António de Oliveira Salazar (1889–1970): El Arquitecto del Estado Novo y su Legado Autoritario
António de Oliveira Salazar (1889–1970): El Arquitecto del Estado Novo y su Legado Autoritario
Los orígenes y la formación académica (1889–1917)
Un entorno rural y la educación eclesiástica
António de Oliveira Salazar nació el 28 de abril de 1889 en Vimieiro, una pequeña aldea del concejo de Santa Comba Dâo, en el distrito de Viseu, en el centro de Portugal. Hijo de una familia humilde de campesinos, su infancia estuvo marcada por la pobreza y la rigidez de un entorno rural, donde las aspiraciones sociales y culturales eran limitadas. Sus padres, Antonio de Oliveira y María do Resgate Salazar, eran devotos y esperaban que su hijo siguiera una vocación religiosa, como era común en las familias de su entorno.
A los 11 años, Salazar fue enviado al Seminario de Viseu para estudiar con vistas a una posible ordenación. En ese periodo, comenzó a desarrollar una sólida formación en teología, pero su relación con la vida religiosa fue ambigua. Aunque recibió las órdenes menores en 1908, en 1910 abandonó definitivamente el seminario y se apartó de su carrera eclesiástica. Esta decisión fue crucial, pues marcó un giro en su vida hacia la academia y la política.
La transición de seminarista a intelectual
Después de abandonar los estudios eclesiásticos, Salazar regresó a Viseu y comenzó a trabajar como profesor en el Colegio da Via Sacra, una institución religiosa que le permitió estar en contacto con el pensamiento pedagógico y las ideas de la Iglesia. Durante estos años, Salazar desarrolló un gran interés por la pedagogía, lo que le llevó a pronunciar una conferencia sobre educación en 1909. Este interés por la educación y la organización social reflejaba ya su inclinación hacia el pensamiento católico social y su deseo de contribuir a la mejora de la sociedad portuguesa.
Su decisión de orientarse hacia el estudio del Derecho fue un paso importante en su vida intelectual. Entre 1910 y 1914, Salazar estudió Derecho en la Universidad de Coimbra, una de las instituciones más prestigiosas de Portugal. Fue en la Universidad de Coimbra donde Salazar comenzó a forjar su identidad política y académica. Su profundo interés por la economía y las ciencias sociales lo llevó a interesarse por el análisis económico y por el papel del Estado en la organización social.
El despertar político en la Universidad de Coimbra
En 1912, Salazar participó en la reorganización del Centro Académico da Democracia Cristã (CADC), una organización estudiantil que abogaba por una postura católica y conservadora frente a las tendencias laicas y anticlericales de la época. Este fue el primer paso de Salazar en la vida política activa, donde se destacó por su capacidad de liderazgo y sus ideas sobre la necesidad de una organización jerarquizada de la sociedad.
A través de su participación en el CADC, Salazar defendió un modelo político basado en los principios del cristianismo social, que, en su opinión, debía garantizar una estructura estatal sólida y ordenada para enfrentar los retos de la sociedad portuguesa. Durante este periodo, Salazar también escribió para varios periódicos, como Imparcial y Liberdade, donde expuso sus ideas sobre el papel del Estado y la administración pública. Utilizó el pseudónimo de Alves da Silva en sus escritos, lo que le permitió mantener una cierta distancia de la controversia política directa.
Primeros trabajos y pensamiento económico
Tras finalizar su licenciatura en Derecho en 1914, Salazar decidió continuar su formación académica y en 1917 obtuvo su doctorado en la Universidad de Coimbra. Su tesis, titulada O Ágio do Ouro e a Questão Cerealística (El comercio del oro y la cuestión cerealista), trataba sobre cuestiones económicas relacionadas con la producción agrícola y el comercio de cereales, reflejando su creciente interés por los problemas económicos que afectaban a Portugal.
En 1918, Salazar fue nombrado catedrático de Ciencia Económica en la Universidad de Coimbra, donde su figura comenzó a ganar prestigio. Sus primeros trabajos sobre economía estaban marcados por una crítica a la administración pública del país, que consideraba ineficiente y corrupta. Salazar creía firmemente que una buena dirección política y una administración competente eran esenciales para el progreso de cualquier nación. En sus primeras conferencias y escritos académicos, se fue perfilando como un pensador que abogaba por un Estado fuerte, pero no totalitario, que interviniera en la economía para promover el bienestar social.
Su pensamiento económico estaba fuertemente influenciado por las ideas de la Iglesia Católica y el tomismo, corriente filosófica que abogaba por la armonía entre la fe y la razón, el orden social y la justicia. Aunque Salazar defendía la libertad de los mercados, también creía que el Estado debía regular ciertos aspectos económicos para evitar la concentración de poder en manos privadas y proteger a las clases más desfavorecidas.
Salazar se destacó por su postura conservadora frente a las ideologías de izquierda que ganaban terreno en Europa en esa época. Sin embargo, sus ideas también lo llevaron a enfrentarse con sectores más radicales dentro de la Iglesia, como los católicos monárquicos, que no compartían su aceptación de la República.
Al final de la década de 1910, Salazar se había consolidado como un intelectual destacado en la Universidad de Coimbra, con una visión política y económica que pronto comenzaría a ganar influencia en los círculos políticos del país.
El ascenso al poder y la construcción del Estado Novo (1926–1933)
La caída de la Primera República y el golpe de Estado de 1926
A lo largo de la década de 1920, Portugal experimentaba una creciente inestabilidad política y económica. La Primera República Portuguesa, instaurada en 1910 tras la caída de la monarquía, estaba plagada de crisis internas, gobiernos débiles y una corrupción generalizada. En 1926, la situación alcanzó su punto crítico cuando un golpe militar derrocó al gobierno republicano y estableció una dictadura militar. Este golpe fue el inicio de un proceso que llevaría a Salazar al poder.
Aunque Salazar no fue parte directa del golpe, su figura comenzó a ganar protagonismo debido a su reputación como economista y su capacidad para ofrecer soluciones a los problemas de Portugal. En un momento de caos financiero, el gobierno militar pidió la intervención de Salazar, quien ya había demostrado su habilidad para resolver problemas económicos. Fue nombrado Ministro de Hacienda en mayo de 1926, pero su gestión no duró mucho, ya que el gobierno se desplomó poco después.
Sin embargo, en 1928, Salazar fue llamado de nuevo por el régimen para asumir el Ministerio de Hacienda. En este contexto, se encontraba una economía devastada por la inflación, el endeudamiento y la dependencia de las potencias extranjeras. El país se encontraba al borde del colapso, y la estabilidad económica parecía una tarea imposible. Fue entonces cuando Salazar implementó su plan de reformas radicales que cambiaría el destino de Portugal.
Ministerios de Hacienda y Colonias
A diferencia de otros ministros, Salazar se dedicó a restaurar la solvencia de Portugal sin recurrir a préstamos internacionales, una medida que fue vista como una apuesta a largo plazo por la independencia económica del país. En 1929, Salazar había equilibrado el presupuesto, disminuido la deuda externa, y estabilizado la moneda portuguesa, el escudo, lo que le permitió ganar apoyo tanto dentro de los círculos económicos como militares.
En paralelo a su gestión económica, Salazar asumió en 1930 el Ministerio de Colonias de forma provisional. Este cargo le permitió dar un paso más hacia el control absoluto sobre el gobierno. A través de esta cartera, promovió la Carta Colonial en 1930, un documento que definía las relaciones de Portugal con sus colonias y consolidaba su control sobre África y Asia. Aunque el periodo fue breve, esta intervención en el ámbito colonial mostró su capacidad para estructurar un régimen autoritario no solo en la metrópoli, sino también en el imperio colonial portugués.
La creación del Estado Novo
El 5 de julio de 1932, Salazar fue nombrado Presidente del Consejo de Ministros, lo que lo colocó en la cúspide del poder en Portugal. En este momento, Salazar comenzó a dar forma a su visión de un nuevo Estado. Tras asumir el liderazgo, trabajó en la creación de un sistema político que se apartaba de la democracia parlamentaria, que él consideraba corrupta y desorganizada. En lugar de un sistema multipartidista, propuso un régimen autoritario y corporativo bajo el nombre de Estado Novo (Estado Nuevo), con la idea de promover la solidaridad nacional y evitar los conflictos partidistas que habían desestabilizado la República.
Salazar presentó un proyecto de Constitución que fue aprobado en referéndum en 1933 y promulgado el 11 de abril del mismo año. El Estado Novo no era un régimen democrático; su estructura se basaba en la creación de un sistema corporativo que agrupara a los diversos sectores de la sociedad en sindicatos y corporaciones bajo el control del Estado. La democracia parlamentaria fue suprimida y el poder se concentró en manos del presidente y el partido único, la União Nacional (Unión Nacional), que integraba católicos, monárquicos y nacional-sindicalistas.
La consolidación de la dictadura corporativa
Con el nuevo marco constitucional, Salazar consolidó su poder y estableció las bases para un régimen autoritario duradero. En los primeros años del Estado Novo, su gobierno promulgó varias leyes que regulaban el trabajo, las asociaciones y las actividades políticas, garantizando así la centralización del poder en el Estado y evitando la disidencia política. En 1933, creó la Polícia de Vigilância e Defesa do Estado (Policía de Vigilancia y Defensa del Estado), conocida como la PIDE, que se convirtió en una poderosa herramienta de represión política.
Además de la represión política, Salazar promovió un modelo de propaganda estatal a través del Secretariado da Propaganda Nacional, dirigido por António Ferro. A través de este organismo, el régimen controlaba los medios de comunicación, fomentando la imagen de un país unido bajo un Estado fuerte, que mantenía el orden y la moralidad social. La propaganda se convirtió en uno de los pilares del Estado Novo, que se presentó como el único garante de la estabilidad frente a la crisis económica y social.
Salazar también se ocupó de las relaciones internacionales de Portugal. En 1936, apoyó al general Francisco Franco durante la Guerra Civil Española, pero evitó involucrarse directamente en el conflicto. A nivel interno, su régimen no solo se basó en la represión, sino también en una cierta cohesión social mediante la creación de organizaciones paramilitares como la Mocidade Portuguesa (Juventud Portuguesa) y la Legião Portuguesa (Legión Portuguesa), con el fin de consolidar el control sobre la juventud y los sectores patrióticos de la sociedad.
El autoritarismo y los años de estabilidad (1933–1961)
Los años de la Segunda Guerra Mundial y la neutralidad portuguesa
A medida que la Segunda Guerra Mundial (1939–1945) se desataba en Europa, Portugal, bajo la dirección de Salazar, adoptó una postura de estricta neutralidad. Aunque el régimen de Salazar compartía muchos rasgos con las potencias fascistas de la época, como la dictadura autoritaria y el control social, se distanció de la intervención directa en la guerra. Esta postura se mantuvo por varias razones: primero, la geopolítica de Portugal, que le situaba en una posición estratégica en el Atlántico, y segundo, el deseo de preservar la estabilidad interna frente a la amenaza de las potencias extranjeras.
A pesar de la neutralidad proclamada, Salazar favoreció a los aliados, en especial a Gran Bretaña, con la que Portugal había mantenido una relación de larga data desde el Tratado de Windsor de 1386. En 1943, ante la desaparición del riesgo de una invasión alemana, el gobierno portugués permitió el establecimiento de bases aéreas de los aliados en las islas Azores, un movimiento que fue clave para la estrategia aliada en la guerra. Este acuerdo con los aliados le otorgó a Salazar el reconocimiento internacional como un líder capaz de garantizar la estabilidad en su país.
Durante este periodo, la guerra no solo afectó a las relaciones exteriores de Portugal, sino también al interior del país. La escasez de recursos y la interrupción del comercio global afectaron gravemente la economía portuguesa. Sin embargo, el gobierno de Salazar logró mantener un cierto orden social y político, algo que fue clave para su permanencia en el poder.
Relación con el régimen de Franco y la postura internacional
Durante la Segunda Guerra Mundial, Salazar también se alineó con el régimen fascista de Francisco Franco en España. A pesar de sus diferencias ideológicas con el general Franco —quien se había impuesto en España mediante una revolución armada— Salazar veía en el dictador español un aliado estratégico en la lucha contra el comunismo y el avance del fascismo en Europa. En 1938, Portugal y España firmaron un tratado de amistad que constituyó el Bloque Ibérico, un pacto que consolidaba las relaciones entre ambos países.
Sin embargo, Salazar fue más prudente en cuanto a sus relaciones con la Alemania nazi y la Italia fascista. A pesar de sus simpatías hacia los regímenes totalitarios, nunca se unió al Eje, prefiriendo mantener una posición de neutralidad que le permitiera controlar mejor la situación interna de Portugal. Esta actitud de cautela también se reflejó en la política exterior de Portugal después de la guerra. A medida que el régimen de Salazar se afianzaba, su gobierno se convirtió en un aliado de Occidente, especialmente durante la Guerra Fría, cuando Portugal se alineó con los Estados Unidos y el bloque occidental para frenar la expansión del comunismo en Europa.
Los años de la «democracia orgánica»
Tras la Segunda Guerra Mundial, la estabilidad política de Salazar siguió intacta. Sin embargo, el entorno internacional había cambiado. La posguerra trajo consigo nuevas presiones, tanto internas como externas, sobre el régimen. Aunque Salazar había logrado la neutralidad en tiempos de guerra, el final del conflicto y la reconstrucción económica trajeron consigo un nuevo escenario político.
La «democracia orgánica» de Salazar, que había sido la base de su gobierno autoritario, se centraba en la idea de que el Estado debía organizar la sociedad de manera corporativa, no solo en lo económico, sino también en lo político. Según Salazar, la verdadera democracia no se basaba en los principios liberales de la representación política, sino en la integración de todos los sectores sociales en un cuerpo organizado bajo el control del Estado. Esta teoría fue fundamental para justificar la falta de elecciones libres y la existencia de un partido único bajo la União Nacional.
En 1945 y 1949, los opositores de Salazar comenzaron a organizarse en movimientos de resistencia, como el Movimiento de Unidad Nacional Antifascista (MUNAF) y el Movimiento de Unidad Democrática (MUF), que intentaron desafiar el régimen en elecciones parlamentarias. Sin embargo, estos intentos de oposición fueron rápidamente sofocados, en gran parte gracias al apoyo de la Iglesia Católica, el ejército y las clases medias rurales, quienes seguían siendo los principales aliados del régimen. La estabilidad del gobierno de Salazar se veía reforzada por la percepción de que su sistema era el único capaz de evitar el caos y las divisiones internas.
Oposición interna y desafíos al régimen
A pesar de su aparente estabilidad, el régimen de Salazar no estuvo exento de desafíos internos. En la década de 1950 y principios de 1960, la oposición al régimen comenzó a tomar forma más organizada, especialmente en el ámbito de los intelectuales, los trabajadores urbanos y los sectores de la izquierda política. Entre los opositores más conocidos se encontraba el general Humberto Delgado, quien, en las elecciones presidenciales de 1958, desafió al candidato oficialista Américo Thomaz, quien fue elegido con el respaldo del régimen.
Delgado, un exgeneral del ejército, se convirtió en un símbolo de la oposición al régimen autoritario de Salazar. Tras perder las elecciones, Delgado continuó su lucha contra el régimen, incluso organizando un fallido intento de asalto al cuartel de Beja en 1961. Esta acción marcó el punto culminante de su enfrentamiento con Salazar, quien respondió con una represión implacable.
La creciente oposición al régimen fue acompañada de un ambiente internacional cada vez más hostil. Las presiones de la comunidad internacional y las luchas de independencia en las colonias portuguesas en África comenzaron a desestabilizar la imagen del régimen de Salazar. La Guerra de Independencia en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau, que comenzó en 1961, fue uno de los mayores desafíos para el gobierno, que trató de mantener el control sobre sus colonias a toda costa, a pesar del creciente apoyo de la comunidad internacional a la descolonización.
La decadencia del régimen y el final de su mandato (1961–1970)
Los últimos años de Salazar y el golpe cerebral
A medida que avanzaba la década de 1960, el régimen de Salazar comenzó a mostrar signos de desgaste. La situación internacional y los desafíos internos aumentaron la presión sobre el régimen autoritario, mientras que la salud de Salazar se deterioraba. En 1961, Salazar asumió nuevamente la cartera de Defensa para enfrentar los levantamientos en sus colonias africanas, especialmente en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau, donde los movimientos de independencia adquirían fuerza. Salazar se mostró inflexible en su política de mantener el control sobre las colonias, lo que lo enfrentó a una creciente presión internacional.
Sin embargo, la salud de Salazar comenzó a fallar de forma dramática. En septiembre de 1968, sufrió un derrame cerebral que lo dejó incapacitado para continuar con sus funciones. Durante los meses siguientes, Salazar fue hospitalizado, y aunque se mantuvo en la presidencia del Consejo de Ministros, su influencia en la toma de decisiones era nula. Su reemplazo formal fue Marcelo Caetano, un hombre de su confianza, quien asumió el liderazgo del gobierno en octubre de 1968, aunque el régimen seguía bajo la misma estructura autoritaria del Estado Novo.
A pesar de su incapacidad para ejercer, Salazar siguió siendo un símbolo del régimen, y muchos de sus seguidores continuaron defendiendo su legado como el último bastión contra el comunismo y la desestabilización social. Salazar murió en su casa de Lisboa el 27 de julio de 1970, tras una larga y agónica enfermedad, poniendo fin a una era que había durado casi cuatro décadas.
El legado del Estado Novo tras su salida del poder
La muerte de Salazar no significó de inmediato el fin del régimen. Aunque Marcelo Caetano asumió el poder, continuó gobernando bajo los mismos principios autoritarios que Salazar había establecido. El Estado Novo seguía vigente, con sus políticas corporativas, su control de la sociedad mediante la censura y la represión política, y su enfoque en la estabilidad económica a costa de las libertades individuales.
Sin embargo, el mundo había cambiado desde los días de la Segunda Guerra Mundial. En la década de 1970, la presión internacional sobre los regímenes autoritarios en Europa y el Tercer Mundo aumentaba. Las colonias portuguesas en África estaban al borde de la independencia, y la Revolución de los Claveles, que ocurrió en 1974, fue la culminación de un largo proceso de tensiones internas y externas que llevó al colapso final del Estado Novo.
El 25 de abril de 1974, un grupo de oficiales jóvenes del ejército portugués, apoyados por una gran parte de la sociedad civil, llevó a cabo un golpe de Estado pacífico conocido como la Revolución de los Claveles. Este levantamiento puso fin a casi 50 años de dictadura, derribando a Marcelo Caetano y al régimen autoritario. Tras la revolución, Portugal transitó hacia la democracia, con la promulgación de una nueva constitución en 1976.
La Revolución de los Claveles y la caída del régimen
La Revolución de los Claveles no solo representó el fin del régimen de Salazar, sino también el término de un ciclo autoritario en la historia de Portugal. La caída del Estado Novo fue recibida con gran alivio tanto dentro como fuera de Portugal, ya que su dictadura había sido cada vez más aislada en un mundo que se movía hacia la democracia y la autodeterminación de los pueblos. La Revolución de los Claveles simbolizó un cambio radical, no solo político, sino también social y económico, marcando el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de Portugal.
Aunque el legado de Salazar sigue siendo controvertido en la memoria colectiva del país, su figura continúa siendo un referente en debates sobre el autoritarismo y la democracia en Portugal. Para muchos, el régimen de Salazar proporcionó estabilidad económica y orden social, pero a costa de las libertades políticas y la represión de la oposición. En la historiografía portuguesa, la figura de Salazar es vista de manera ambigua: como un hombre de gran capacidad administrativa, pero también como el arquitecto de un régimen que limitó las libertades fundamentales y persiguió a aquellos que se oponían a su visión autoritaria.
Reflexión sobre su legado
El impacto de Salazar y del Estado Novo persiste en Portugal, no solo a nivel histórico, sino también en la política contemporánea. Si bien la democracia portuguesa, consolidada después de la Revolución de los Claveles, ha permitido un desarrollo económico y político significativo, los ecos del régimen de Salazar todavía resuenan en algunos sectores de la sociedad portuguesa, que lo recuerdan como un símbolo de orden frente a los tumultuosos años que precedieron a su ascenso al poder.
Hoy en día, Salazar es una figura controvertida. Para algunos, sigue siendo una figura respetada por haber sacado a Portugal de la crisis económica y haber mantenido la estabilidad en un periodo de grandes tensiones internacionales. Para otros, su legado está marcado por la represión, la falta de libertades políticas y la negación de los derechos humanos. Esta ambigüedad en su figura refleja el complejo proceso histórico de Portugal durante el siglo XX, un país que transitó desde un régimen autoritario a una democracia moderna, dejando atrás un legado que aún sigue siendo tema de debate y análisis.
MCN Biografías, 2025. "António de Oliveira Salazar (1889–1970): El Arquitecto del Estado Novo y su Legado Autoritario". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/salazar-antonio-de-oliveira [consulta: 3 de febrero de 2026].
