Juan José Pérez Hernández (¿-1775): Navegante y Descubridor del Noroeste de América

Juan José Pérez Hernández (¿-1775): Navegante y Descubridor del Noroeste de América

Contexto histórico y orígenes

Introducción a Juan Pérez

Juan José Pérez Hernández, conocido simplemente como Juan Pérez, fue un navegante y descubridor español cuya figura ha quedado grabada en la historia de la exploración del Pacífico y la conquista de las costas de California. Aunque los detalles sobre su vida temprana son escasos, su labor en la corona española, especialmente en las expediciones al Noroeste de América, le asegura un lugar destacado en la historia de la navegación y la expansión territorial. Su nombre está particularmente asociado con los primeros contactos de España con el litoral de lo que hoy es California, e incluso más allá, hacia el actual territorio de Alaska. A lo largo de su carrera, Pérez enfrentó los desafíos de la navegación en aguas desconocidas, llevando a cabo expediciones que resultaron fundamentales para la ocupación española del Noroeste de América.

Orígenes y familia

La información acerca de los primeros años de vida de Juan Pérez es sorprendentemente escasa. Se sabe que nació en Palma de Mallorca, una de las ciudades más importantes de las Islas Baleares en España, en una fecha desconocida. Aunque no se tiene certeza sobre su familia, su origen mallorquín es confirmado por las cartas de fray Junípero Serra, quien lo mencionó como un “paisano de la rivera de Palma”. Esta referencia, aunque breve, refleja la cercanía de Pérez con una figura clave en la expansión de la presencia española en América, así como la identidad regional que pudo haber influido en su vocación marítima. La isla de Mallorca, con su fuerte tradición naval, era un lugar propicio para la formación de marinos. Aunque no se sabe si Pérez provenía de una familia de marinos o comerciantes, es posible que su entorno familiar y social lo predispusiera a unirse a la Armada.

A principios del siglo XVIII, Mallorca era parte del Reino de España, que experimentaba una fuerte influencia de la dinastía borbónica, que promovía la expansión imperial por todo el mundo. En este contexto, Pérez podría haber recibido su formación en la marinería, bien sea de manera formal o informal, sin registros explícitos. Su futuro en la Armada Española comenzaría en 1750, un hecho que marcaría el inicio de su carrera naval.

Formación y primeros años de servicio

La carrera de Juan Pérez como marino comenzó cuando se unió a la Armada Española en 1750, durante el reinado de Fernando VI. Este periodo en la historia de España estuvo marcado por un auge en las expediciones y la expansión imperial hacia América, especialmente en los territorios de ultramar. Pérez, en este contexto, comenzó a ser reconocido por sus capacidades como navegante y líder en el mar, lo que le permitió destacarse dentro de la Armada.

Aunque no hay detalles específicos sobre sus primeras misiones, se sabe que, a partir de 1757, Pérez comenzó a realizar viajes hacia el Pacífico, con un rol destacado en las rutas comerciales que conectaban Manila y Acapulco. En estos viajes, el navegante formó parte de varias travesías en el galeón de Manila, que eran fundamentales para el comercio entre Asia y América. El pacífico y sus aguas desconocidas serían los escenarios que marcarían su carrera, y a lo largo de este tiempo, Pérez demostró ser un piloto competente, capaz de guiar embarcaciones a través de rutas complejas y peligrosas.

El salto más significativo en su carrera se dio cuando, en 1767, Pérez fue contratado para servir en el apostadero de San Blas, en la costa del Pacífico mexicano, un nuevo centro logístico creado por José de Gálvez. San Blas, en Nayarit, se convertiría en la base desde la cual Pérez y otros marinos españoles organizarían expediciones para explorar y asegurar el Noroeste de América, una región crucial para la expansión territorial española.

Primeras experiencias en el Pacífico

San Blas se estableció como un punto estratégico para la exploración del Pacífico y para el envío de expediciones hacia California. Fue en este contexto que Pérez comenzó a destacarse como un líder natural. A bordo de la fragata Santa Rosa, que estaba bajo el mando de Ignacio Balzola, Pérez hizo su primer viaje hacia las costas de América del Norte. La expedición llegó a Acapulco, lo que marcó el inicio de la participación activa de Pérez en las misiones hacia el Noroeste.

Su trabajo en San Blas fue fundamental, ya que el nuevo apostadero servía como base para expediciones de exploración y conquista. En 1768, Pérez participó en la primera gran expedición a California, donde se dirigió hacia el puerto de San Diego y más tarde a Monterrey. Estos viajes, a bordo de la embarcación San Antonio, fueron algunos de los primeros pasos hacia el establecimiento de la presencia española en la Alta California.

Los detalles de este primer viaje revelan las dificultades que enfrentaron los marinos y exploradores de la época. Las condiciones del mar eran extremadamente duras, y Pérez sufrió varios problemas de salud durante la travesía, incluyendo fiebre y agotamiento, que lo obligaron a descansar y retrasaron las operaciones de la expedición. Sin embargo, a pesar de los problemas y la falta de recursos, su liderazgo fue crucial para la realización de los objetivos españoles en la región.

Al llegar a San Diego, Pérez y su tripulación encontraron condiciones difíciles. El tiempo para establecer una presencia estable en California fue limitado por la falta de suministros y la presencia de enfermedades, por lo que Pérez fue enviado de regreso a San Blas para conseguir más víveres y hombres sanos. Esta misión fue completada con éxito, lo que consolidó su reputación como un marino valiente y eficiente en situaciones extremas.

Desarrollo de su carrera y expediciones

Inicios de su labor en el apostadero de San Blas

La misión de exploración a California marcó un antes y un después en la carrera de Juan Pérez. En 1767, al ser destinado a San Blas, una nueva base de operaciones creada por José de Gálvez, el capitán mallorquín se encontraba en el centro de una operación de gran envergadura para asegurar el territorio de Alta California. San Blas, en la costa pacífica de México, fue el punto de partida para numerosas expediciones hacia el norte, en una región casi desconocida para la corona española, y Pérez jugó un papel esencial en la ejecución de estos proyectos.

En octubre de 1768, Pérez se embarcó en su primer gran viaje de exploración hacia la costa de California, en el San Antonio, un barco de la Armada Española. Este viaje tenía como objetivo realizar un reconocimiento de las costas de lo que hoy es la península de Baja California y, más tarde, alcanzar el puerto de Monterrey. La expedición, dirigida por el propio Pérez, partió con un fuerte sentido de determinación, pero las dificultades no tardaron en presentarse. La travesía estuvo marcada por la dureza del océano Pacífico, con fuertes marejadas y nieblas que dificultaban la navegación. La expedición fue conocida como «la sacra expedición» y duró un total de 59 días.

Durante este viaje, Pérez sufrió problemas de salud, probablemente debido a la exposición constante al frío y las duras condiciones del mar. A pesar de ello, la expedición logró cumplir con uno de sus principales objetivos: llegar al puerto de San Diego, donde se esperaba el desembarco de los soldados y misiones religiosas. La falta de suministros en San Diego, sin embargo, complicó aún más las cosas. Ante la escasez de víveres y el alto número de enfermos entre los marineros y soldados, el gobernador Gaspar de Portolá decidió enviar a Pérez de regreso a San Blas, con el fin de obtener nuevos víveres y refuerzos. Este viaje de vuelta, realizado con tan solo ocho hombres, fue otro testimonio de la destreza y liderazgo de Pérez, quien cumplió la misión con éxito a pesar de las adversidades.

Expediciones posteriores a California

Después de su regreso a San Blas y con los suministros necesarios, Pérez emprendió una nueva expedición a California entre diciembre de 1769 y marzo de 1770. Esta vez, la situación era más favorable, ya que el gobernador Portolá y el misionero fray Junípero Serra ya se encontraban en la región y se preparaban para consolidar la presencia española en California. La llegada de Pérez con el San Antonio a San Diego fue un punto de inflexión, pues permitió a las fuerzas españolas establecer de manera más sólida su presencia en la Alta California.

El objetivo de esta expedición era explorar más a fondo la costa de California y encontrar el puerto de Monterrey, que había sido avistado por Sebastián Vizcaíno en el siglo XVI pero nunca había sido ocupado de manera permanente. Pérez, acompañado de fray Junípero Serra y el ingeniero Miguel Constanzó, realizó un trabajo cartográfico que fue de gran valor para las futuras exploraciones. El mapa de Constanzó y los informes de Serra ayudaron a los gobiernos de la época a comprender la importancia estratégica del puerto de Monterrey y a planificar su futura colonización. La llegada a este puerto se llevó a cabo sin mayores contratiempos, pero nuevamente el viaje fue marcado por las dificultades, pues, tras el desembarco de las provisiones y la toma de posesión del lugar, Pérez emprendió el regreso a San Blas, donde llegó en agosto de 1770.

Este viaje a Monterrey y el éxito de la expedición consolidaron la posición de Pérez dentro de la Armada Española. El monarca Carlos III le otorgó el ascenso a alférez de fragata el 1 de enero de 1771, un reconocimiento por sus servicios y su papel fundamental en la expansión del imperio español en América. Sin embargo, las condiciones de trabajo en San Blas seguían siendo difíciles, lo que afectó la rapidez con la que las naves podían ser reparadas y abastecidas para nuevos viajes.

El viaje de 1774 y el descubrimiento de nuevos territorios

El año 1774 marcó un hito importante en la carrera de Pérez con el comienzo de una expedición que, a pesar de las dificultades, permitió a los españoles cartografiar más extensamente la costa del Noroeste. Esta expedición fue enviada con el propósito de investigar los movimientos de los rusos en el Pacífico Norte, quienes habían comenzado a explorar las costas de Alaska y amenazaban con extender su influencia en la región. En enero de 1774, Pérez zarpó desde San Blas a bordo de la fragata Santiago, acompañado de una tripulación de expertos marineros y científicos. A pesar de la adversidad que los tripulantes encontraron en el mar, la expedición logró alcanzar las islas de la Reina Carlota, en el extremo norte del continente americano.

Durante el viaje, Pérez y su tripulación descubrieron una serie de islas y costas que más tarde serían conocidas como parte del territorio de Alaska y la costa oeste de Canadá. La expedición también permitió explorar el estrecho de Juan de Fuca, el cabo Mendocino, y la isla de Vancouver. El mayor hallazgo fue la desembocadura del río Columbia, el cual hoy separa los estados de Washington y Oregón en los Estados Unidos, marcando un importante avance en la exploración territorial.

A pesar de los descubrimientos, el viaje no estuvo exento de críticas. Mientras que el virrey de México, Antonio María de Bucareli, alabó el éxito de la expedición y la falta de rusos en la zona, fray Junípero Serra, quien también estuvo presente, fue más crítico, considerando el viaje como costoso y con escasos beneficios tangibles. A pesar de las diferencias de opinión, el viaje fue considerado un éxito en términos de la consolidación de la presencia española en el Pacífico.

Últimos años, legado y muerte

La expedición de 1775 y el descubrimiento del río Columbia

El año 1775 fue crucial en la carrera de Juan Pérez, quien comenzó un nuevo viaje con el objetivo de continuar la exploración del Noroeste y confirmar la ausencia de presencia rusa en las costas americanas. Esta expedición fue parte de un esfuerzo más amplio para asegurar el control de las rutas marítimas del Pacífico y proteger las posesiones españolas frente a otras potencias coloniales, en particular los rusos, que se habían expandido desde la península de Kamchatka y amenazaban las tierras cercanas al estrecho de Bering.

En marzo de 1775, Pérez se embarcó nuevamente a bordo de la fragata Santiago, acompañado de una tripulación experimentada que incluía a Esteban José Martínez, quien sería su segundo, y otros hombres clave en la expedición. Este viaje, que partió del puerto de San Blas, tenía la misión de explorar más al norte, llegar hasta la costa de lo que hoy es la Columbia Británica y cartografiar los territorios inexplorados. Además de Pérez, otros hombres de la expedición, como fray Juan Crespi y Tomás de la Peña, se encargaron de registrar meticulosamente el avance de la expedición, realizando observaciones geográficas y antropológicas.

El viaje se desarrolló con ciertas dificultades, pero el descubrimiento más importante de esta expedición fue la localización de la desembocadura del río Columbia. Este río, hoy conocido como un hito natural que divide los estados de Washington y Oregón en los Estados Unidos, sería una de las primeras grandes rutas navegables hacia el interior de América del Norte y un punto clave en la expansión territorial de las potencias europeas. La identificación de este río por parte de Pérez no solo tuvo implicaciones para la geografía, sino también para la futura expansión estadounidense, que en el siglo XIX reclamaría la zona como parte de su territorio.

Después de explorar la costa desde el río Columbia hasta la bahía de Bucareli en el actual estado de Washington, Pérez y su tripulación retornaron hacia el sur, poniendo rumbo a Monterrey, donde llegaron el 29 de agosto de 1775. Este regreso fue una culminación importante de la expedición, pero también marcó el inicio del fin para Pérez, ya que su salud estaba gravemente deteriorada por las difíciles condiciones de los viajes previos.

Problemas de salud y su regreso a Monterrey

La salud de Juan Pérez sufrió enormemente durante la expedición de 1775, que había sido extremadamente exigente, tanto física como emocionalmente. Durante su tiempo en el mar, la exposición constante a las inclemencias del tiempo, la falta de descanso adecuado y la constante presión para cumplir con los objetivos de la misión provocaron un deterioro en su bienestar. Cuando la expedición regresó a Monterrey, Pérez se encontraba gravemente enfermo, y fue atendido en la misión por los médicos y religiosos presentes.

A pesar de los esfuerzos por recuperarse, la salud de Pérez no mejoró significativamente. El navegante, quien había dedicado su vida a la exploración del Pacífico y la expansión de las fronteras de España, se encontraba en un estado de agotamiento extremo. A pesar de ser un hombre de gran resistencia y capacidad, los esfuerzos de años de ardua navegación y expediciones le pasaron factura.

El 1 de noviembre de 1775, Pérez, ya en un estado de salud delicado, se embarcó nuevamente rumbo a San Blas, con la esperanza de recuperarse en tierra firme. Sin embargo, su cuerpo no resistió más, y el 2 de noviembre de 1775, falleció a bordo de su barco, a solo un día de haber iniciado su regreso. Su cuerpo fue arrojado al mar, como era costumbre en la época para los marinos fallecidos en el mar. La muerte de Juan Pérez fue un golpe significativo para la Armada Española, que había perdido a uno de sus navegantes más experimentados y valiosos en la exploración del Noroeste.

Legado histórico y reconocimiento póstumo

A pesar de no haber alcanzado el reconocimiento que merecía durante su vida, el legado de Juan Pérez ha perdurado a través de los siglos, en gran parte gracias a la importancia de sus contribuciones a la exploración de la costa del Pacífico. Sus expediciones, en las que cartografió y descubrió territorios que hoy forman parte de los Estados Unidos y Canadá, marcaron una etapa crucial en la consolidación de la presencia española en la región.

Pérez jugó un papel clave en la realización de los primeros contactos de España con la costa californiana, lo que permitió la posterior fundación de misiones y presidios en lo que se conocería como Alta California. Además, su expedición de 1775 fue crucial para la identificación del río Columbia, que más tarde se convertiría en una ruta esencial para la expansión de Estados Unidos hacia el Oeste.

Tras su muerte, Pérez fue ascendido póstumamente a teniente de fragata por el rey Carlos III, un reconocimiento que, aunque tardío, reflejaba el valor y la importancia de su labor. A través de los informes de fray Junípero Serra y otros miembros de las expediciones, la figura de Pérez fue apreciada por su habilidad y devoción religiosa. Sin embargo, su nombre no gozó de la misma fama que otros exploradores de su tiempo, como Sebastián Vizcaíno o James Cook, lo que ha llevado a una cierta oscuridad histórica en torno a su figura, que solo ha comenzado a recibir atención en tiempos más recientes.

A día de hoy, la contribución de Pérez a la exploración del Pacífico sigue siendo relevante para entender los primeros pasos de la colonización europea en América del Norte. Su nombre figura en mapas históricos y en los archivos de la Armada Española, donde se reconoce su papel esencial en los esfuerzos de expansión durante el siglo XVIII. Aunque su muerte prematura impidió que viviera para ver el fruto completo de sus descubrimientos, su legado perdura como uno de los grandes navegantes de su época.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Juan José Pérez Hernández (¿-1775): Navegante y Descubridor del Noroeste de América". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/perez-juan [consulta: 7 de febrero de 2026].