José Miguel Arroyo Delgado («Joselito») (1969–VVVV ). – Matador de toros español, figura destacada del toreo clásico a finales del siglo XX

José Miguel Arroyo Delgado («Joselito») (1969–VVVV ). – Matador de toros español, figura destacada del toreo clásico a finales del siglo XX

Los Primeros Años y su Ingreso en la Escuela de Tauromaquia

1.1 Un Comienzo Difícil: La Infancia de José Miguel Arroyo

José Miguel Arroyo Delgado, conocido artísticamente como Joselito, nació el 1 de mayo de 1969 en Madrid, en el seno de una familia humilde que, a pesar de la pobreza, estaba marcada por un carácter fuerte y una gran determinación. La vida de Joselito no estuvo exenta de dificultades, pues su infancia estuvo marcada por una serie de tragedias y desafíos familiares que le dejaron una huella profunda en su personalidad.

La familia de Joselito no gozaba de grandes recursos, y su infancia fue especialmente complicada debido a una serie de circunstancias personales que contribuyeron a un ambiente familiar tenso y, en ocasiones, hostil. Desde temprana edad, José Miguel fue testigo de la fragilidad emocional de su entorno, lo que le llevó a encontrar en el toreo una vía de escape de sus problemas. Las tensiones familiares, las dificultades económicas y los conflictos dentro del hogar le hicieron consciente de que la vida que llevaba no era la que deseaba para su futuro. Así, desde muy joven, comenzó a refugiarse en el mundo del toreo, un universo que le atraía profundamente y en el que encontró consuelo.

Aunque la tauromaquia estaba lejos de ser una tradición común en su familia, fue precisamente el joven José Miguel quien, al ver su entorno tan turbulento, decidió abandonar las complicaciones domésticas y dedicar su vida a la pasión que ya sentía por los toros. Desde que era niño, su vocación fue clara y sin ambigüedades: quería convertirse en torero.

En su adolescencia, a los 12 años, ingresó en la Escuela de Tauromaquia de Madrid, que por entonces era un centro de formación taurina promovido por la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento de Madrid. Esta escuela representaba una excelente oportunidad para los jóvenes con aspiraciones a convertirse en figuras del toreo, y Joselito, con su determinación y talento innato, comenzó a destacar entre los demás estudiantes. El joven torero comenzó a forjarse como un gran prometedor del mundo taurino, y su pasión por el arte de torear se convirtió en el motor de su vida. A lo largo de sus años en la escuela, además de las enseñanzas sobre el toreo, Joselito vivió momentos de camaradería que le ofrecieron un respiro de la dureza de su vida cotidiana.

El toreo se convirtió en su vía de escape y su verdadera pasión. Además de su innegable habilidad para lidiar con el capote y la muleta, fue en las enseñanzas que recibió de sus maestros donde Joselito comenzó a pulir su estilo personal. Esta formación temprana no solo le brindó las herramientas técnicas para ser un torero destacado, sino también el espacio emocional que tanto necesitaba para huir de los problemas de su hogar. Gracias a su notable destreza, fue reconocido como uno de los estudiantes más destacados de su promoción.

1.2 Su Primer Contacto con el Mundo del Cine: El Niño Juan Belmonte

Un hito importante en los primeros años de Joselito como torero ocurrió en 1983, cuando, a la edad de 14 años, fue elegido para interpretar a Juan Belmonte, una de las figuras más emblemáticas y admiradas de la historia de la tauromaquia, en la película Tú solo dirigida por Teo Escamilla. Este acontecimiento, que lo llevó al mundo del cine, fue una oportunidad única para mostrar al público sus habilidades como torero, y al mismo tiempo, le permitió profundizar en la figura de Belmonte, cuya vida y estilo influyeron de manera significativa en su evolución profesional.

En la película, Joselito interpretó a un joven Juan Belmonte en su adolescencia, representando los primeros pasos del mítico torero sevillano en el mundo del toreo. Una de las escenas más recordadas muestra a un Belmonte adolescente practicando en la oscuridad de la noche, con su cuerpo desnudo bajo la luz de la luna, una imagen que, según testimonios de la época, era representativa de la dedicación absoluta al toreo que tanto caracterizó a Belmonte. Esta interpretación fue muy significativa para Joselito, pues le permitió conectar emocionalmente con la historia de uno de los toreros más grandes de todos los tiempos.

Además de su participación en la película, Joselito había comenzado a hacer sus primeros pinitos en el toreo real. Desde muy joven, se presentó en diferentes festivales y becerradas, donde mostró, con asombroso talento, su dominio del capote y la muleta. En aquellos años, ya se vislumbraba que su destreza con los toros no era un talento común, sino el de un futuro prodigio del arte taurino. Es importante destacar que su temprano talento lo puso en el radar de los aficionados más exigentes, quienes pronto reconocieron en él a un torero con un futuro brillante.

Con 12 años, ya había comenzado a recorrer plazas menores y a enfrentarse a reses en las capeas, acompañando a otros jóvenes de su generación, como José Luis Bote, José Antonio Carretero, y Luis Miguel Calvo. A esa edad, ya comenzó a recibir elogios por su valentía y elegancia frente a los toros. Fue en una novillada en la Feria de Sangüesa, en Navarra, donde el joven Joselito, aún sin la ayuda de los varilargueros, impresionó al público con su destreza, cortando una oreja en su debut en una plaza de importancia.

La carrera de Joselito comenzó a ascender rápidamente, lo que sorprendió a muchos, pues aún era muy joven para los desafíos que estaba asumiendo. A la edad de 15 años, ya se estaba enfrentando a toros en plazas más grandes, y su actuación en Las Ventas, la famosa plaza de Madrid, se convirtió en un primer gran triunfo en su carrera. Fue en este mismo escenario, en 1985, cuando, con solo 16 años, Joselito toreó por primera vez con picadores, lo que representó un hito en su carrera. Este debut con picadores, realizado el 3 de mayo de 1985, lo catapultó a la fama.

La actuación de Joselito ese día fue tan destacada que el público de Las Ventas le otorgó tres orejas, un reconocimiento a su valentía y destreza, especialmente considerando que no era habitual ver a un novillero tan joven lograr una actuación tan impresionante. Esa misma temporada, el joven torero continuó destacando, obteniendo nuevos triunfos en varias plazas del país. A pesar de ser un novillero, Joselito fue considerado uno de los grandes talentos de su generación.

Este éxito temprano no estuvo exento de desafíos. En Sevilla, su actuación como novillero fue recibida con cierto escepticismo, en parte debido a su apodo, que algunos consideraban inapropiado. Sin embargo, Joselito no dejó que las críticas lo afectaran. Por el contrario, siguió trabajando con empeño para mejorar y demostrar su valía. Durante esa época, la afición se dividió entre los que lo consideraban un torero excepcional y los que veían en él una amenaza a la tradición. A pesar de esto, su progresión fue imparable.

La Ascensión Rápida en el Circuito Novilleril

2.1 Los Primeros Triunfos: La Velocidad de su Progreso

La progresión de José Miguel Arroyo Delgado en el mundo del toreo fue vertiginosa. Desde su ingreso en la Escuela de Tauromaquia de Madrid a los 12 años, Joselito demostró una destreza inusual para el manejo del capote y la muleta, lo que pronto le permitió hacerse un nombre dentro del circuito de novilleros. Aunque era muy joven, su habilidad y valentía lo posicionaron como uno de los grandes talentos de su generación. A los 14 años, el joven torero ya tenía la reputación de un prodigio que no solo destacaba por su técnica, sino también por su capacidad para interpretar la tauromaquia con una elegancia rara en alguien de su edad.

A los 15 años, Joselito comenzó a forjarse una carrera en el mundo de las capeas y becerradas. Fue en esos ruedos menores donde su talento fue pulido y perfeccionado. Participaba en festivales taurinos donde se le permitió enfrentarse a reses de menor peso, pero ya se veía que su estilo era único y se diferenciaba de otros novilleros. Su mayor triunfo de esta etapa ocurrió en la Feria de Sangüesa, en Navarra, donde demostró, con tan solo 12 años, que era capaz de enfrentarse a los toros más desafiantes sin los tradicionales recursos de los picadores. Fue en esta feria donde cortó su primera oreja, un logro notable que le permitió empezar a forjar su camino hacia la fama.

Este primer paso en el mundo del toreo le permitió acceder a plazas mayores, lo que a su vez le dio visibilidad en el circuito de novilleros. Sin embargo, fue en su participación en la plaza Monumental de Las Ventas donde Joselito dio un salto cualitativo en su carrera. Las Ventas, conocida por su exigencia y dureza, no era un escenario para novilleros novatos, pero el joven torero madrileño logró captar la atención del público con su actuación en las novilladas. A pesar de la juventud que le daba una cierta fragilidad, la seguridad y temple de Joselito al torear comenzaron a ser reconocidos como indicativos de un torero con una gran proyección. Con cada presentación, fue ganando el cariño y el respeto de los aficionados, que reconocían en él un futuro campeón de la tauromaquia.

A lo largo de su carrera de novillero, Joselito se ganó un nombre en España y fuera de ella. En 1983, con solo 14 años, se presentó en la película Tú solo, dirigida por Teo Escamilla, donde interpretó a Juan Belmonte, uno de los más grandes toreros de la historia. Esta experiencia no solo le permitió exhibir su habilidad frente a las cámaras, sino que también le permitió acercarse a la figura de Belmonte, cuya influencia se reflejaría más tarde en su estilo. El hecho de que un joven torero tan prometedor como Joselito fuera elegido para interpretar a un ídolo de la tauromaquia dejó claro que su presencia en el mundo de los toros era algo más que prometedora.

La temporada de 1985 marcó un punto de inflexión en su carrera. En mayo de ese año, Joselito toreó en Las Ventas, y, con tan solo 16 años, se enfrentó a toros de la ganadería de Martín Peñato. Su actuación fue tan destacada que el público madrileño le otorgó tres orejas, un premio que, en el exigente ambiente taurino de la plaza madrileña, solo se concede a los más grandes. Ese mismo año, su ascenso continuó con actuaciones en otras plazas de España, como Sevilla, donde su torería fue recibida con algo de escepticismo por los puristas del toreo, quienes, por un lado, lo criticaban por su juventud, pero, por otro, no podían evitar admirar su habilidad y estilo clásico. Joselito, aún con 16 años, ya era considerado uno de los novilleros más completos y prometedores de su tiempo, y el mundo del toreo comenzaba a volcarse hacia él.

A pesar de la resistencia inicial que encontró en algunos sectores de la afición, su consolidación como novillero estrella fue inevitable. Para 1986, con solo 17 años, Joselito se encontraba en el punto más alto de su carrera como novillero. Fue en ese momento cuando decidió dar el siguiente paso en su camino hacia la figura de matador. El hecho de que un joven de su edad decidiera tomar este paso hacia el escalafón superior del toreo muestra la valentía y la seguridad que poseía.

2.2 El Impacto de su Apodo «Joselito»

Uno de los aspectos más controvertidos de la carrera de José Miguel Arroyo fue la elección de su apodo: «Joselito». Este apodo, que hizo universal el legendario diestro sevillano José Gómez Ortega, «Joselito» o «Gallito», fue recibido por muchos como una osadía por parte del joven torero, que, a pesar de su enorme talento, no gozaba aún de la fama ni el renombre de su homónimo histórico. Para muchos aficionados y puristas, adoptar el apodo de un torero tan grande y reverenciado como Gallito era casi un sacrilegio. En Sevilla, bastión del toreo clásico, muchos lo veían como una falta de respeto a la memoria de uno de los más grandes de la historia. En algunos círculos, incluso se burlaban de él, apodándolo «Don Pepito» como una especie de diminutivo irónico.

Sin embargo, a pesar de las críticas, Joselito no cedió ante la presión de cambiar su nombre artístico. De hecho, su determinación por conservarlo demostró una gran firmeza de carácter. Con el tiempo, su éxito en los ruedos terminó borrando cualquier sombra de duda sobre la legitimidad de su apodo. La maestría que demostró con el capote, la muleta y, especialmente, en la suerte suprema, convenció a los aficionados de que no era necesario estar relacionado con el pasado de Gallito para destacar y dejar una huella propia en el arte de la tauromaquia.

A pesar de que Sevilla y otros círculos taurinos le mostraban cierto desdén por su elección de apodo, Joselito continuó luchando por su lugar en el mundo del toreo. Era consciente de que el desafío que implicaba llevar el mismo nombre que una leyenda del toreo solo lo impulsaba a ser mejor, a superar las expectativas y, más que nada, a demostrar que su valía no dependía de la tradición, sino de su propio talento. Su capacidad para interpretar el toreo con un clasicismo depurado y un estilo propio lo convirtió en una figura que estaba llamada a perdurar en la historia.

La controversia sobre su apodo también refleja la tensión que vivió Joselito entre el deseo de emular a los grandes maestros del toreo y la necesidad de construir su propia identidad como torero. Su carrera fue un constante proceso de consolidación de un estilo que no solo respetaba la tradición, sino que también añadía un toque personal, un sello único que lo diferenciaba de los demás.

En resumen, la elección del apodo «Joselito» fue más que una simple casualidad. Representó la lucha del joven torero por encontrar su propio camino, por hacer justicia a su talento y por encontrar su lugar en un mundo tradicionalista que no siempre estuvo dispuesto a aceptar el talento de los nuevos. Esta historia de superación fue solo el principio de la carrera de un torero que, con el tiempo, se consolidaría como uno de los grandes de su generación.

La Confirmación como Matador y los Primeros Triunfos Importantes

3.1 La Confirmación de su Talento: Alternativa en Málaga

En 1986, José Miguel Arroyo Delgado, conocido como Joselito, estaba listo para dar el siguiente gran paso en su carrera: tomar la alternativa. Con tan solo 17 años, se había consolidado como una de las figuras más prometedoras del toreo novilleril, pero su ambición y determinación lo llevaron a ingresar al escalafón superior con la misma seguridad con la que había enfrentado su ascenso. La alternativa, que es el rito de paso que convierte a un novillero en matador de toros, es uno de los momentos más significativos en la vida de un torero. Este paso no solo representa el reconocimiento de su valía por parte del mundo taurino, sino también un compromiso con el máximo nivel de exigencia, donde el público y los expertos evaluarán cada uno de sus movimientos y decisiones.

El 20 de abril de 1986, en la plaza de toros de Málaga, Joselito recibió su alternativa de manos del afamado torero Dámaso González Carrasco, quien actuó como padrino, mientras que el también reconocido Juan José Gutiérrez Mora («Juan Mora») fue el testigo de la ceremonia. La elección de Málaga para la confirmación fue significativa, pues representaba una plaza con un fuerte peso simbólico en el circuito taurino, y una gran oportunidad para que Joselito demostrara su madurez y capacidad como matador.

En el día de su alternativa, Joselito lidiaba un toro de la ganadería de Carlos Núñez, un toro negro zaino de 510 kilos llamado Correvías, que debía pasar a ser lidiado y estoqueado por el joven torero. La expectación era máxima, tanto en la plaza como fuera de ella. Muchos aficionados, que ya lo consideraban un futuro ídolo del toreo, estaban ansiosos por ver si Joselito sería capaz de transformar todo su talento novilleril en una propuesta sólida y contundente de matador.

Afortunadamente, el torero madrileño estuvo a la altura de las circunstancias. Con una lidia impecable, que incluyó tanto la destreza con el capote como la elegancia con la muleta, Joselito cortó una oreja del toro Correvías, un reconocimiento que, en una plaza tan exigente como la de Málaga, fue un claro indicio de que el joven torero no solo estaba preparado, sino que tenía la capacidad de estar entre los mejores de la tauromaquia.

El hecho de que un torero tan joven pudiera estar a la altura de un evento tan significativo como la alternativa fue una clara señal de la madurez que había alcanzado en tan poco tiempo. La tarde en Málaga marcó el comienzo de una nueva etapa en su carrera, una etapa en la que tendría que enfrentarse a los retos propios de un matador de toros, como las grandes plazas, el rigor del público y la presión mediática.

Tras su alternativa, Joselito se presentó en varias plazas de España, incluyendo la plaza de toros de Las Ventas en Madrid, un escenario que no perdonaba ni a los más experimentados. La plaza madrileña, conocida por su severidad y su intransigencia hacia los toreros noveles, se convirtió en el próximo campo de batalla para el joven matador. A pesar de las dificultades, Joselito nunca se dejó intimidar por la magnitud del reto. En sus presentaciones en Las Ventas, demostró no solo su capacidad técnica, sino también su madurez y su entereza frente a los toros. Su figura empezó a consolidarse como un referente del toreo clásico, cuyas actuaciones se caracterizaban por su temple, su refinamiento y su dominio absoluto de las suertes.

En su primera actuación en Las Ventas como matador, Joselito cortó una oreja, lo que le permitió confirmar su potencial ante el exigente público madrileño. Este triunfo, junto con otros en varias plazas españolas, marcó un momento crucial en su carrera. Ya no era un novillero prometedor, sino un matador con capacidad para enfrentarse a los más grandes toros de las ganaderías más prestigiosas del país.

3.2 Consagración en Madrid: El Desafío de Las Ventas

En el año siguiente a su alternativa, en 1987, Joselito se consolidó como una de las figuras emergentes más destacadas de la tauromaquia. La Feria de San Isidro de ese año fue un escaparate ideal para que el joven matador demostrara su valía frente a los aficionados más rigurosos del mundo. La Feria de San Isidro en Madrid es una de las ferias taurinas más prestigiosas del calendario y siempre ha sido considerada como el examen más severo para cualquier torero que aspire a convertirse en una figura de renombre. La inclusión de Joselito en los carteles de la feria generó una gran expectación, ya que muchos en el mundo del toreo veían en él a la nueva estrella del toreo.

En esta feria, Joselito logró un éxito rotundo. En una tarde histórica, el 23 de marzo de 1987, Joselito toreó un lote de toros de la ganadería de Carlos Núñez en la plaza de toros de Castellón, donde consiguió cortar tres orejas y salir a hombros, un logro que consolidó su posición como una de las figuras más importantes del momento. Esta actuación se convirtió en un símbolo de su valía en el toreo, ya que Joselito se enfrentaba a un toro en cada uno de los tercios de la lidia con una facilidad asombrosa, demostrando la maestría que había desarrollado en su corta pero prometedora carrera.

Este tipo de triunfos continuaron a lo largo de la temporada, y pronto la figura de Joselito comenzó a brillar con luz propia. Con actuaciones espectaculares en plazas de todo el país, como Sevilla, Valencia, y otras localidades, Joselito no solo ganó el reconocimiento de los aficionados, sino que también se convirtió en uno de los toreros más cotizados de su generación. Su capacidad para conectar con el público y ofrecer un toreo de gran calidad le permitió estar a la vanguardia del arte taurino en un momento de gran efervescencia para la tauromaquia.

La influencia de su estilo clásico, combinado con su técnica depurada y su sentido del arte, convirtió a Joselito en un referente dentro del circuito de los matadores de toros. Mientras tanto, su nombre seguía resonando en las grandes plazas como el futuro de la tauromaquia. No solo estaba demostrando ser uno de los toreros más completos de su tiempo, sino que también estaba logrando algo mucho más importante: Joselito se estaba posicionando como el legítimo heredero de los grandes nombres de la historia del toreo, como José Gómez Ortega («Joselito el Gallito») y Juan Belmonte.

Por si fuera poco, su éxito no pasó desapercibido en el ámbito internacional. En 1991, Joselito confirmó su alternativa en la Monumental de México, un acto que le permitió consolidar su estatus internacional y demostrar que su talento no tenía fronteras. La plaza de toros de México, uno de los cosos más grandes del mundo, recibió al torero madrileño con gran entusiasmo, y Joselito respondió a esa expectación con una actuación memorable. La confirmación en este escenario simbolizó la consagración definitiva de Joselito como una de las grandes figuras del toreo global.

Con su habilidad para torearlos con temple, arte y elegancia, Joselito no solo había cumplido las expectativas de los aficionados, sino que también había dejado claro que su nombre pasaría a la historia como uno de los grandes del toreo, al nivel de los más grandes maestros.

Crisis, Tragedia y la Lucha con su Propio Ser

4.1 El Feroz Accidente de 1987: La Herida de Limonero

La carrera de José Miguel Arroyo Delgado, conocido artísticamente como Joselito, estaba en su punto más alto cuando sufrió un accidente que marcaría su vida personal y profesional de manera irreversible. El 23 de mayo de 1987, en el inicio de la Feria de San Isidro en Madrid, Joselito se enfrentó a un toro llamado Limonero, una bestia que demostró una fiereza extrema desde el primer momento. Este toro, de la ganadería de Peñajara, se mostró agresivo y descontrolado desde su salida al ruedo, lo que provocó una situación de peligro inminente para el joven torero.

Durante el primer lance de recibo, Limonero, en un derrote brutal, alcanzó a Joselito en el cuello con sus astas. La cornada fue tan grave que hizo temer por la vida del joven torero. La herida fue complicada, ya que la cornada no solo afectó la zona del cuello, sino que también provocó una fractura de clavícula. El impacto fue tan fuerte que los médicos de la plaza de Las Ventas tuvieron que intervenir rápidamente, y Joselito fue trasladado de urgencia a un hospital para recibir tratamiento. La gravedad de la herida, combinada con la incertidumbre sobre las posibles secuelas, hizo que los aficionados temieran que el accidente pudiera marcar el fin de su prometedora carrera.

Este suceso, aunque terrible, no logró derribar el espíritu de Joselito. Después de pasar dos meses convaleciente, durante los cuales su vida estuvo en peligro, el torero se recuperó y volvió a la arena, dispuesto a continuar con su carrera y cumplir con las expectativas que ya se habían depositado en él. Su determinación y su capacidad para superar las dificultades físicas y emocionales dejaron claro que su espíritu de lucha era indomable.

El accidente de Limonero marcó el primer punto de inflexión significativo en la vida de Joselito. No solo fue un golpe físico, sino que también afectó su psicología y su forma de enfrentarse al toreo. El peligro inherente al oficio se había manifestado de manera brutal, y aunque Joselito mostró una gran fortaleza al recuperarse, este incidente dejó cicatrices profundas, no solo en su cuerpo, sino también en su mente. La tragedia de la cornada de Limonero se convirtió en un recuerdo constante que lo acompañó durante toda su carrera, marcando un antes y un después en su forma de vivir la tauromaquia.

El público que había seguido su carrera con admiración también se mostró preocupado por su recuperación. La imagen de un joven torero tan prometedor, enfrentándose a una cornada tan grave, tocó los corazones de muchos aficionados. Sin embargo, la rápida recuperación y el regreso de Joselito al ruedo demostraron que el espíritu del torero era más fuerte que cualquier adversidad. A pesar de las secuelas físicas y psicológicas que le dejó el accidente, Joselito continuó luchando por su lugar en el mundo del toreo, dispuesto a seguir demostrando que su vocación era más grande que cualquier obstáculo.

4.2 La Tragedia de «El Campeño» y el Giro en su Psicología

En 1988, apenas un año después de la grave cornada de Limonero, Joselito se enfrentó a otra tragedia que cambiaría aún más su relación con la tauromaquia. En esa temporada, en la Feria de San Isidro, el torero fue padrino de la confirmación de alternativa de sus antiguos compañeros de la Escuela de Tauromaquia de Madrid, José Luis Bote y José Antonio Carretero. Esta situación fue un gesto de camaradería, de apoyo a sus antiguos compañeros de promoción, pero lo que ocurrió esa tarde dejó una huella imborrable en la vida de Joselito.

El toro que salió en el cuarto lugar de la corrida era Vitola, un animal de la ganadería de los Herederos de Antonio Arribas Sancho, que mostró un comportamiento manso y peligroso desde el inicio. Durante el tercio de banderillas, Vitola se volvió completamente indomable, poniendo en apuros a los subalternos de la cuadrilla de Joselito. En un momento dado, el banderillero Antonio González GordónEl Campeño«) se acercó al toro para colocar las banderillas, pero Vitola, con una furia descontrolada, lo alcanzó con sus astas, propinándole una cornada mortal en el cuello. La escena fue estremecedora, y el ambiente en la plaza de Las Ventas se llenó de una tensión palpable, mientras los compañeros de Joselito intentaban salvar al banderillero herido.

Joselito, que había visto cómo el toro alcanzaba a El Campeño, se sumió en un estado de shock, incapaz de sobreponerse a la tragedia que acababa de suceder. A pesar de sus esfuerzos por continuar con la lidia, el impacto emocional de ver a uno de sus amigos más cercanos gravemente herido afectó profundamente su psicología. El Campeño fue trasladado de urgencia al hospital, pero murió poco después a causa de la gravedad de la cornada. Este suceso trágico fue un golpe brutal para Joselito, quien, aunque había experimentado ya la dureza del toreo, nunca había presenciado una tragedia de tal magnitud tan de cerca.

La muerte de El Campeño dejó una marca indeleble en la psique de Joselito. La sensación de vulnerabilidad y de pérdida afectó profundamente su relación con el toreo. Si bien era consciente de los riesgos que implicaba su profesión, nunca imaginó que ver a un amigo cercano perder la vida en el ruedo pudiera afectarlo de manera tan profunda. El impacto psicológico de esta tragedia lo llevó a una crisis interna que comenzó a manifestarse en su actitud dentro y fuera de la plaza.

A partir de ese momento, Joselito empezó a atravesar episodios de inseguridad emocional y personal. La sonrisa confiada y serena que había caracterizado su personalidad en los primeros años de su carrera comenzó a desvanecerse, dando paso a un carácter más hosco y desconfiado. Joselito se encontraba atrapado en un mar de dudas, tanto sobre su futuro en la tauromaquia como sobre su capacidad para lidiar con la crudeza de la vida en los ruedos. La tragedia de El Campeño, junto con la experiencia de la cornada de Limonero, contribuyó a que el torero comenzara a cuestionar su relación con el toreo y, más profundamente, su propio sentido de identidad.

A pesar de la tristeza y el dolor que lo embargaban, Joselito no se dio por vencido. En el transcurso de los siguientes años, a pesar de sus altibajos emocionales, el torero continuó toreando y brindando actuaciones brillantes. Sin embargo, su carácter había cambiado, y muchos de sus seguidores empezaron a notar la lucha interna que estaba librando. La tragedia de El Campeño había marcado un punto de inflexión en la carrera de Joselito, que nunca sería el mismo después de ese fatídico día en Las Ventas.

La Madurez Torera y la Búsqueda de Sentido

5.1 La Sensibilidad del Torero: Gesto de Generosidad y Desinterés

A pesar de la enorme lucha emocional y psicológica que José Miguel Arroyo «Joselito» atravesó tras las tragedias vividas en su carrera, especialmente el accidente de 1987 y la muerte de su banderillero El Campeño, el torero madrileño logró seguir adelante y afrontar su vida profesional con una creciente madurez. No obstante, lo que comenzó como una carrera vertiginosa hacia el estrellato pronto se transformó en una compleja amalgama de victorias brillantes y momentos de profunda crisis interior.

A medida que avanzaba la década de 1990, Joselito seguía siendo uno de los toreros más importantes de su tiempo, pero su relación con el toreo y con su propia figura comenzó a cambiar. La tristeza de las tragedias vividas, junto con su propia reflexión sobre la vida y la muerte, lo llevó a tener una visión más introspectiva sobre su oficio. La fama que le había proporcionado su impresionante técnica y su estilo clásico fue contrarrestada por una inestabilidad emocional que lo llevó a retirarse temporalmente de los ruedos y a realizar gestos que reflejaban su naturaleza generosa y desinteresada.

Uno de estos gestos de gran humanidad tuvo lugar en 1993, cuando Joselito decidió torear en solitario una corrida benéfica en Las Ventas. Este espectáculo no era un simple gesto de caridad; era una demostración de la complejidad de su personalidad, en la que combinaba su pasión por el toreo con un deseo genuino de ayudar a los más necesitados. Durante este evento, Joselito toreó seis toros, donando todos sus honorarios a una causa benéfica. Este tipo de gestos no solo lo consolidaron como un torero generoso, sino también como un ser humano sensible, consciente de las dificultades que enfrentaban aquellos menos favorecidos por la vida.

La misma sensibilidad que mostraba en sus actuaciones en el ruedo también se reflejaba fuera de la arena. En un evento peculiar que se convirtió en un símbolo de su visión filosófica del toreo, Joselito reveló una anécdota que mostraba su afinidad con las tragedias de la vida y su conexión con el arte. Durante una estancia en Colombia, en medio de la tensión previa a una corrida, se encontró en su habitación de hotel mirando una adaptación de Romeo y Julieta en la televisión, a pesar de no entender el idioma. La tragedia de los jóvenes amantes de Verona tocó profundamente su sensibilidad, tanto que decidió realizar un gesto comparable en magnitud y sacrificio. Fue entonces cuando decidió encerrarse en solitario frente a seis toros en Las Ventas, con fines benéficos, y sin ningún otro interés personal. En ese momento, Joselito parecía ver su propio destino reflejado en las tragedias clásicas, y el arte del toreo se convirtió para él no solo en una forma de expresión personal, sino en un vehículo para transmitir las emociones humanas más profundas, como la valentía, la tragedia, y la esperanza.

Este tipo de acciones benéficas no solo marcaban su sentido de generosidad, sino también una clara introspección hacia la naturaleza efímera y vulnerable del ser humano. A pesar de su enorme éxito y popularidad, el torero vivía en un estado constante de búsqueda de sentido, que reflejaba su propia inquietud espiritual y emocional. Su generosidad y su deseo de contribuir al bienestar de otros mostraban que, a pesar de los altibajos en su carrera y de las tragedias que lo marcaron, Joselito seguía siendo un torero profundamente humano y consciente de las realidades que se encuentran más allá del ruedo.

5.2 La Persecución de la Perfección: El Último Capítulo de su Carrera

Los años posteriores a los incidentes dramáticos en la vida de Joselito no fueron sencillos, pero su pasión por el toreo nunca desapareció. A pesar de los momentos de duda y las crisis emocionales que atravesó, el torero seguía siendo un referente del toreo, y sus actuaciones continuaban impresionando a los aficionados más exigentes. Sin embargo, la relación entre el torero y su profesión se volvió cada vez más compleja. A medida que se adentraba en la madurez, Joselito se enfrentaba a la paradoja de seguir siendo un torero excepcional, pero al mismo tiempo sintiendo que el toreo ya no le ofrecía el mismo sentido que antes.

En 1991, Joselito confirmó su alternativa en la Monumental de México, un hito más en su carrera internacional que no solo consolidó su posición como una figura global, sino que también evidenció su evolución como torero. Sin embargo, la trayectoria de Joselito continuaba marcada por sus altibajos emocionales, y su carácter se fue volviendo cada vez más distante, tanto de la afición como de sus compañeros de profesión. La figura de Joselito comenzó a ser vista por muchos aficionados como una mezcla de genio y vulnerabilidad, y su sensibilidad y momentos de inseguridad empezaron a desmarcarse de la imagen típica del torero valiente y audaz que había construido en sus primeros años.

A lo largo de los años, Joselito continuó toreando en plazas prestigiosas y protagonizando gestas admirables, pero su vida estuvo marcada por la constante lucha interna entre la figura que proyectaba en el ruedo y la persona que, en lo más profundo, seguía buscando una razón para seguir adelante. En 1996, volvió a enfrentarse a un reto significativo: se encerró en solitario con seis toros en Las Ventas, en una corrida goyesca en la que realizó una serie de suertes espectaculares. Este evento, aunque altamente técnico, también tuvo un componente simbólico, ya que representaba la lucha interna de un torero que no solo se enfrentaba a los toros, sino también a sus propios demonios personales.

A pesar de que Joselito seguía siendo un torero admirado por su elegancia y destreza, los baches en su carrera fueron cada vez más evidentes. Se encontraba atrapado en un ciclo de victorias impresionantes seguidas de períodos de depresión y duda. La afición comenzaba a preguntarse si Joselito sería capaz de mantener su nivel de excelencia a lo largo del tiempo, o si la lucha emocional y psicológica que enfrentaba le impediría continuar en lo más alto.

En 2001, cuando Joselito ya tenía más de una década de carrera, la situación de su carrera parecía haberse estabilizado en términos de su importancia en el mundo del toreo. Sin embargo, su futuro seguía siendo incierto, ya que no estaba claro si su inestabilidad emocional y sus crisis personales le permitirían seguir desarrollando su arte. A pesar de los altibajos, Joselito continuó siendo una figura de culto dentro del toreo, admirado tanto por su destreza como por la profundidad emocional que transmitía en sus faenas. Aunque la crítica taurina no dejó de valorar su estilo único, también reconoció las dificultades que enfrentaba debido a su carácter, lo que hizo que su figura se viera envuelta en una especie de contradicción.

El legado de Joselito es complejo y multifacético. Por un lado, su capacidad técnica y su destreza con los toros siguen siendo motivo de admiración. Por otro, su lucha personal contra las tragedias que marcó su vida, junto con la ambigüedad de su carácter, lo convirtió en un torero al que muchos vieron como una figura incompleta. Sin embargo, a pesar de sus incertidumbres y dificultades, Joselito sigue siendo recordado como uno de los toreros más grandes de su generación, cuyo arte trascendió las limitaciones de su tiempo y cuyo legado perdura en la historia del toreo.

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MCN Biografías, 2025. "José Miguel Arroyo Delgado («Joselito») (1969–VVVV ). – Matador de toros español, figura destacada del toreo clásico a finales del siglo XX". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/arroyo-delgado-jose-miguel [consulta: 6 de febrero de 2026].