Pedro Peralta Barnuevo y Rocha Benavides (1664–1743): Sabio Virreinal y Arquitecto del Saber Criollo

Contexto virreinal y orígenes familiares

El Virreinato del Perú en el siglo XVII

Pedro Peralta Barnuevo nació el 26 de noviembre de 1664, en Lima, un período crucial en la historia del Virreinato del Perú. A finales del siglo XVII, Lima era el centro del poder colonial en Sudamérica, una ciudad marcada por el esplendor y las tensiones inherentes a su posición. En ese entonces, el virreinato, que abarcaba una vasta región desde el actual Ecuador hasta Chile, estaba fuertemente estructurado bajo el control de la corona española. El virrey gobernaba no solo desde el punto de vista político y militar, sino también en el plano cultural y económico, siendo Lima el corazón de las élites criollas y mestizas que desempeñaban un papel central en la administración y la vida intelectual.

El panorama social de la época estaba fuertemente influenciado por una división de clases que, en muchos casos, determinaba las oportunidades de educación y desarrollo. La clase alta peruana, compuesta principalmente por peninsulares y criollos, disfrutaba de un acceso privilegiado a las instituciones educativas más importantes, como la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde Peralta iniciaría su formación académica.

Linaje y entorno familiar: la élite criolla limeña

Pedro Peralta era hijo del contador español Francisco de Peralta Barnuevo y la limeña Magdalena Egipciana Rocha y Benavides. Su familia pertenecía a la elite criolla, un sector de la sociedad compuesto por descendientes de españoles nacidos en América, que aunque no gozaban del mismo estatus que los peninsulares, eran una parte crucial de la administración y cultura local. Esta posición le permitió tener acceso a una educación esmerada, además de una formación intelectual que lo convertiría en una figura central en las letras y la ciencia del virreinato.

El hecho de que su padre fuera contador real del Tribunal de Cuentas le ofreció a Peralta la posibilidad de integrarse en las redes de poder del virreinato, al tiempo que le permitió conocer los aspectos administrativos y financieros del sistema colonial. La influencia de su madre, por otro lado, le permitió estar en contacto con los círculos culturales limeños, que en ese entonces florecían en los ámbitos literarios, científicos y filosóficos. Este entorno sería clave para moldear el futuro intelectual de Peralta, quien no solo sobresaldría en la ciencia, sino que también se convertiría en un prominente literato y dramaturgo.

Formación y saberes múltiples en San Marcos

Estudios en Artes y Derecho Canónico

A lo largo de su formación académica, Peralta mostró una notable versatilidad. En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, una de las instituciones educativas más prestigiosas de América, estudió Artes y Derecho Romano y Canónico entre 1680 y 1686. Durante este tiempo, cultivó un conocimiento profundo de las disciplinas jurídicas, fundamentales para la administración colonial, pero también se adentró en áreas de las ciencias naturales, la matemática y la filosofía, que serían los cimientos de su futura carrera científica.

La Universidad de San Marcos, fundada en 1551, había estado bajo la influencia de tendencias europeas desde su creación. En particular, el enfoque escolástico y los conocimientos clásicos de la antigua Grecia y Roma eran cruciales en la formación de los intelectuales de la época. No obstante, Peralta se distinguió de sus contemporáneos por su amplio interés en diversas disciplinas que, si bien en gran parte estaban influenciadas por la tradición académica europea, mostraban una curiosidad inusitada por el conocimiento empírico y la investigación en campos poco explorados en el virreinato.

Primeros pasos como abogado, contador y cosmógrafo

Al concluir sus estudios, Peralta comenzó a ejercer varias profesiones que lo mantenían muy involucrado en la vida administrativa y científica del virreinato. Su conocimiento en Derecho lo llevó a desempeñar diversos cargos administrativos, entre ellos el de contador, al igual que su padre, lo que le permitió entrar en contacto con las altas esferas de la burocracia colonial.

Sin embargo, fue en el campo de la cosmografía, la disciplina encargada del estudio de la tierra y el universo, donde Peralta alcanzó una notoriedad especial. La cosmografía no solo le permitió integrar el conocimiento geográfico y astronómico, sino que lo llevó a cuestionar y corregir los mapas y las coordenadas de diversas ciudades importantes del continente, como Cartagena de Indias y La Habana. Esto le otorgó una posición destacada en la Corte del virrey, quien lo nombró Cosmógrafo del Reino del Perú.

Este nombramiento fue fundamental para su carrera, pues le permitió desarrollar investigaciones científicas sobre la medición de la Tierra y los fenómenos astronómicos, como el paso del cometa de 1702, un evento que llamó la atención de la comunidad científica de la época. Los cálculos de Peralta sobre este fenómeno fueron tan precisos que el virrey, Manuel Oms de Santa Pau, lo nombró catedrático de Matemáticas en la Universidad de San Marcos, una posición desde la cual enseñaría no solo la ciencia, sino también las disciplinas necesarias para la formación de los futuros pilotos de navegación.

Ciencia aplicada: medicina, minería y cosmografía

Tratados médicos y estudios anatómicos

Pedro Peralta también se destacó en el campo de la medicina, una disciplina de gran importancia en el virreinato, especialmente en una época donde las epidemias y las enfermedades eran comunes. Su interés por la salud pública se reflejó en sus trabajos, los cuales abarcaban tanto el aspecto científico como el religioso. En 1695, publicó uno de sus tratados más notables, Desvíos de la naturaleza o Tratado del Origen de los Monstruos, una obra que exploraba las deformidades humanas y otros aspectos de la anatomía, buscando respuestas científicas a estos fenómenos y, al mismo tiempo, abordando las implicaciones teológicas sobre el origen de estos «monstruos». Este trabajo marcó un claro contraste entre los enfoques científicos y las creencias religiosas predominantes en la época, destacándose como un ejemplo temprano de pensamiento científico avanzado en el virreinato.

Por otro lado, Peralta también se ocupó de los problemas sociales y de salud pública del Perú colonial. Su reflexión sobre las enfermedades venéreas, por ejemplo, mostró un enfoque pragmático y crítico respecto a los problemas sanitarios de la época, que afectaban particularmente a la población mestiza y a los sectores más vulnerables. Estas obras, aunque menos conocidas, contribuyeron al campo de la medicina en América Latina y le aseguraron un reconocimiento internacional.

Reformas en la técnica de amalgamación de la plata

El interés de Peralta por las ciencias naturales también se extendió al ámbito de la minería, que era una de las principales fuentes de riqueza del virreinato. En este campo, propuso un método innovador para el beneficio de la plata, publicando la Cartilla sobre el beneficio de la plata bajo el pseudónimo de Lorenzo Felipe de la Torre Barrio. En su propuesta, Peralta sugirió un nuevo proceso de amalgamación que utilizaba una mezcla de sal y caparrosa. Aunque sus ideas fueron debatidas y criticadas, su trabajo mostró una clara preocupación por mejorar las técnicas de extracción de metales preciosos y reducir la pérdida de mercurio, lo que podría haber tenido un impacto positivo en la industria minera de la región.

Esta obra le valió cierto reconocimiento entre los círculos científicos y técnicos del virreinato, aunque la viabilidad de sus propuestas sigue siendo objeto de discusión. Sin embargo, lo que queda claro es que su enfoque interdisciplinario, que abarcaba la ciencia, la tecnología y la economía, reflejaba su capacidad para abordar problemas prácticos y fundamentales para el desarrollo de la colonia.

Nombramientos en academias europeas y su red de correspondencia científica

El impacto de Peralta trascendió las fronteras del Virreinato del Perú. Su fama como intelectual y científico llegó a Europa, donde fue reconocido por algunas de las instituciones científicas más prestigiosas de la época. Fue nombrado miembro correspondiente de la Real Academia de Ciencias de París y de la Real Academia de Ciencias de Madrid, lo que lo vinculó con la vanguardia del pensamiento científico europeo.

Este reconocimiento internacional no solo fue un testimonio de su erudición, sino también de la red de contactos que logró establecer con intelectuales y científicos de la época. Según sus biógrafos, Peralta mantenía correspondencia con figuras clave del ámbito científico, como el ministro José Patiño, quien le consultaba sobre cuestiones relacionadas con la fortificación de las ciudades americanas. Su correspondencia con académicos europeos también le permitió acceder a las últimas investigaciones científicas y mantenerse actualizado en un mundo donde el intercambio de conocimiento era lento y difícil.

El intelectual en la vida pública y universitaria

Rector de San Marcos y figura de palacio

A lo largo de su vida, Peralta combinó su actividad intelectual con una destacada presencia en la vida pública y en la Universidad de San Marcos. En 1715, fue elegido rector de la Universidad de San Marcos, un cargo de gran prestigio y responsabilidad, que asumió con dedicación. Fue reelegido en dos ocasiones, lo que demuestra su capacidad para ganarse el respeto de la comunidad universitaria, algo inusual en una institución con una tradición tan rígida.

Su rectorado no solo estuvo marcado por la administración académica, sino también por su participación en los eventos más importantes de la sociedad limeña. Peralta se convirtió en una figura habitual en las ceremonias oficiales y en las fiestas sociales del virreinato, donde su erudición y capacidad literaria se hicieron notar. Como autoridad universitaria y literato, era encargado de componer discursos, panegíricos y otras composiciones para conmemorar la llegada de nuevos virreyes o para recibir a visitantes ilustres. Su habilidad para improvisar y crear textos efectivos le permitió mantenerse en el centro de la vida cultural de Lima.

Improvisaciones literarias y panegíricos oficiales

Una de las facetas más sobresalientes de Peralta fue su capacidad para componer improvisaciones literarias, las cuales eran muy valoradas en la sociedad limeña. En 1716, por ejemplo, compuso El Júpiter Olímpico, una obra dedicada al virrey-arzobispo Diego Morillo Rubio de Auñón. Esta obra y otras similares, como Lima triunfante, glorias de la América (1707), escrita para conmemorar la llegada del virrey Manuel Oms de Santa Pau, mostraron su habilidad para integrarse en los rituales oficiales del virreinato, siempre con un toque de grandeza literaria.

Su trabajo en este ámbito no se limitó solo a la composición de textos solemnes, sino también a obras más ligeras y jocosas, que reflejaban su destreza en las tertulias literarias. Estas composiciones se convirtieron en una forma de expresión intelectual dentro de los círculos sociales y académicos de Lima, donde la improvisación y la agudeza verbal eran apreciadas como una forma de arte.

Visión política y proyectos de administración imperial

«Relación de mando» y propuestas de inclusión criolla

A lo largo de su vida, Peralta también se interesó profundamente por los temas políticos y administrativos del virreinato. Su erudición no solo se centró en las ciencias y las letras, sino que se extendió al análisis de la administración colonial y las estructuras de poder en América. En su Relación de mando del virrey Marqués de Castelfuerte (1736), una de las obras más importantes de Peralta, el autor aborda diversos aspectos sociales, políticos y económicos del virreinato. En este texto, Peralta demuestra su aguda observación de las dinámicas coloniales, ofreciendo recomendaciones sobre la organización de la administración y la distribución del poder.

Una de sus propuestas más interesantes fue la aceptación de criollos en puestos de la administración de justicia y en la jerarquía eclesial, una cuestión que reflejaba las tensiones existentes entre los criollos y los peninsulares en América. En una época en que los puestos más altos del gobierno y la iglesia eran ocupados en su mayoría por peninsulares, Peralta abogó por una mayor inclusión de los criollos, lo que podría haber servido como un catalizador para las futuras demandas de autonomía e independencia en los siglos venideros. Aunque sus propuestas no tuvieron un impacto inmediato, las ideas de Peralta ilustran la creciente conciencia política y social de la élite criolla, que comenzaba a cuestionar su subordinación a la metrópoli española.

Defensa de la nobleza indígena prehispánica y legitimación local

En su Lima fundada (1732) y otras obras, Peralta mostró un enfoque particular sobre el pasado prehispánico de América, especialmente en relación con la nobleza indígena. A pesar de ser un ferviente defensor de la cultura española y de la monarquía, también reconoció y destacó las virtudes de los pueblos originarios, particularmente los Incas, a quienes consideraba dignos de respeto y admiración. En su obra Lima fundada, Peralta se muestra como un hombre que intenta conciliar la herencia indígena con la cultura española, mostrando una visión de la historia que afirmaba las virtudes de la ciudad y la nobleza limeña, pero que al mismo tiempo incluía una reivindicación, aunque moderada, de los logros de los pueblos originarios.

Este enfoque, en parte, podría haber sido un intento de encontrar un equilibrio entre la identidad criolla y las estructuras coloniales impuestas por la metrópoli. A través de esta narrativa, Peralta no solo celebraba la grandeza de la ciudad de Lima y su papel en el Imperio español, sino también una especie de legitimación cultural y política de la élite criolla. De este modo, la figura del intelectual limeño no solo se presentaba como un defensor de la cultura española, sino también como un agente que ayudaba a construir una identidad criolla que, aunque subordinada a la corona, ya comenzaba a afirmar su autonomía y sus propios valores.

Últimos años, vida privada y legado

Matrimonio, descendencia y posición económica

A pesar de su enorme carrera intelectual y su destacada participación en la vida pública, la vida privada de Pedro Peralta fue bastante discreta. En 1698, se casó con Juana Fernández de Rueda Santelices, una dama de la alta sociedad limeña. Aunque no tuvieron descendencia, el matrimonio le proporcionó a Peralta una posición económica estable gracias a los bienes inmuebles de su esposa, lo que le permitió dedicarse plenamente a sus investigaciones científicas y literarias. En este sentido, la vida familiar de Peralta estuvo marcada por una cierta comodidad material, que le dio la libertad para seguir desarrollando su vasta obra.

Además, se le adjudica la paternidad de una hija ilegítima, lo que sugiere que, a pesar de su imagen pública como erudito y hombre de familia, su vida personal estuvo marcada por algunas complejidades propias de la época. Sin embargo, la falta de descendencia directa no impidió que su legado intelectual perdurara.

Obras inéditas y manuscritos perdidos

Al morir en 1743, Peralta dejó varios trabajos inéditos que reflejan su incansable búsqueda de conocimiento. Entre los escritos que nunca fueron publicados se encontraban un Tratado músico-matemático, un sistema astrológico demostrativo para observaciones matemáticas y un tratado de ortografía, todos ellos testimonios de su inquietud por abarcar las disciplinas más diversas. Estos manuscritos, que probablemente habrían arrojado aún más luz sobre su genio enciclopédico, se perdieron o quedaron inéditos debido a las circunstancias de su época, lo que impidió que su obra alcanzara su pleno reconocimiento en vida.

Relecturas y proyección histórica

De «Enciclopedia viviente» a símbolo del criollismo ilustrado

El reconocimiento de Peralta como una «enciclopedia viviente» por parte de sus contemporáneos no fue una exageración. Su capacidad para dominar y abarcar diferentes áreas del conocimiento lo convirtió en uno de los pensadores más influyentes del Perú colonial. Su legado, sin embargo, no solo se limita a sus obras científicas o literarias, sino a su papel como un símbolo de la elite intelectual criolla que, en pleno siglo XVIII, se comenzó a cuestionar las estructuras coloniales e imperialistas que los subyugaban. A través de sus escritos, Peralta promovió la idea de que el conocimiento y la educación eran fundamentales para el progreso de la sociedad colonial, a la vez que abogó por un reconocimiento de la identidad criolla como parte integral del Imperio español.

Vigencia de su pensamiento en la memoria intelectual del Perú

Aunque Peralta murió en 1743, su pensamiento y su obra perduraron en la memoria intelectual del Perú. Su figura se convirtió en un modelo de erudición, y su enfoque enciclopédico sirvió de inspiración para otros intelectuales y científicos del virreinato. A través de sus escritos, Peralta ayudó a consolidar una visión del Perú que no solo se centraba en su relación con España, sino también en una identidad propia, más compleja y diversa, que abarcaba tanto la herencia indígena como la española.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Pedro Peralta Barnuevo y Rocha Benavides (1664–1743): Sabio Virreinal y Arquitecto del Saber Criollo". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/peralta-barnuevo-y-rocha-benavides-pedro [consulta: 21 de febrero de 2026].