Girolamo Cardano (1501–1576): Genio del Renacimiento entre la Ciencia, el Escándalo y la Adivinación

Orígenes, formación y juventud conflictiva

Infancia marcada por la peste y la ilegitimidad

Girolamo Cardano nació el 24 de septiembre de 1501 en Pavía, dentro del entonces Ducado de Milán, en un mundo que aún padecía las secuelas de la peste y las inestabilidades políticas del Renacimiento. Hijo ilegítimo de Fazio Cardano, un abogado milanés de notable prestigio y profesor de Geometría, y de Chiara Micheria, una viuda con hijos de un matrimonio anterior, su llegada al mundo estuvo marcada por el estigma social de la ilegitimidad y el temor a la enfermedad.

Chiara, que había perdido a sus tres hijos mayores durante una epidemia de peste, dio a luz a Girolamo en medio de un clima de duelo y tensión. Se refugió con él en una aldea cercana a Pavía para escapar del brote que devastaba la ciudad. Aunque Fazio inicialmente se desentendió de la situación, la pareja acabó casándose más adelante, dando una forma legal al origen irregular del niño. Este trasfondo moldearía la personalidad de Cardano, quien a lo largo de su vida alternaría entre la búsqueda de legitimación y el desprecio por las convenciones sociales.

El joven Girolamo fue testigo desde muy temprano del poder del saber y del prestigio académico. Su padre no era un simple abogado: había asesorado a Leonardo da Vinci en temas matemáticos y gozaba de un círculo intelectual de alto nivel. Aunque el propio Fazio esperaba que su hijo siguiera la carrera jurídica, lo cierto es que su casa respiraba geometría, álgebra y saber clásico, y eso fue dejando una impronta indeleble en el joven.

Estudios en Pavía y Padua: medicina, juego y marginalidad

A pesar de la insistencia paterna en que estudiase leyes, Girolamo insistió en cursar Medicina, lo que acabaría logrando. Comenzó sus estudios en la Universidad de Pavía, pero las guerras intestinas entre ducados italianos llevaron al cierre temporal de las aulas. Fue entonces enviado a la prestigiosa Universidad de Padua, centro del pensamiento científico y médico del norte de Italia.

Cardano se destacó académicamente en Padua. Su mente prodigiosa absorbía con facilidad el saber médico, filosófico y matemático. Sin embargo, su carácter conflictivo y sus hábitos autodestructivos comenzaron a manifestarse. Tenía una inclinación peligrosa por el juego de azar: naipes, dados, ajedrez… Todos le atraían, y su talento matemático le hacía creer que podía vencer al azar.

Esa presunción lo llevó a múltiples enfrentamientos. Fue conocido por su violencia verbal y física: en una ocasión, llegó a acuchillar el rostro de un compañero durante una partida, convencido de que le hacía trampas. Este episodio y otros similares generaron un aura de peligro en torno a él. Aunque se doctoró en Medicina en 1525, su mala reputación y su estatus de hijo ilegítimo le impidieron ser admitido en el Colegio de Médicos de Milán, la autoridad que regulaba la práctica médica en su ciudad natal. Oficialmente se alegaba su ilegitimidad, pero en realidad se le temía como un elemento problemático y volátil.

Matrimonio, pobreza y la lucha por colegiarse

La muerte de su padre no alivió su situación. Aunque heredó algunos bienes, los dilapidó rápidamente en sus obsesiones lúdicas. Sus intentos de establecer una consulta médica fracasaron uno tras otro. Su primer consultorio, instalado cerca de Padua, apenas generaba ingresos. En 1531 se casó con Lucía, una mujer de clase modesta, y su situación económica se tornó aún más crítica.

En 1532 se trasladaron a otro pueblo más pobre, cercano a Milán, buscando mejores oportunidades. Cardano intentó nuevamente colegiarse, pero el recuerdo de sus escándalos juveniles aún pesaba. Su rechazo por parte de la élite médica lo sumió en una espiral de juego, deudas y desesperación. Perdió sus últimos recursos, incluso las joyas de su esposa. En la ruina total, la pareja acabó acogida en un asilo de beneficencia en Milán.

Pocos personajes del Renacimiento encarnan como él esa combinación de talento genial y autodestrucción sistemática. Sin embargo, Cardano aún no había dicho su última palabra.

La inesperada resurrección profesional

La suerte, que tantas veces le fue adversa, le sonrió de forma inesperada. A mediados de la década de 1530 fue contratado como profesor de Matemáticas en la Fundación Piatti de Milán, institución que valoró más su genio que su historial. Desde esa posición estable, Cardano comenzó a reconstruir su vida. Aunque seguía sin estar colegiado oficialmente, retomó el ejercicio médico de manera clandestina, y algunos de sus tratamientos no convencionales comenzaron a tener efectos sorprendentes.

Sus curas, alejadas de la ortodoxia hipocrática, tuvieron un éxito tan rotundo que incluso los médicos colegiados comenzaron a consultarlo. El público, encantado con sus “curaciones milagrosas”, presionó para que se le permitiera ejercer. En 1539, tras años de oposición institucional, el Colegio de Médicos de Milán modificó sus estatutos para admitir a hijos ilegítimos, permitiendo finalmente el ingreso de Cardano.

Este reconocimiento fue el primer gran triunfo de su carrera adulta. No solo consolidaba su posición como médico, sino que abría las puertas a una etapa de exploración intelectual más intensa, centrada en las matemáticas y la filosofía.

Reconocimiento médico y escándalos matemáticos

El ascenso como médico milagroso

Con su inclusión oficial en el Colegio de Médicos de Milán en 1539, Girolamo Cardano comenzó una etapa de reconocimiento profesional sin precedentes. Su reputación como sanador eficaz se extendió rápidamente. En una época donde la medicina aún dependía en gran medida del equilibrio de los “humores” y la astrología médica, Cardano introdujo tratamientos innovadores y personalizados, que no siempre seguían los preceptos hipocráticos, pero sí se basaban en una combinación singular de experiencia empírica, observación aguda y osadas conjeturas.

Su método, aunque heterodoxo, comenzó a obtener resultados espectaculares, especialmente con pacientes desahuciados. La noticia de sus éxitos se propagó entre todas las clases sociales, y la nobleza milanesa empezó a requerir sus servicios. Aunque su temperamento seguía siendo imprevisible, logró canalizar sus impulsos hacia una praxis médica creativa, consolidando su fama no solo como curandero eficaz, sino también como pensador original en el campo de la salud.

El ingreso al Colegio Médico no significó, sin embargo, una rendición ante las reglas institucionales. Ese mismo año, publicó un virulento tratado contra el estamento que acababa de aceptarlo. La contradicción era típica en él: aceptaba los beneficios de la oficialidad mientras arremetía contra su estructura interna, criticando la mediocridad y el corporativismo de muchos de sus colegas. A pesar de la polémica, su eficacia clínica le mantenía en una posición dominante.

La traición a Tartaglia y el nacimiento de la “Ars Magna”

Ese mismo 1539 también marcó un punto de inflexión en otro ámbito fundamental para Cardano: las matemáticas. Ese año conoció a Niccolò Fontana, conocido como Tartaglia, un matemático autodidacta que había ganado notoriedad tras vencer en un certamen de resolución de ecuaciones cúbicas. Cardano, impresionado, buscó ganarse su confianza y le extrajo el secreto de su método resolutivo con la promesa explícita de no divulgarlo.

Sin embargo, en 1545, violó ese juramento y publicó el método en su obra más influyente: Ars Magna Arithmeticae. Aunque trató de justificar su traición señalando que otro matemático, Scipione del Ferro, había resuelto el problema años antes, el daño estaba hecho. Tartaglia, ofendido, lo acusó de plagio y deslealtad, lo que dio lugar a uno de los escándalos más sonados en la historia de la ciencia renacentista.

A pesar del escándalo, Ars Magna fue un hito. En ella, Cardano no solo recogía métodos para resolver ecuaciones cúbicas y cuárticas, sino que, por primera vez en la historia matemática, hacía uso explícito de números complejos (aunque sin comprender del todo su naturaleza). Esta audacia matemática lo convirtió en una figura clave en la evolución del álgebra. Lo que para algunos fue una traición, para la posteridad fue una contribución fundacional al pensamiento matemático moderno.

Aportes reales al álgebra y a los números complejos

Cardano tenía una visión del mundo profundamente estructurada, en la que la matemática era una forma de desentrañar los principios del universo. Aunque su uso de los números complejos era rudimentario, fue el primero en demostrar cómo podían surgir de ecuaciones reales y cómo operar con ellos. Su estilo era contradictorio: mezclaba el rigor lógico con disquisiciones esotéricas, y en medio de sus razonamientos formales podían encontrarse reflexiones astrológicas o simbólicas.

Ars Magna no solo consolidó su autoridad científica: abrió las puertas para futuras generaciones de matemáticos como Rafael Bombelli y, más tarde, Euler y Gauss. Además, sus trabajos en probabilidad, aunque limitados, sentaron las bases del análisis combinatorio, especialmente en su tratado Liber de ludo aleae, uno de los primeros intentos de analizar el azar matemáticamente, fruto directo de su adicción al juego.

Apogeo y consagración como médico europeo

Mientras crecía su fama como matemático, su figura como médico visionario alcanzó también el cénit. En 1540, dejó su puesto en la Fundación Piatti y nombró como sucesor a su discípulo más prometedor: Ludovico Ferrari, quien acabaría demostrando la solución general de la ecuación de cuarto grado. Ferrari también desarrollaría un mapa detallado del Ducado de Milán, prueba de la fecundidad del entorno científico creado por Cardano.

Cardano, ya consagrado como galeno y autor, fue llamado a ejercer en múltiples ciudades. Su prestigio internacional se cimentó en una serie de curaciones memorables, entre ellas la que realizó en Escocia en la década de 1540, cuando el arzobispo de St. Andrews, aquejado de asma crónica, solicitó sus servicios. Tras tres meses de tratamiento, el prelado estaba completamente recuperado. Cardano recibió dos mil coronas de oro, una cifra enorme para la época, y fue invitado a quedarse en el país. Rechazó la oferta, pero no el dinero, que rápidamente perdió, como era habitual, en las mesas de juego.

Este episodio le valió aclamación internacional. A su regreso a Pavía fue recibido como un héroe. Sus libros médicos y matemáticos se vendían por toda Europa, y finalmente fue nombrado rector del Colegio de Médicos de Milán, institución que tantas veces lo había rechazado. El reconocimiento institucional y popular coincidía, por fin, con su genio indiscutible.

Relación con Ludovico Ferrari y expansión de su legado

La relación entre Cardano y Ludovico Ferrari es uno de los ejemplos más fascinantes de mentoría en la historia científica del Renacimiento. Ferrari, apenas un joven asistente, había aprendido álgebra directamente del maestro, y no tardó en superarlo técnicamente. Fue él quien perfeccionó la solución de las ecuaciones de cuarto grado y también quien lo representó en el duelo académico contra Tartaglia, defendiendo el honor del mentor traidor con brillantez.

Gracias a Ferrari y a su círculo de discípulos, la escuela de Cardano perduró mucho más allá de su apogeo personal. Aunque Cardano no fue un pedagogo sistemático, su legado se mantuvo activo a través de la vitalidad de sus ideas y su enfoque multidisciplinar. En él convivían el médico empírico, el matemático audaz, el filósofo neoplatónico y el astrólogo soñador.

En este momento de esplendor, parecía que Cardano había alcanzado lo imposible: transformar un destino marcado por el estigma y la marginación en un reconocimiento internacional cimentado en el mérito intelectual. Pero la tragedia, como una sombra constante, no tardaría en reaparecer.

Tragedias familiares y decadencia institucional

La ruina personal por culpa de sus hijos

A pesar del reconocimiento social y profesional que alcanzó en la cima de su carrera, Girolamo Cardano jamás logró construir una vida personal estable. Su hogar, lejos de ser un refugio de paz, se convirtió en escenario de dramas cada vez más desgarradores. La principal fuente de su dolor fueron sus hijos, especialmente Giambatista y Aldo, cuyas acciones precipitaron la caída del genio de Pavía.

Giambatista, el mayor, había seguido los pasos de su padre y se había doctorado en Medicina en 1557. Sin embargo, desobedeció abiertamente las instrucciones de Cardano al casarse en secreto con Brandonia di Seroni, una mujer que su padre consideraba vulgar y ruin. La opinión de Cardano, en este caso, no fue una exageración. Brandonia se dedicó sistemáticamente a humillar a su esposo en público, afirmando incluso que sus tres hijos no eran biológicamente suyos.

La situación llegó a un punto límite cuando Giambatista, consumido por la humillación, recurrió a sus conocimientos farmacológicos para envenenar a su esposa. Fue arrestado, torturado y, tras confesar el crimen, condenado a muerte. Cardano, devastado, invirtió su fortuna en los mejores abogados de Milán con la esperanza de salvar a su hijo. Los parientes de Brandonia, aconsejados por las autoridades, ofrecieron conmutar la pena a cambio de una suma exorbitante. Pero Cardano, arruinado por el juicio, no pudo reunirla.

El 13 de abril de 1560, Giambatista fue ejecutado públicamente. La tragedia marcó profundamente a Cardano, quien además de sufrir la pérdida de su hijo, fue señalado socialmente como “padre de un asesino”. La vergüenza pública, unida al sentimiento de impotencia, lo hundió anímicamente. Desde entonces, el dolor por Giambatista se convirtió en una herida abierta en su memoria y en sus escritos.

Aldo Cardano: ludopatía, robo y expulsión

Si la historia de Giambatista terminó en tragedia, la de Aldo, el otro hijo varón de Cardano, fue una caída moral sin redención. Aldo heredó la ludopatía de su padre, pero ninguna de sus virtudes intelectuales. Se adentró desde joven en círculos criminales, endeudado, perseguido y con un historial creciente de estafas.

Cardano, a pesar de sus errores con Giambatista, intentó redimir a Aldo. Le proporcionó dinero, contactos y una vivienda. Pero todo fue en vano. Aldo, cegado por las deudas y la desesperación, robó las joyas y el dinero de su propio padre, desvalijando su casa. Este hecho colmó la paciencia del filósofo, que decidió denunciar a su hijo ante la justicia.

El escándalo fue mayúsculo. Cardano no solo se ganaba la animadversión de muchos por su carácter polémico, sino que ahora era percibido como un hombre maldito por su propia sangre. Aldo fue arrestado y expulsado de Bolonia, un destierro que marcó su desaparición del relato familiar y público.

Cardano, a estas alturas, ya septuagenario, veía cómo el derrumbe personal acompañaba al institucional. Su familia estaba destruida, su reputación resentida y su energía vital comenzaba a extinguirse.

La caída en Bolonia y el inicio de la vejez

Intentando escapar del peso de la tragedia y la infamia, Cardano se trasladó a Bolonia en busca de un nuevo comienzo. Obtuvo una plaza como profesor universitario, pero su personalidad altiva y confrontativa rápidamente le granjeó enemigos. Los académicos boloñeses, envidiosos de su fama y escandalizados por su vida privada, presionaron hasta que el Senado local lo destituyó de su cátedra.

Era un nuevo golpe, uno más en una vida que parecía una sucesión interminable de ascensos y caídas. A diferencia de décadas anteriores, ahora Cardano carecía del vigor para recomponerse con fuerza. Las circunstancias de su vida se volvían cada vez más adversas, y el entorno académico italiano, que lo había consagrado, comenzaba a cerrarle las puertas.

Además, el propio Cardano empezaba a manifestar un giro profundo en su visión del mundo. La filosofía racional y el empirismo que lo habían guiado durante gran parte de su carrera comenzaron a mezclarse con una creciente obsesión por la astrología, la cábala y los presagios. Esta deriva lo alejaría del reconocimiento institucional y lo acercaría a la sospecha eclesiástica.

La vejez de Cardano fue una etapa solitaria, marcada por la introspección y los lamentos. Ya no era el médico infalible ni el matemático brillante que deslumbraba en Milán o en Escocia. Era un anciano controversial, asediado por las sombras de su pasado, temido y reverenciado a partes iguales.

Sin embargo, incluso en la decadencia, Cardano mantenía una voz singular. Seguía escribiendo, publicando y polemizando, convencido de que su vida era una representación dramática de las leyes que él mismo había intentado comprender a través de la matemática, la medicina y el destino.

Esoterismo, herejía y muerte voluntaria

De la astrología al escándalo religioso

A medida que se adentraba en la vejez, Girolamo Cardano se alejó de los caminos tradicionales de la ciencia y la medicina para sumergirse de lleno en el esoterismo y la astrología, campos que había frecuentado en su juventud pero que ahora abrazaba con convicción renovada. Este viraje no era del todo extraño en un pensador que había sido, desde siempre, un espíritu contradictorio: científico riguroso y astrólogo devoto, matemático formal y cabalista especulativo.

En 1570, su fascinación por los astros lo llevó a cruzar una línea muy peligrosa: publicó el horóscopo de Jesús de Nazaret. En una Europa aún marcada por el dogma cristiano y la represión de las herejías, esta acción fue vista como una profanación intolerable. Como si eso no bastara, Cardano también publicó un texto donde elogiaba la figura de Nerón, el emperador romano que pasó a la historia como un perseguidor brutal de los primeros cristianos.

Las consecuencias fueron inmediatas. Fue arrestado y encarcelado, acusado formalmente de herejía por las autoridades eclesiásticas. Se le despojó de todos sus cargos y sus obras fueron censuradas. El viejo médico y pensador cayó, una vez más, en el abismo de la humillación pública.

Juicio por herejía y posterior rehabilitación

Durante su estancia en prisión, Cardano vivió una experiencia cercana al hundimiento personal, aunque logró sobrevivir gracias a la atención internacional que seguía despertando su figura. No pocos pensadores y nobles europeos presionaron a Roma para su liberación, y el clamor popular en la Ciudad Eterna fue decisivo.

Una vez liberado, se instaló en Roma, donde fue recibido con una mezcla de admiración y morbo. Sus seguidores no veían en él a un hereje, sino al médico más brillante de Europa, al filósofo rebelde que había osado mirar más allá de lo permitido. El Papa, quizás más pragmático que dogmático, decidió rehabilitarlo.

No solo se le readmitió en el Colegio Médico de Roma, sino que se le otorgó una pensión vitalicia como compensación simbólica por las persecuciones sufridas. Era un gesto político, una forma de sellar el escándalo sin prolongarlo. Cardano aceptó la restitución, pero no se retractó de sus ideas. Su mente seguía habitada por astros, símbolos y fuerzas invisibles.

Final cabalístico: muerte anunciada y legado ambivalente

En estos últimos años, Cardano afirmaba tener trato con un “demonio familiar”, una especie de entidad espiritual que lo guiaba en sus predicciones y reflexiones. Esta figura, típica del pensamiento esotérico de la época, le servía de interlocutor en sus disquisiciones más excéntricas. Su obsesión con la astrología alcanzó un punto culminante cuando trazó su propio horóscopo vital y profetizó que moriría antes de cumplir los 75 años.

La predicción se convirtió en obsesión. El 21 de septiembre de 1576, tres días antes de cumplir esa edad, Girolamo Cardano murió en Roma, en circunstancias que hasta hoy siguen generando debate. La mayoría de los testimonios coinciden en que se dejó morir de inanición, negándose a comer durante sus últimas semanas. ¿Fue un suicidio deliberado, un acto de coherencia esotérica o una forma de reafirmar su autoridad sobre el destino?

La muerte de Cardano se ha interpretado como la culminación de su vida de extremos. Algunos ven en su gesto final una demostración de egolatría sin límites; otros, una forma mística de fusión entre su vida intelectual y su cosmovisión astrológica. En cualquier caso, su muerte cumplía su propia profecía, como si su último experimento fuera consigo mismo.

El neoplatonismo animista y las contradicciones ideológicas

En el plano filosófico, Cardano fue un pensador imposible de encasillar. Su obra se enmarca en el renacer del neoplatonismo en la Italia del Cinquecento, pero con un giro personal hacia el animismo y la cosmología esotérica. Creía que la materia poseía alma, y que todas las criaturas estaban unidas por una misma fuerza vital que ascendía hasta el ser humano.

Su visión del alma, influida por Averroes, lo llevaba a considerar que la mente individual era una manifestación de una mente universal e inmortal, una idea que desafiaba tanto al dogma católico como al racionalismo incipiente. Fue acusado de ateísmo, herejía, superstición y charlatanismo, pero también citado y elogiado por figuras posteriores de la ciencia y la filosofía.

Cardano escribió con un estilo híbrido, en el que mezclaba argumentos sólidos con intuiciones delirantes. Esta ambigüedad ha hecho de él un personaje difícil de interpretar para los historiadores modernos, pero también fascinante por su capacidad de integrar lógicas aparentemente irreconciliables.

Obras clave: De subtilitate, De varietate, De propria vita, Ars Magna

El corpus de Cardano es vasto y diverso. En filosofía, destacan obras como De subtilitate rerum (1550), donde examina los principios de lo natural y lo artificial, y De rerum varietate (1557), que analiza la diversidad del universo. En ellas despliega su visión animista del cosmos, pero también observaciones empíricas que anticipan la ciencia experimental.

Su De propria vita, publicada póstumamente en 1643, es una de las autobiografías más vívidas del Renacimiento, donde combina confesión personal, relato científico y reflexión filosófica. Es una obra indispensable para entender su carácter y su tiempo.

En matemáticas, además de la célebre Ars Magna Arithmeticae, dejó el Practica arithmetica et mensurandi singularis (1539), un manual técnico, y Liber de ludo aleae, donde intenta aplicar el cálculo de probabilidades al juego de azar, convirtiéndose en uno de los precursores de la teoría de la probabilidad.

Su legado, por tanto, no es lineal ni unívoco. Es una mezcla de genialidad, desorden, visión y ruina. Cardano encarna la contradicción renacentista, donde la fe en el saber humano coexiste con la fascinación por lo oculto, y donde el genio individual puede alcanzar las cumbres del conocimiento o hundirse en el caos de su propio destino.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Girolamo Cardano (1501–1576): Genio del Renacimiento entre la Ciencia, el Escándalo y la Adivinación". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/cardano-girolamo [consulta: 5 de febrero de 2026].