Liv Ullmann (1938–VVVV): La Actriz y Directora que Definió el Cine Nórdico y la Lucha por los Derechos Humanos
Liv Ullmann (1938–VVVV): La Actriz y Directora que Definió el Cine Nórdico y la Lucha por los Derechos Humanos
Orígenes y primeros años
Liv Ullmann nació el 10 de diciembre de 1938 en Tokio, Japón, en un contexto internacional complejo y cargado de incertidumbre debido a los eventos de la Segunda Guerra Mundial. Su padre, un ingeniero de minas noruego, trabajaba en la Embajada de Noruega en Japón, mientras que su madre era noruega, lo que configuró un hogar bicultural y cosmopolita. Sin embargo, la invasión alemana de Noruega en 1940 alteró drásticamente la vida de la familia Ullmann, que se vio obligada a abandonar Japón y refugiarse primero en Canadá y luego en Noruega.
Tras el fallecimiento de su padre en 1945, Liv y su madre se trasladaron a Trondheim, una ciudad portuaria noruega situada a 400 kilómetros de Oslo. En este nuevo entorno, la joven Ullmann comenzó a formarse en un contexto mucho más estable, aunque lejos de la ciudad que representaba su hogar original, Oslo. Esta etapa en Trondheim, una ciudad cargada de historia y cultura noruega, fue esencial para la futura carrera artística de Liv.
El traslado a Noruega y sus primeros años en Trondheim
El regreso a Noruega representó para Ullmann una oportunidad para integrarse en la cultura de su país natal. A pesar de su origen japonés y su paso por varios países, la joven se adaptó rápidamente a la vida en Trondheim, donde su interés por las artes comenzó a aflorar. Desde pequeña, Liv se sintió atraída por el mundo del teatro y la actuación, lo que la llevó a tomar una decisión crucial para su futuro.
A los 17 años, Liv Ullmann decidió trasladarse a Londres para estudiar arte dramático en la Weber-Douglas School, una de las instituciones más prestigiosas de la ciudad. Aunque su estancia en Londres fue breve, pues solo duró ocho meses, este periodo le permitió descubrir los rudimentos del oficio y la disciplina teatral. Sin embargo, la experiencia no fue completamente exitosa: al regresar a Oslo, fue suspendida en un examen de teatro en el que los evaluadores consideraron que carecía de lo necesario para triunfar en el mundo de la interpretación. Este revés no fue un obstáculo para la joven Ullmann, sino un impulso para seguir adelante con más determinación.
Formación en Londres y primeros intentos profesionales
Tras el fracaso en Londres, Liv Ullmann no se dio por vencida. Decidió matricularse en el Conservatorio de Arte Dramático en Oslo, donde comenzó a destacar como alumna. Su talento no pasó desapercibido, y pronto recibió su primer papel importante en el teatro, un papel que marcaría el inicio de una carrera fulgurante. En el Teatro de Stavanger, Ullmann interpretó a Anna Frank en la famosa obra El diario de Anna Frank, lo que le permitió ganar notoriedad en el ámbito teatral. Su desempeño en esta obra fue crucial para su posterior fichaje por el Teatro Nacional de Oslo, donde interpretó obras de renombrados autores como Bernard Shaw, Bertolt Brecht y William Shakespeare.
Durante esta etapa, Ullmann no solo se dedicó al teatro, sino que también comenzó a hacer sus primeros pasos en el cine, participando en filmes de pequeño alcance. A través de estos trabajos, comenzó a consolidar su imagen como actriz talentosa y capaz de interpretar una gran variedad de papeles. La joven actriz comenzó a ser reconocida por su habilidad para interpretar personajes complejos, lo que la catapultó a nuevas oportunidades en el cine y en el teatro.
Inicio en el teatro
La carrera de Liv Ullmann como actriz se consolidó en el Teatro Nacional de Oslo, donde tuvo la oportunidad de trabajar en algunas de las obras más importantes del repertorio teatral mundial. Además de las mencionadas obras de autores clásicos, Ullmann se destacó en producciones de gran envergadura, lo que le permitió ampliar su horizonte artístico y afianzar su reputación como una de las actrices más prometedoras de Noruega.
A los 21 años, Ullmann contrajo matrimonio con el psiquiatra noruego Hans Jacob Stang, con quien comenzó una nueva etapa en su vida personal. Este matrimonio, sin embargo, fue solo un primer paso en el recorrido personal y profesional de Ullmann, ya que su vida daría un giro inesperado cuando se trasladó a Suecia, donde conocería al famoso director Ingmar Bergman, quien cambiaría por completo el curso de su carrera y su vida personal.
Encuentro con Ingmar Bergman y sus primeros filmes juntos
La vida de Liv Ullmann experimentó un giro radical cuando se trasladó a Estocolmo en 1966, donde conoció al aclamado director sueco Ingmar Bergman. En ese momento, Bergman estaba buscando una actriz que pudiera interpretar uno de los papeles más complejos de su carrera cinematográfica. Tras un breve encuentro, el director se sintió atraído por el talento y la presencia de Ullmann, y la eligió para protagonizar Persona, una de sus obras más emblemáticas. Este filme, que se estrenó en 1966, marcó el inicio de una larga y fructífera colaboración entre ambos.
Persona no solo consolidó a Liv Ullmann como una de las grandes actrices del cine europeo, sino que también estableció una conexión profunda entre ella y Bergman, que se convertiría en una relación profesional y personal de gran relevancia en sus vidas. La intensidad emocional y la complejidad psicológica del personaje de Ullmann en Persona supieron capturar la esencia de la visión cinematográfica de Bergman, lo que transformó a ambos en una pareja artística única en la historia del cine. Esta película, considerada un hito del cine de autor, elevó a Ullmann a la categoría de musa del cine nórdico.
A lo largo de los años, Liv Ullmann continuó trabajando con Bergman en un total de once películas, entre las que destacan La hora del lobo (1967), La venganza (1968) y Pasión (1969). Estas obras fueron fundamentales para su consolidación como una de las actrices más importantes de Europa. En todas ellas, Ullmann mostró una impresionante capacidad para explorar los rincones más oscuros de la psique humana, un rasgo que la definió a lo largo de su carrera.
Éxito en Hollywood y otras colaboraciones cinematográficas
A medida que su carrera despegaba en Europa, Hollywood comenzó a llamar la atención de Liv Ullmann. En la década de 1970, la actriz noruega fue reclutada para participar en varias producciones internacionales. No obstante, a pesar de su fama en Europa y su colaboración con algunos de los directores más renombrados del cine mundial, Ullmann nunca dejó de colaborar con Bergman. En 1972, ambos volvieron a trabajar juntos en Gritos y susurros, un drama psicológico que les permitió profundizar en los temas del sufrimiento y la redención. Esta película se considera una de las obras más destacadas de la carrera de Bergman, y Ullmann, una vez más, fue la pieza central de la narración.
Durante la misma década, Ullmann participó en otros proyectos internacionales, entre ellos Secretos de un matrimonio (1973), que también fue dirigida por Bergman. Esta película, que originalmente fue concebida como una miniserie de televisión, se convirtió en un fenómeno mundial y amplió el horizonte de la actriz, permitiéndole llegar a una audiencia aún más amplia. Por su trabajo en Cara a cara al desnudo (1976), Ullmann recibió el prestigioso premio a la mejor actriz del año otorgado por el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York en 1977.
Además de su colaboración con Bergman, Ullmann trabajó con otros directores importantes. En la misma década, participó en películas de Juan Luis Buñuel, como Leonor (1974), y con el sueco Jan Troell, con quien rodó una serie de películas como Los emigrantes (1971) y El Nuevo Mundo (1974). Su versatilidad como actriz se reflejó en su capacidad para adaptarse a distintos géneros y estilos cinematográficos, siempre aportando una profundidad emocional que la convirtió en una de las grandes actrices del cine europeo.
Activismo y su rol en Unicef y ACNUR
A pesar de su éxito en el cine, Liv Ullmann no se limitó solo a la actuación. Desde 1980, la actriz dedicó gran parte de su tiempo a causas humanitarias. En ese año, fue nombrada embajadora de Unicef, la agencia de las Naciones Unidas encargada de la protección de la infancia. Este nuevo papel le permitió viajar por el mundo, desde países desarrollados hasta los más necesitados, recaudando fondos y promoviendo la conciencia sobre los problemas que enfrentan los niños en situaciones de conflicto y pobreza.
Su compromiso con la infancia no se limitó a su trabajo con Unicef; Ullmann también se convirtió en una representante activa del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). A lo largo de los años, visitó numerosos campos de refugiados y zonas de conflicto, donde fue testigo de las terribles realidades de las víctimas de guerra. Además, pronunció conferencias y participó en diversas actividades para recaudar fondos y dar voz a aquellos que no podían ser escuchados.
Este trabajo humanitario se convirtió en una parte esencial de la vida de Ullmann, y su incansable esfuerzo por ayudar a los más vulnerables en el mundo la consolidó como una figura de relevancia mundial no solo en el cine, sino también en el activismo social.
De actriz a directora
Liv Ullmann no solo se destacó como actriz, sino que también dio el salto a la dirección. En 1981, participó como codirectora en la película Love, una obra colaborativa realizada por mujeres. En 1991, debutó como directora en solitario con la película Sofie, basada en una novela de Henri Nathansen. El filme, que fue rodado en Copenhague, obtuvo un gran reconocimiento en el Festival de Montreal, donde Ullmann recibió el Gran Premio Especial del Jurado y varios otros premios. Este éxito inicial como directora la posicionó como una de las figuras más completas del cine europeo.
Su segundo proyecto como directora fue Kristin Lavransdatter (1995), una ambiciosa adaptación de la novela de Sigrid Undset que se convirtió en la película de mayor presupuesto de la historia de Noruega. Esta adaptación medieval, que narraba pasiones y conflictos en la Edad Media, fue un éxito tanto en taquilla como en crítica y consolidó a Ullmann como una cineasta talentosa además de una gran actriz.
Logros y premios
A lo largo de su carrera, Liv Ullmann ha recibido una gran cantidad de premios y reconocimientos, tanto por su labor como actriz como por su contribución al cine como directora. En 1977, fue distinguida con la Cruz de la Orden de San Olav, en su primera categoría, por su contribución al cine y la cultura noruega. Además, en 1986, recibió la medalla Dag Hammarskjold por su trabajo humanitario, en particular en su labor con Unicef.
En 2003, Ullmann participó en Saraband, la última película dirigida por Ingmar Bergman, lo que significó un emotivo cierre a su colaboración con el maestro del cine. En 2004, recibió el premio de honor de la Academia del Cine Europeo, un reconocimiento a su excepcional carrera.
Vida personal y legado
Liv Ullmann ha sido una figura central en el cine y la cultura nórdica, no solo por su inigualable talento artístico, sino también por su dedicación a causas humanitarias. A lo largo de su vida, ha sido madre, esposa y activista, siempre comprometida con la justicia social y los derechos humanos. Su legado es el de una mujer multifacética que, además de haber sido una de las grandes actrices del cine mundial, ha dejado una huella profunda en la lucha por los más desfavorecidos.
Ullmann sigue siendo una figura de renombre, cuyas contribuciones al cine y la sociedad continúan siendo una fuente de inspiración para generaciones de artistas y activistas. Su historia es la de una mujer que ha trascendido las fronteras del cine, convirtiéndose en un símbolo de compromiso, pasión y humanidad.
MCN Biografías, 2025. "Liv Ullmann (1938–VVVV): La Actriz y Directora que Definió el Cine Nórdico y la Lucha por los Derechos Humanos". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/ullmann-liv [consulta: 28 de enero de 2026].
