Lew Christensen (1909-1984). El pionero estadounidense que revolucionó la danza clásica con un estilo propio
Lew Christensen fue un bailarín, coreógrafo, profesor y director artístico que transformó el panorama del ballet estadounidense en el siglo XX. Nacido en Brigham City, Utah, el 9 de mayo de 1909, y fallecido en Burlingame, California, el 9 de octubre de 1984, su legado sigue vivo en la historia del ballet moderno por su audaz fusión del clasicismo europeo con elementos teatrales y americanos. Su carrera, desarrollada tanto sobre el escenario como tras bastidores, estuvo marcada por una constante innovación y una profunda dedicación a la formación de nuevas generaciones de bailarines.
Orígenes y contexto histórico
Proveniente de una familia con gran inclinación hacia la danza, Lew Christensen creció junto a sus hermanos Willam y Harold, quienes también se convirtieron en figuras destacadas del ballet estadounidense. Sus primeros pasos en el arte de la danza los dio bajo la guía de su tío Lars Peter Christensen en Salt Lake City, Utah. Este entorno familiar fértil en arte fue fundamental para desarrollar una sensibilidad artística que más tarde definiría su estilo coreográfico.
A comienzos del siglo XX, el ballet en Estados Unidos estaba aún en proceso de formación y búsqueda de identidad. Fue en ese contexto que Christensen se trasladó a Nueva York, donde estudió con el maestro Luigi Albertieri y se incorporó a la School of American Ballet, donde recibiría influencia directa del legendario George Balanchine, quien sería decisivo en su evolución artística.
Antes de lanzarse de lleno al mundo del ballet profesional, Lew Christensen participó en espectáculos de vodevil junto a sus hermanos. Esta experiencia teatral marcó profundamente su visión escénica, dándole un enfoque más dinámico, narrativo y accesible a sus futuras coreografías.
Logros y contribuciones
El ingreso de Christensen en el American Ballet en 1935 marcó el inicio de su carrera profesional de alto perfil. Su talento no pasó desapercibido y pronto se integró al Ballet Caravan, compañía con la que brilló entre 1936 y 1940 como bailarín principal, maestro de ballet y coreógrafo. En este periodo creó y protagonizó roles emblemáticos como The Bat (1936) y Apollon Musagète (1937), ambas coreografías de Balanchine. Especial mención merece su interpretación del Sheriff Pat Garrett en Billy the Kid (1938), obra del coreógrafo Eugene Loring, que lo consagró como uno de los intérpretes masculinos más relevantes de su tiempo.
Además de sus actuaciones, Christensen destacó por sus dotes como creador. En Ballet Caravan presentó las siguientes obras:
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Pocahontas (Carter, 1936)
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Encounter (Mozart, 1936)
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Filling Station (Thomson, 1938)
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Charade, or The Débutante (Rittmann, 1939)
También coreografió A Midsummer Night’s Dream (Mendelssohn, 1938) para el Ballet de la Ópera de San Francisco, obra que mostró su capacidad de adaptar grandes clásicos de la literatura al lenguaje del ballet.
En la temporada 1941-42 se unió a los Dancer Players como bailarín solista, coreógrafo y director asociado, etapa en la que presentó la obra Jinx (Britten, 1942), en la que se observa una evolución en su estilo hacia una mayor carga emocional y teatral.
Momentos clave
Uno de los puntos de inflexión en la vida de Lew Christensen fue su servicio en el ejército durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial. Esta interrupción, lejos de alejarlo del arte, le ofreció una perspectiva que enriquecería su trabajo posterior. A su regreso en 1946, se unió como maestro y bailarín principal del Ballet Society, organización precursora del New York City Ballet. En este marco, colaboró nuevamente con Balanchine y participó en estrenos fundamentales como:
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The Four Temperaments (1946)
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Renard (1947)
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Divertimento (1947)
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The Triumph of Bacchus and Ariadne (1948)
Además, aportó su propio talento como coreógrafo con la pieza Blackface (Harman, 1947).
Un momento definitorio en su carrera fue cuando asumió en 1951 la dirección artística del Ballet de San Francisco, reemplazando a su hermano Willam. Esta posición le permitió consolidar su visión artística y desarrollar un repertorio propio que marcaría a varias generaciones de bailarines y al público.
Desde 1975 hasta su muerte en 1984, compartió la dirección de la compañía con Michael Smuin, etapa en la que el Ballet de San Francisco alcanzó un importante reconocimiento nacional e internacional.
Listado de creaciones coreográficas para el Ballet de San Francisco
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Con Amore (Rossini, 1953)
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Cascanueces (Tchaikovsky, 1954), con versión posterior en 1967
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The Tarot (Tchaikovsky, 1956)
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Emperor Norton (Duke, 1957)
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Beauty and the Beast (Tchaikovsky, 1958)
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Divertissement d’Auber I (Auber, 1959)
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Danza Brillante (Mendelssohn, 1960)
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Original Sin (Lewis, 1961)
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Jest of Cards (Krenek, 1962)
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Dance Variations (Rieti, 1963)
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Lucifer (Hindemith, 1965)
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Il Distratto (Haydn, 1967)
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The Magical Flutist (Ponchielli, 1968)
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Don Juan (Rodrigo, 1973)
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Four Norwegian Moods (Stravinsky, 1976)
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The Ice Maiden (Stravinsky, 1977)
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Vivaldi Concerto Grosso (Vivaldi, 1981)
Este extenso repertorio demuestra su versatilidad estilística y su inclinación a explorar distintas tradiciones musicales, desde el clasicismo hasta el modernismo, sin abandonar nunca una narrativa accesible para el público.
Relevancia actual
El legado de Lew Christensen continúa siendo una referencia obligada para entender la evolución del ballet en América del Norte. Su capacidad para fusionar el ballet clásico con elementos teatrales y culturales propios del contexto estadounidense lo posiciona como un pionero del ballet moderno en su país. Gracias a su labor pedagógica y a su dirección en el Ballet de San Francisco, dejó una profunda huella que todavía se percibe en las escuelas y compañías de danza contemporáneas.
Su matrimonio con Gisella Caccialanza, también bailarina, fortaleció aún más su conexión con el mundo de la danza. Ambos compartieron no solo vida personal, sino también una visión artística común que nutrió sus respectivas trayectorias.
En 1973, el prestigioso Premio Dance Magazine fue otorgado a los tres hermanos Christensen, reconociendo la invaluable contribución de esta familia al desarrollo del ballet en los Estados Unidos.
La obra de Christensen destaca por su enfoque humano, su compromiso con la calidad artística y su empeño en construir una identidad propia para la danza americana. Hoy en día, su figura sigue siendo estudiada en academias de danza, sus coreografías reestrenadas y su influencia palpable en el estilo neoclásico adoptado por muchas compañías. Sin lugar a dudas, Lew Christensen fue mucho más que un bailarín o coreógrafo: fue un verdadero arquitecto de la danza moderna estadounidense.
MCN Biografías, 2025. "Lew Christensen (1909-1984). El pionero estadounidense que revolucionó la danza clásica con un estilo propio". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/christensen-lew [consulta: 14 de febrero de 2026].
