Gregorio Tébar Pérez, «El Inclusero» (1946-VVVV). El matador de toros que conquistó el ruedo

Gregorio Tébar Pérez, conocido en el mundo taurino como «El Inclusero», es un destacado matador de toros español nacido el 17 de marzo de 1946 en Albacete. A lo largo de su carrera, Tébar ha sido reconocido por su destreza, valentía y elegancia en el ruedo, alcanzando una gran relevancia en la historia de la tauromaquia. Su apodo, «El Inclusero», se asocia con su habilidad para enfrentarse a los toros de una manera única, lo que lo hizo destacar en un ambiente competitivo y lleno de tradición como lo es el mundo de los toros.

Orígenes y contexto histórico

La historia de Gregorio Tébar comienza en Albacete, un lugar con una gran tradición taurina. Desde temprana edad, mostró un interés y una inclinación natural por el mundo de los toros, lo que lo llevó a iniciar su formación como torero. Nacido en el año 1946, la época en la que creció estuvo marcada por una España profundamente influenciada por la tradición taurina. Los toros eran un elemento clave en la cultura española, y aquellos que deseaban convertirse en toreros debían superar numerosos desafíos para lograr reconocimiento en un sector altamente competitivo.

La relación de Gregorio con el mundo taurino se forjó en su juventud, cuando comenzó a entrenar y a realizar sus primeros pinitos como novillero. A principios de los años 60, el torero estaba destinado a tener una carrera exitosa, aunque el camino para llegar a la cima sería largo y lleno de sacrificios.

Logros y contribuciones

Gregorio Tébar no solo destacó por su destreza como torero, sino también por su capacidad para mantenerse en la élite del toreo a lo largo de los años. Su carrera comenzó a tomar forma el 3 de agosto de 1963, cuando vistió su primer traje de luces en la plaza de toros de Alicante. En esa fecha, su presencia en el ruedo fue un primer paso hacia lo que sería una exitosa trayectoria. Un año después, el 1 de abril de 1964, debutó como torero con picadores en la madrileña plaza de Vista Alegre, un lugar emblemático donde los toreros se ganan el respeto de los aficionados más exigentes.

El gran momento para Gregorio Tébar llegó el 12 de junio de 1965, cuando se presentó como novillero en la Monumental de Las Ventas, en Madrid. Acompañado de los novilleros Joaquín Camino y Francisco Pallarés, se enfrentó a las reses del hierro de Castillejo. Ese día, «El Inclusero» demostró su valentía y destreza, ganándose a pulso su salida por la Puerta Grande, un hito en la carrera de cualquier torero.

En 1966, la carrera de Tébar dio un paso más hacia el estrellato cuando, el 19 de marzo de ese año, el famoso matador de toros Antonio Ordóñez le dio la alternativa en la plaza de Castellón. Este fue un momento trascendental en su vida y carrera. El toro que le permitió doctorarse se llamó Jovenzuelo, y pertenecía a la ganadería del marqués de Domecq. Fue un toro de gran importancia, que marcó el comienzo de una nueva etapa en la vida de Gregorio Tébar.

Momentos clave de su carrera

El año 1966 fue clave en la carrera de Gregorio Tébar, no solo por la alternativa recibida, sino también por su confirmación en Madrid, un hecho que ocurre el 18 de mayo de ese mismo año. En la plaza de Las Ventas, el matador se presentó ante el público de la capital, apadrinado por Miguel Báez, «Litri». El toro Cocedor, del hierro del marqués de Domecq, fue el encargado de poner a prueba la destreza y temple del joven torero, quien, nuevamente, logró demostrar su calidad frente a una de las plazas más exigentes del mundo taurino. En esa ocasión, Andrés Mazariegos Vázquez, también conocido como «Andrés Vázquez», actuó como testigo de su valentía y habilidad.

Estos dos momentos son esenciales en la historia de Gregorio Tébar, pues marcaron su consolidación como un matador de toros con una proyección impresionante dentro del circuito taurino nacional e internacional.

Relevancia actual

Aunque el tiempo ha pasado, Gregorio Tébar «El Inclusero» sigue siendo una figura recordada en la historia del toreo, especialmente por su valentía y su carácter frente a los toros. Su legado no solo radica en los trofeos y las faenas realizadas en el ruedo, sino también en su contribución a la evolución del toreo moderno, demostrando cómo el arte de la tauromaquia puede mantenerse fiel a su tradición y, a la vez, adaptarse a los tiempos.

A pesar de que el número de matadores de toros ha aumentado a lo largo de los años, Gregorio sigue siendo una referencia importante para los nuevos valores del toreo. Su paso por la historia del toreo no solo está marcado por sus faenas y su valentía, sino también por la forma en que fue capaz de adaptarse y seguir evolucionando en el arte del toreo, a pesar de los desafíos que enfrentó.

A día de hoy, su nombre sigue siendo pronunciado con respeto en los círculos taurinos, y su legado ha quedado impregnado en la memoria de todos los que han sido testigos de su arte y destreza en el ruedo.

Contribuciones al mundo taurino

El paso de Gregorio Tébar por el toreo no solo ha dejado huella en el ámbito deportivo, sino también en la cultura popular. Su dedicación y pasión por la tauromaquia han inspirado a muchos novilleros y matadores jóvenes, que ven en él un modelo a seguir. La técnica depurada de Tébar y su capacidad para enfrentarse con coraje a los toros más complicados lo han convertido en una figura de referencia.

En términos de contribuciones al toreo, Gregorio Tébar ha sido un ejemplo claro de cómo la tradición taurina puede mantenerse viva a través de los años, siempre con un toque personal y una renovación constante. Su presencia en el ruedo ha sido una fuente de inspiración para muchos, y su historia sigue viva, tanto en los ruedos como en la memoria de los aficionados al toreo.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Gregorio Tébar Pérez, «El Inclusero» (1946-VVVV). El matador de toros que conquistó el ruedo". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/tebar-perez-gregorio [consulta: 4 de febrero de 2026].