Evaristo Fernández San Miguel y Valledor (1765–1862): Estratega del Liberalismo y Protagonista del Trienio Constitucional
El clima ilustrado en Gijón y la Universidad de Oviedo
El nacimiento de Evaristo Fernández San Miguel y Valledor en Gijón en 1765 ocurrió en un contexto histórico singular. Asturias, en el último tercio del siglo XVIII, era una región que experimentaba los vientos del reformismo borbónico y los efectos de la Ilustración, promovida por instituciones como la Sociedad Económica de Amigos del País. En ciudades como Oviedo y Gijón, comenzaron a florecer ideas progresistas ligadas a la educación, la ciencia y la modernización del Estado.
El Real Instituto Asturiano de Gijón, donde San Miguel inició sus estudios de Matemáticas, representaba uno de los focos de difusión de las ideas ilustradas. Fundado en una región tradicionalmente periférica en términos políticos, este centro académico formaba parte del esfuerzo general del Estado borbónico por fomentar la educación técnica y científica. En paralelo, San Miguel cursó Humanidades en la Universidad de Oviedo, una institución que durante este período vio un notable crecimiento de su influencia intelectual gracias a la llegada de nuevas corrientes filosóficas desde Francia y Escocia.
El impacto de la Ilustración y los primeros ecos revolucionarios
La vida temprana de San Miguel coincidió con una serie de transformaciones globales que marcarían el devenir de Europa. La Revolución Francesa de 1789, aunque posterior a sus primeros años de formación, sería una influencia fundamental en su posterior desarrollo ideológico. Para un joven formado en el racionalismo ilustrado y en contacto con círculos reformistas, el auge de las ideas democráticas y laicistas tuvo un profundo impacto.
España, por su parte, mantenía un sistema de absolutismo monárquico, pero las tensiones entre los partidarios del Antiguo Régimen y los nuevos sectores ilustrados eran cada vez más palpables. En este ambiente de transición, Evaristo Fernández San Miguel desarrolló una conciencia crítica hacia el poder absoluto y un interés por las reformas políticas.
Los padres de Evaristo, Juan Fernández San Miguel y Rita Valledor y Navia, pertenecían a una familia acomodada, aunque no aristocrática, de Asturias. Esta posición les permitió brindar a sus hijos una educación esmerada en los mejores centros disponibles en la región. El apellido Valledor estaba vinculado a familias hidalgas del occidente asturiano, mientras que los Fernández San Miguel tenían relaciones con sectores comerciales y profesionales.
La posición social del joven Evaristo no era aristocrática en el sentido tradicional, pero sí lo bastante elevada como para abrirle las puertas de una carrera militar y administrativa, especialmente en un sistema donde el acceso a los cuerpos del Estado requería cierta respetabilidad familiar y conexiones.
Influencias familiares e intelectuales tempranas
La formación de San Miguel no fue solo académica. En su entorno familiar y social, estaban presentes los debates sobre las reformas borbónicas, el papel de la Iglesia, el poder del monarca y la necesidad de modernización del ejército. Además, su contacto con círculos académicos en Gijón y Oviedo le permitió familiarizarse con las obras de autores como Montesquieu, Rousseau y Voltaire, cuya influencia sería decisiva más adelante en su vida política.
Formación académica y primeros pasos en la carrera militar
Estudios en Matemáticas y Humanidades
El dominio de la matemática y las humanidades le brindó a San Miguel una formación completa y poco habitual en los militares de su tiempo. La combinación de cálculo, lógica, filosofía moral e historia lo transformaron en un perfil idóneo para un ejército que necesitaba no solo hombres de acción, sino también estrategas e ideólogos. Esta versatilidad intelectual explicará su futura dualidad como militar y escritor, y su vocación por analizar no solo los combates sino también el sentido político de los mismos.
Ingreso en el cuerpo militar y primeros destinos en Madrid
En 1805, a los veinte años, ingresó como cadete en el batallón de Voluntarios de Aragón, donde comenzó su carrera militar formal en Madrid, ciudad que se convertiría en uno de sus principales escenarios vitales y políticos. Dos años más tarde, en 1807, fue ascendido a subteniente en el batallón de Voluntarios del Estado, también destinado en la capital. Su ascenso, aunque rápido, obedecía tanto a sus méritos académicos como a su disciplina y su evidente vocación de servicio.
Estos años coincidieron con la presencia creciente de tropas francesas en la Península, enviadas oficialmente en virtud del Tratado de Fontainebleau (1807), pero que en la práctica abrían el camino a la ocupación napoleónica.
Primeros indicios de compromiso ideológico
Reacción ante la ocupación napoleónica
Según diversos testimonios, San Miguel presenció la sublevación popular del 2 de mayo de 1808 en Madrid, aunque no hay certeza sobre su participación directa. Sin embargo, lo que sí está documentado es que, al levantarse Asturias en armas contra los franceses, decidió abandonar la capital y presentarse como voluntario en el Batallón de Covadonga.
Este gesto marcó el inicio de su verdadera militancia patriótica. Su decisión de abandonar un destino seguro para sumarse a las fuerzas insurgentes demuestra una temprana adhesión a la causa nacional y un rechazo frontal al colaboracionismo afrancesado que comenzaba a extenderse entre las elites madrileñas.
Participación en los primeros combates y cautiverio en Francia
Con el Batallón de Covadonga participó en importantes combates como Cabezón, San Vicente de la Barquera, Pajares y Peña del Castillo, destacándose por su valor y estrategia. Durante este último enfrentamiento, fue capturado por las fuerzas napoleónicas y llevado prisionero a Francia.
Durante su cautiverio, surgieron rumores de un supuesto robespierrismo exaltado, probablemente exagerados o infundados. Es más probable, según las fuentes de la época, que San Miguel se encontrara bajo la protección de dos hermanos afrancesados. Lo cierto es que intentó fugarse, lo cual motivó su traslado a la fortaleza de Montpellier en 1813. Finalmente, fue liberado en 1814, al finalizar la ocupación napoleónica en España, y regresó a la vida militar activa.
Esta etapa de cautiverio resultó decisiva en la consolidación de su ideología liberal. El contacto con ambientes intelectuales franceses, incluso si fue en condiciones de prisión, habría reforzado su visión reformista del Estado, su interés por la organización de los ejércitos modernos y su hostilidad hacia el absolutismo monárquico.
Desarrollo de su carrera o actividad central
La conspiración del Palmar y la proclamación constitucional de Riego
Tras su liberación en 1814, Evaristo Fernández San Miguel se reincorporó al Regimiento de Asturias y participó en la ocupación de San Juan de Luz, en territorio francés. En 1819, fue ascendido a segundo comandante y destinado al ejército expedicionario de Ultramar, que se concentraba en torno a Cádiz con el objetivo de embarcar hacia América. Sin embargo, el ejército se convirtió en el núcleo de una conspiración liberal conocida como la Conjuración del Palmar.
En este contexto, San Miguel fue detenido por su pertenencia a la masonería, donde utilizaba el nombre simbólico de “Patria”. A pesar de su encarcelamiento en el castillo de San Sebastián, continuó participando activamente en los planes conspirativos. Su contribución fue crucial en el pronunciamiento de Riego del 1 de enero de 1820, en Cabezas de San Juan, evento que desencadenó el Trienio Liberal (1820–1823).
San Miguel acompañó a Rafael del Riego en su marcha por Andalucía, documentando de forma minuciosa las operaciones militares en las que participaron. Su papel fue tanto militar como intelectual, ya que se convirtió en el cronista del movimiento revolucionario que exigía la restauración de la Constitución de 1812.
Publicaciones patrióticas y papel en el Ejército Constitucional
Durante este periodo, San Miguel se destacó como segundo comandante del Estado Mayor del Ejército Constitucional y Secretario de la Junta de Oficiales directora del alzamiento. Publicó junto a Antonio Alcalá Galiano la Gaceta patriótica del Ejército Nacional, un instrumento clave de propaganda constitucionalista.
En colaboración con Fernando Miranda, publicó la Memoria sucinta de las operaciones del Ejército nacional de San Fernando, que narraba los acontecimientos desde el pronunciamiento de Riego hasta la restauración constitucional. Además, redactó en solitario otra versión centrada en la columna móvil de las tropas nacionales, que alcanzó tal notoriedad que fue traducida al francés y distribuida en París.
A San Miguel se le atribuye también la letra primitiva del Himno de Riego, símbolo sonoro de la lucha liberal, que se convirtió en uno de los himnos patrióticos más emblemáticos del siglo XIX español.
Intelectualidad política y labor periodística
Fundador de publicaciones liberales y defensor del constitucionalismo
Una vez trasladado a Madrid, San Miguel fue nombrado comandante del Batallón de Patriotas, participando en las principales sociedades políticas liberales como la Fontana y los Amantes del Orden Constitucional. Fundó el periódico El Espectador, desde el cual defendía activamente los principios del liberalismo y cuestionaba las prácticas autoritarias del régimen.
En 1821, publicó un importante tratado técnico: Breve indicación sobre la organización del ejército permanente, inspirado en las teorías militares del barón de Rogniat, uno de los principales exponentes de la ciencia militar napoleónica. Esta obra demostró su capacidad para integrar los principios constitucionales con propuestas de modernización del ejército.
Producción ensayística en defensa del liberalismo militar
El 7 de julio de 1822, San Miguel lideró el Batallón Sagrado contra los batallones de la Guardia Real, que intentaban derrocar al gobierno constitucional. Su papel fue crucial en la defensa de Madrid y lo catapultó a una posición central dentro del liberalismo radical. Fue nombrado fiscal de la causa contra los sublevados, aunque abandonó ese puesto para asumir el cargo de Ministro interino de la Gobernación.
Desde esta posición, publicó textos como las Observaciones sobre algunos puntos del manifiesto de D. Juan de Paredes, en los que criticaba el intento de transformar una rebelión política en una simple sedición militar. Esta capacidad para intervenir tanto desde el campo militar como desde el discurso jurídico e ideológico, lo convirtió en una figura de gran polivalencia.
Sin embargo, su etapa ministerial también estuvo marcada por críticas: sus respuestas a las potencias de la Santa Alianza fueron consideradas audaces pero ineficaces, ya que el gobierno español no estaba en condiciones de defenderse militarmente ante una intervención exterior.
Ministro y figura clave en la lucha contra el absolutismo
Del Batallón Sagrado al Ministerio de Gobernación
Cuando en febrero de 1823 el rey cambió de gobierno, San Miguel fue de los pocos ministros que no dimitieron, negándose a presentar su dimisión antes de leer las memorias ministeriales. Este gesto fue percibido como una mezcla de lealtad institucional y cálculo político.
En el contexto de la invasión francesa de 1823 por los Cien Mil Hijos de San Luis, se unió al ejército de Espoz y Mina en Cataluña, donde fue herido en Tramaced y capturado. Gracias a la intervención del mariscal Lauriston, fue trasladado a Francia, donde residió en Agen hasta su liberación en 1824 con la condición de abandonar el territorio español.
Exilio, imprenta en Londres y publicaciones militares
Instalado en Londres, San Miguel dirigió una imprenta, aunque no parece que la empresa tuviera gran éxito comercial. Durante su exilio colaboró en diversos periódicos y publicó en 1826 su tratado Elementos del arte de la guerra, que combinaba teoría militar con reflexiones políticas.
Intentó regresar a España en 1830, sin éxito, y rechazó participar en la reunión de españoles exiliados en París en 1831, apelando al voto dado en la junta de Bayona. Este rechazo sugiere un cierto distanciamiento de los círculos radicales, lo que anticipaba su futura evolución hacia posiciones más moderadas.
Participación en las guerras carlistas y liderazgo militar
Regreso a España y ascenso en el conflicto carlista
Finalmente, en 1834, logró regresar a España y fundó el periódico El Mensajero de las Cortes, al tiempo que fue reintegrado como coronel. Participó activamente en la Primera Guerra Carlista, combatiendo en el norte del país y publicando el Boletín Militar en 1835.
Su valentía en la batalla de Mendigorría le valió el ascenso a brigadier y la gran cruz de San Fernando, una de las máximas condecoraciones militares españolas. Posteriormente, fue nombrado comandante de la provincia de Huesca y capitán general interino de Aragón, funciones que pronto asumió en propiedad.
Gobernador de Aragón y consolidación como figura política
En 1836, San Miguel fue nombrado mariscal de campo y general en jefe del ejército del centro, consolidando su prestigio militar. Ese mismo año fue elegido diputado por Asturias para las Cortes Constituyentes, y publicó el tratado De la guerra civil en España, al que respondió el militar polaco Henri Dembinsky.
Desde 1837, ejerció también como diputado por Zaragoza, publicando una serie de obras que combinaban análisis político con defensa de su actuación militar: Constitución y Estatuto, De los facciosos, Paz, orden, justicia, y otros ensayos. Entre 1838 y 1840, editó la Revista Militar, donde expuso sus ideas sobre táctica, organización y doctrina militar.
Durante este periodo, San Miguel consolidó una reputación como teórico militar, estratega liberal y polemista político, lo que lo convertía en una de las figuras más influyentes del momento. Aunque criticado por algunos como excesivamente personalista o ambicioso, su aporte al pensamiento militar y político español del siglo XIX fue incuestionable.
Consolidación política y últimos servicios públicos
Ministro de la Guerra y capitán general en varias regiones
Entre 1838 y 1839, Evaristo Fernández San Miguel ocupó el cargo de ministro de Marina, Ultramar y Guerra, en un gabinete presidido por Eusebio Bardají Azara, desde el cual continuó su labor como articulista político. En este periodo publicó Breves observaciones sobre los sucesos de Agosto de 1836, Las Cortes de 1838 y España en Octubre de 1839, textos que combinaban análisis político con propuestas de reforma institucional.
Fue elegido nuevamente diputado por Zaragoza en 1840, y asumió la presidencia de la Junta revolucionaria de Oviedo, además de ejercer como su delegado ante la de Madrid. Su apoyo a la causa liberal durante la revolución de 1840 lo alineó con el general Espartero, quien, tras triunfar políticamente, lo recompensó nombrándolo capitán general de Castilla la Nueva.
En marzo de 1841, volvió a ser diputado por Zaragoza y fue designado ministro de la Guerra, cargo que ejerció entre mayo de 1841 y julio de 1842. Esta etapa le permitió desplegar sus conocimientos tácticos y estratégicos desde una perspectiva institucional, participando activamente en la reorganización del ejército y la defensa del orden constitucional. Fue también capitán general de las Vascongadas y director del cuerpo de Estado Mayor, ya como teniente general, siendo finalmente nombrado capitán general de Castilla la Nueva en junio de 1843.
Participación en los debates de las Cortes y defensa del régimen monárquico
Durante la convulsa etapa política de 1843, San Miguel publicó dos obras que reflejaban su compromiso con la estabilidad institucional: Sobre los acontecimientos de España durante los meses de mayo, junio y julio del presente año de 1843 y Sobre las ocurrencias de Madrid desde principios hasta el 23 de julio del presente año. Estos textos, aunque partidarios del orden constitucional, revelaban una creciente preocupación por los excesos revolucionarios y una inclinación hacia soluciones moderadas.
En agosto de 1843 marchó temporalmente al extranjero, aunque regresó pronto y se instaló en El Escorial, donde comenzó a trabajar intensamente en su obra historiográfica, concentrado en los fondos de la biblioteca del monasterio. Allí inició la redacción de su ambicioso proyecto: la Historia de Felipe II, rey de España, una obra publicada entre 1844 y 1847, que marcó el inicio de su etapa como historiador e intelectual académico.
Actividad académica y producción historiográfica
Obra histórica sobre Felipe II y ensayos políticos
El trabajo historiográfico de San Miguel, centrado en Felipe II, fue recibido con interés por sus contemporáneos, ya que abordaba con profundidad crítica la figura de uno de los monarcas más importantes de la historia española. Su enfoque evitaba tanto la glorificación acrítica como la condena ideológica, intentando ofrecer un análisis estructurado de la administración, política y guerra durante el reinado del monarca.
En paralelo, siguió participando en la vida política y parlamentaria. En diciembre de 1846, fue elegido diputado por Avilés (Asturias) y por el distrito madrileño de Maravillas, optando por este último. Su actividad legislativa continuó con publicaciones clave como La cuestión romana (1849), La cuestión española. Nueva era (1850) y una biografía de Don Agustín Argüelles, publicada en dos volúmenes entre 1851 y 1852. También escribió el prólogo de la obra de Manuel Juan Diana, Capitanes ilustres y revista de libros militares, reafirmando su interés por la literatura militar.
Presidencia de la Real Academia de la Historia
En 1851, fue nombrado senador vitalicio, y un año después, el 15 de octubre de 1852, ingresó como académico de la Real Academia de la Historia, donde leyó su discurso de entrada el 3 de abril de 1853, titulado Depuración de la historia. En esta pieza, San Miguel defendía la necesidad de una historiografía rigurosa, crítica y basada en fuentes, anticipando debates metodológicos que solo mucho después adquirirían relevancia en la historiografía moderna.
En 1853 publicó también Instituto de la Real Academia de la Historia, sus tareas y servicios que ha prestado, Capitanes célebres antiguos y modernos y Elogio de algunos académicos de la Historia. Su prestigio le valió ser nombrado presidente de la Academia de la Historia entre octubre y diciembre de 1853, y nuevamente desde diciembre de 1855 hasta su fallecimiento.
Además, fue también académico de Arqueología y Geografía, consolidando una carrera intelectual paralela a su prolongada trayectoria militar y política.
Reconocimientos, títulos nobiliarios y últimos años
Distinciones militares y políticas
Durante la década de 1850, San Miguel fue condecorado con múltiples grandes cruces: la de San Fernando, San Hermenegildo y, finalmente, la de Carlos III, otorgada el 5 de septiembre de 1854. Fue designado capitán general de Castilla la Nueva y puesto al frente de una Junta revolucionaria en Madrid, una maniobra táctica que permitió al gobierno sofocar una amenaza revolucionaria sin ceder al radicalismo.
Otorgamiento del ducado de San Miguel y sus implicaciones simbólicas
Como reconocimiento final a sus servicios al Estado, la reina Isabel II le concedió el título nobiliario de Duque de San Miguel con grandeza de primera clase, una distinción excepcional que coronaba su larga y ambivalente carrera. Esta concesión, más allá de su valor simbólico, confirmaba su integración definitiva en el aparato de poder monárquico, consolidando su imagen como una figura clave en el tránsito del liberalismo revolucionario hacia el liberalismo institucional.
En estos últimos años, aún publicó G
MCN Biografías, 2025. "Evaristo Fernández San Miguel y Valledor (1765–1862): Estratega del Liberalismo y Protagonista del Trienio Constitucional". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/fernandez-san-miguel-y-valledor-evaristo-duque-de-san-miguel [consulta: 3 de marzo de 2026].
