Alonso Núñez de Haro y Peralta (1729–1800): Arzobispo de México y Virrey de la Nueva España, un líder reformista y cultural
Alonso Núñez de Haro y Peralta (1729–1800): Arzobispo de México y Virrey de la Nueva España, un líder reformista y cultural
Orígenes y Formación Académica
Alonso Núñez de Haro y Peralta nació el 31 de octubre de 1729 en Villagarcía del Llano, un pequeño pueblo en la provincia de Cuenca, España. Hijo de una familia de labradores, su vida comenzó en un entorno modesto, pero con un gran potencial. Su madre, Ana María Peralta, y su padre, García Núñez de Haro, fueron quienes le enseñaron las primeras letras. Desde una edad temprana, demostró una notable inteligencia, y sus padres, reconociendo su habilidad, decidieron enviarlo a estudiar bajo la tutela de su tío, Andrés Núñez de Haro, canónigo de la catedral de Toledo, quien también ocupó puestos importantes en la Iglesia. Este ambiente religioso y académico fue fundamental para el desarrollo de Alonso.
Su formación inicial fue en la ciudad de Toledo, donde estudió Filosofía y Teología en el convento de los dominicos de San Pedro Mártir. Más tarde, decidió continuar su formación en el extranjero, específicamente en Bolonia, Italia, en el Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles. Allí, revalidó su grado de doctor en Sagrada Teología, obtenido previamente en España cuando apenas tenía dieciocho años. Este título, que otorgaba gran prestigio dentro de la Iglesia, sería el primer escalón hacia su futura carrera eclesiástica.
Carreras Eclesiásticas y Logros Iniciales
Tras su regreso a España, Alonso Núñez de Haro comenzó a ascender rápidamente en los círculos eclesiásticos. Con su impresionante expediente académico, fue nombrado para importantes cargos en la Iglesia. A los pocos años de regresar, obtuvo una canonjía en la catedral de Toledo, otro en la de Cuenca y una más en Segovia. Finalmente, logró una canongía en Toledo, un cargo vital dentro de la Iglesia, que le otorgó considerable influencia.
Además de sus responsabilidades eclesiásticas, desempeñó funciones administrativas importantes. Fue nombrado visitador general y administrador perpetuo de la Casa de los Niños Expósitos, una institución benéfica que atendía a los huérfanos. En estos primeros años, destacó por su capacidad organizativa, su arduo trabajo y una notable habilidad para gestionar las instituciones que le fueron confiadas. Su reputación como líder administrativo y religioso le permitió ganar la confianza de figuras clave dentro de la monarquía española, como el rey Fernando VI, quien lo nombró bibliotecario mayor de la Real Biblioteca. Aunque no llegó a desempeñar este puesto debido a diversos conflictos internos, esta designación reflejaba el reconocimiento de sus méritos por parte de la Corte.
Ascenso en la Iglesia Española
En sus primeros años dentro de la Iglesia, Alonso Núñez de Haro fue reconocido no solo por su inteligencia y formación académica, sino también por su habilidad oratoria. Sus sermones, profundos y eruditos, comenzaron a ganar notoriedad, lo que contribuyó a su rápido ascenso dentro de la jerarquía eclesiástica. Además de sus logros en la educación y la administración, mostró una gran destreza como predicador, lo que lo convirtió en una figura central dentro del ámbito religioso español. Estas cualidades, junto con su dedicación a la causa eclesiástica, lo llevaron a ser considerado para posiciones de mayor relevancia.
La influencia de su tío y su propio esfuerzo académico abrieron las puertas para que fuera elegido como arzobispo de México en 1772, a la edad de 42 años. Sustituyó al controversial arzobispo Francisco Antonio de Lorenzana, quien había estado al frente de la Arquidiócesis de México durante años turbulentos, como la expulsión de la Compañía de Jesús y la convocatoria del IV Concilio Provincial. El nombramiento de Núñez de Haro fue interpretado por muchos como un signo de continuidad en las reformas emprendidas por su predecesor, aunque su estilo y enfoque serían muy distintos.
Designación como Arzobispo de México
El nombramiento de Alonso Núñez de Haro como arzobispo de México en 1772 marcó el inicio de una etapa decisiva en su vida. A pesar de su juventud para asumir tan alta dignidad, su preparación académica, administrativa y pastoral lo convirtió en una elección ideal para continuar con las reformas emprendidas por Francisco Antonio de Lorenzana, su antecesor. Con gran empeño, Núñez de Haro emprendió numerosas reformas tanto a nivel pastoral como administrativo.
Una de sus primeras iniciativas fue la creación de un seminario en Tepozotlán, anteriormente una casa-seminario de los jesuitas, donde formaba a futuros clérigos. Además, destacó por su trabajo en la mejora de la educación religiosa y en la corrección de la disciplina del clero, aplicando reformas en diversas órdenes religiosas, como la Orden de la Caridad y San Hipólito, siguiendo las recomendaciones de Carlos III.
Reformas y Proyectos en la Arquidiócesis de México
A lo largo de su mandato como arzobispo de México, Alonso Núñez de Haro llevó a cabo una serie de reformas y proyectos que marcaron su legado en la Nueva España. Una de sus iniciativas más importantes fue la consolidación de la Casa de los Niños Expósitos, una institución destinada a atender a los huérfanos y niños abandonados. Las constituciones de la Casa fueron obra de su mano, con el objetivo de asegurar el bienestar y la educación de los menores.
Núñez de Haro también fue muy activo en la fundación de conventos y en la promoción de la educación de las mujeres. Su obra predilecta en este sentido fue la reedificación y dotación del Colegio de Instrucción de Niñas de San Miguel de Belén, institución que dedicó a la enseñanza de niñas, y que reflejó su profundo interés por el bienestar educativo y social de las mujeres de su tiempo.
En el ámbito religioso, el arzobispo dedicó una gran parte de su tiempo a visitar las parroquias de su diócesis, donde administró el sacramento de la confirmación a miles de indios, que en ese tiempo constituían una parte importante de la población del virreinato. Estas visitas también le permitieron conocer de cerca las condiciones sociales y espirituales de los pueblos y congregaciones, lo que le permitió diseñar estrategias eficaces para mejorar la vida de los habitantes del vasto virreinato.
A nivel cultural, uno de los mayores logros de Alonso Núñez de Haro fue la fundación de cátedras en el seminario de Tepozotlán, donde se enseñaban disciplinas clave como la Sagrada Escritura, Teología, Moral, Liturgia y la Lengua Mexicana. Estas cátedras fueron fundamentales para el desarrollo de la educación en la región, y su biblioteca personal se convirtió en un valioso recurso para la formación académica de los futuros clérigos.
Designación como Virrey Interino
En 1786, el virrey Bernardo de Gálvez falleció inesperadamente en Tacubaya, dejando el puesto vacante en un momento crucial para la Nueva España. En ese contexto, y dado que la Audiencia no pudo asumir adecuadamente el gobierno debido a la salud del regente Eusebio Sánchez Pareja, el rey Carlos III optó por una solución excepcional: nombrar al arzobispo Alonso Núñez de Haro como virrey interino. Este nombramiento fue una medida rara, pues en toda la historia del virreinato solo se había recurrido a esta figura en pocas ocasiones.
La decisión fue vista por algunos como una estrategia del monarca para fortalecer la autoridad en la región, mientras que otros interpretaron el nombramiento como un favor personal a Núñez de Haro, debido a sus relaciones cercanas con la Corte y a la ayuda que prestó a la familia Gálvez durante su mandato. Si bien no fue una designación común, su elección reflejó el aprecio de la Corona por sus méritos y su preparación para enfrentar los desafíos de gobernar el vasto y complejo virreinato.
El 8 de mayo de 1787, Alonso Núñez de Haro asumió el cargo de virrey interino, enfrentándose de inmediato a los retos de la administración pública, la economía y la relación con otras autoridades, especialmente con los intendentes recién nombrados por la Corona. Estos nuevos funcionarios, designados para implementar reformas económicas y administrativas, no siempre mostraron disposición para colaborar con el virrey, lo que generó tensiones desde los primeros días de su mandato.
Gobierno como Virrey
Uno de los principales objetivos del gobierno de Núñez de Haro como virrey fue la implementación de las reformas de la Corona, especialmente las reformas borbónicas promovidas por José de Gálvez, visitador general del virreinato. Estas reformas se centraban en mejorar la administración y fomentar la economía regional. La creación de las intendencias, un nuevo sistema de administración local que buscaba descentralizar el poder y promover el desarrollo económico, fue una de las medidas más destacadas de este periodo.
Sin embargo, el virrey interino pronto se vio enfrentado a las tensiones con los nuevos intendentes, quienes, pese a sus altos cargos, a menudo desafiaban la autoridad de Núñez de Haro. Este conflicto de competencias alcanzó su punto máximo con el nombramiento de Fernando José Mangino como superintendente subdelegado de la Real Hacienda y corregidor de México. Mangino, un hombre de gran poder y ambición, deseaba actuar con independencia del virrey, lo que causó fricciones en la administración del virreinato.
Núñez de Haro se quejó de manera constante sobre la falta de colaboración y la dilación en las consultas. En respuesta a esta situación, el rey Carlos III intervino, firmando una real cédula el 2 de octubre de 1787 que reincorporó las competencias de Mangino al virrey, con el fin de restaurar el orden y evitar mayores conflictos. A pesar de estas tensiones, Alonso Núñez de Haro mantuvo una postura firme en su papel de líder, sin dejarse eclipsar por los intereses de otros funcionarios del virreinato.
Iniciativas Culturales y Beneficencia
A lo largo de su mandato como virrey, Alonso Núñez de Haro no solo se dedicó a la administración política, sino también a la promoción de la cultura y el bienestar social. En el ámbito cultural, apoyó la expedición científica dirigida por Martín de Sessé, quien visitó la Nueva España para estudiar la flora y fauna del virreinato. Durante su gobierno, Sessé y su equipo de científicos recibieron todo el apoyo necesario para realizar su trabajo, lo que facilitó el levantamiento de un jardín botánico en la capital novohispana, una iniciativa que perduraría como una de las más importantes de la época en cuanto a investigación natural.
Además, Núñez de Haro promovió la educación y la formación de las futuras generaciones a través de distintas iniciativas. Como arzobispo, ya había apoyado la creación de cátedras en el seminario de Tepozotlán, y en su calidad de virrey, continuó con la mejora de las instituciones educativas, promoviendo la enseñanza de disciplinas clave para la formación de los jóvenes en el virreinato.
En cuanto a la beneficencia, el arzobispo-virrey se distinguió por su preocupación por las clases más desfavorecidas. En tiempos de epidemias y calamidades, como la gran peste de 1785 que azotó la Nueva España, Núñez de Haro utilizó recursos de su propia fortuna y promovió donaciones para socorrer a los pobres y afectados. Aumentó la capacidad de los hospitales y redactó las constituciones para la administración del Hospital de San Andrés, asegurándose de que las personas más necesitadas recibieran atención.
Reconocimientos y Últimos Años
La labor de Alonso Núñez de Haro fue reconocida no solo por la población novohispana, sino también por la monarquía española. Durante su mandato, tanto el Papa Clemente XIV como el rey Carlos IV le otorgaron distinciones por su labor eclesiástica y administrativa. El papa le concedió amplias facultades dentro del arzobispado, mientras que Carlos IV le otorgó la gran Cruz de la Orden de Carlos III en 1792, como muestra de su aprecio y reconocimiento. Esta condecoración fue un honor significativo, que reafirmó su prestigio y su influencia tanto en la Corte como en el clero.
En 1792, el rey Carlos IV también emitió una real orden por la que se establecía que se le rindieran honores militares cada vez que Núñez de Haro entrara o saliera del palacio virreinal, un gesto que reflejaba el respeto que la Corona tenía hacia él. No obstante, a pesar de estos altos honores, el arzobispo virrey continuó viviendo de manera austera, renunciando a los sueldos que le correspondían como virrey y permaneciendo siempre comprometido con su labor pastoral.
En 1794, tras la llegada de Manuel Antonio Flórez como nuevo virrey, Alonso Núñez de Haro entregó el mando en una ceremonia formal en el pueblo de San Cristóbal. Sin embargo, continuó ejerciendo su labor como arzobispo de México, hasta su muerte el 26 de mayo de 1800, después de quince meses de enfermedad.
Legado de Alonso Núñez de Haro
El legado de Alonso Núñez de Haro es amplio y perdura hasta nuestros días, tanto en el ámbito religioso como en el administrativo y cultural. Su gobierno como virrey interino y su trabajo como arzobispo dejaron una huella profunda en la Nueva España. Como líder reformista, impulsó la educación, mejoró la administración pública y se dedicó a la beneficencia, especialmente en tiempos de crisis. Su apoyo a las ciencias y la cultura, en particular la expedición botánica de Martín de Sessé, también refleja su visión avanzada para su época.
A nivel personal, su vida fue un ejemplo de devoción religiosa, cultura y servicio público, lo que le permitió ganarse el respeto de sus contemporáneos y el reconocimiento de la monarquía española. Hoy en día, Alonso Núñez de Haro es recordado como uno de los grandes personajes de la historia del México colonial, cuya influencia se extendió tanto en el ámbito eclesiástico como en la vida política y social de la Nueva España.
MCN Biografías, 2025. "Alonso Núñez de Haro y Peralta (1729–1800): Arzobispo de México y Virrey de la Nueva España, un líder reformista y cultural". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/nunnez-de-haro-y-peralta-alonso [consulta: 23 de febrero de 2026].
