Fernando de la Rúa (1937–2019): Un líder radical en tiempos de crisis

Contexto histórico y social de Argentina en la década de 1930-40

La Argentina de la primera mitad del siglo XX estaba marcada por una agitada alternancia de gobiernos democráticos y golpes militares. En este contexto, en una nación que vivía entre la consolidación de la industrialización y la dependencia de los mercados internacionales, Fernando de la Rúa nació el 15 de septiembre de 1937, en Córdoba, en un país que aún sufría las consecuencias del golpe de Estado de 1930. En esos años, Argentina transitaba por una serie de transformaciones políticas, sociales y económicas que definirían la vida de muchas de sus figuras más destacadas.

El ascenso del peronismo y la prolongada influencia de figuras como Juan Domingo Perón serían la sombra que marcaría muchas de las decisiones políticas de De la Rúa. Argentina vivió en esos años la alternancia entre gobiernos democráticos y dictaduras militares, lo que implicaba un clima de inestabilidad política que influyó profundamente en la ideología de los líderes políticos de la época.

Córdoba, su ciudad natal, jugó un papel clave en su formación. Ciudad de marcado acento conservador en aquellos años, se configuró como el centro de su vida intelectual y académica. La Universidad Nacional de Córdoba, una de las más prestigiosas del país, fue el lugar donde De la Rúa forjó su pasión por la política y el derecho.

Infancia y educación en Córdoba

De la Rúa provenía de una familia tradicional y conservadora, que le inculcó una profunda formación en valores como el esfuerzo, la disciplina y la importancia del estudio. La familia Rúa, aunque no aristocrática, estaba inserta en la clase media argentina de la época, un segmento clave para el desarrollo de su vida política.

Desde pequeño, Fernando mostró una inclinación por la lectura y el análisis político. Cursó sus estudios secundarios en el Liceo General Paz de Córdoba, una institución que fue un pilar fundamental en su desarrollo académico. No era un alumno cualquiera, sino que sobresalió por su disciplina y rendimiento, lo que lo llevó a ser reconocido entre sus compañeros y profesores.

Una vez concluida la secundaria, De la Rúa continuó su formación en la Universidad Nacional de Córdoba, donde estudió Derecho. A los 21 años, se graduó con medalla de oro, lo que no solo lo distinguió académicamente, sino que también lo posicionó como un futuro líder político dentro del marco de la Unión Cívica Radical (UCR). En esa misma universidad, realizó su tesis doctoral titulada «Recurso de Casación en el Derecho Positivo Argentino», lo que consolidó su reputación como un pensador jurídico de alto nivel. Esta formación le permitió entender las complejidades del sistema legal argentino, pero también le otorgó las bases para abordar las dificultades políticas y sociales del país.

Primeras influencias políticas y académicas

El perfil político de De la Rúa comenzó a moldearse durante su juventud. En 1963, a los 26 años, se trasladó a Buenos Aires con el propósito de involucrarse más activamente en la vida política nacional. En ese momento, el país atravesaba una situación de gran inestabilidad, con un gobierno presidido por Arturo Illia, que a pesar de su corta gestión, dejó una huella en la política argentina por su orientación democrática y reformista. Fue bajo la administración de Illia que De la Rúa se incorporó al gabinete del Ministerio del Interior, como asesor, iniciando así su carrera en la política activa.

El golpe de Estado que derrocó a Illia en 1966, encabezado por el general Juan Carlos Onganía, no hizo más que profundizar el desarraigo de la política tradicional y abrir paso a un periodo de gobiernos militares. Durante esos años, De la Rúa se mantuvo alejado de la actividad política formal, pero su comprensión de la situación del país fue cada vez más profunda. En este contexto, también comenzó a formar relaciones clave con otros miembros de la UCR, que más tarde se convertirían en sus aliados.

En 1973, con la restauración de la democracia en Argentina, De la Rúa consolidó su posición dentro de la UCR. En esa época, la política argentina vivió un momento de esperanza, pero también de tensiones sociales y económicas. Fue entonces cuando De la Rúa, con el respaldo de figuras clave de la UCR, logró una banca en el Senado por la Capital Federal. Este momento representó un paso crucial en su carrera política, aunque no estuvo exento de dificultades. En las elecciones de ese mismo año, fue candidato a la presidencia junto a Ricardo Balbín, pero no lograron la victoria frente al matrimonio Perón, quienes dominaron la política nacional en ese periodo.

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 truncó muchas de las aspiraciones democráticas de los argentinos, y De la Rúa, al igual que muchos otros, se vio obligado a adaptarse a un contexto de represión política. A pesar de las adversidades, continuó su formación y trabajo académico, realizando estudios y dictando conferencias en universidades de Estados Unidos, México y Venezuela. Fue durante estos años cuando su pensamiento político se enriqueció con la visión internacional y los desafíos de la democracia en América Latina.

Carrera y Desarrollo Político

Primeros pasos en la UCR y su lucha por la presidencia

A medida que avanzaba la década de los años 70, el panorama político de Argentina se tornaba cada vez más polarizado y complejo. Fernando de la Rúa, aunque en un contexto de inestabilidad, nunca abandonó sus aspiraciones de servir a su país desde el ámbito político. La restauración democrática en 1973 le permitió regresar a la arena política, y su vinculación con la Unión Cívica Radical (UCR) fue más firme que nunca.

A través del respaldo del líder radical Facundo Suárez, De la Rúa consiguió una banca en el Senado, representando a la Capital Federal. Aunque el golpe de Estado de 1976 truncó temporalmente su carrera política, su nombre ya comenzaba a resonar dentro del radicalismo como un joven político preparado y con grandes aspiraciones. Durante los años más oscuros de la dictadura, De la Rúa se distanció de la política activa, pero continuó formando su pensamiento y su enfoque acerca de los problemas sociales, económicos y políticos que asolaban a su país.

Con la vuelta de la democracia en 1983, De la Rúa se sumó al proceso de reconstrucción política del país. A pesar de que el liderazgo de la UCR fue asumido por Raúl Alfonsín, De la Rúa emergió como uno de los pilares de la UCR, buscando siempre la unidad del partido. En ese sentido, De la Rúa trabajó incansablemente para consolidarse como una de las figuras centrales del radicalismo. En 1983, se presentó a las elecciones internas del partido para ser el candidato presidencial, pero fue derrotado por Alfonsín, quien fue finalmente elegido presidente de Argentina.

Sin embargo, su derrota no mermó su influencia en el partido. En las legislativas de 1983, De la Rúa recuperó su escaño en el Senado, logrando una destacada victoria con el 62 por ciento de los votos, lo que consolidó su imagen como uno de los dirigentes más importantes de la UCR. Esta victoria no solo le permitió mantener su presencia política, sino también ganar protagonismo frente a otros líderes de la UCR.

Crisis y transición: la democracia argentina en los años 70 y 80

Durante los años 80, Argentina atravesó una serie de desafíos económicos y sociales. La hiperinflación, la deuda externa y la inseguridad social afectaron profundamente al país, y los gobiernos democráticos no lograron encontrar soluciones definitivas. En este contexto, la figura de Fernando de la Rúa fue evolucionando. Si bien su presencia en el Senado y su trabajo dentro de la UCR fueron clave, la crisis interna del partido y las tensiones con el liderazgo de Alfonsín fueron aspectos que marcaron estos años.

En 1986, De la Rúa votó a favor de la controversial «Ley de Punto Final», que concedió un plazo de 60 días para denunciar a los responsables de violaciones de derechos humanos ocurridas durante la dictadura. Esta decisión, aunque dentro del marco legal, resultó controversial y representó una de las primeras grietas visibles entre De la Rúa y algunos sectores del radicalismo más duro. A pesar de ello, su posicionamiento en temas fundamentales como los derechos humanos y la justicia social se fue consolidando.

En los años posteriores, a pesar de que las elecciones presidenciales de 1989 y 1991 se presentaron como nuevas oportunidades para el radicalismo, el peronismo y la UCR no lograron acuerdos políticos, lo que dificultó el ascenso de De la Rúa. A mediados de la década de los 90, cuando parecía que el radicalismo perdía terreno ante el dominio del peronismo de Carlos Menem, De la Rúa se distanció de las alianzas que algunos sectores de la UCR mantenían con el gobierno de Menem, especialmente en relación con la reforma constitucional.

El salto a la alcaldía de Buenos Aires y la construcción de la Alianza

En 1995, el radicalismo sufrió una de sus peores derrotas electorales en la historia del partido. La UCR, debilitada por las divisiones internas, no logró posicionarse como una fuerza política dominante. Sin embargo, en ese mismo año, De la Rúa decidió dar un paso decisivo al asumir la candidatura para la Alcaldía de Buenos Aires, un cargo que, hasta entonces, estaba en manos del presidente de la Nación. De la Rúa fue elegido como el primer jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires en los comicios directos de 1996.

Como alcalde, Fernando de la Rúa implementó una serie de reformas que modernizaron la administración y la infraestructura de la ciudad, lo que le otorgó gran popularidad en la capital del país. Su gestión fue considerada efectiva, con un enfoque en mejorar la calidad de vida urbana y en enfrentar problemas como la seguridad y el transporte.

Gracias a su éxito como alcalde, De la Rúa se perfiló como el candidato presidencial de la UCR para las elecciones de 1999. Su popularidad en Buenos Aires le dio un fuerte respaldo, y en 1997, comenzó a formar una coalición con el FREPASO, creando la «Alianza», una coalición de centro-izquierda que buscaba derrotar al peronismo. De la Rúa, con su figura moderada y sus promesas de estabilidad económica, se presentó como una alternativa al gobierno de Menem, que ya se encontraba en sus últimos años de mandato.

En 1998, con el apoyo de la Alianza, De la Rúa fue proclamado candidato presidencial por su partido. Durante esa campaña, enfatizó su compromiso con la lucha contra la corrupción, el desempleo y las injusticias sociales. En un ambiente de creciente desilusión con el liderazgo de Menem, De la Rúa parecía la figura adecuada para devolver la estabilidad y la justicia al país.

Presidencia y Legado

El gobierno de Fernando de la Rúa: esperanzas y frustraciones

Cuando Fernando de la Rúa asumió la presidencia de Argentina el 10 de diciembre de 1999, su llegada al poder fue recibida con grandes expectativas tanto dentro como fuera del país. Después de casi una década de gobiernos peronistas bajo Carlos Menem, De la Rúa representaba un cambio, una promesa de renovación que recuperaría la moral política y enfrentaría de manera efectiva la creciente crisis económica que afectaba al país. Para muchos argentinos, De la Rúa era la esperanza de una gestión equilibrada, comprometida con la democracia y con un enfoque en la justicia social.

Uno de los principales pilares de su gobierno fue el mantenimiento de la estabilidad económica, lograda a través del «Plan de Convertibilidad» que Menem había instaurado, el cual ataba el peso argentino al dólar estadounidense. Sin embargo, De la Rúa heredó una situación económica extremadamente difícil: una deuda externa que seguía creciendo, una inflación controlada pero una recesión persistente y una pobreza que afectaba a una porción significativa de la población.

A pesar de los esfuerzos por mantener la estabilidad económica, la situación comenzó a desmoronarse durante su primer año en el poder. La creciente deuda externa, junto con la falta de reformas estructurales y una profunda desconfianza en las instituciones políticas, pusieron a De la Rúa ante un dilema imposible: resolver la crisis sin perder la estabilidad. La situación se volvió aún más compleja con la designación de Domingo Cavallo como ministro de Economía, quien fue un motor del crecimiento durante el gobierno de Menem, pero que se encontraba ahora ante un panorama mucho más difícil.

Cavallo implementó una serie de medidas que buscaban estabilizar la economía, pero los resultados fueron contraproducentes. A medida que la deuda externa aumentaba y el déficit fiscal se agudizaba, la confianza en la administración de De la Rúa comenzó a disminuir. La protesta social creció, especialmente entre los sectores más vulnerables de la población, que veían cómo la crisis económica se traducía en pobreza y desempleo.

La crisis económica y la protesta social

El año 2001 marcó el colapso definitivo de la economía argentina. A medida que la crisis se profundizaba, se produjo una serie de huelgas y protestas que reflejaban el descontento generalizado con la situación. La presión social aumentó, y las manifestaciones se multiplicaron por todo el país. En ese contexto, el gobierno de De la Rúa intentó implementar medidas de ajuste económico para evitar la quiebra, pero estas solo agudizaron las tensiones.

Uno de los momentos más críticos de su mandato fue el 13 de diciembre de 2001, cuando una nueva serie de restricciones bancarias fue impuesta por el gobierno de Cavallo. Estas medidas, conocidas como el «corralito», limitaban el acceso de los ciudadanos a sus propios ahorros y generaron una ola de indignación generalizada. La reacción de la sociedad fue inmediata: manifestaciones masivas, cacerolazos y protestas en las calles, que culminaron en una jornada de huelga general el 13 de diciembre.

El clima de violencia y desorden en las calles fue creciendo. A medida que las protestas se intensificaban, el descontrol sobre la situación social llevó a De la Rúa a declarar el estado de sitio. Sin embargo, las medidas fueron percibidas como una muestra de impotencia, y la administración de De la Rúa se fue desmoronando. La incapacidad de responder a las demandas populares, sumada a la creciente presión de los mercados internacionales, precipitó la caída de su gobierno.

La caída de su gobierno y dimisión

El 19 de diciembre de 2001, la crisis llegó a su punto álgido. En ese día, miles de personas salieron a las calles para protestar por el hambre, la pobreza y la falta de respuestas del gobierno. Los saqueos de supermercados y tiendas fueron masivos, y la situación se tornó caótica. Ante la imposibilidad de controlar los disturbios, De la Rúa se vio obligado a decretar nuevamente el estado de sitio, pero la situación ya estaba fuera de control.

El 20 de diciembre, De la Rúa presentó su dimisión. En uno de los momentos más simbólicos de su presidencia, abandonó la Casa Rosada en helicóptero, una imagen que se convirtió en un símbolo de su caída y del colapso de su gobierno. Su dimisión se produjo después de que el peronismo, que había sido su principal rival político durante todo su mandato, se negara a formar un gobierno de unidad nacional y exigiera la convocatoria de elecciones anticipadas. En su lugar, el presidente del Senado, Ramón Puerta, asumió de manera provisional la presidencia.

La salida abrupta de De la Rúa dejó un vacío de poder en un país sumido en el caos. Su gestión, que había comenzado con promesas de cambio y renovación, terminó marcada por el fracaso económico y político. La crisis dejó una huella indeleble en la historia de Argentina, y su caída se interpretó como el fin de una etapa de estabilidad relativa que había caracterizado la década menemista.

Repercusiones y juicio posterior

Después de su salida de la Casa Rosada, De la Rúa fue objeto de duras críticas por parte de la ciudadanía y de la clase política. La crisis económica, la pérdida de empleo, la devaluación del peso y la creciente pobreza fueron algunos de los temas que marcaron la opinión pública en relación con su gobierno. En los años posteriores, se le inició un proceso judicial por malversación de caudales públicos, debido a las decisiones tomadas durante la crisis económica.

En 2004, la justicia argentina embargó sus bienes como medida cautelar en relación con el juicio que enfrentaba. Aunque nunca fue condenado, el escándalo por la gestión económica de su gobierno dejó una mancha en su carrera política. Sin embargo, su legado también incluye su lucha por la democracia en tiempos difíciles, así como su incansable trabajo por mantener a la UCR como una de las principales fuerzas políticas de Argentina.

Reflexión final

Fernando de la Rúa es un personaje central en la historia reciente de Argentina. Su carrera, marcada por momentos de gloria y fracasos estrepitosos, refleja las complejidades y contradicciones de la política argentina en el siglo XX. Aunque su presidencia terminó de manera dramática, su figura sigue siendo estudiada y discutida como un ejemplo de la fragilidad de la democracia y la economía en tiempos de crisis.

En retrospectiva, De la Rúa encarnó la esperanza de muchos argentinos por un gobierno que priorizara la justicia social y la estabilidad económica, pero su mandato también mostró la difícil tarea de gobernar en una nación profundamente marcada por las crisis recurrentes. Su legado es una lección sobre las tensiones entre el idealismo político y las realidades económicas, así como el impacto que pueden tener las decisiones gubernamentales en la vida de las personas.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Fernando de la Rúa (1937–2019): Un líder radical en tiempos de crisis". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/rua-fernando-de-la [consulta: 24 de febrero de 2026].