Abd al-Aziz Ibn Saud (1881–1953): El Fundador de Arabia Saudita
Abd al-Aziz Ibn Saud (1881–1953): El Fundador de Arabia Saudita
Contexto y Orígenes
Orígenes familiares y contexto histórico
Abd al-Aziz Ibn Saud nació en 1881 en Riad, la capital del antiguo estado Saudí de Néyed, una región que formaba parte del vasto territorio árabe. Su familia, los Saud, pertenecía a una dinastía que llevaba siglos defendiendo una interpretación estricta y puritana del islam: el Wahhabismo. Esta corriente religiosa, fundada por el teólogo Muhammad ibn Abd al-Wahhab en el siglo XVIII, postulaba la purificación del islam y su retorno a las prácticas originales, libres de influencias externas y de las «innovaciones» que consideraban corruptas. La familia Saud, aliada con los Wahhabíes, había conseguido dominar grandes partes de la península arábiga en los siglos anteriores, pero su poder se desmoronó a finales del siglo XIX.
Cuando Ibn Saud nació, su familia ya había perdido el control sobre la región tras la invasión de las fuerzas otomanas. En 1891, el reino Saudí fue derrotado por la dinastía Rashidi de la tribu Shammar, con el respaldo del Imperio Otomano. Ante la caída de su estado y la amenaza de los invasores, la familia Saud se vio obligada a exiliarse en Kuwait, donde Abd al-Aziz vivió sus primeros años de vida en un entorno que, aunque marcado por la pobreza, estaba impregnado de la cultura y el valor de la tradición beduina.
La dinastía Saudí y el exilio
Durante su exilio en Kuwait, Abd al-Aziz, junto a su familia, experimentó las dificultades de la vida nómada y se vio privado de la opulencia a la que su linaje había estado acostumbrado. A pesar de ello, el joven príncipe recibió una formación adecuada para su futuro rol como líder. En Kuwait, donde la influencia de la familia Saud seguía viva, tuvo la oportunidad de aprender los valores que guiaban a su gente: la fe en Alá y la lucha por restablecer el dominio de los Saud. Fue en este ambiente que se forjó el carácter de Abd al-Aziz, una personalidad destinada a recuperar el legado perdido de su familia.
Su educación se centró en la preparación física y estratégica. Desde pequeño, aprendió a montar a caballo y a manejar las armas, elementos esenciales para los futuros enfrentamientos que marcarían su vida. Además, su contacto con la élite política de Kuwait le permitió establecer relaciones y obtener conocimientos que serían cruciales para su futura carrera. Este ambiente de lucha y supervivencia fue el caldo de cultivo para su determinación de recuperar el poder y la influencia de los Saud.
La infancia y formación de Ibn Saud
A pesar de las adversidades del exilio, Abd al-Aziz no perdió de vista su objetivo principal: la restauración del estado Saudí. Su padre, Abd al-Rahman, fue el principal referente en su vida. Abd al-Rahman, al igual que sus antecesores, había adoptado como misión extender el Wahhabismo a lo largo de la península arábiga. Aunque estaba en el exilio, siguió luchando por la causa de su familia, organizando intentos fallidos para recuperar el territorio perdido. Este ambiente de lucha constante por el regreso al poder influyó profundamente en el joven Abd al-Aziz, quien absorbió la pasión por la religión y la política que definirían su reinado en el futuro.
En este período formativo, Abd al-Aziz también experimentó los primeros retos personales. Contrajo su primer matrimonio a los 15 años, y tras la muerte de su primera esposa, volvió a casarse poco tiempo después, siguiendo la tradición de su familia. Estos matrimonios no solo tenían un sentido personal, sino también político, pues servían para consolidar alianzas con otras tribus y fortalecer su base de apoyo.
Por encima de todas estas influencias, sin embargo, fue la relación con el islam lo que dio forma a su visión del mundo. Abd al-Aziz fue un ferviente seguidor del Wahhabismo, la doctrina que aspiraba a la restauración de un islam «puro» y libre de corrupciones. Fue este fervor religioso el que lo impulsó a dar sus primeros pasos en la política y la guerra, buscando con ahínco la restauración del dominio Saudí sobre Arabia.
Su enfoque religioso y político se fusionó en la creación de un ejército propio. Abd al-Aziz organizó y lideró a los beduinos, los nómadas de la región, creando una fuerza militar capaz de enfrentarse a los invasores y a las dinastías rivales. El primer paso hacia la restauración de su familia fue la formación de una hermandad de guerreros conocida como Ikhwan, que sería fundamental en su futuro éxito.
El primer intento de Abd al-Aziz por recuperar Riad, en 1900, fracasó, pero le sirvió como experiencia y le permitió ganar adeptos. Su valor y determinación fueron claros en ese primer enfrentamiento, aunque la victoria aún no estaba al alcance. No fue sino hasta 1902 que Abd al-Aziz, al frente de un pequeño grupo de hombres, logró tomar Riad, lo que marcaría el comienzo de una nueva etapa en su vida y en la historia de Arabia.
Ascenso al poder y consolidación del reino
El regreso a Riad y las primeras victorias
El año 1902 marcó el punto de inflexión en la vida de Abd al-Aziz Ibn Saud. Con tan solo 21 años, emprendió su segundo intento por recuperar Riad, la ciudad que había sido la capital de su familia. En esta ocasión, logró una victoria decisiva. Armado con determinación y con un pequeño ejército, tomó la ciudad, que estaba bajo el control de los turcos, quienes se habían aliado con la dinastía Rashidi. La toma de Riad fue un acto audaz que no solo restauró el control de los Saud sobre su tierra natal, sino que también consolidó a Abd al-Aziz como un líder fuerte y carismático entre las tribus beduinas.
La captura de Riad no solo fue un golpe militar, sino también un símbolo de la voluntad de Abd al-Aziz de restablecer el dominio de su familia sobre Arabia. Tras esta victoria, fue proclamado Imán de la ciudad, lo que representó el reconocimiento religioso de su autoridad. Esto marcó el comienzo de una serie de victorias que le permitirían expandir su territorio y establecer las bases de lo que sería el futuro Reino de Arabia Saudita.
Formación de la hermandad Ikhwan y la expansión de su poder
La creación de la hermandad Ikhwan fue una de las claves del éxito de Abd al-Aziz. Esta organización, formada por beduinos radicales que adherían al Wahhabismo, actuó como una especie de ejército privado que le permitió a Ibn Saud ampliar su influencia en Arabia. Los miembros de la hermandad no solo eran guerreros disciplinados, sino también fervientes defensores de la pureza religiosa que predicaba el Wahhabismo. Este grupo jugó un papel crucial en las campañas militares de Ibn Saud, atacando y sometiendo a las tribus rivales.
La expansión territorial de Abd al-Aziz fue imparable durante este período. En 1904, había conseguido el control total de Néyed, la región que había sido el corazón de su familia. En 1910, sus tropas llegaron a la región de Asín, consolidando su dominio en la parte central de la península arábiga. Estas victorias fueron el preludio de la unificación de Arabia bajo un solo liderazgo.
A medida que su poder aumentaba, también lo hacía su habilidad para manejar las complejas relaciones políticas de la región. Aunque mantenía una postura inflexible en cuanto a sus principios religiosos, Abd al-Aziz sabía que la política y las alianzas eran esenciales para el éxito a largo plazo. En este sentido, comenzó a acercarse a los británicos, quienes, a pesar de sus propios intereses coloniales en la región, vieron en Ibn Saud una alternativa viable para contrarrestar la influencia del Imperio Otomano y otras potencias extranjeras.
Las alianzas políticas y militares
El apoyo de los británicos se convirtió en un elemento fundamental para el fortalecimiento del poder de Abd al-Aziz. A partir de 1915, durante la Primera Guerra Mundial, Ibn Saud firmó un tratado con el Reino Unido que reconocía su control sobre Néyed y le otorgaba el estatuto de protectorado. A cambio, Abd al-Aziz se comprometió a no atacar a las tribus aliadas del Reino Unido y a cooperar con los intereses británicos en la región.
Este acuerdo fue clave para la expansión de Abd al-Aziz, que no solo pudo consolidar su poder en Arabia, sino que también pudo librarse de las amenazas externas. A pesar de las promesas de cooperación, Ibn Saud no dejó de perseguir sus propios intereses. En 1916, aprovechó la debilitada situación de los Hachemitas, antiguos aliados de los británicos, para enfrentarse a ellos. La familia Hachemita, encabezada por Husein de Hayaz, había proclamado su dominio sobre los árabes y aspiraba a establecerse como líderes de un califato panárabe.
En 1924, después de una serie de enfrentamientos, Abd al-Aziz derrotó a Husein y tomó el control de La Meca y Medina, los dos lugares más sagrados del islam. La caída del poder de los Hachemitas fue un golpe decisivo para la política árabe, y a partir de ese momento, Abd al-Aziz se convirtió en la figura central del islam sunita en la región.
La conquista de Hijaz y la caída de los Hachemitas
La victoria de Ibn Saud sobre los Hachemitas en 1924 y la toma de La Meca y Medina consolidaron aún más su poder en la región. Sin embargo, los enfrentamientos con los Hachemitas no fueron la única amenaza a su poder. La dinastía Rashidi, que había sido una de sus principales rivales en el pasado, seguía siendo una amenaza. Tras la derrota de los Rashidi en 1922, Abd al-Aziz había conseguido asegurarse el control de todo el centro de Arabia, pero aún quedaban territorios que debían ser anexados.
En 1925, tras una serie de combates, Ibn Saud logró someter la región de Asir, ubicada en el suroeste de Arabia, completando así la unificación de la península arábiga bajo su dominio. Durante este proceso, el rey Ibn Saud comenzó a adoptar medidas para consolidar el nuevo estado que estaba formando. En 1926, se proclamó rey del Hayaz, y un año después, en 1927, estableció una administración centralizada que abarcaba la totalidad de su reino.
Ibn Saud también tuvo que lidiar con la resistencia interna de algunas tribus beduinas, que no veían con buenos ojos las reformas y la centralización del poder. Sin embargo, con el respaldo de sus seguidores más leales y el apoyo de la hermandad Ikhwan, fue capaz de sofocar estas revueltas. A principios de la década de 1930, Ibn Saud había logrado asegurar el control absoluto sobre todo el territorio de Arabia Saudita.
Modernización y legado
Consolidación del Reino de Arabia Saudita
Con el territorio unificado bajo su control, Abd al-Aziz Ibn Saud se dedicó a la consolidación de su poder y al establecimiento de un estado moderno. En 1932, proclamó la fundación oficial del Reino de Arabia Saudita, adoptando el nombre de «Abd al-Aziz» como símbolo de su supremacía. A partir de este momento, su reino adquirió una estructura más organizada y administrativa, con la implementación de nuevas políticas que favorecían tanto a la consolidación interna como al fortalecimiento de la infraestructura.
Una de las principales prioridades de Abd al-Aziz fue la creación de un sistema de infraestructuras modernas. Se construyeron carreteras, líneas telegráficas y otras obras públicas que facilitaron la comunicación y el transporte en un país vasto y mayoritariamente desértico. Esta red de infraestructuras fue esencial no solo para la administración del reino, sino también para el desarrollo económico y social del país.
Además, implementó un sistema fiscal centralizado, basado principalmente en los ingresos derivados del comercio y el tributo. Aunque el sistema económico de Arabia Saudita seguía siendo dependiente de las tradiciones beduinas y de la agricultura, la modernización comenzó a tomar forma en estas primeras etapas de su reinado. La administración también se reformó con la creación de una estructura de funcionarios públicos que se encargaban de las distintas áreas del gobierno.
La influencia del petróleo y las primeras reformas económicas
Uno de los mayores logros de Abd al-Aziz fue la descubierta de petróleo en su reino a finales de la década de 1930. En 1933, firmó un contrato con la Standard Oil Company de California, una de las mayores empresas petroleras de Estados Unidos, para explorar y extraer petróleo en la región de al-Hasa, en la costa este del país. Este contrato fue un hito que marcaría el inicio de una era de prosperidad económica para Arabia Saudita.
Los ingresos derivados del petróleo transformaron rápidamente el panorama económico del país. La riqueza que generó la industria petrolera permitió a Abd al-Aziz fortalecer aún más su régimen y dar inicio a una política de modernización económica y militar. Se invirtió una gran parte de los ingresos del petróleo en la compra de armamento moderno y en la modernización de las fuerzas armadas, lo que aumentó el poder de su gobierno tanto dentro como fuera del reino.
El petróleo también permitió a Abd al-Aziz realizar reformas sociales, pero estas reformas fueron siempre moderadas, respetando las tradiciones islámicas. A pesar de las presiones externas, sobre todo las de los países occidentales, Ibn Saud mantuvo el carácter conservador y religioso de su país, equilibrando el avance tecnológico con la preservación de la cultura wahabí.
La Segunda Guerra Mundial y la relación con los Estados Unidos
A pesar de los enormes cambios en su país, Abd al-Aziz mantuvo una neutralidad estratégica durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque Arabia Saudita no se involucró directamente en el conflicto, el Reino Unido y las potencias del Eje buscaron su apoyo debido a su posición geopolítica. A principios de la guerra, Ibn Saud firmó un tratado comercial con Italia, pero en 1942, después de la intervención estadounidense, cambió su postura y se alineó con los aliados, siguiendo la política internacional de los Estados Unidos.
La relación con los Estados Unidos se fortaleció considerablemente durante este período. En 1945, Abd al-Aziz realizó su primera visita internacional desde que había regresado a Riad en 1902, viajando a bordo de un crucero estadounidense para reunirse con el presidente Franklin D. Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill. Esta reunión, realizada en el Mar Rojo, marcó el inicio de una alianza estratégica entre Arabia Saudita y los Estados Unidos, alianza que perduraría durante toda la Guerra Fría.
A raíz de esta visita, en 1945, Abd al-Aziz declaró oficialmente la guerra a Alemania. Aunque Arabia Saudita no participó activamente en los combates, este gesto simbolizó su alineación con los intereses de los países aliados. La relación con los Estados Unidos se profundizó a medida que el suministro de petróleo saudí se volvía crucial para las economías globales, especialmente para el esfuerzo de guerra de los aliados.
La Guerra Fría y el fortalecimiento de los lazos con Occidente
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, las relaciones de Arabia Saudita con los Estados Unidos se intensificaron aún más. Durante la Guerra Fría, el reino saudí se convirtió en un aliado clave en la estrategia de contención contra la expansión del comunismo en Oriente Medio. El apoyo saudí a las políticas estadounidenses permitió a Abd al-Aziz consolidar su influencia en la región, a la vez que Arabia Saudita comenzaba a beneficiarse económicamente de su relación con las potencias occidentales.
La Compañía Petrolífera Americana de Arabia (ARAMCO), formada por las principales empresas petroleras de Estados Unidos, se convirtió en una de las empresas más influyentes en la región. En 1950, ARAMCO completó la construcción de un oleoducto que conectaba Arabia Saudita con el Mediterráneo, facilitando la exportación de petróleo y aumentando la riqueza del reino.
El ascenso de su hijo Saud y la política interna tras su muerte
La muerte de Abd al-Aziz en 1953 dejó un vacío de poder que sería ocupado por su hijo mayor, Saud bin Abdul Aziz. Sin embargo, el reinado de Saud no estuvo exento de controversias, pues pronto surgieron tensiones internas relacionadas con las políticas económicas y sociales que Ibn Saud había iniciado. A pesar de que su hijo Saud fue reconocido como rey, la falta de preparación para gobernar con la misma determinación y pragmatismo que su padre hizo que se enfrentara a una creciente oposición dentro de la familia real.
Ibn Saud dejó un legado profundo y duradero. Arabia Saudita se había transformado en un país moderno, con una infraestructura sólida, una economía petrolera floreciente y una creciente influencia política en la región. Su política pragmática, que equilibraba las tradiciones religiosas con las necesidades de modernización, permitió al reino adaptarse a los desafíos del siglo XX.
MCN Biografías, 2025. "Abd al-Aziz Ibn Saud (1881–1953): El Fundador de Arabia Saudita". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/abd-al-aziz-ibn-saud-iii [consulta: 2 de febrero de 2026].
