Baltazar Jaime Martínez Compañón y Bujanda (1737–1797): El Prelado que Transformó la Iglesia y la Sociedad en América Latina
Baltazar Jaime Martínez Compañón y Bujanda (1737–1797): El Prelado que Transformó la Iglesia y la Sociedad en América Latina
Los Primeros Años: De Cabredo a Zaragoza
Baltazar Jaime Martínez Compañón y Bujanda nació el 10 de enero de 1737 en Cabredo, un pequeño pueblo situado en la región de Navarra, España. Era hijo de Matías Martínez Compañón y de María Teresa Bujanda y Pérez de Villaspre, ambos miembros de la nobleza local, lo que le proporcionó una educación esmerada desde su infancia. Su primer acercamiento al conocimiento fue en su ciudad natal, donde comenzó a aprender las primeras letras y, más tarde, el latín, una lengua clave para su formación en la Iglesia.
Con el paso de los años, su educación se expandió a nuevos horizontes. En su adolescencia, ingresó al convento mercedario de Calatayud, un lugar que le permitió profundizar en la filosofía, base fundamental para su futuro en el clero. Posteriormente, su búsqueda de conocimientos lo llevó a la Universidad de Zaragoza, donde cursó estudios de Derecho y Cánones. En 1759, completó sus estudios universitarios, logrando tanto la licenciatura como el doctorado en Derecho Canónico, lo que marcó el inicio de su carrera eclesiástica en el ámbito académico.
Estudios Universitarios y Primeros Pasos en la Vida Eclesiástica
Su dedicación a los estudios continuó en la Universidad de Huesca, donde se sumó a la creciente prestigiosidad de su formación académica. Después de graduarse, Martínez Compañón fue ordenado sacerdote en 1761 por el obispo de Calahorra, monseñor Andrés de Porras. Su vinculación con la iglesia fue reforzada por un puesto en el colegio de San Bartolomé en la Universidad de Salamanca, donde se encargó de la enseñanza y obtención del grado de Doctor en Leyes.
En 1763, su camino hacia el ascenso eclesiástico continuó con la obtención de una canonjía doctoral en la iglesia de Santo Domingo de la Calzada. Este cargo le permitió acercarse a las altas esferas eclesiásticas, lo que fue un preludio de su futuro destino en el mundo religioso y político.
Ascenso en la Iglesia y la Política en España
Con el tiempo, las responsabilidades de Martínez Compañón comenzaron a tomar una forma más política y administrativa. En 1765, se trasladó a Madrid, donde representó al cabildo ante el Consejo de Castilla. Este puesto le permitió establecer relaciones con la corte, consolidando su influencia en los círculos más cercanos a la monarquía española. Su dedicación y disciplina no pasaron desapercibidos, lo que le permitió obtener el cargo de consultor de la Inquisición en 1766, una de las instituciones más poderosas del Imperio Español.
El reinado de Carlos III, que buscaba consolidar su poder a través de reformas y la reestructuración del Imperio, marcó un punto de inflexión en la carrera de Martínez Compañón. En 1767, el monarca le otorgó la posición de Chantre en la iglesia metropolitana de Lima, lo que lo llevó a cruzar el océano Atlántico para asumir una nueva misión en el virreinato del Perú.
Nombramiento como Chantre de Lima
El 4 de octubre de 1767, Baltazar Jaime Martínez Compañón emprendió su viaje hacia Lima, donde asumió oficialmente su cargo el 17 de julio de 1768. Su llegada a la ciudad fue recibida con gran expectación, pues además de Chantre, fue nombrado visitador de obras pías, juez ordinario de diezmos y subdelegado apostólico del Tribunal de la Santa Cruzada. En el Perú, su influencia rápidamente se extendió, y su labor no solo se limitó al ámbito religioso, sino que se expandió al campo social y educativo.
Uno de los momentos clave de su carrera en Lima fue su participación en el VI Concilio Limense en 1772, un evento de gran relevancia para la Iglesia en América Latina. Durante este concilio, Martínez Compañón se destacó como secretario, consultor y canonista, siendo un actor clave en las discusiones que sentaron las bases para la reorganización eclesiástica de la región.
El Obispado de Trujillo: Reestructuración y Reformas
En 1778, la figura de Martínez Compañón se consolidó aún más cuando el virrey del Perú, Manuel de Amat, lo propuso como obispo de Trujillo, una importante ciudad ubicada en la costa norte del país. El 25 de marzo de 1779, el arzobispo de Lima, Diego Antonio Parada, confirmó su nombramiento. Así, el 13 de mayo de 1779, Baltazar Jaime Martínez Compañón asumió oficialmente la sede trujillana, un puesto que le permitió llevar a cabo numerosas reformas religiosas y sociales en la región.
Visitas Pastorales: Impulso a la Educación y el Desarrollo
Una de las iniciativas más importantes durante su episcopado fue la realización de una visita general a su diócesis, que se extendió entre 1780 y 1785. Esta visita estuvo dividida en dos fases: la primera, entre 1780 y 1782, se centró en la ciudad de Trujillo, mientras que la segunda, entre 1782 y 1785, abarcó las provincias de Piura, Lambayeque, Cajamarca y Chachapoyas.
La visita fue parte de su esfuerzo por revitalizar la vida religiosa en la región. Para ello, Martínez Compañón envió cuestionarios a los curas de parroquia, solicitándoles información detallada sobre el estado de las doctrinas, las parroquias, las capellanías y las costumbres locales. Su objetivo era obtener un panorama claro de la situación de la iglesia y de la población, para poder diseñar un plan de acción que mejorara la educación, el desarrollo agrícola, el comercio y, especialmente, la evangelización de los pueblos indígenas.
La visita tuvo un gran impacto en la región, ya que permitió identificar diversas áreas que necesitaban atención, como el fomento de la educación y el impulso de nuevas iniciativas agrícolas. Además, a lo largo de su recorrido, Martínez Compañón reunió una serie de ilustraciones y mapas que documentaban no solo las ciudades y pueblos, sino también la fauna, la flora y las costumbres de los lugares visitados. Estas imágenes, que fueron recopiladas por un grupo de dibujantes, fueron posteriormente publicadas como parte de un trabajo monumental que reflejaba la riqueza cultural y natural del Perú virreinal.
Obras y Proyectos en Trujillo
En su gestión en Trujillo, Martínez Compañón dejó una profunda huella en la infraestructura y la organización social. Fundó más de 20 pueblos indígenas, mientras que trasladó a otros 17 para mejorar su cristianización y educación. También promovió la construcción de 39 iglesias y la creación de 41 curatos, contribuyendo a la expansión del clero y el fortalecimiento de la Iglesia en la región.
Además, su enfoque en la educación fue crucial. Financió cerca de 50 escuelas de primeras letras y 4 internados destinados a la formación de niños y jóvenes indígenas, lo que permitió una mayor integración de estos grupos en la vida religiosa y social. También impulsó la creación de caminos de herradura y canales de riego, con la intención de mejorar la comunicación y la productividad agrícola en la región.
Baltazar Jaime Martínez Compañón no solo se preocupó por el aspecto espiritual de su diócesis, sino también por el bienestar material y cultural de los habitantes de Trujillo y sus alrededores. Su legado en la región perdura hasta el día de hoy, tanto en el ámbito religioso como en el desarrollo social y económico de la zona.
Su Llegada a Bogotá y Contribuciones en Colombia
En 1788, tras una exitosa labor en el Perú, Baltazar Jaime Martínez Compañón fue promovido a la archidiócesis de Santafé de Bogotá por el virrey del Perú. El 13 de septiembre de ese año, fue designado arzobispo de Bogotá, pero debido a las demoras en la organización de su sucesor en Trujillo, no pudo trasladarse a su nuevo destino hasta principios de 1791. Su entrada pública en Bogotá se produjo el 12 de marzo de 1791, un hito significativo en su carrera eclesiástica.
La llegada de Martínez Compañón a Bogotá fue recibida con gran expectación. En su nuevo cargo, se dedicó a concluir importantes proyectos en la ciudad, siendo uno de los más destacados la finalización de la construcción de la catedral de Bogotá, obra que había estado en marcha durante varios años. La conclusión de esta catedral se celebró el 3 de junio de 1792, un evento que marcó la consolidación de la Iglesia en la ciudad y el fortalecimiento de la presencia religiosa en la región.
Mandato de Construcción de Iglesias y Fomento de la Ciencia
Uno de los proyectos que definieron el episcopado de Martínez Compañón en Bogotá fue la construcción de nuevas iglesias. Mandó erigir la iglesia de San José y la iglesia de San Francisco, contribuyendo a la expansión del patrimonio religioso en la ciudad. Además, promovió la creación de instituciones educativas, como el Colegio de Educandas, una escuela que fomentaba la formación de mujeres, una iniciativa progresista para su época.
Pero su influencia no se limitó a los ámbitos arquitectónicos y educativos. Martínez Compañón fue también un gran impulsor de la ciencia y el conocimiento. Su estrecha relación con José Celestino Mutis, uno de los científicos más importantes de la época, resultó en una colaboración clave en la creación de la Flora de Bogotá, una obra monumental sobre la biodiversidad de la región. A través de su apoyo y protección, Martínez Compañón contribuyó al avance de la botánica y la ciencia en el virreinato de la Nueva Granada.
Protección a los Patriotas y Defensa de la Libertad de Expresión
Un aspecto menos conocido de su vida fue su apoyo a las ideas progresistas y a la protección de ciertos personajes políticos que en el futuro jugarían un papel crucial en la independencia de América Latina. Entre estos se encontraba el patriota Antonio Nariño, quien sería conocido como el precursor de la independencia en Colombia. Martínez Compañón intercedió a favor de Nariño en varias ocasiones, protegiéndolo de las autoridades coloniales, lo que más tarde se consideraría un acto de valentía ante las crecientes tensiones con la corona española.
Asimismo, durante el periodo en que se gestaban los movimientos independentistas, el arzobispo mostró cierta apertura hacia aquellos que criticaban el régimen colonial. En particular, se destacó por su intervención en los hechos ocurridos en 1795, cuando varios sospechosos de estar involucrados en la confección de los pasquines sediciosos fueron arrestados. En este caso, Martínez Compañón intercedió en favor de los implicados, un gesto que refleja su interés por la libertad de expresión y su deseo de proteger a aquellos que eran perseguidos por sus ideas.
Últimos Años y Muerte
A pesar de los logros y contribuciones que hizo tanto en el Perú como en la Nueva Granada, la salud de Baltazar Jaime Martínez Compañón comenzó a deteriorarse a medida que avanzaba su edad. Tras una carrera marcada por el servicio eclesiástico y la lucha por el bienestar de las comunidades, falleció el 17 de agosto de 1797 en la ciudad de Bogotá, a los 60 años de edad.
Su legado perdura no solo en las obras materiales que dejó en ambas colonias, sino también en el impulso a la educación, la ciencia y la integración de los pueblos indígenas en la vida social y religiosa. El impacto de su visita pastoral en Trujillo, la fundación de pueblos indígenas y su apoyo al desarrollo agrícola y cultural sentaron las bases de un futuro más próspero para las regiones que gobernó. Su estrecha relación con científicos y patriotas demuestra una visión adelantada a su tiempo, posicionándose como un prelado cuya influencia trascendió los límites de la Iglesia.
Baltazar Jaime Martínez Compañón fue un hombre de múltiples facetas: religioso, político, científico y protector de las artes y las ciencias. Su vida y obra son testimonio del compromiso que tuvo con la transformación social y religiosa en el ámbito del Imperio Español, y su legado sigue siendo un referente importante en la historia de América Latina.
MCN Biografías, 2025. "Baltazar Jaime Martínez Compañón y Bujanda (1737–1797): El Prelado que Transformó la Iglesia y la Sociedad en América Latina". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/martinez-compannon-y-bujanda-baltazar-jaime [consulta: 25 de febrero de 2026].
