Alberto Rodríguez de Lista y Aragón (1775–1848): Un Erudito Reaccionario en la Historia de España

Alberto Rodríguez de Lista y Aragón (1775–1848): Un Erudito Reaccionario en la Historia de España

Orígenes familiares y contexto de su infancia

Alberto Rodríguez de Lista y Aragón nació en Sevilla el 15 de octubre de 1775, en el seno de una familia de clase media acomodada. Sus padres, Francisco Rodríguez de Lista y Paula Aragón, eran propietarios de una fábrica de telares de seda, lo que ofreció a Alberto un entorno familiar que combinaba el trabajo manual y la erudición. Desde joven, se vio envuelto en el manejo de estos telares, pero su inclinación por el estudio lo llevó a explorar más allá de las labores familiares. En paralelo a su aprendizaje práctico en la fábrica, se dedicó a la educación formal, comenzando sus estudios en la Universidad de Sevilla, donde abarcó áreas tan diversas como Filosofía, Teología y Matemáticas.

Desde muy temprana edad, su habilidad en las matemáticas se destacó. A los 13 años, fue llamado a sustituir a un profesor en la cátedra de Matemáticas que mantenía la Sociedad Económica en Sevilla, una tarea que le otorgó su primer contacto con la docencia y con el mundo académico formal. Esta temprana destreza matemática sería una característica recurrente en su carrera posterior, destacando por sus profundos conocimientos y su capacidad para enseñarlos.

Formación académica y primeros logros

Rodríguez de Lista no solo brilló en sus estudios, sino que también comenzó a hacer contribuciones significativas al ámbito académico sevillano. En 1796, apenas con 21 años, fue nombrado profesor de Matemáticas en el Colegio de San Telmo, una institución educativa relevante en la Sevilla de la época. Durante esta etapa, se ganó un nombre entre sus alumnos y colegas, estableciendo las bases de lo que sería una carrera de gran influencia tanto en el ámbito académico como en la esfera pública.

Su amor por el conocimiento no se limitó a las matemáticas. Alberto también fue un miembro activo de la Academia particular de Humanidades, que se centraba en restaurar el buen gusto literario y filosófico. Este tipo de iniciativas reflejaban su interés por las humanidades y su deseo de contribuir al desarrollo cultural de su tiempo. A lo largo de su vida, Alberto Rodríguez de Lista se mantuvo vinculado a diversas academias y sociedades literarias, que lo posicionaron como un referente intelectual en la Sevilla de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Inicios como escritor y erudito

La relación de Rodríguez de Lista con la escritura comenzó muy temprano, y su impacto como escritor fue significativo en su época. Su participación en la Correo Literario y Económico de Sevilla (1803-1808) lo situó en el centro del debate cultural y literario de la ciudad. La publicación, en la que colaboró activamente, fue una plataforma para reflexionar sobre los temas filosóficos y científicos del momento, y su participación se vio marcada por la erudición y el enfoque racionalista que defendía.

Además de su colaboración con el periódico sevillano, Alberto fue una de las voces clave en la creación y difusión de nuevas ideas durante la Revolución Francesa y la Guerra de la Independencia. La década de 1800 fue testigo de una transformación en su vida, ya que su visión política y cultural se fue definiendo a medida que los acontecimientos históricos se sucedían. De hecho, en este periodo se gestó una de sus obras más conocidas, El Espectador Sevillano (1809-1810), que surgió como una extensión de sus reflexiones sobre la situación política y social de España en tiempos de guerra.

Guerra de la Independencia y cambio de postura

Con el inicio de la Guerra de la Independencia, el contexto político en España se volvía cada vez más incierto. Como muchos de sus contemporáneos, Rodríguez de Lista no fue ajeno a los cambios ideológicos que acompañaban la invasión francesa. Su actitud cambió drásticamente hacia un apoyo a los ocupantes, y adoptó una postura afrancesada que lo colocó en una posición difícil ante la opinión pública española.

Alberto no fue un afrancesado pasivo; por el contrario, participó activamente en los medios de comunicación que apoyaban la causa francesa. En 1808, junto a su colega Matute, fundó la Gaceta ministerial de Sevilla, un periódico que defendía las políticas francesas y que circuló durante los años de la ocupación. En 1809, tras la caída de Sevilla, se incorporó a la Gaceta del Gobierno, que dirigía el notable político Capmany. A lo largo de este período, Rodríguez de Lista se dedicó a escribir discursos políticos, como el Elogio del Serenísimo Señor Don José Moñino, Conde de Floridablanca, en el que defendió de manera vehemente la revolución española, pero a la vez abogó por una interrupción de la resistencia nacional.

Su relación con los franceses se estrechó aún más, y se convirtió en un activo propagandista cultural y político del régimen de Napoleón. Como traductor y editor, llevó a cabo diversas adaptaciones, como la de la obra de Molière, El enfermo de aprensión (1812), lo que lo posicionó aún más cerca de los intereses franceses. En estos años, Rodríguez de Lista no solo desempeñó funciones literarias, sino que también se sumergió en la vida pública con un tono cada vez más oportunista.

Período de exilio y retorno a España

Tras la derrota de los franceses, Rodríguez de Lista se vio obligado a abandonar España debido a su vinculación con los ocupantes. Se trasladó a Francia, donde vivió varios años. Durante su estancia en el país vecino, continuó su trabajo académico, publicando varias obras en el ámbito de las matemáticas, como el Tratado elemental de Aritmética y el Tratado de Álgebra (1819), entre otros. Estas publicaciones reflejan el profundo conocimiento que tenía de las ciencias exactas y su deseo de seguir contribuyendo al campo de la educación en un momento de gran turbulencia política.

En 1817, Rodríguez de Lista regresó a España, aunque no se estableció de inmediato en Sevilla, su ciudad natal. Primero vivió en Pamplona y Bilbao, donde continuó su labor como educador y escritor, y participó activamente en la elaboración de diversos textos académicos. Sin embargo, la revolución de 1820 alteró de nuevo el curso de su vida, y una vez más, se vio impulsado a cambiar sus posturas políticas. Esta vez, su orientación fue hacia el liberalismo, y su vinculación con los periódicos de la época como El Sol y El Censor lo posicionaron como una figura central en los debates políticos del momento.

Alberto Rodríguez de Lista, siempre oportunista, supo adaptarse a los cambios de régimen y fue capaz de mantenerse relevante en un periodo de gran inestabilidad política y social.

De vuelta al conservadurismo y carrera posterior

Tras los eventos convulsos de los primeros años del siglo XIX, Rodríguez de Lista experimentó un giro significativo en su ideología. A medida que la Revolución de 1820 se asentó en España, su postura política se volvió más conservadora. Este cambio reflejaba una adaptación a los nuevos tiempos y a los intereses de la monarquía, particularmente a la figura de Isabel II, quien representaba un punto de referencia clave para los sectores reaccionarios del país. En ese contexto, su nombre se asoció con publicaciones y causas monárquicas.

En 1828, un movimiento más oportunista y pragmático lo llevó a trabajar en la propaganda del régimen del rey, ejerciendo un especial servilismo hacia la corona. Ese mismo año, Rodríguez de Lista fue designado redactor de la Gaceta de Bayona, un cargo que ocupó hasta 1830. Desde allí, su labor consistió principalmente en difundir las ideas del régimen absolutista de Fernando VII. Su paso por la Gaceta fue significativo, no solo por su influencia, sino también porque consolidó su imagen de hombre dispuesto a adaptarse a las circunstancias y a las demandas políticas de la época.

Su carrera no se limitó solo al periodismo. En 1831, comenzó a trabajar como redactor de la Estafeta de San Sebastián, un cargo que mantuvo hasta 1831, lo que demuestra que su involucramiento en la política española fue constante. En 1833, con la muerte de Fernando VII, y tras el ascenso al trono de Isabel II, Rodríguez de Lista se alineó firmemente con el régimen isabelino. En ese momento, asumió un nuevo desafío: ser director de la Gaceta de Madrid, puesto que ocupó hasta 1837. Durante su dirección, la publicación se convirtió en una voz defensora de los intereses monárquicos y conservadores en un contexto de agitación social y política.

Últimos años: Educación y legado literario

A medida que avanzaba en su carrera, Rodríguez de Lista también se volcó en la educación, una faceta que fue de gran importancia en su vida. Su influencia como docente fue notoria, particularmente en la Universidad de Madrid, donde fue nombrado catedrático en 1837. Durante su tiempo en la universidad, publicó obras fundamentales para la educación en lengua y literatura española, como sus Lecciones de Literatura española (1836), una obra que consolidó su posición como un intelectual de renombre.

Además, su capacidad para formar a nuevas generaciones de intelectuales fue sobresaliente. Entre sus discípulos más conocidos se encuentran José de Espronceda, el famoso poeta romántico, y Mariano Roca de Togores, quien más tarde sería marqués de Molins. Su influencia en la educación también se reflejó en la participación en la creación del plan de estudios de la Universidad de Madrid en 1836, donde su pensamiento conservador y sus ideas literarias tuvieron un impacto duradero.

Sin embargo, su inclinación política seguía siendo fuente de controversia. Su apoyo a los movimientos reaccionarios y a la figura de Isabel II continuó durante la década de 1830. En 1839, publicó Lecciones de literatura dramática española, un trabajo que reforzaba su visión conservadora y que fue recibido con una mezcla de admiración y crítica. En esos años, también publicó otros libros y artículos literarios, como los Artículos críticos y literarios (Palma, 1840), que se centraban en temas de crítica literaria y el análisis de la producción teatral española.

La recta final: Reconocimiento y fallecimiento

Los últimos años de Alberto Rodríguez de Lista estuvieron marcados por el reconocimiento a su labor literaria y académica. En 1844, fue nombrado canónigo de la catedral de Sevilla, un cargo que simbolizaba el regreso a su ciudad natal tras años de exilio y constante movilidad. También ingresó en la Academia de la Historia en 1847, donde presentó un discurso titulado Carácter del feudalismo en España, que ponía en duda la existencia del feudalismo en el país. Este tipo de afirmaciones, profundamente conservadoras, eran una manifestación clara de su pensamiento reaccionario, lo que le valió tanto críticas como apoyo por parte de los sectores más conservadores.

En sus últimos años, su producción literaria continuó, publicando obras como los Ensayos literarios y críticos, con prólogo de José Joaquín de Mora, otro intelectual de la época. Estos ensayos fueron un reflejo de su dedicación a las letras y su visión particular de la historia y la cultura española.

El 5 de octubre de 1848, Alberto Rodríguez de Lista falleció en Sevilla, dejando un legado complejo de ideas, obras y controversias. Su vida y obra reflejan un hombre cuya capacidad intelectual fue indiscutible, pero cuyas decisiones políticas y su pragmatismo ideológico lo convirtieron en una figura profundamente polémica. Su oportunismo político y su afán por adaptarse a los distintos momentos históricos que le tocó vivir hicieron de él un personaje contradictorio en la historia de España. Sin embargo, su contribución al ámbito académico y literario sigue siendo reconocida, y su figura sigue siendo estudiada y debatida por los historiadores de la época moderna.

Reflexión final

El caso de Alberto Rodríguez de Lista es un ejemplo claro de la complejidad de los personajes históricos. Con una formación brillante en matemáticas y humanidades, y un talento indiscutible como docente y escritor, se erige como una figura influyente en el panorama intelectual de la España de su tiempo. Sin embargo, su constante cambio de posturas ideológicas y su oportunismo político han empañado su legado. En su vida, el pragmatismo y la adaptabilidad a las circunstancias históricas se impusieron como motores de su carrera, pero, al mismo tiempo, lo alejaron de una figura verdaderamente coherente desde el punto de vista ideológico.

Rodríguez de Lista es, en definitiva, un reflejo de las tensiones de su época: un hombre profundamente marcado por las luchas políticas, pero también una mente brillante que supo dejar una huella en la cultura española.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Alberto Rodríguez de Lista y Aragón (1775–1848): Un Erudito Reaccionario en la Historia de España". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/rodriguez-de-lista-y-aragon-alberto [consulta: 5 de febrero de 2026].