pequeño municipio de Cabezarrubias del Puerto, cuna de Antonio Sánchez Fernández, quien vendría a ser conocido en el mundo del toreo como «Sánchez Puerto». Nació el 10 de mayo de 1952, en el seno de una familia humilde y profundamente arraigada al entorno rural. Este escenario agreste, atravesado por tradiciones ancestrales y el contacto directo con el campo, ejerció una influencia determinante en la formación del carácter de Antonio: laborioso, resistente y apasionado.

Desde sus primeros años, el joven Sánchez Fernández convivió con las celebraciones populares que jalonan el calendario manchego. Las capeas, encierros locales y los toros de pueblo no eran simples espectáculos festivos, sino ritos colectivos en los que se educaba la valentía. En ese microcosmos, Antonio se sintió rápidamente atraído por la figura del torero, un personaje mítico que representaba el valor, la elegancia y la posibilidad de trascender los límites de la vida campesina.

La influencia del medio rural en su afición taurina

La región manchega, históricamente vinculada al mundo ganadero, ofrecía un entorno propicio para que jóvenes con inclinaciones taurinas pudieran dar sus primeros pasos. En ese clima de fervor popular y culto al toro bravo, Antonio desarrolló una afición precoz, que no se limitaba a la admiración, sino que se expresaba en una vocación intensa y decidida. Su apego al toreo no fue fruto de una moda pasajera, sino una convicción profunda, alimentada por la observación directa de los animales, la participación en tareas ganaderas y las largas jornadas de tienta y aprendizaje en el campo.

Primeros contactos con el toreo

Capeas y funciones populares en La Mancha

En su adolescencia, Antonio comenzó a participar activamente en capeas y tientas, las pruebas de bravura organizadas por ganaderos locales, en las que los aspirantes a torero se fogueaban sin mayores recursos que su entusiasmo y coraje. Estas funciones populares representaban, para muchos jóvenes como él, la única vía de acceso al mundo taurino, al margen de las escuelas o academias formales.

Fue allí donde comenzó a forjar su estilo, aún rudimentario, pero ya cargado de intuición y de ese gusto por el riesgo que distingue a los toreros de verdad. Su actitud no pasó desapercibida, y con el tiempo, empezó a ser llamado con más frecuencia, consolidando un nombre dentro del circuito menor del toreo local.

El magisterio de Victoriano de la Serna

La suerte quiso que, en esa etapa temprana de su vida taurina, el joven Sánchez Puerto contara con el apoyo de un mentor excepcional: el veterano maestro Victoriano de la Serna y Gil, figura destacada de la tauromaquia clásica. Retirado en una finca del cercano Valle de Alcudia, el maestro segoviano supo reconocer en Antonio a un muchacho voluntarioso, con sensibilidad artística y gran disposición para aprender.

Victoriano de la Serna no sólo le ofreció enseñanzas técnicas —fundamentales en el manejo del capote, la muleta y la espada—, sino que también le transmitió un sentido profundo de la estética y del compromiso ético con el arte del toreo. Esta relación fue clave para que Antonio lograra acceder a los primeros festejos menores de manera más regular, y para que enfrentara los retos venideros con una base técnica sólida.

La forja de un novillero

Primer traje de luces y novilladas sin picadores (1970–1972)

El 10 de mayo de 1970, coincidiendo con su 18º cumpleaños, Sánchez Puerto vistió por primera vez el traje de luces. Fue en la localidad toledana de Borox, en calidad de sobresaliente en un cartel donde figuraban como espadas su hermano mayor, Víctor, y el diestro Fernando Cacho. Ese día marcó un antes y un después en su trayectoria. El debut, aunque modesto, confirmó su determinación y su pertenencia formal al universo taurino.

Durante los años siguientes, Antonio tomó parte en diversas novilladas sin picadores, una fase formativa crucial para cualquier torero. Si bien carecía del respaldo de una casa taurina poderosa o de una campaña mediática a su favor, su constancia lo mantuvo presente en plazas de menor categoría. Poco a poco, fue ganando experiencia y conocimiento del animal, así como una comprensión más refinada del público y del ritual taurino.

Debut con picadores en Talavera de la Reina

El 30 de abril de 1972, Sánchez Puerto dio un nuevo paso al hacer su presentación con picadores en la ciudad toledana de Talavera de la Reina, acompañado por los novilleros «Angelete» y Alfredo Herrero. Este debut marcó su transición hacia un nivel más exigente del escalafón novilleril, donde los errores se pagaban más caros y las oportunidades eran más escasas.

A partir de entonces, su carrera entró en una fase de progresión lenta pero constante, caracterizada por una actitud perseverante frente a la indiferencia de los grandes circuitos y la competencia feroz entre jóvenes aspirantes. Su estilo, sobrio y clásico, no siempre conectaba de inmediato con los públicos más mediáticos, pero sí era apreciado por los buenos aficionados, aquellos que valoraban la autenticidad y el dominio técnico por encima de la espectacularidad vacía.

Este recorrido, lleno de obstáculos y escasa visibilidad, no impidió que el nombre de Sánchez Puerto comenzara a sonar en ciertos círculos como el de un torero de fondo, capaz de sorprender en cualquier tarde con su arte reposado y su entrega sin alardes.

Un despegue tardío pero prometedor

Presentación en Las Ventas (1976) y debut en Sevilla

La carrera de Sánchez Puerto no se distinguió por un ascenso fulgurante, sino por un progreso discreto y trabajoso. A pesar de la lentitud de su trayectoria, logró alcanzar uno de los hitos más codiciados por cualquier novillero: su presentación en la plaza de toros de Las Ventas, considerada la más exigente del mundo. Fue el 2 de mayo de 1976, cuando contaba ya casi 24 años, edad considerada tardía en un escalafón dominado por jovencísimos aspirantes.

La faena que desarrolló aquel día en Madrid no sólo fue bien resuelta, sino que le valió una oreja, premio que en esa plaza representa un juicio favorable por parte de una afición implacable. El éxito tuvo un efecto inmediato: su nombre comenzó a figurar en los carteles de otras plazas importantes, entre ellas la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, donde actuó el 23 de mayo de ese mismo año. Esa comparecencia supuso su primer contacto con la élite taurina nacional.

Aunque sin excesiva repercusión mediática, su paso por estas dos plazas confirmó que Sánchez Puerto tenía capacidad artística y temple para competir en escenarios mayores, y que su estilo sobrio, cargado de clasicismo, podía conectar con públicos más exigentes.

Gesta en solitario en Vista Alegre (1977)

Un año más tarde, ya inmerso en la temporada de 1977, Antonio Sánchez Fernández protagonizó una hazaña singular: se encerró en solitario con siete novillos en el coso madrileño de Vista Alegre, plaza de segunda categoría pero con gran tradición taurina. El cartel, además de insólito, resultaba extremadamente arriesgado: seis reses más un sobrero, todos ellos de la ganadería de Juan María Pérez-Tabernero.

La tarde fue especialmente brillante, a pesar de las dificultades técnicas y físicas que implica enfrentarse sin relevo a un número tan elevado de astados. El propio Cossío, uno de los cronistas taurinos más respetados del siglo XX, dejó constancia de la actuación en términos elogiosos: “se mostró variado y artista con el capote, acertado con la flámula y poco seguro con el acero, pese a lo cual cortó las dos orejas de la res que cerró plaza”. Fue una muestra clara de su evolución como torero y de su disposición a jugarse el todo por el todo para hacerse un hueco en el panorama nacional.

Aquella gesta, en la que demostró técnica, valor y resistencia, no fue ignorada por los empresarios, que comenzaron a verlo como un torero de recursos y compromiso. Las puertas de la alternativa empezaban a abrirse lentamente.

La alternativa y primeras dificultades

Alternativa en Madrid con Antonio José Galán (1978)

El 21 de mayo de 1978, el pequeño redondel de Vista Alegre volvió a acoger a Sánchez Puerto, esta vez para un momento trascendental: su toma de alternativa como matador de toros. El padrino de la ceremonia fue el diestro cordobés Antonio José Galán, y como testigo actuó el espada alicantino Luis Francisco Esplá, ambos figuras respetadas que dotaban al cartel de mayor resonancia.

El toro de la ceremonia pertenecía a la ganadería de Román Sorando, una vacada de renombre. El acto de la alternativa confirmó de forma oficial la inclusión de Antonio en el escalafón superior del toreo profesional, pero no significó un cambio automático en su fortuna taurina. De hecho, tuvo que esperar más de dos años para confirmar su alternativa en la plaza de Las Ventas, una dilación inusual que evidenciaba su escasa integración en los circuitos de poder del toreo.

Confirmación en Las Ventas (1980) y frustraciones posteriores

La confirmación de alternativa tuvo lugar el 14 de septiembre de 1980, nuevamente en Madrid, con Gregorio Tébar Pérez «El Inclusero» como padrino y José Ruiz Baos «Calatraveño» como testigo. Sin embargo, aquella jornada transcurrió sin pena ni gloria, y no logró resonar entre los medios ni entre los empresarios.

El diagnóstico era claro: Sánchez Puerto no logró consagrarse como figura, pese a su solvencia profesional. Quedó encasillado como un torero del montón, uno más entre tantos que, pese a su entrega y técnica, no encontraban hueco entre los carteles de relumbrón ni el respaldo necesario para consolidarse. Durante los primeros años de la década de 1980, su presencia en los ruedos fue esporádica y marginal, limitándose a apenas dos actuaciones en toda la temporada de 1985.

Un torero contra el olvido

Su escasa presencia en los carteles de los años ochenta

La situación de Sánchez Puerto era paradigmática de muchos toreros valientes y técnicos que, sin padrinos influyentes ni campañas de prensa a su favor, quedaban relegados a los márgenes del sistema taurino. Pese a su calidad artística, su nombre no figuraba en las ferias importantes, y su progresiva invisibilización afectó tanto su prestigio como su confianza.

Pero en Antonio seguía latiendo esa pasión inquebrantable por la tauromaquia. Su carácter tenaz y su convicción en el toreo como arte y destino le empujaban a seguir buscando oportunidades, incluso en plazas donde ya no se le esperaba.

El retorno triunfal del 15 de agosto de 1986

La Virgen de la Paloma, patrona de Madrid, traería consigo una de las jornadas más memorables de su carrera. El 15 de agosto de 1986, Sánchez Puerto fue incluido en el cartel de Las Ventas, junto al sevillano Manuel Ruiz Regalo «Manili» y el madrileño Fernando Galindo González. El encierro, en principio modesto —de los hermanos Rodríguez Camacho, con dos toros remendados de José Murube—, acabaría ofreciendo a Antonio la oportunidad de su vida.

En ambos turnos, desplegó una tauromaquia plena de inspiración, temple y dominio, culminando sus faenas con efectividad y poderío. Por cada actuación, el público madrileño le concedió una oreja, y la tarde terminó con el torero de Cabezarrubias del Puerto paseado a hombros por la Puerta Grande. La escena, cargada de emotividad, fue acompañada por los gritos de “¡torero!, ¡torero!”, en una suerte de redención colectiva.

Ese triunfo espectacular devolvió a Sánchez Puerto al foco mediático y le permitió obtener contratos en las principales ferias de la temporada siguiente. El 15 de agosto se convirtió, desde entonces, en una fecha simbólica para su biografía, el día en que logró sobreponerse al olvido y recuperar su sitio en el toreo grande, aunque fuese por un tiempo breve.

El año de la esperanza y la cornada

Temporada 1987: ferias importantes y trágico percance en Gijón

El rotundo triunfo de Sánchez Puerto en Las Ventas el 15 de agosto de 1986 no cayó en saco roto. La temporada 1987 comenzó con nuevas expectativas: su nombre apareció en los abonos de las ferias más prestigiosas de España, y el torero manchego parecía finalmente encaminado a consolidar una posición de prestigio en el escalafón. Fue una etapa de renovada visibilidad, en la que las empresas comenzaron a contar con él como opción seria y artística.

Sin embargo, el destino volvió a cruzarse en su camino con dramática contundencia. Justamente un año después de su apoteósica salida a hombros en Madrid, el 15 de agosto de 1987, mientras toreaba en el coso gijonés, sufrió una gravísima cornada cuando ejecutaba la suerte suprema. El toro le hirió con tal violencia que le seccionó limpiamente la arteria femoral, una lesión que, de no haber sido tratada con extrema rapidez, habría resultado fatal.

El percance obligó a una intervención quirúrgica inmediata y dejó a Antonio postrado durante un largo periodo de convalecencia. La recuperación fue lenta y dolorosa, no sólo en términos físicos, sino también en lo profesional: en un mundo que gira al ritmo vertiginoso del espectáculo, la ausencia prolongada equivale casi siempre al olvido. No obstante, su pasión seguía intacta, y el deseo de regresar al ruedo ardía con la misma intensidad de sus primeros días.

Larga recuperación y el espíritu indomable del torero

Durante los meses posteriores a la cornada, Antonio Sánchez Fernández enfrentó no solo las secuelas físicas del percance, sino también las dudas sobre su viabilidad futura como torero. No era joven, no tenía apoderados poderosos y el toreo vivía entonces una fase dominada por figuras mediáticas. A pesar de todo ello, no renunció. En vez de retirarse en silencio, volvió a entrenar, a tentar, a llamar a puertas.

Esa resiliencia le caracterizó desde los inicios de su carrera, y se volvió aún más evidente en esta fase final. La suya fue una lucha sin adornos, nacida de una vocación auténtica y una ética del esfuerzo que lo distanciaba de los toreros prefabricados por la maquinaria comercial. Su voluntad de regresar al primer nivel, después de una herida que estuvo a punto de costarle la vida, confirmó su condición de torero de raza.

Últimos intentos de consolidación

Brillante faena con Victorino Martín (1989)

Dos años después del percance en Gijón, Sánchez Puerto regresó a Madrid en un contexto de máxima exigencia. Fue el 5 de junio de 1989, en los compases finales de la feria de San Isidro, cuando fue incluido en un cartel en el que debía enfrentarse a los toros de la legendaria ganadería de Victorino Martín. Conocidos por su bravura encastada y su dificultad, los victorinos eran considerados una prueba definitiva para cualquier matador.

Antonio salió al ruedo con determinación, dispuesto a entregarse por completo. La faena al primer toro fue sobria, valiente y limpia, culminada con una estocada soberbia que le valió una vuelta al ruedo entre ovaciones cerradas. Fue uno de los momentos más memorables de la feria, un gesto de grandeza de un torero que aún conservaba la capacidad de emocionar al público más exigente del mundo.

La segunda faena apuntaba aún más alto: frente al toro que cerraba plaza, Sánchez Puerto construyó una serie de naturales de gran calidad, plenos de ritmo y sentimiento, que provocaron un silencio reverente en los tendidos. Los aficionados percibieron que estaban ante una faena grande, quizás la consagración definitiva. Sin embargo, el fallo con la espada en el momento de la suerte suprema arruinó la posibilidad de cortar orejas. La oportunidad se desvaneció, y con ella, una de las últimas chances de consolidarse en la élite.

El fallo con la espada y el fin de una oportunidad

Aquella noche en Madrid resumió, en muchos sentidos, toda la trayectoria de Sánchez Puerto: talento innegable, valor probado, respeto ganado… pero siempre interrumpido por la fatalidad en el instante crucial. La espada, esa herramienta definitiva del toreo, volvió a ser su talón de Aquiles. Si bien fue ovacionado y reconocido por la afición, los empresarios no tradujeron esa tarde en más contratos.

Pese a su persistencia, los años comenzaban a pesar, y el mundo del toro —siempre ávido de novedad— miraba ya hacia otros nombres más jóvenes o más mediáticos. A inicios de los años noventa, Antonio se mantuvo en actividad, pero relegado a plazas menores, con escasa repercusión y un aura cada vez más nostálgica.

Declive, desaparición y legado

Descenso en el escalafón y salida del mundo taurino

La última etapa de su carrera estuvo marcada por el declive progresivo, como suele suceder con toreros que nunca ocuparon los primeros lugares del escalafón. Las oportunidades menguaron, y su nombre dejó de figurar en los carteles de temporada. A diferencia de otros que optan por retiros anunciados con ceremonias y homenajes, Sánchez Puerto desapareció discretamente del panorama taurino, sin ruido ni despedidas oficiales.

Su retirada, aunque no formalizada, se produjo de facto a lo largo de la década de 1990. No hubo crónicas destacadas ni entrevistas póstumas, simplemente dejó de torear, cerrando un ciclo largo, irregular pero profundamente honesto.

Visión crítica: el torero esforzado y la injusticia del sistema

La figura de Antonio Sánchez Fernández representa, en cierto modo, el reverso del torero mediático: el hombre que lo dio todo sin obtener lo que merecía. Su trayectoria encarna las injusticias estructurales del sistema taurino, en el que el mérito no siempre garantiza el éxito, y donde las decisiones empresariales a menudo ignoran la calidad artística de toreros valiosos.

No fue una figura popular, ni un ídolo de masas, pero quienes le vieron torear en sus tardes buenas saben que fue un torero de verdad, un profesional íntegro, con sensibilidad, técnica y pasión. Su nombre queda registrado no tanto en los libros de récords como en la memoria selectiva de los buenos aficionados, aquellos que valoran la autenticidad por encima del oropel.

Quizás por eso, la historia de Sánchez Puerto continúa evocando una pregunta abierta sobre el reconocimiento, la oportunidad y la justicia en el mundo del toreo. Fue un hombre que vivió el arte taurino desde sus márgenes, pero con una dignidad y entrega que lo hacen inolvidable para quienes lo entendieron.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Antonio Sánchez Fernández (1952–VVVV): El Torero Manchego que Nunca se Rindió". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/sanchez-fernandez-antonio [consulta: 4 de febrero de 2026].