Ricardo Balbín (1904–1981): Un Líder Radical de Transformaciones y Desafíos en la Política Argentina
Orígenes y Formación
Ricardo Balbín nació en un momento crucial para la historia de Argentina. La nación estaba viviendo una etapa marcada por intensos cambios políticos y sociales. En los primeros años del siglo XX, la Argentina experimentaba una rápida modernización impulsada por una economía basada en la exportación de materias primas, pero también sufría las tensiones propias de un país que se consolidaba como nación. Durante la década de 1910, las grandes luchas políticas, como la pugna entre los sectores conservadores y liberales, y las fuertes movilizaciones sociales, sentaron las bases de los movimientos que más tarde impulsarían a personajes como Balbín.
La política argentina era dominada por las elites conservadoras, pero el pueblo, especialmente en las ciudades, comenzó a demandar una participación más activa en los asuntos nacionales. En este contexto, la Unión Cívica Radical (UCR) se consolidó como el principal partido de oposición al régimen conservador, reclamando más democracia y el fin del fraude electoral. Fue en este clima de efervescencia política donde Balbín comenzó a desarrollar su vocación y participación en la política.
Orígenes familiares y primeros años en Ensenada
Ricardo Balbín nació el 29 de agosto de 1904 en Ensenada, un pequeño pero importante puerto en la provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de clase media. Su padre, trabajador ferroviario, y su madre, ama de casa, pertenecían a la clase obrera, pero su hogar estaba influenciado por una tradición de respeto por la educación y la cultura. Desde joven, Balbín mostró una destacada inclinación hacia el estudio y las ciencias sociales, lo que lo llevó a buscar un camino académico y político.
La figura paterna, profundamente comprometida con la justicia social, fue un pilar fundamental en su vida. Aunque la familia no contaba con grandes recursos, la pasión por la lectura y la preocupación por el destino social del país fueron elementos que marcaron a Balbín desde su infancia. Este trasfondo influyó decisivamente en su visión política, vinculada al radicalismo, pero también a una perspectiva más profunda sobre las desigualdades de la sociedad argentina.
Formación académica y primeros intereses políticos
En 1926, Balbín se graduó en Derecho en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Su formación académica fue fundamental no solo para su carrera política, sino también para su carácter como pensador y líder radical. A pesar de que el país vivía una etapa marcada por la inestabilidad política y los golpes de Estado, la Universidad de Buenos Aires se mantenía como un bastión de pensamiento libre y democrático. En este ambiente, Balbín desarrolló una profunda comprensión de la política y del Estado.
Su orientación hacia la política radical fue inmediata. Balbín no solo se interesó por la teoría política, sino que comenzó a involucrarse activamente en la UCR, organización que lideraba la oposición a los gobiernos conservadores. Desde sus primeros años en la universidad, Balbín mostró una actitud combativa contra el fraude electoral y las maniobras de las élites para manipular el poder. En 1926, ya estaba completamente integrado en la UCR, y al mismo tiempo, se distinguió como un joven líder de gran proyección.
Primeros pasos en la UCR y la política local
En 1930, a solo cuatro años de haberse graduado, Balbín asumió un cargo importante como presidente de la sección primera de la ciudad de La Plata, su ciudad natal. Sin embargo, este fue solo el primer paso en una larga carrera política que sería interrumpida por las circunstancias históricas de la época.
En ese mismo año, Argentina sufrió un golpe de Estado encabezado por el general José Félix Uriburu, que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen, líder de la UCR. El golpe truncó la vida política de Balbín, quien había sido electo como diputado provincial en las elecciones de 1930, pero no pudo asumir su cargo debido a la anulación de las elecciones. La UCR fue rápidamente proscripta, lo que llevó al partido a declarar la abstención electoral bajo la conducción de Marcelo T. de Alvear. Sin embargo, este evento no apagó la vocación de Balbín por la política, sino que lo consolidó como un luchador contra las dictaduras y las injusticias sociales que dominaban la Argentina de ese tiempo.
La situación política nacional fue un reto constante para Balbín, pero también lo impulsó a consolidar su pensamiento político, el cual siempre estuvo centrado en la necesidad de una democracia plena y participativa, en la que los derechos y libertades fueran inquebrantables. Aunque el camino no fue fácil, su espíritu de lucha lo posicionó rápidamente como un líder destacado dentro de la UCR, estableciendo relaciones con otros miembros de la política argentina que más tarde jugarían un papel importante en su carrera.
Carrera política y desafíos del radicalismo
El rol de Balbín en la política de los años 30 y 40
A medida que avanzaba la década de 1930, la situación política en Argentina se volvía cada vez más inestable. El golpe de Estado de 1930 no solo trajo consigo la suspensión de las garantías democráticas, sino que también dio lugar a una feroz persecución contra la UCR, cuyo liderazgo, encabezado por Yrigoyen, se vio desplazado. Ante esta situación, Balbín comenzó a afianzarse en su lucha dentro del partido, el cual pasaba por una profunda crisis de identidad y organización. En 1935, con el levantamiento de la abstención electoral, la UCR se reorganizó, y Balbín asumió el cargo de apoderado del partido.
Fue en esta etapa en que comenzó a posicionarse como un defensor de una UCR más pura, libre de alianzas con sectores conservadores, y se mostró crítico con las posturas moderadas de otros líderes radicales. En 1942, Balbín fue uno de los fundadores del Movimiento Intransigente y Revisionista (MIR), un movimiento interno dentro de la UCR que buscaba una renovación ideológica. Este grupo se oponía a la alianza entre la UCR y la Unión Democrática, formada en 1945, y su principal objetivo era mantener la radicalidad del partido, sin caer en compromisos con otros sectores que habían alineado a la UCR con el peronismo.
En las elecciones de 1946, la UCR presentó una fuerte oposición a la fórmula peronista, pero Balbín y otros miembros del MIR vieron la necesidad de una estrategia que no dependiera de la guerra política directa, sino de una batalla desde las instituciones. En este contexto, Balbín logró ingresar a la Cámara de Diputados, donde se convirtió en una figura clave del bloque radical, que incluía figuras como Arturo Frondizi, quien más tarde sería presidente de la nación.
El ascenso y la caída: su paso por la Cámara de Diputados
En 1946, Balbín asumió su cargo en la Cámara de Diputados, con la intención de usar el poder legislativo para desafiar el auge del peronismo y su modelo de gobierno. Sin embargo, la relación con el peronismo no fue fácil, y en 1949, Balbín fue expulsado de la Cámara debido a su férrea oposición al gobierno de Juan Domingo Perón. Durante este periodo, Balbín se destacó como un firme defensor de las instituciones democráticas y de la independencia del poder legislativo, algo que lo hizo muy popular entre los sectores más conservadores y moderados dentro de la UCR.
En 1951, Balbín fue indultado, lo que le permitió regresar a la política activa. Ese mismo año, se presentó nuevamente como candidato presidencial de la UCR, en fórmula con Arturo Frondizi, pero fue derrotado por el peronismo en las elecciones. A pesar de esta derrota, la UCR comenzó a ganar terreno internamente, especialmente con el avance del MIR, que se mostró como un grupo capaz de organizar al radicalismo sin ceder ante las presiones externas.
El conflicto interno y la ruptura con Frondizi
En 1954, Balbín y otros miembros del MIR lograron tomar la conducción del partido, imponiendo una línea política que rechazaba la alianza con el peronismo y que proponía una oposición más dura a las políticas del gobierno. A pesar de este éxito, Balbín se vio rápidamente enfrentado a las diferencias internas con figuras como Arturo Frondizi, quien adoptaba una postura más flexible y pragmática respecto al peronismo.
La división en la UCR fue palpable durante la Revolución Libertadora, el golpe militar de 1955 que derrocó a Perón. Mientras Balbín se alineaba con los sectores más radicales y antiperonistas, Frondizi comenzó a abogar por una estrategia de diálogo con el peronismo, lo que llevó a la fractura definitiva en el partido. Esta disputa interna llevó a la formación de dos grandes facciones dentro de la UCR: la UCR del Pueblo (UCRP), encabezada por Balbín, y la UCR Intransigente (UCRI), dirigida por Frondizi.
La Revolución Libertadora no solo significó un golpe para el peronismo, sino también para la estabilidad de la UCR. El periodo posterior estuvo marcado por una fuerte tensión interna, y la capacidad de Balbín para mantenerse como líder de la UCRP fue puesta a prueba constantemente. A pesar de las derrotas electorales y las tensiones dentro de su propio partido, Balbín logró mantener una figura de autoridad dentro del radicalismo, que lo consolidó como uno de los pilares de la política argentina.
La Revolución Libertadora y la proscripción del peronismo
El golpe de 1955 fue un punto de inflexión para Balbín, quien, a pesar de su postura antiperonista, reconoció la necesidad de una solución política que trascendiera la confrontación con el peronismo. En este contexto, Balbín se mostró como un político pragmático, dispuesto a buscar una solución para la estabilidad de las instituciones democráticas, pero sin abandonar su lucha contra la proscripción de su partido y las prácticas autoritarias de la dictadura.
A pesar de las presiones internas de su propio partido, Balbín se alineó con el gobierno de Pedro Eugenio Aramburu, quien había asumido la presidencia tras el golpe. En este periodo, Balbín trató de alcanzar un acuerdo con los sectores más moderados dentro de la UCR, mientras que mantenía un rechazo firme hacia el peronismo. No obstante, las estrategias políticas de Balbín no fueron suficientes para evitar los golpes electorales que su sector sufría, y la división interna del partido radical continuó intensificándose.
Los años de la dictadura y su legado
La etapa de la UCR en la década de 1960
Durante la década de 1960, la UCR vivió una etapa de gran agitación interna, en la cual Balbín jugó un papel crucial. La llegada de Arturo Illia a la presidencia en 1963, bajo el apoyo de la UCRP, representó un giro significativo en la política argentina. Sin embargo, la administración de Illia, marcada por su moderación y su propuesta de políticas progresistas, no fue del todo bien recibida por todos los sectores dentro de la UCR, especialmente aquellos más cercanos a Balbín, que eran más conservadores.
A pesar de este desencanto con la administración de Illia, Balbín no se alejó del escenario político y mantuvo una fuerte influencia dentro de su partido. En 1963, apoyó la fórmula presidencial de la UCRP, aunque su figura comenzó a distanciarse de los resultados de las políticas de Illia. Este distanciamiento se hizo más evidente en 1965, cuando la UCRP sufrió una derrota en las elecciones legislativas ante el peronismo, y Balbín fue responsabilizado por muchos de los fracasos electorales de la UCRP.
A lo largo de los años 60, Balbín intentó encontrar un equilibrio entre la tradición radical y las demandas de modernización que la sociedad argentina requería. No obstante, las diferencias internas en la UCR sobre la postura frente al peronismo continuaron minando las posibilidades de éxito del partido. En 1966, la situación se tornó aún más compleja con el golpe militar que derrocó a Illia, la denominada Revolución Argentina, encabezada por el general Juan Carlos Onganía.
El golpe de 1966 y la respuesta del radicalismo
El golpe militar de 1966 representó otro punto crítico en la vida política de Balbín. Durante el gobierno de facto de Onganía, el país vivió una serie de represiones y congelamientos de las actividades políticas. Sin embargo, Balbín, a pesar de las tensiones internas y las diferencias ideológicas dentro de la UCRP, logró mantenerse como líder del partido y continuó con su postura de rechazo a los regímenes militares.
En este contexto, Balbín y la UCRP se encontraron en una encrucijada: seguir resistiendo las dictaduras militares o adaptar su discurso a las nuevas realidades políticas del país. Mientras que algunos sectores radicales optaban por un enfoque más flexible hacia el régimen militar, Balbín se mantuvo fiel a su idea de una democracia plena, basada en el respeto a las libertades civiles y los derechos humanos. Esto lo llevó a formar parte de varias iniciativas, como la «Hora del Pueblo», una coalición política que intentaba unir a diversos sectores de la oposición para luchar contra la dictadura.
Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, las condiciones del país se volvieron cada vez más difíciles. La dictadura de Onganía se consolidó, y Balbín, junto con otros líderes de la oposición, vio cómo las perspectivas de democracia en Argentina se desvanecían en medio de la represión.
La “Hora del Pueblo” y la reconciliación con el peronismo
En 1970, en un momento de creciente descontento con la dictadura y la falta de avances democráticos, Balbín comenzó a buscar una posible reconciliación con el peronismo. A pesar de sus diferencias políticas, entendió que la unidad de los sectores democráticos era fundamental para enfrentar la dictadura. Fue entonces cuando nació la “Hora del Pueblo”, una coalición política que aglutinaba a distintas fuerzas, incluido el peronismo, para oponerse a la dictadura y luchar por la restauración de la democracia.
Este proceso de acercamiento entre los sectores políticos moderados y peronistas fue clave en la transición hacia la democracia en los años siguientes. Balbín jugó un rol fundamental en este proceso, buscando una solución política que permitiera la reincorporación del peronismo al sistema democrático sin comprometer los principios radicales.
Durante los últimos años de su vida, Balbín se dedicó a consolidar esta unidad política, mientras enfrentaba los desafíos internos de la UCR y la creciente influencia de figuras más jóvenes dentro del partido, como Raúl Alfonsín, quien comenzaba a forjar su propio camino dentro del radicalismo. A pesar de la presión interna, Balbín se mantuvo fiel a su compromiso con la democracia y la reconciliación nacional.
El legado de Balbín y la transición hacia la democracia
Ricardo Balbín falleció en 1981, un momento de profunda crisis política y social para Argentina. Su muerte se produjo en una época en que el país ya estaba cerca de una transición democrática, que se concretaría con la elección de Raúl Alfonsín como presidente en 1983. Aunque Balbín no vivió para ver la restauración democrática, su legado como defensor de la democracia, de los derechos humanos y de la unidad nacional fue fundamental para la consolidación de la democracia en Argentina.
A lo largo de su carrera, Balbín demostró ser un líder que, a pesar de las dificultades y las divisiones internas en su propio partido, mantuvo un firme compromiso con los principios democráticos. Su capacidad para construir alianzas, incluso con sectores con los que inicialmente había tenido fuertes diferencias, y su persistente lucha por la democracia y la justicia social lo consolidaron como una de las figuras más relevantes de la política argentina del siglo XX.
Balbín fue, sin duda, una figura crucial en la historia del radicalismo argentino, no solo por sus contribuciones políticas, sino también por su capacidad para adaptarse a las circunstancias cambiantes sin renunciar a sus principios fundamentales. Su vida y legado siguen siendo una referencia para las generaciones posteriores de políticos y ciudadanos argentinos comprometidos con la democracia y el bienestar social.
MCN Biografías, 2025. "Ricardo Balbín (1904–1981): Un Líder Radical de Transformaciones y Desafíos en la Política Argentina". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/balbin-ricardo [consulta: 24 de febrero de 2026].
