Jules Verne (1828–1905): El visionario que anticipó el futuro con sus novelas de aventuras y ciencia

Retrato al óleo de Julio Verne, de estilo realista y formato horizontal, mostrando al escritor con expresión serena, cabello y barba canosos, traje oscuro y fondo azul con un globo aerostático clásico entre nubes suaves.
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Introducción

Julio Verne es uno de los escritores más influyentes de todos los tiempos. En pleno siglo XIX abrió las puertas de la imaginación moderna, combinando hechos científicos y aventuras trepidantes en novelas que anticiparon submarinos, cohetes, helicópteros y ciudades del futuro. Aunque muchos lo recuerdan solo por La vuelta al mundo en ochenta días o Veinte mil leguas de viaje submarino, su obra abarca decenas de títulos que forman un vasto fresco sobre la relación del ser humano con la ciencia, la geografía y la exploración.

Pero detrás del mito literario hay un hombre contradictorio: un burgués que soñaba con viajar pero que prometió a su padre que lo haría solo con la imaginación; un marido que se casó por conveniencia y que apenas soportaba a su esposa; un padre desesperado por la rebeldía de su hijo; un soñador que evolucionó de la confianza en el progreso a un profundo pesimismo; un conservador que sin embargo fue concejal por un partido radical; un misógino que escribió novelas con heroínas aguerridas; un admirador de las ideas progresistas y al mismo tiempo un moralista clásico. Para construir una biografía fiel, es necesario recorrer su vida cronológicamente, contextualizando cada etapa y explorando sus luces y sus sombras.

En las páginas siguientes se narran la infancia de Verne en Nantes, sus años de formación en París, sus primeras penurias literarias, su encuentro con el editor Hetzel y el nacimiento de los Viajes extraordinarios, el auge y las contradicciones de su carrera, sus ideas políticas y debates contemporáneos, las crisis familiares y de salud, y finalmente su legado perdurable. Para enriquecer el relato se incorporan anécdotas poco conocidas, citas de contemporáneos y datos complementarios obtenidos de investigaciones recientes.

Línea de tiempo de la vida de Julio Verne

AñoEvento
1828Nace Jules Gabriel Verne el 8 de febrero en Nantes, Francia, hijo del abogado Pierre Verne y de Sophie Allotte de la Fuïé. Crece en el seno de una familia burguesa junto a sus hermanos Paul, Anne, Mathilde y Marie.
1834–1836Asiste al internado de Saint‑Donatien, donde aprende geografía y desarrolla un temprano amor por los libros.
1837–1847Estudia en el colegio Saint‑Stanislas; cultiva la literatura y la ciencia, y aprende griego, latín y música.
1847–1848Se traslada a París para estudiar Derecho por deseo de su padre, pero frecuenta círculos literarios y conoce a Alexandre Dumas.
1848Asiste a la Revolución de 1848 en París; se mantiene al margen de la política y escribe obras de teatro.
1850–1856Vive en pobreza mientras intenta abrirse paso en la literatura; trabaja como secretario de teatro, investiga ciencias en la Bibliothèque Nationale y sufre de neuralgia.
1857Contrae matrimonio con Honorine de Viane, viuda con dos hijas. Consigue un trabajo como agente de Bolsa y comienza a escribir Un invierno entre los hielos.
1861Nace su único hijo, Michel, mientras Verne viaja por Escocia y Noruega.
1863Publica Cinco semanas en globo, su primera novela de viajes extraordinarios, gracias al editor Jules Hetzel. El contrato con Hetzel cambiará su vida.
1864–1870Publica éxitos como Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna y Veinte mil leguas de viaje submarino. Se convierte en un autor famoso y adinerado.
1870Recibe la Legión de Honor por su contribución a las letras y realiza viajes en su yate Saint‑Michel.
1886Su sobrino Gaston le dispara en una pierna; el episodio lo deja cojo y marca el comienzo de años difíciles. Muere su madre y poco después fallece su editor Hetzel.
1888Es elegido concejal municipal de Amiens, cargo que ocupará durante quince años, dedicándose a proyectos culturales como el circo municipal.
1900Sufre de diabetes y pierde parcialmente la vista y el oído. Continúa escribiendo novelas, cada vez más sombrías.
24 de marzo de 1905Fallece en su casa de Amiens, rodeado de su familia. Sus últimas palabras fueron «Sed buenos». Es enterrado en el cementerio de La Madeleine.

1. Infancia y entorno familiar (1828–1847)

Julio y Paul Verne de jóvenes

Julio Verne –cuyo nombre completo era Jules Gabriel Verne– nació el 8 de febrero de 1828 en la ciudad portuaria de Nantes, en el noroeste de Francia. Fue el primogénito de Pierre Verne, abogado prestigioso y miembro del consejo municipal, y de Sophie Allotte de la Fuïé, perteneciente a una familia de navegantes y armadores. La pareja tuvo cinco hijos: Julio, Paul (al que la familia llamaba Pablo), Anne, Mathilde y Marie. Esta fratría sería fundamental en la formación de Julio; su hermano Paul se convirtió en su compañero de aventuras náuticas, y las hermanas inspirarían personajes femeninos en sus novelas.

La familia Verne vivía en la isla de Feydeau, una zona acomodada de Nantes. Pierre era un hombre austero que defendía la moral burguesa y quería que su hijo siguiera sus pasos en la abogacía. Sophie, en cambio, transmitió a sus hijos el amor por los relatos de marineros y las leyendas bretonas. La casa familiar estaba llena de libros, mapas y globos terráqueos, lo que estimuló la imaginación del pequeño Julio. Además, cerca de su hogar se encontraba el puerto, cuyos barcos de vela y vapores alimentaban sus sueños de viajes.

Aventuras de infancia

Desde muy temprana edad, Julio mostró un carácter inquieto e inventivo. Según una historia que él mismo contaba, a los 11 años quiso embarcarse como grumete en el Coralie, un barco mercante que zarpaba rumbo a la India. El motivo, dice la leyenda familiar, era comprarle a su prima Caroline un collar de perlas. La hazaña terminó pronto: su padre lo encontró a bordo antes de que el barco partiera y lo obligó a regresar a casa. Tras darle un castigo ejemplar, Pierre le arrancó la promesa de que, a partir de entonces, sus viajes serían solo imaginarios.

Otra anécdota revela la combinación de curiosidad científica y travesura propia de Julio. Su familia poseía un pequeño barco de recreo con el que él y su hermano Paul solían navegar por el río Loira. En una ocasión se propusieron descender el río hasta el océano sin permiso paterno. El plan fracasó por falta de preparación, pero los hermanos aprendieron a manejar embarcaciones y a leer las cartas de navegación, conocimientos que más tarde se reflejarían en las descripciones detalladas de veleros y clippers en sus novelas.

Educación y primeras lecturas

Entre 1834 y 1836, Julio y Paul asistieron al internado de Saint‑Donatien, dirigido por sacerdotes. Allí recibió una educación clásica: latín, griego, matemáticas y música. Pronto destacó por su memoria prodigiosa y su capacidad para recitar fragmentos de Homero y Virgilio. Más importante aún, en la biblioteca del colegio descubrió a Daniel Defoe y Jonathan Swift, cuyos relatos de naufragios y viajes imaginarios lo impresionaron profundamente.

De 1837 a 1847 continuó sus estudios en el colegio Saint‑Stanislas. El sistema educativo francés del momento estaba impregnado de ideas racionalistas y positivistas: la ciencia era la nueva religión, y los jóvenes debían aprender a dominarla para engrandecer la nación. Verne era un estudiante aplicado en geografía y física, pero también un soñador. En esta época escribió sus primeras obras teatrales para divertimento de sus compañeros. Su facilidad para la declamación y su afición por la ópera se tradujeron en piezas como Alejandro VI, drama histórico que presentaría más tarde a los editores en París.

Aunque Pierre Verne fomentaba la disciplina, también reconocía la sensibilidad de su hijo. La familia asistía con frecuencia a veladas musicales y obras de teatro, y eso permitió a Julio entrar en contacto con la cultura romántica. Fue testigo de las giras de cantantes como Adolphe Nourrit y de espectáculos de magia que mezclaban ciencia y fantasía. Nantes, puerto comercial y colonia de artistas, era un microcosmos de la Francia en transición entre la tradición y la modernidad.

Influencias literarias tempranas

La juventud de Julio coincidió con la popularidad de los relatos de viaje y la divulgación científica. Las librerías ofrecían ediciones baratas de Las aventuras de Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver o Las cartas persas. También se publicaban periódicos como Le Musée des Familles que mezclaban relatos de aventuras con artículos sobre descubrimientos. Verne devoró estas lecturas, así como los cuentos de E. T. A. Hoffmann y las novelas de Walter Scott. Su mente se llenó de mundos exóticos, máquinas prodigiosas y héroes intrépidos. Más tarde recordaría que su deseo de escribir surgió de combinar la precisa construcción del relato de viajes con la fantasia romántica.

2. Años de formación en París (1847–1856)

Viaje a la capital y revolución de 1848

En 1847, con diecinueve años, Verne viajó a París para continuar sus estudios de Derecho en la Sorbona, siguiendo el deseo de su padre. Llegó a una ciudad efervescente: las calles bullían de estudiantes, obreros y aristócratas; los cafés eran foros políticos donde se discutían las ideas socialistas de Proudhon y los proyectos científicos de Arago. El joven de provincia se instaló en la pensión de la señora de Villette, en el barrio latino, junto a su primo Caroline y su amigo Aristide Hignard.

Mientras cursaba las asignaturas de Derecho, Verne frecuentaba el teatro y conocía a figuras literarias. Uno de sus primeros encuentros cruciales fue con Alexandre Dumas padre, novelista famoso por Los tres mosqueteros. Según la anécdota, Verne le envió un libreto de ópera cómica titulado Las pajas rotas y Dumas lo citó. El joven nervioso cometió el error de sentarse en el sillón del maestro; Dumas, divertido, le dijo: “Muchacho, ese asiento es demasiado grande para ti”. La humillación se convirtió en amistad: Dumas le abrió las puertas de sus salones y lo ayudó a estrenar su primera obra teatral, Las pajas rotas, en 1850, con música de Hignard.

En febrero de 1848 estalló la Revolución de 1848, que derribó al rey Luis Felipe y proclamó la Segunda República. Verne asistió a las barricadas pero se mantuvo al margen de la política. Su diario de aquellos días destaca más su fascinación por la energía de las masas y los discursos de los líderes que una participación activa. En una carta a su madre escribió: “Estoy en París en medio del ruido de los fusiles. ¡Qué extraña sensación! No temo nada y al mismo tiempo siento que el mundo cambia ante mis ojos”. Este clima de agitación lo marcó; su obra futura reflejaría a menudo la tensión entre la aventura individual y las convulsiones colectivas.

Bohemia, pobreza y primeras obras

Los primeros años parisinos estuvieron lejos de la estabilidad que Pierre Verne deseaba para su hijo. Julio gastaba la mesada paterna en libros, veladas de ópera y cenas con amigos, y pronto cayó en deudas. Cuando su padre descubrió que, además, se negaba a ejercer la abogacía para dedicarse a la literatura, le cortó los fondos. Así comenzó una etapa de pobreza bohemia. Verne se mudó a buhardillas frías, compartiendo habitación con su amigo el músico Hignard. Para ahorrar, ambos compartían un traje de gala: uno lo usaba por las mañanas, otro por las noches. En las cartas de esa época, Julio bromea diciendo que escribía con las manos enguantadas para no sentir el frío.

Su mala alimentación y el esfuerzo intelectual le provocaron ataques de neuralgia, por lo que fue hospitalizado varias veces. Para ganarse la vida, daba clases de Derecho, escribía libretos de opereta y realizaba trabajos administrativos como secretario del Teatro Lírico. Sin embargo, nunca abandonó su propósito de crear una nueva forma de novela que mezclara ciencia y aventura. Pasaba horas en la Bibliothèque Nationale, estudiando tratados de geología, botánica, navegación y astronomía. Allí descubrió a científicos como Humboldt, Arago y Flammarion, que lo inspiraron a dotar a sus relatos de base científica.

Entre 1850 y 1856 escribió relatos cortos como Un viaje en globo y Un drama en los aires, donde ya se vislumbran los futuros Viajes extraordinarios. También compuso varias operetas con Hignard, entre ellas Los compañeros de la Marjolaine y Un verano en Le Havre, representadas con moderado éxito. Estos trabajos no daban ingresos suficientes, pero le permitieron afinar su oído para el diálogo y su sentido del ritmo narrativo.

El juramento con el padre

La relación con su padre, que seguía esperando que Julio regresara a Nantes para ejercer la abogacía, se deterioró. Pierre creía que la literatura era un capricho; Julio defendía su derecho a perseguir su sueño. En una de las discusiones más tensas, el joven replicó: “Quiero escribir, no importa si me muero de hambre”. Finalmente, Pierre accedió a financiarlo con la condición de que se casara con una buena esposa burguesa y encontrara un trabajo estable. Ese acuerdo llevaría a una de las decisiones más importantes de su vida.

3. Primeros trabajos, matrimonio y nuevos horizontes (1856–1862)

El matrimonio con Honorine

En 1856, durante una estancia en Nantes para la boda de un amigo, Verne conoció a Honorine Hébée du Fraysse de Viane, viuda joven y madre de dos niñas. La pareja congenió rápidamente, aunque el atractivo principal para Julio era la posibilidad de cumplir con el mandato paterno y adquirir estabilidad económica. El 10 de enero de 1857 contrajeron matrimonio. Para costear la vida familiar, Verne obtuvo un empleo como agente de bolsa, financiado por un préstamo de 50 000 francos de su padre. El horario comercial le dejaba las mañanas libres para escribir y la tarde para atender a sus clientes.

A pesar de la apariencia de vida burguesa, el matrimonio fue frío desde el principio. Honorine, prudente y convencional, no compartía las aspiraciones literarias de su marido. En cartas íntimas, Verne confiesa que se casó sin amor: “Quería estabilidad y eso es lo que obtuve, pero ¿y la pasión?”. El nacimiento de su hijo Michel en 1861 tampoco suavizó la relación; Verne vivía ausente, viajando o sumergido en la escritura, mientras Honorine se ocupaba del hogar.

Descubrimiento de la ciencia y el pacto con la imaginación

Durante este periodo, Verne consolidó su proyecto literario. En 1856 escribió el relato Un invierno entre los hielos, ambientado en Groenlandia, que le valió cierta notoriedad. Inspirado por los inventos de la época –el telégrafo, el ferrocarril, el barco de vapor– concibió la idea de una serie de novelas científicas que trasladaran al gran público los descubrimientos recientes. El texto de una conferencia que dio en Amiens en 1864 resume su programa: “La ciencia ha hecho que el mundo sea más pequeño. ¿Por qué no acercarla también a los lectores? Quiero escribir viajes imaginarios que, sin dejar de ser entretenidos, tengan fundamento en hechos y teorías reales”.

Para documentarse, pasaba horas leyendo artículos de revistas especializadas y conversando con científicos. Conoció al astrónomo Camille Flammarion y al geógrafo Élisée Reclus, con quienes discutía cálculos astronómicos o rutas de exploradores. Este rigor marcó la diferencia frente a la literatura fantástica contemporánea. A diferencia de H. G. Wells, que se basaría en especulaciones más libres, Verne quería ser verosímil, no necesariamente futurista: sus inventos eran proyecciones de tecnologías en desarrollo.

Los viajes reales

Si bien había prometido a su padre que solo viajaría en la imaginación, Verne comenzó a hacer viajes reales gracias a su estabilidad económica. En 1859 recorrió Escocia, donde quedó impresionado por los paisajes de lagos y montañas, inspiración para El doctor Ox. En 1861 viajó a Noruega con su amigo Aristide Hignard. Navegó por fiordos, asistió a fiestas campesinas y observó las auroras boreales. Estas experiencias directas se convertirían en escenarios para La isla misteriosa y otras novelas.

No obstante, sus viajes ocasionaron conflictos con Honorine. Cuando partió a Noruega, su esposa estaba embarazada de Michel. Él no regresó a Francia hasta después del nacimiento de su hijo. Esta muestra de indiferencia marcó la distancia emocional en la pareja. Verne prefería navegar y estudiar que ocuparse de la vida doméstica.

4. Encuentro con Hetzel y el nacimiento de los Viajes extraordinarios (1862–1870)

Conocer a Nadar y a Jules Hetzel

En 1861, Verne conoció a Nadar (seudónimo de Gaspard‑Félix Tournachon), un famoso fotógrafo, periodista y visionario de la navegación aérea. Nadar estaba obsesionado con los globos y los aeróstatos; incluso construyó un gigantesco globo, Le Géant, para demostrar que podía transportar decenas de pasajeros. Sus historias inspiraron a Verne a escribir una novela sobre viajeros que exploran África en un globo. Mientras tanto, Verne había escrito un texto titulado El globo aerostático que no había logrado publicar.

En 1862, Nadar le presentó al influyente editor Jules Hetzel, quien había publicado obras de Víctor Hugo y Balzac. Hetzel quedó fascinado con el manuscrito de Verne Cinco semanas en globo. Según testimonios, le dijo: “Usted ha inventado un género: la novela científica”. Hetzel se convirtió no solo en su editor, sino en su consejero, amigo y figura paterna. Firmaron un contrato que estipulaba la publicación de tres novelas al año, un adelanto de 10 000 francos anuales y la exclusividad para Hetzel durante veinte años. Este acuerdo, aunque ventajoso para Verne en sus inicios, a la larga lo ataría en términos económicos, pues sus ganancias no crecieron proporcionalmente al éxito de sus libros.

Cinco semanas en globo y los primeros éxitos

La publicación de Cinco semanas en globo en 1863 fue un fenómeno. La historia relataba la expedición del doctor Fergusson y sus amigos a través de África en un globo aerostático. Mezclaba descripciones minuciosas de los paisajes africanos con aventuras y explicaciones técnicas sobre la aerostática. El público la recibió con entusiasmo porque combinaba la moda orientalista con la fascinación por la ingeniería moderna. Además, Hetzel lanzó una campaña de marketing: ediciones ilustradas, folletines en periódicos y conferencias.

Animado por el éxito, Verne publicó a ritmo frenético. En 1864 salió Viaje al centro de la Tierra, donde el profesor Lidenbrock y su sobrino Axel descienden por un volcán islandés para descubrir un océano subterráneo. El novelista se documentó con tratados de mineralogía y consultó al geólogo Albert de Lapparent para no cometer errores. La descripción de fósiles prehistóricos y paisajes volcánicos era tan detallada que los lectores creían estar leyendo un informe científico.

En 1865 apareció De la Tierra a la Luna, novela en la que el imaginario Gun Club de Baltimore construye un gigantesco cañón para lanzar un proyectil tripulado hacia la Luna. Verne calculó la velocidad de escape, la trayectoria y el lugar de caída con la ayuda del matemático Henri Garcet. Las coincidencias con el programa espacial Apollo son asombrosas: el disparo se realiza desde Florida y el módulo cae en el océano Pacífico. Su continuación, Alrededor de la Luna (1870), llevó el proyecto a su conclusión.

Aventuras del capitán Hatteras, Los hijos del capitán Grant y Veinte mil leguas de viaje submarino completan esta primera etapa. En Veinte mil leguas, publicada en 1869, inventó al capitán Nemo y su submarino Nautilus, adelantándose décadas a la era del submarino moderno. Verne consultó a ingenieros navales y se inspiró en los trabajos del estadounidense Robert Fulton. La novela, con sus escenas de combate con calamares gigantes y su visión romántica del océano, cimentó su reputación mundial.

Reconocimiento y vida familiar

El éxito trajo consigo la prosperidad. Verne se mudó a un apartamento más grande en París y luego compró una casa en Amiens, la ciudad natal de Honorine. Se hizo construir un yate, el Saint‑Michel, con el que navegó por el canal de la Mancha y los ríos franceses. Su relación con Hetzel se volvió casi paternal: el editor le sugería cambios argumentales y moderaba sus excesos. Por ejemplo, rechazó en 1863 la publicación de París en el siglo XX, una novela distópica ambientada en 1960, por considerarla demasiado oscura para el público. El manuscrito quedó olvidado hasta 1994.

Sin embargo, la vida privada de Verne no mejoraba. Se distanciaba de Honorine y de su hijo Michel, que empezaba a mostrar una conducta rebelde. En cartas a sus amigos se quejaba del tedio doméstico y de la hostilidad de su esposa hacia su trabajo. La frustración se manifestaba en sus novelas, donde abundan los personajes misóginos y las mujeres relegadas a papeles secundarios.

De la celebridad al escritor serio

Hacia 1870, Verne se había convertido en una celebridad europea. Sus libros se traducían a docenas de idiomas y sus personajes protagonizaban obras teatrales. Sin embargo, también sufrió la Guerra Franco‑Prusiana (1870‑1871), que cambió el panorama político. Verne sirvió como guardacostas en el puerto de Le Crotoy y asistió a la humillación francesa en la guerra. Durante la Comuna de París de 1871 se mantuvo alejado de los conflictos, pero su actitud se volvió más conservadora. Posteriormente sería elegido miembro de la Legión de Honor y recibiría distinciones literarias.

5. Edad dorada y visión de progreso (1871–1880)

Novelas de madurez

La década de 1870 consolidó a Verne como el gran cronista del progreso del siglo XIX. Publicó Veinte mil leguas de viaje submarino (en entregas entre 1869 y 1870, editada en libro en 1871), La vuelta al mundo en ochenta días (1872), La isla misteriosa (1874) y Miguel Strogoff (1876). Cada novela exploraba un tema distinto: la exploración submarina, los viajes rápidos gracias al ferrocarril, la autarquía científica y el heroísmo en la estepa rusa.

En La vuelta al mundo en ochenta días el flemático Phileas Fogg apuesta que puede circunvalar el globo en 80 días siguiendo el itinerario del ferrocarril y el vapor. Basada en noticias de la apertura de la línea Transcontinental americana y del tren de la India, la novela reflejaba la percepción de que el mundo se encogía. Su éxito fue tal que generó imitaciones, carreras y espectáculos teatrales. Verne fue invitado a acompañar una expedición real alrededor del mundo, pero prefirió escribir sobre ella desde su estudio.

La isla misteriosa presenta a cinco náufragos que aplican sus conocimientos científicos para crear una comunidad autosuficiente. La presencia del capitán Nemo, ya anciano, cierra el ciclo abierto en Veinte mil leguas. Muchos críticos consideran esta obra como la síntesis de las aspiraciones de Verne: la ciencia puesta al servicio de la libertad y la fraternidad. En la década siguiente, sin embargo, su visión se oscurecería.

Miguel Strogoff, ambientada en la Rusia zarista, se aparta de la ciencia para enfocarse en la aventura. Cuenta la historia de un correo del zar que atraviesa Siberia para advertir de una invasión tártara. El protagonista, inspirado en relatos de exploradores como Mikhail Przewalski, encarna el ideal de valentía y sacrificio. El público ruso adoptó la novela como propia. Verne la escribió en diez días, según confesó, deslumbrado por la musicalidad de la lengua rusa y por la epopeya de Glinka.

Riqueza y viajes en el Saint‑Michel

Con los ingresos de sus libros, Verne compró una mansión en Amiens y encargó la construcción del yate Saint‑Michel II y, más tarde, el Saint‑Michel III. Navegó por el Mediterráneo y llegó hasta las Islas Canarias y el norte de África. Su cuaderno de bitácora muestra observaciones sobre los pueblos costeros, notas meteorológicas y esquemas para nuevas novelas. Visitar puertos extranjeros le permitía contrastar sus lecturas con la realidad, aunque nunca viajó a América o Asia.

En estos años recibió numerosos reconocimientos. En 1870 fue nombrado Chevalier de la Légion d’Honneur y en 1892 ascendido a Oficial. Su fama traspasó fronteras; en España, el científico Nicolás Estévanez tradujo sus obras y el público hispano las devoraba. En Inglaterra se publicaban ediciones piratas. En Italia, jóvenes exploradores soñaban con repetir las hazañas de sus personajes. El fenómeno editorial también generó parodias y críticas: algunos lo acusaban de imprecisiones científicas; otros, de glorificar el imperialismo europeo.

Unión entre ciencia y moral burguesa

Aunque Verne ensalzaba la ciencia, no era un revolucionario. Su moral permanecía anclada en la burguesía provinciana: el héroe debe ser honorable, trabajador, fiel a la palabra dada y respetuoso con el orden social. Las aventuras se justifican por un fin noble: rescatar a un náufrago, descubrir tierras ignotas o mejorar la humanidad. Cuando introduce personajes avariciosos, ambiciosos o locos –como el capitán Nemo en la primera versión de Veinte mil leguas– Hetzel le exige revisiones para hacerlos más aceptables. En cartas se observa cómo el editor moderaba la misantropía de Verne para mantener un mensaje optimista.

Sin embargo, el contexto histórico empezaba a erosionar esa fe en el progreso. La depresión económica de 1873, las rivalidades imperialistas y la represión de la Comuna habían mostrado las sombras de la modernidad. Algunos amigos de Verne, como el geógrafo Élisée Reclus, defendían el anarquismo; otros, como Nadar, lamentaban la comercialización de la ciencia. Estas tensiones irían dejando huella en las obras posteriores del escritor.

6. Ideas políticas, controversias y el conflicto con la modernidad (1870–1890)

Conservadurismo y contradicciones

La imagen pública de Verne era la de un progresista moderado. Admiraba la ciencia y aborrecía la guerra; denunciaba la esclavitud y la opresión colonial; y defendía la educación universal. Pero su ideología escondía contradicciones. En cartas privadas se muestra anglófobo, criticando la colonización británica y la dominación económica de Londres. Aplaudía la independencia de los pueblos colonizados si estaban bajo dominación británica, pero apoyaba el expansionismo francés en África. Detestaba la emancipación femenina y se burlaba de las sufragistas; sin embargo, dotó a algunas de sus heroínas de valentía e inteligencia, como Auda en La vuelta al mundo… y Lady Glenarvan en Los hijos del capitán Grant.

La biografía de Luis Reyes cita acusaciones de racismo y antisemitismo en algunos escritos de Verne. Estas afirmaciones deben contextualizarse: aunque utilizó estereotipos colonialistas comunes en su época, también elogió culturas no europeas y defendió la igualdad de razas en obras como Los quinientos millones de la Begum. En este libro, ambientado en la India y publicado en 1879, imagina dos ciudades construidas con la herencia de una viuda: France‑Ville, una utopía higienista, y Stahlstadt, un infierno industrial. El antagonista alemán simboliza el militarismo y el capitalismo deshumanizado, anticipando, según algunos críticos, el nacimiento del fascismo.

La guerra y la Comuna de París

La Guerra Franco‑Prusiana (1870‑1871) fue un trauma colectivo. Verne sirvió como guarda de la costa en Le Crotoy y presenció la derrota francesa. El 19 de septiembre de 1870 se rindió la fortaleza de Amiens y la ciudad fue ocupada por tropas prusianas. Verne escribió cartas indignadas, pero evitó comprometerse con la insurrección de la Comuna, temeroso de las consecuencias. Cuando la Comuna fue reprimida brutalmente por el gobierno de Versalles, el escritor guardó silencio. Este conservadurismo contrastaba con su amistad con el radical Élisée Reclus, quien participó en la Comuna y fue condenado al exilio.

Anticipación de la utopía y la distopía

A finales de los años 1870 y durante los años 1880, las novelas de Verne adoptaron un tono más oscuro. Los quinientos millones de la Begum (1879) y La jefa de la Liga Roja (1882) muestran comunidades totalitarias donde la tecnología sirve a la opresión. Frente a la bandera (1896) presenta a un científico que construye un arma de destrucción masiva; la ambición militar y la locura patriótica son denunciadas con dureza. La isla de hélice (1895) imagina una isla artificial habitada por millonarios que se separan del resto de la humanidad; la obra anticipa los enclaves elitistas del siglo XXI. Estas novelas reflejan la desilusión de Verne ante el uso de la ciencia con fines bélicos y el poder creciente de las corporaciones.

El manuscrito de París en el siglo XX, escrito en 1863 pero publicado en 1994, confirma que Verne había concebido desde joven un futuro distópico dominado por el dinero y la burocracia. Hetzel rechazó su publicación porque era “demasiado triste”. Con el tiempo, las fantasías pesimistas de Verne se hicieron realidad en su obra: la algarabía de la Exposición Universal de 1889 no podía ocultar las heridas de las guerras coloniales ni la crisis del campesinado.

Política municipal y compromiso ciudadano

En 1888, Verne fue elegido concejal municipal de Amiens por una lista de radicales moderados. Ocupó el cargo durante quince años y se dedicó principalmente a proyectos culturales: promovió la construcción del Cirque Municipal, inaugurado en 1889, y la reorganización del teatro. No era un orador destacado, pero su popularidad como escritor le daba autoridad moral. Su actividad política estaba marcada por el pragmatismo: votaba medidas para mejorar la educación y la higiene, se oponía a gastos superfluos y defendía la modernización del puerto. Algunos biógrafos ven en esta faceta una coherencia con su amor por la ciudad y con sus novelas, donde las comunidades se organizan racionalmente para sobrevivir.

La relación con el Esperanto

A partir de 1889, Verne se interesó por el Esperanto, la lengua artificial creada por L. L. Zamenhof para facilitar la comunicación internacional. En 1893 expresó en una entrevista que el esperanto era “simple, flexible y armonioso” y que merecía “ser popularizado en el mundo entero”. Incluyó referencias a esta lengua en su novela póstuma La extraña aventura de la misión Barsac, donde un personaje intenta implantar el esperanto en África. Este detalle refleja su deseo de una lengua universal que acompañara la globalización científica que él había narrado.

7. Crisis personales, enfermedades y últimas obras (1886–1905)

El disparo de su sobrino y las pérdidas

El 9 de marzo de 1886 ocurrió un hecho que sacudió la vida de Verne: su sobrino Gaston, hijo de su hermano Paul, sufrió un brote mental y, después de discutir con su tío sobre dinero, le disparó dos balazos. Uno de ellos impactó en la pierna izquierda, fracturando el fémur. Verne quedó cojo para el resto de su vida. Gaston fue internado en un manicomio y la noticia se difundió por toda Europa. Poco después fallecieron su madre y su inseparable editor Hetzel, lo que lo sumió en una profunda tristeza.

Para agravar la situación, su hijo Michel se rebeló contra la autoridad paterna. Deseoso de vivir a su manera, el joven acumuló deudas, tuvo aventuras bohemias y embarazó a su prima. Verne lo envió a la marina mercante y luego a un correccional, decisión que afectó gravemente su relación. Michel se casó en dos ocasiones y tuvo varios hijos, pero nunca dejó de pedir dinero a su padre. La relación padre‑hijo se reconstruyó tardíamente, cuando Michel se convirtió en el editor de las obras póstumas de Julio.

Enfermedades y decadencia física

A partir de 1887, Verne empezó a sufrir diabetes. La enfermedad, poco comprendida en la época, lo obligó a seguir dietas estrictas y a soportar dolorosos tratamientos. Con el tiempo, perdió la visión de un ojo y el oído de un oído. En las fotografías de la época se observa un hombre de barba blanca, con una mirada melancólica. A pesar de sus dolores, continuó escribiendo. En 1892 publicó Clovis Dardentor, una novela humorística ambientada en Argelia; en 1894, La isla de hélice; en 1896, El soberbio Orinoco; en 1897, Los piratas del Halifax. Estos títulos muestran su capacidad para cambiar de registro, desde la sátira hasta la crítica social.

Aun así, su escritura adoptó un tono más sombrío. En El dueño del mundo (1904) y La invasión del mar (1905) aparecen científicos locos que aspiran a dominar el mundo con máquinas mortales. El castillo de los Cárpatos (1892) roza el género de terror. Dueño del mundo anticipa los drones y vehículos aerodeslizadores; La casa de vapor (1880) imagina trenes que cruzan la India casi volando. Estas obras demuestran que, incluso enfermo, Verne seguía anticipando tecnologías futuras.

Últimos años y muerte

En 1900, Verne asistió a la Exposición Universal de París, pero no compartió el entusiasmo general. Escribió que el mundo se había vuelto un “gran bazar” donde todo se vendía y se compraba. Aunque admiraba la Torre Eiffel, símbolo del progreso, sentía que la ciencia se subordinaba al dinero. En 1902 padeció una parálisis temporal; en 1903 vio morir a varios amigos, entre ellos el pintor Edouard Riou, ilustrador de sus novelas.

El 24 de marzo de 1905 falleció en su casa de Amiens a los 77 años. Su esposa, hijos y nietos lo acompañaron en sus últimas horas. Sus últimas palabras, según el testimonio familiar, fueron “Sed buenos”. Fue enterrado en el cementerio de La Madeleine; sobre su tumba se erigió una escultura de un hombre que se levanta de la sepultura, simbolizando el deseo de transcender la muerte mediante la imaginación.

Tras su muerte, su hijo Michel encontró varios manuscritos inéditos que decidió revisar y publicar. Algunos, como Viaje al centro de la Tierra y París en el siglo XX, habían sido rechazados o censurados por Hetzel; otros, como La extraña aventura de la misión Barsac (1919), fueron coescritos por Michel con base en notas paternas. La paternidad de estas obras ha generado debates entre los especialistas: ¿Hasta qué punto se respetó la voluntad del autor? ¿Son estos textos auténticamente vernianos o híbridos? Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que prolongaron el mito de Verne a lo largo del siglo XX.

8. Legado, influencia y recepción posterior

Innovador de la literatura de ciencia y aventura

La importancia de Julio Verne en la historia de la literatura es múltiple. En primer lugar, creó el género de la novela científica o proto‑ciencia ficción. Antes de él existían relatos de viajes imaginarios, pero ningún autor había combinado de forma sistemática conocimientos científicos actualizados con narraciones de aventuras. Sus Viajes extraordinarios inspiraron a generaciones de escritores: H. G. Wells desarrollaría la ciencia ficción a partir de sus planteamientos, mientras que Arthur Conan Doyle escribió El mundo perdido siguiendo su estela. Autores españoles como Emilia Pardo Bazán o Miguel de Unamuno lo leían con pasión.

Además, popularizó la ciencia entre el público general. Sus novelas eran leídas por niños y adultos, artesanos y burgueses, profesores y marineros. En un momento en que la instrucción obligatoria estaba expandiéndose, Verne se convirtió en un maestro involuntario para millones de lectores. Algunos científicos reconocieron que escogieron su profesión después de leerlo; el diseñador de cohetes Konstantín Tsiolkovski decía que De la Tierra a la Luna le inculcó la idea de los viajes espaciales. El explorador Jacques‑Yves Cousteau admitió que quiso ser oceanógrafo gracias a Veinte mil leguas de viaje submarino.

Impacto cultural y adaptaciones

Desde su publicación, las novelas de Verne han sido adaptadas al teatro, al cómic, al cine y a la televisión. La vuelta al mundo en ochenta días fue adaptada en 1874 al teatro con éxito apoteósico. En 1956, el director Michael Anderson realizó una versión cinematográfica con David Niven como Phileas Fogg, ganadora de varios premios Óscar. Veinte mil leguas de viaje submarino fue llevada al cine en 1954 por Richard Fleischer, con Kirk Douglas y James Mason, y se convirtió en un clásico de Disney. En países como Japón, las historias de Verne influenciaron el manga y el anime; series como Sherlock Holmes de Miyazaki adaptan motivos vernianos.

La cultura popular adopta continuamente sus ideas. Parques temáticos como Discoveryland en Disneyland París recrean el Nautilus. El personaje del capitán Nemo fue reinterpretado por Alan Moore en el cómic La liga de los hombres extraordinarios, y por James Cameron en su película Titanic, que rinde homenaje al submarino. Programas de televisión educativos usan su figura para introducir conceptos de astronomía o geografía. Incluso el nombre de la nave Verne de la Agencia Espacial Europea, utilizada para abastecer la Estación Espacial Internacional en 2008, honra su visión.

Recepción crítica y reevaluación

Durante mucho tiempo, los críticos literarios consideraron a Verne un escritor juvenil o de consumo, indigno de estudio académico. El filósofo Roland Barthes fue uno de los primeros en reivindicarlo en su ensayo Nautilus y Batiscafo, donde analiza el imaginario del submarino. Michel Serres and Ray Bradbury lo elevaron a la categoría de visionario. La publicación en 1994 de París en el siglo XX reveló un Verne distópico y melancólico que interesó a los estudiosos de la ciencia ficción. Hoy se reconocen sus complejidades ideológicas, su talento para la descripción y su capacidad para anticipar problemas de la modernidad.

Críticas contemporáneas

Pese a su inmensa popularidad, Verne ha sido objeto de críticas. Algunos lo acusan de eurocentrismo al describir otras culturas desde una perspectiva colonial. Otros señalan su tratamiento misógino de los personajes femeninos. Historiadores como Jean‑Yves Tadié subrayan su dependencia de Hetzel, que le impedía desarrollar tramas más radicales. También se debate su escaso compromiso político: aunque denunciaba la explotación en ciertas novelas, evitaba comprometerse con ideologías revolucionarias. Estas críticas son fundamentales para entenderlo en su contexto y no convertirlo en un mito acrítico.

Legado institucional y conmemoraciones

En Amiens, la casa en la que vivió se ha convertido en museo. La ciudad organiza cada año el Festival Jules Verne, que combina ciencia, literatura y espectáculos. En Nantes, el museo Les Machines de l’île rinde homenaje a su imaginación con enormes máquinas inspiradas en sus libros. La UNESCO declaró 2005 como “Año Jules Verne” con motivo del centenario de su muerte. Universidades, bibliotecas y sociedades literarias siguen publicando estudios y ediciones críticas de su obra. En 1955, Francia emitió un sello postal con su retrato para conmemorar el cincuentenario de su fallecimiento; en 2005 se le dedicó un billete conmemorativo de euro.

El viaje continúa

La vida de Julio Verne es inseparable de la historia del siglo XIX: nació bajo la Restauración monárquica, vivió la Revolución de 1848, la Segunda República y el Segundo Imperio, experimentó la guerra franco‑prusiana, la Belle Époque y el amanecer del siglo XX. Su obra refleja los sueños y las angustias de una época en que el progreso científico parecía capaz de resolver todos los problemas y, al mismo tiempo, generaba nuevas amenazas. Su infancia en Nantes le inculcó el amor por el mar y la aventura; su juventud parisina lo vinculó con los círculos intelectuales; su madurez en Amiens le permitió observar los cambios desde la relativa calma de la provincia. Fue un burgués conservador y un visionario subversivo, un trabajador infatigable y un ser humano vulnerable.

A través de sus Viajes extraordinarios, Verne enseñó a varias generaciones a mirar más allá del horizonte y a cuestionar los límites de lo posible. Anticipó inventos como los submarinos, los helicópteros, los viajes espaciales y los videoteléfonos, pero también advirtió sobre la deshumanización de la tecnología y la amenaza de las armas de destrucción masiva. Su legado perdura no solo en la ciencia ficción, sino en la cultura global, en las ciencias y en el imaginario colectivo. Comprender su vida y su obra nos ayuda a entender cómo la imaginación puede transformar la realidad y cómo la literatura puede ser a la vez un espejo y un motor del progreso humano.

Bibliografía consultada

  • Julio Verne. Luis Reyes Blanc. Barcelona: Ediciones Orbis, 1978.
  • Viajes extraordinarios. Jules Verne. Diversas ediciones consultadas.

Fuentes complementarias:

  • Artículos de prensa y portales culturales especializados
  • Bibliothèque nationale de France (BNF)
  • Project Gutenberg
Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Jules Verne (1828–1905): El visionario que anticipó el futuro con sus novelas de aventuras y ciencia". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/verne-jules [consulta: 26 de enero de 2026].