Ramón Vázquez Molezún (1922–1993): Un Arquitecto y Pintor que Transformó la Arquitectura Española del Siglo XX

Ramón Vázquez Molezún (1922–1993): Un Arquitecto y Pintor que Transformó la Arquitectura Española del Siglo XX

Orígenes y Educación

Ramón Vázquez Molezún nació el 2 de septiembre de 1922 en La Coruña, una ciudad ubicada en el noroeste de España. Desde muy joven, mostró una inclinación hacia las artes, lo que eventualmente lo llevaría a estudiar arquitectura. Comenzó su formación en el Instituto de segunda enseñanza de La Coruña, un periodo clave para su desarrollo intelectual. Posteriormente, se trasladó a Madrid para ingresar en la Escuela Superior de Arquitectura, donde completó sus estudios en 1948. Durante su tiempo en la escuela, se destacó por su talento y capacidad de innovación, aspectos que más tarde definirían su carrera profesional.

En 1949, Vázquez Molezún obtuvo una beca que le permitió viajar a Roma, donde pasó tres años estudiando en la Academia de España. Este periodo fue decisivo para su desarrollo artístico y arquitectónico. A lo largo de su estancia en la capital italiana, se sumergió en el estudio de las grandes obras del pasado, además de crear sus propios proyectos. El más destacado de estos fue el «Proyecto para un faro votivo a la traslación por mar de los restos del apóstol Santiago», con el que ganó el concurso para la beca en Roma. Durante su estancia, además de hacer reproducciones de obras clásicas, como el «Éxtasis de San Francisco» de la capilla Raimondi o la terracota de la «Resurrección» en la sacristía de Santa María in Trastevere, también exploró el trabajo de figuras modernas, como Antoni Gaudí, cuya admiración lo llevaría a diseñar, en 1950, un teatro al aire libre en homenaje a Gaudí. Además, en sus tiempos libres, pintó numerosas acuarelas mientras viajaba por Europa, lo que le permitió expandir su visión artística y su comprensión de la arquitectura como forma de expresión.

Inicios en la Arquitectura y la Pintura

Vázquez Molezún no solo se destacó en la arquitectura, sino también en la pintura. Su estilo pictórico era sumamente arquitectónico, caracterizado por la esquematización y la síntesis de formas. A través de su pintura, mostró un enfoque racionalista que reflejaba los principios que también guiaban su arquitectura: la funcionalidad, la claridad en la estructura y el contraste de elementos. Su pintura, aunque variada, se distinguía por el uso de tonos fuertes y contrastados, con pinceladas libres y audaces, lo que le confería una apariencia dinámica y contemporánea.

En cuanto a su obra arquitectónica, uno de los primeros grandes reconocimientos de Vázquez Molezún fue el Premio Nacional de Arquitectura en 1954, otorgado por su «Proyecto de Museo de Arte Moderno», realizado en Roma en 1951. Este proyecto, que fusionaba el funcionalismo con el arte, fue un reflejo de la visión de Vázquez Molezún sobre el papel de la arquitectura en la sociedad. Junto a su hermano Manuel Suárez Molezún y Amadeo Gabino, ganó también el gran premio de arquitectura en la X Trienal de Arte de Milán en 1954, un galardón internacional que consolidó su reputación como arquitecto de vanguardia.

El trabajo en equipo fue un elemento esencial en su carrera, especialmente cuando comenzó a colaborar con otro joven arquitecto, José Antonio Corrales. La colaboración entre ambos sería fundamental para los logros arquitectónicos de Vázquez Molezún en los años siguientes, aunque su relación profesional trascendería hasta la creación de algunos de los proyectos más innovadores de la época.

Reconocimientos y Primeros Éxitos

El primer gran éxito de su carrera, y uno que marcó un hito en la historia de la arquitectura española, fue la medalla de oro obtenida por el pabellón de España en la Feria Internacional de Bruselas de 1958. Este pabellón, diseñado en colaboración con José Antonio Corrales, fue seleccionado para representar a España en la Exposición Universal, lo que le otorgó una visibilidad internacional a Vázquez Molezún. La estructura del pabellón fue innovadora, ya que se adaptó a las irregularidades del terreno del parque Heysel, sede de la exposición. La propuesta arquitectónica consistía en una cubierta desmontable y elástica, que se sostenía mediante una estructura hexagonal y cóncava, diseñada para permitir la flexibilidad y adaptabilidad a cualquier terreno irregular. La estructura contaba con un sistema de drenaje de aguas pluviales, lo que hacía que la cubierta fuera autónoma y auto-sostenible. Esta solución arquitectónica representó un avance significativo en el diseño de espacios públicos y marcó una ruptura con los enfoques más rígidos y racionalistas que prevalecían en la arquitectura de la época.

Además de su trabajo en Bruselas, Vázquez Molezún también comenzó a consolidar su carrera a través de proyectos en los que fusionaba la estética con la funcionalidad. Por ejemplo, en su trabajo sobre el Instituto de enseñanza en Herrera de Pisuerga, realizado entre 1952 y 1955, logró combinar la necesidad de una construcción económica con un diseño innovador, adaptado a las condiciones climáticas y geográficas del lugar. Este enfoque, que desafiaba las convenciones del racionalismo arquitectónico, se convirtió en una característica clave de su estilo.

Otro de sus trabajos destacados fue el «Proyecto de Museo de Arte Moderno» en Madrid, un proyecto que ejemplificó su visión de la arquitectura como una forma de arte funcional y accesible. En este sentido, su obra temprana demostró una sensibilidad única para integrar el entorno natural y social en sus diseños, lo que le permitió destacarse en el panorama arquitectónico nacional e internacional.

Colaboración con José Antonio Corrales

La colaboración entre Ramón Vázquez Molezún y José Antonio Corrales fue una de las más fructíferas y reconocidas de la arquitectura española del siglo XX. Ambos compartían una visión similar sobre la importancia de la funcionalidad en la arquitectura, pero su enfoque innovador los llevó a explorar nuevas formas de integrar la obra arquitectónica en su contexto natural y social. Su primera gran obra conjunta fue el Instituto de Enseñanza en Herrera de Pisuerga, construido entre 1952 y 1955 en Palencia. Este proyecto, a pesar de los escasos recursos disponibles, demostró la capacidad de los arquitectos para idear soluciones funcionales y estéticamente innovadoras. Para este instituto, se utilizaron materiales locales, como el ladrillo y las baldosas, y la estructura de los pabellones fue concebida con cubiertas inclinadas alternas, adaptadas para proteger a los estudiantes de las inclemencias del tiempo, como las lluvias y la nieve.

El diseño de este instituto también reflejaba la capacidad de Vázquez Molezún y Corrales para crear espacios adaptados a las condiciones climáticas locales, priorizando la sostenibilidad y la relación armónica con el entorno. La forma en que resolvieron las diferentes orientaciones del edificio, con cerramientos de vidrio hacia el sur para aprovechar la luz natural, y cerramientos más opacos hacia el norte, es un ejemplo claro de su enfoque pragmático y sensible hacia el medio ambiente.

Uno de los hitos más significativos de esta colaboración fue el pabellón de España en la Feria Internacional de Bruselas de 1958. Este proyecto, que representaba a España en la Exposición Universal, fue un claro ejemplo de la audacia arquitectónica de ambos. El pabellón fue diseñado para adaptarse a las irregularidades del terreno del Parque Heysel, donde se celebró la feria. La estructura del pabellón era desmontable y flexible, lo que permitió que se adaptara a los desniveles del terreno y respetara las zonas arboladas del parque. La cubierta del pabellón, formada por elementos prefabricados autónomos, tenía una forma hexagonal cóncava que le confería una estética distintiva y a la vez funcional. Este diseño rompía con los estándares racionalistas de la época, introduciendo un enfoque más orgánico que se alejaba del carácter rígido de muchas construcciones contemporáneas.

El éxito del pabellón en Bruselas fue rotundo, y la medalla de oro que recibió en la Exposición Universal fue un reconocimiento a la originalidad y la capacidad técnica de los arquitectos. Este proyecto no solo marcó un hito en la arquitectura española, sino que también consolidó a Vázquez Molezún y Corrales como dos de los arquitectos más importantes de su generación.

Proyectos Notables y Reconocimiento Internacional

A medida que avanzaba su carrera, Vázquez Molezún continuó colaborando con Corrales en diversos proyectos, aunque también trabajó de manera individual en varios proyectos emblemáticos. Uno de los edificios más destacados que diseñó fue la residencia infantil de Miraflores de la Sierra, construida entre 1957 y 1958 en Madrid. Este proyecto fue una de sus primeras obras en la que se percibe una adaptación clara al terreno, con un edificio que aprovechaba el desnivel del terreno para crear una relación más natural con su entorno. La estructura del edificio, que se dividía en dos partes, se integraba de forma armoniosa con el paisaje circundante, y su diseño fue una muestra del interés de Vázquez Molezún por la funcionalidad y la sostenibilidad.

Entre 1962 y 1965, Vázquez Molezún y Corrales colaboraron en la construcción del edificio de Selecciones del Reader’s Digest en Madrid. Este edificio fue un ejemplo de arquitectura ecléctica, que combinaba diferentes estilos y formas volumétricas para adaptarse a las necesidades funcionales de un edificio industrial. La estructura se basaba en una rigurosa trama modular, tanto en la planta como en la estructura metálica, lo que garantizaba la flexibilidad necesaria para los procesos industriales. Este proyecto destacó por la armonización de formas y materiales, y por la capacidad de los arquitectos para crear un diseño coherente que satisfacía tanto las necesidades estéticas como funcionales del cliente.

Además de estos proyectos, Vázquez Molezún también desarrolló la Casa Huarte en Puerta de Hierro (1965-1966), que fue una de sus obras más orgánicas y humanas. Este diseño rompió con los enfoques racionalistas anteriores, favoreciendo una disposición más libre y abierta del espacio. El edificio fue orientado hacia tres patios interiores, lo que generaba una sensación de intimidad y privacidad, a la vez que rompía con la idea de una fachada única y cerrada hacia el exterior. Esta disposición, que evocaba la tradición de la casa mediterránea con su corazón en el patio, era un reflejo de la madurez de Vázquez Molezún como arquitecto, que se alejaba del estilo funcionalista para explorar una arquitectura más cálida y accesible.

Los Últimos Años y Legado

La década de 1970 marcó un periodo de transición para Vázquez Molezún y Corrales, quienes experimentaron altibajos en su carrera. A pesar de los éxitos anteriores, comenzaron a enfrentarse a la dificultad de llevar a cabo sus proyectos más ambiciosos. En este periodo, la colaboración entre ambos empezó a decaer, y cada uno siguió caminos separados. Aunque los dos continuaron trabajando, la falta de un estilo coherente en sus obras posteriores hizo que sus proyectos se vieran menos ligados entre sí, y sus carreras se vieron afectadas por la dificultad de adaptarse a los nuevos cambios en el ámbito arquitectónico.

En solitario, Vázquez Molezún continuó desarrollando proyectos que seguían su evolución personal como arquitecto. Entre sus últimas obras, destaca el Colegio Mayor Santa María en la Ciudad Universitaria de Madrid (1968-1969), realizado en colaboración con José de la Mata. Este proyecto fue uno de los más representativos de su estilo arquitectónico en la última etapa de su carrera, donde se refleja una mayor madurez en el uso de los materiales y la integración del edificio con su entorno.

Uno de los aspectos más destacados de la trayectoria de Vázquez Molezún fue su capacidad para fusionar la tradición local con el uso de nuevas tecnologías y materiales. En la década de 1970, realizó proyectos como las viviendas en las calles Primavera-Palloza de La Coruña (1972-1974), en las que combinó la tradición de los miradores acristalados con las nuevas técnicas constructivas. Esta capacidad para innovar sin perder el contacto con la historia y la tradición fue una de las características que definieron su obra.

Al final de su carrera, Vázquez Molezún recibió importantes reconocimientos por su contribución a la arquitectura. En 1992, le fue concedida la Medalla de Oro de la Arquitectura Española por el Consejo Superior de Arquitectos, en reconocimiento a su labor profesional junto a José Antonio Corrales. En 1993, pocos meses antes de su muerte, el presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, le impuso la Medalla de Castelao, un honor que subrayó su legado y su influencia en la arquitectura española.

El trabajo de Ramón Vázquez Molezún, tanto en su faceta de arquitecto como de pintor, ha dejado una huella perdurable en la historia de la arquitectura contemporánea. Su capacidad para combinar funcionalidad, innovación y respeto por el entorno natural sigue siendo una inspiración para las generaciones de arquitectos que continúan su legado.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Ramón Vázquez Molezún (1922–1993): Un Arquitecto y Pintor que Transformó la Arquitectura Española del Siglo XX". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/vazquez-molezun-ramon [consulta: 22 de febrero de 2026].