Enrique Prat de la Riba i Sarrà (1870–1917): El Arquitecto del Catalanismo Político

Orígenes y Formación

Enrique Prat de la Riba i Sarrà nació el 29 de noviembre de 1870 en Castellterçol, un pequeño pueblo de la provincia de Barcelona. Proveniente de una familia de la burguesía rural catalana, su entorno familiar influyó profundamente en su visión del mundo y su desarrollo intelectual. La familia de Prat de la Riba, con su enfoque en la educación y la cultura, fue un pilar fundamental en su formación inicial, impulsándolo a interesarse por el patrimonio histórico y cultural de Cataluña.

Su educación comenzó en el mismo pueblo natal, donde cursó la educación primaria, y continuó en Barcelona, donde completó el bachillerato en 1881. Su deseo de profundizar en el conocimiento lo llevó a estudiar Derecho en la Universidad de Barcelona. Allí, se destacó por su capacidad intelectual, y en 1893, obtuvo su licenciatura en Derecho. A lo largo de sus estudios, se mostró especialmente interesado en las cuestiones legales que afectaban a Cataluña y en las ideas que fomentaban la identidad catalana. En 1894, presentó su tesis, La ley jurídica de la industria, en la Universidad Central de Madrid, una obra que defendía la industria como un pilar fundamental en el desarrollo económico y político de una nación.

Durante sus años de formación, Prat de la Riba comenzó a familiarizarse con la literatura catalana, especialmente la medieval y la del siglo XIX. Este interés por la literatura y la historia catalanas se convertiría en una constante a lo largo de su vida, marcando su orientación hacia el catalanismo y la defensa de la identidad nacional de Cataluña.

Inicios en el Catalanismo

El camino hacia el catalanismo de Prat de la Riba comenzó en su juventud, influenciado por los movimientos sociales y culturales que en ese momento florecían en Cataluña. En 1887, a la edad de 17 años, se unió al Centre Escolar Catalanista, una de las primeras organizaciones que promovía el renacer cultural y político de Cataluña. Esta institución, presidida por figuras como el poeta Jacint Verdaguer y el escritor Àngel Guimerà, se convirtió en un espacio fundamental para el desarrollo del pensamiento catalanista. Prat de la Riba, que desde el principio destacó por su participación activa, llegó a presidirla entre 1890 y 1891, consolidando su lugar como uno de los principales defensores del catalanismo en el ámbito educativo.

A través de su trabajo en el Centre Escolar Catalanista, Prat de la Riba comenzó a difundir ideas que marcarían su carrera política y filosófica. En 1890, pronunció un discurso titulado La nació com a subjecte de Dret natural («La nación como sujeto de Derecho natural»), en el que defendió la existencia de una nación catalana que debía ser reconocida y respetada como tal en el ámbito jurídico y político. En sus estudios y publicaciones, profundizó en la historia de Cataluña, en sus instituciones y en los derechos que consideraba fundamentales para el pueblo catalán.

En 1891, Prat de la Riba se unió a la Unió Catalanista, una organización que jugó un papel decisivo en la elaboración de las Bases de Manresa en 1892. Las Bases de Manresa eran un conjunto de propuestas para reformar el sistema político de España, pidiendo una mayor autonomía para Cataluña y un reconocimiento de su identidad como nación dentro del Estado español. Esta organización se convirtió en un pilar en la lucha por los derechos de los catalanes, y Prat de la Riba desempeñó un papel clave en su estructura y en la redacción de sus principios.

Uno de los primeros logros significativos de Prat de la Riba en este periodo fue la publicación de su obra Compendi de la doctrina catalanista (1893), escrita en colaboración con Pere Muntanyola. En este trabajo, presentó una definición más clara del concepto de «nacionalidad catalana», que iba más allá de una simple visión cultural del catalanismo. Esta obra, que fue premiada por el Centre Català de Sabadell, se convirtió en uno de los textos fundamentales para el movimiento catalanista, ofreciendo una base teórica sólida para sus postulados.

Prat de la Riba también intervino en el debate público sobre la lengua catalana. En 1896, defendió la consideración del catalán como lengua oficial en una polémica con el escritor Leopoldo Alas «Clarín». Esta confrontación subrayó la importancia de la lengua como símbolo de la identidad nacional y fue un hito en la lucha por la dignificación del catalán en el ámbito intelectual y político.

Compromiso con la Cultura y la Identidad Catalanas

El catalanismo de Prat de la Riba no solo se limitó a la teoría y la política; también tuvo un fuerte componente cultural. A través de diversas publicaciones, entre ellas Revista de Catalunya, La Renaixença y Revista Jurídica de Catalunya, promovió una visión integral de la identidad catalana. En estas revistas, además de tratar cuestiones políticas, se dedicó a la difusión de la cultura catalana en su sentido más amplio, incluyendo la historia, la literatura, el derecho y la lengua. Fue también director de la sección Misceláneas jurídicas de la Revista Jurídica de Catalunya entre 1895 y 1899, lo que le permitió tener un impacto significativo en el ámbito jurídico catalán.

En 1897, Prat de la Riba escribió una nueva obra, El fet de la nacionalitat catalana («El hecho de la nacionalidad catalana»), que consolidó su visión de la «nacionalidad» como un elemento fundamental en la lucha por la autonomía catalana. En este trabajo, argumentó que la nacionalidad no solo debía ser entendida desde un punto de vista cultural, sino también desde una perspectiva política y jurídica.

Durante este período, Prat de la Riba también desarrolló una activa vida pública. Fue elegido secretario del Ateneo Barcelonés en 1896, una institución clave en la vida intelectual y cultural de Barcelona, donde trabajó para integrar a los jóvenes catalanistas en el movimiento. Además, sus intervenciones políticas incluyeron la escritura de Misatge a S.M. Jordi I, el rei dels Helens («Mensaje a S.M. Jorge I, rey de los Helenos») en 1897, un texto que celebraba la independencia de Creta de las manos del Imperio Otomano y que reflejaba el apoyo de Prat de la Riba a los movimientos de liberación en otros territorios.

Este proceso de consolidación de su pensamiento y acción catalanista le permitió, a finales del siglo XIX, posicionarse como uno de los intelectuales más destacados dentro del movimiento que abogaba por una Cataluña más autónoma dentro del contexto español.

Desarrollo Político y Acción Social

A medida que Enrique Prat de la Riba se adentraba en el mundo político, su visión teórica del catalanismo fue ganando cada vez más protagonismo. Si bien en sus primeros años de actividad se dedicó principalmente a la difusión teórica del catalanismo, su frustración con la falta de resultados tangibles lo impulsó hacia la acción política directa. A finales del siglo XIX y principios del XX, la situación de Cataluña bajo el dominio del centralismo español le pareció insostenible. Fue en este contexto que Prat de la Riba ingresó al Centre Nacional Català en 1899, una organización que buscaba aglutinar las fuerzas catalanistas y luchar por la autonomía de Cataluña dentro de un marco legal y político.

En este período, también fue decisiva su relación con el periódico La Veu de Catalunya, que pasó a ser un referente del catalanismo político. A través de este medio, Prat de la Riba logró expandir sus ideas y posicionarse como uno de los líderes del movimiento. La política catalana se estaba moviendo en una dirección más activa y pragmática, y él fue uno de los artífices de esta transición.

La Lliga Regionalista de Catalunya

En 1901, Prat de la Riba fundó la Lliga Regionalista de Catalunya, un partido político que marcaría el paso hacia una organización más formal y estructurada del catalanismo. Este partido abogaba por la descentralización de España y la mayor autonomía de Cataluña. El proyecto fue visto como una respuesta organizada y más institucionalizada al tradicional catalanismo cultural, que a menudo se limitaba a la esfera intelectual y artística. Prat de la Riba no solo aspiraba a que Cataluña fuera reconocida como una nación, sino que también defendía la creación de un sistema político que permitiera a Cataluña gestionar sus propios asuntos, especialmente en los ámbitos de la economía, la educación y la cultura.

En 1902, su trabajo en la Lliga Regionalista le dio notoriedad, aunque no estuvo exento de controversias. Un incidente en particular marcó su vida en este período: la publicación de un artículo en La Veu de Catalunya que criticaba la situación de los campesinos del sur de Francia. Este artículo, que había sido copiado de un diario de Perpiñán, le valió un arresto por varios días. La experiencia en prisión tuvo un impacto negativo en su salud, lo que le obligó a pasar un tiempo en un sanatorio en Durtol (Auvernia, Francia) entre 1904 y 1905. Sin embargo, su tiempo fuera de la vida política no fue largo y, a su regreso, su determinación por luchar por los derechos catalanes solo se incrementó.

Presidencia de la Diputación de Barcelona y la Creación de Instituciones Clave

Prat de la Riba continuó su carrera política a nivel provincial, siendo elegido presidente de la Diputación de Barcelona en 1907. Su trabajo en la Diputación fue fundamental para fomentar la cultura y la identidad catalana a través de diversas instituciones. Entre sus logros más destacados estuvo la creación del Institut d’Estudis Catalans (Instituto de Estudios Catalanes), que tuvo un papel crucial en la fijación de las reglas lingüísticas del catalán entre 1912 y 1913. Esta institución también impulsó una serie de reformas en la enseñanza del catalán, asegurando que la lengua tuviera un espacio reconocido y oficial en la educación y la cultura catalana.

Bajo su liderazgo, la Diputación de Barcelona también promovió la creación de la Biblioteca de Catalunya, una de las principales instituciones para la conservación del patrimonio cultural catalán. Además, Prat de la Riba impulsó proyectos educativos fundamentales, como la creación de escuelas como la Escola d’Administració, la Escola Industrial, la Escola de Mestres y la Escola de Bibliotecàries, entre otras. A través de estas iniciativas, no solo defendió la lengua y cultura catalana, sino que también procuró la modernización y profesionalización de la administración y el sector educativo de Cataluña.

La Mancomunitat de Catalunya

El mayor logro político de Enrique Prat de la Riba fue la creación de la Mancomunitat de Catalunya (Mancomunidad de Cataluña) en 1913. A lo largo de su vida, Prat de la Riba luchó por una Cataluña más unificada y con una mayor autonomía dentro del Estado español, y la Mancomunitat fue la culminación de sus esfuerzos para conseguirlo. La Mancomunitat no solo fue una respuesta a la disgregación del movimiento catalanista que había tenido lugar en años anteriores, sino que también representaba un avance significativo en la autogestión catalana, ya que reunió a las provincias catalanas bajo una administración común.

El camino hacia la creación de la Mancomunitat no estuvo exento de obstáculos. A lo largo de los años, Prat de la Riba y otros líderes catalanistas tuvieron que enfrentar la resistencia del gobierno central y los intereses contrarios a la descentralización. Sin embargo, gracias a la persistencia de Prat de la Riba, la Mancomunitat fue finalmente instituida en 1913, y él asumió su presidencia, cargo que desempeñó hasta su muerte en 1917.

La Mancomunitat permitió a Cataluña avanzar en diversas áreas, como la infraestructura, la educación y la cultura. Además, Prat de la Riba y sus colaboradores intentaron aplicar un sistema de gestión más moderno y eficiente en los ámbitos económico y administrativo, lo que se tradujo en el impulso de proyectos como la construcción de ferrocarriles, caminos, y el establecimiento de un sistema de telefonía y telegrafía más moderno.

Últimos Proyectos y Legado

En sus últimos años, Prat de la Riba continuó trabajando en su visión de un federalismo para España que permitiera a Cataluña no solo obtener más autonomía, sino también integrarse de manera más eficiente en el Estado español. En 1916, publicó un manifiesto titulado Per Catalunya i l’Espanya gran («Por Cataluña y una gran España»), donde propuso un modelo de federalismo para el país. Este manifiesto fue seguido en 1917 por otro, en el que reiteró su propuesta, aunque sus esfuerzos se vieron truncados por su prematura muerte el 1 de agosto de 1917.

Su muerte dejó un vacío en el liderazgo del movimiento catalanista, y aunque su visión no se pudo completar en vida, su legado perduró. El trabajo de Enrique Prat de la Riba como intelectual, político y promotor de la cultura catalana sigue siendo uno de los pilares fundamentales sobre los que se construyó el catalanismo moderno. A través de sus esfuerzos en la creación de la Mancomunitat, la defensa de la lengua y la identidad catalana, y su constante lucha por una Cataluña más autónoma, Prat de la Riba se consolidó como una de las figuras más influyentes en la historia contemporánea de Cataluña.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Enrique Prat de la Riba i Sarrà (1870–1917): El Arquitecto del Catalanismo Político". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/prat-de-la-riba-i-sarra-enrique [consulta: 25 de febrero de 2026].