Gamal Abdel Nasser (1918–1970): El Líder del Nacionalismo Árabe y la Revolución Egipcia
Gamal Abdel Nasser (1918–1970): El Líder del Nacionalismo Árabe y la Revolución Egipcia
Los Primeros Años y la Formación de Nasser
Gamal Abdel Nasser nació el 15 de enero de 1918 en Alejandría, Egipto, en una época de agitación política, económica y social. Egipto, bajo el reinado de la dinastía Muhammad Ali, estaba sumido en un proceso de modernización, pero las contradicciones entre las clases dominantes y la pobreza generalizada en la población eran palpables. Durante el siglo XIX y principios del XX, el país seguía siendo un protectorado británico, lo que causó grandes tensiones internas. Aunque nominalmente independiente, Egipto estaba sujeto a la influencia y control británico, especialmente en temas estratégicos como el Canal de Suez, una arteria vital para el comercio y el acceso a las colonias británicas en Asia.
La monarquía egipcia, encabezada por el rey Faruk, vivía un período de corrupción y decadencia, mientras que las tensiones con el ocupante británico se mantenían vivas. Este contexto de inestabilidad política y social es el que Nasser experimentó en su juventud, y que definiría su futuro como líder de la Revolución Egipcia y promotor del nacionalismo árabe.
La familia y la infancia de Nasser
Nasser era hijo de Abdel Khaliq, un funcionario de correos, y de Fahima, ambos de clase baja. La familia, aunque modesta, tuvo una influencia importante en la formación de su carácter y valores. Nasser pasó su infancia en diferentes localidades del delta del Nilo debido a los traslados laborales de su padre. A pesar de las dificultades económicas, sus padres le dieron una educación básica que más tarde sería fundamental para sus estudios.
El joven Nasser demostró desde temprano una curiosidad intelectual y un fuerte sentido de justicia. Durante su adolescencia, participó activamente en las manifestaciones contra la ocupación británica y el régimen monárquico. Estos primeros acercamientos a la política marcaron la pauta para su carrera futura, reflejando su inclinación hacia el cambio radical en las estructuras de poder y la lucha contra la opresión extranjera y local.
Formación académica y primera incursión en la política
En 1936, Nasser se trasladó a El Cairo para estudiar en la escuela secundaria, donde destacó por su inteligencia y su enfoque crítico hacia las instituciones establecidas. Durante sus años de formación, fue testigo de las continuas luchas contra el dominio británico y la corrupción en el gobierno de la monarquía. En 1937, a los 19 años, Nasser ingresó a la Real Academia Militar de Egipto en El Cairo, un paso decisivo que le permitiría forjar una carrera en el ejército, pero también le brindaría acceso a círculos influyentes que más tarde serían clave para su ascenso al poder.
Fue en la academia militar donde Nasser comenzó a formar su visión sobre el futuro de Egipto y del mundo árabe. En ese ambiente, Nasser se relacionó con otros jóvenes oficiales que compartían su descontento con el régimen y su deseo de cambios radicales. Entre sus compañeros se encontraban figuras clave que más tarde serían esenciales en la Revolución de 1952. Estos primeros contactos con otros militares desilusionados con la monarquía y el colonialismo británico fueron decisivos para la formación de su futura organización clandestina, los «Oficiales Libres».
En 1942, tras su graduación, Nasser comenzó a trabajar en diversos puestos dentro del ejército egipcio. Su ascenso fue rápido, pero fue en la Guerra Árabe-Israelí de 1948 cuando realmente destacó como líder militar. Durante ese conflicto, Nasser fue asignado a la zona de Gaza, donde combatió a las fuerzas israelíes, pero también fue testigo de la derrota del ejército árabe, lo que lo marcó profundamente. La derrota fue un punto de inflexión en la vida de Nasser, ya que comenzó a cuestionar la efectividad de los regímenes árabes, incluyendo el egipcio, en su lucha contra Israel y su incapacidad para unificar al mundo árabe. Este sentimiento de frustración lo impulsó a tomar medidas más radicales.
Ingreso en la política y primeros conflictos
El descontento de Nasser con la incompetencia militar y política del liderazgo egipcio después de la derrota de 1948 fue un factor determinante en su decisión de organizar una resistencia armada contra el régimen de Faruk. En 1949, junto con un grupo de jóvenes oficiales, fundó la organización clandestina «Oficiales Libres». Esta organización, inspirada en el nacionalismo árabe y el deseo de independencia frente al control británico, se convirtió en la base de la futura Revolución de 1952. La organización no solo estaba compuesta por militares desilusionados, sino que también tenía la misión de erradicar la corrupción y el autoritarismo de la monarquía egipcia.
El impulso revolucionario de Nasser creció a medida que la situación política y económica de Egipto empeoraba. En 1951, Nasser y sus compañeros fueron arrestados brevemente por sus actividades subversivas. A pesar de ser liberado, Nasser ya había comenzado a forjar una visión de la lucha política que más tarde lo llevaría a la lucha armada. Mientras tanto, en 1952, los «Oficiales Libres» se preparaban para llevar a cabo su golpe definitivo que cambiaría para siempre la historia de Egipto y del mundo árabe.
Ascenso al Poder y la Revolución de 1952
El contexto del golpe de 1952
En los años previos al golpe de Estado de 1952, Egipto se encontraba en una crisis profunda. El régimen del rey Faruk era ampliamente percibido como corrupto e incapaz de manejar los problemas del país, desde la pobreza generalizada hasta la dependencia de las potencias coloniales, como el Reino Unido. La derrota de los ejércitos árabes en la Guerra de 1948 contra Israel dejó en evidencia la fragilidad de la monarquía y su incapacidad para garantizar la seguridad nacional, lo que provocó una creciente insatisfacción entre la población y dentro de las fuerzas armadas.
A esta insatisfacción se sumaba la influencia de los movimientos nacionalistas árabes, que pedían una mayor unidad y soberanía en el mundo árabe. La idea de una Egipto fuerte y libre del yugo colonial se convirtió en un sueño compartido por muchos, especialmente entre los jóvenes oficiales militares que comenzaron a reunirse en secreto para discutir cómo acabar con el sistema político establecido.
Fue en este contexto de desilusión y frustración que los «Oficiales Libres», un grupo de jóvenes militares liderados por Nasser, comenzaron a gestar el golpe que acabaría con la monarquía y establecería una nueva era para Egipto. La organización estaba unificada por su compromiso con el nacionalismo árabe y su rechazo al imperialismo británico, así como por su deseo de llevar a cabo una revolución para erradicar la corrupción y mejorar las condiciones de vida de la población egipcia.
La creación de los Oficiales Libres
Los «Oficiales Libres» fueron un grupo secreto de militares que compartían una visión radical para Egipto. Aunque inicialmente influenciados por los Hermanos Musulmanes y otros movimientos nacionalistas árabes, la organización de Nasser se distanció de los ideales islamistas, concentrándose en una revolución secular basada en el socialismo árabe y el panarabismo. El objetivo era derrocar al rey Faruk y poner fin a la corrupción que caracterizaba su régimen, además de establecer un gobierno que representara los intereses de las clases bajas y medianas del país.
A lo largo de 1949 y 1950, Nasser y sus compañeros comenzaron a organizarse en secreto, infiltrando a la organización en el ejército y en las instituciones clave del poder. A pesar de su carácter clandestino, los Oficiales Libres se expandieron rápidamente, ganando adeptos entre oficiales y soldados insatisfechos con la situación política y económica. Los miembros del grupo compartían el sueño de un Egipto independiente y fuerte, libre de la influencia extranjera y gobernado por una administración justa.
Nasser, que había demostrado habilidades de liderazgo durante sus años en el ejército, se convirtió en la figura central de este movimiento. A medida que la organización crecía, Nasser se vio cada vez más como el líder carismático capaz de llevar a cabo el cambio radical que Egipto necesitaba. La secretividad y la disciplina que Nasser impuso a la organización fueron claves para que el golpe de 1952 fuera un éxito.
El golpe de Estado de 1952
La noche del 22 de julio de 1952, Egipto vivió uno de los momentos más trascendentales de su historia moderna. El golpe de Estado dirigido por los Oficiales Libres, con Nasser como una de las figuras clave, logró derrocar al rey Faruk sin derramamiento de sangre, lo que convirtió a la Revolución de 1952 en un ejemplo de cambio político sin violencia. Nasser, que en ese momento era coronel, se convirtió en el líder del movimiento y asumió el control del Consejo de la Revolución, el nuevo órgano de gobierno formado por los oficiales militares.
El golpe fue meticulosamente planeado y ejecutado, con Nasser y sus compañeros actuando con rapidez y eficacia. Aunque el general Muhammad Naguib fue inicialmente proclamado como el líder del nuevo gobierno, pronto quedó claro que Nasser era la verdadera fuerza detrás de la Revolución. Naguib, un militar con una visión más moderada y pragmática, fue considerado por Nasser como un aliado en lugar de un rival.
Nasser se convierte en presidente
Después del golpe de 1952, el régimen de Nasser comenzó a consolidarse rápidamente. El 18 de julio de 1953, Nasser fue nombrado viceprimer ministro y ministro del Interior en el nuevo gobierno republicano. En este momento, se hicieron evidentes las diferencias entre Nasser y Naguib. Mientras que Naguib favorecía una política más moderada, orientada hacia la reconciliación con las potencias occidentales y una posible restauración de algunos elementos del antiguo régimen, Nasser tenía una visión más radical y nacionalista, orientada hacia la unificación del mundo árabe y la independencia completa de Egipto.
En febrero de 1954, después de un periodo de tensiones crecientes, Nasser tomó el control total del gobierno, destituyendo a Naguib y asumiendo la presidencia de la República. Naguib fue arrestado y colocado en un arresto domiciliario, lo que consolidó aún más el poder de Nasser. En ese mismo año, Nasser sometió a referéndum la nueva constitución que definía a Egipto como una república socialista árabe de partido único. Su victoria en ese plebiscito, con una participación prácticamente unánime, consolidó su popularidad y legitimidad ante la población egipcia.
El impacto de la Revolución y las primeras reformas
Una vez en el poder, Nasser comenzó a implementar una serie de reformas radicales. La reforma agraria, que comenzó en 1952, fue una de las primeras medidas importantes, buscando redistribuir la tierra de los grandes terratenientes a los campesinos. Este acto de justicia social ganó el apoyo de las clases bajas, que vieron en Nasser a un líder comprometido con la mejora de sus condiciones de vida.
Además de las reformas internas, Nasser adoptó una política exterior que alejaba a Egipto de la influencia británica y estadounidense, posicionándose como líder del Tercer Mundo. Su enfoque era el panarabismo, buscando la unidad de los países árabes para desafiar el dominio de Occidente y la amenaza de Israel. Estos ideales llevarían a Nasser a convertirse en un ícono del nacionalismo árabe y el líder de la Revolución Árabe.
La Presidencia y la Política Exterior de Nasser
La política interior durante los años 50 y 60
Bajo la presidencia de Nasser, Egipto experimentó un profundo cambio en sus estructuras internas. La Revolución de 1952 no solo significó la caída de la monarquía, sino el inicio de un régimen que reconfiguró la economía, la política y la sociedad egipcia. Nasser adoptó un enfoque socialista, implementando políticas de nacionalización y reforma agraria que transformaron radicalmente el panorama económico del país.
Una de las primeras medidas implementadas por Nasser fue la reforma agraria de 1952, que redistribuyó grandes extensiones de tierras de los terratenientes a los campesinos. Esta política buscaba equilibrar las disparidades económicas entre las clases altas y bajas, y aunque tuvo un impacto positivo para los sectores más empobrecidos de la población, también generó tensiones con las élites terratenientes y los intereses occidentales.
El gobierno de Nasser también emprendió un proceso de nacionalización de la economía, que abarcó sectores clave como la industria, los bancos y las empresas de transporte. En 1957, Nasser nacionalizó varias empresas británicas y francesas, y en 1961 extendió este proceso al resto de las industrias del país. Estas medidas reforzaron el control del Estado sobre la economía, pero también incrementaron la dependencia de Egipto de la ayuda exterior, especialmente de la Unión Soviética.
El sistema político egipcio se consolidó bajo el partido único, la Unión Socialista Árabe (USA), creada en 1962, que sustituía a la anterior Unión Nacional. Esta reorganización fue parte de un esfuerzo por garantizar la cohesión social y política del régimen, y Nasser utilizó la USA como una herramienta para fortalecer su poder personal. El líder egipcio implementó una política de control social que prohibía la oposición política, utilizando los servicios de inteligencia y la policía para sofocar cualquier intento de disidencia.
Aunque el régimen de Nasser logró cierta estabilidad, también hubo limitaciones en el plano político. El autoritarismo de Nasser fue evidente en la represión de opositores y en la centralización del poder. A medida que avanzaba la década de 1960, Egipto se convirtió en un estado altamente centralizado, donde las libertades individuales fueron reducidas en nombre de la unidad y el progreso nacional.
La política exterior y las relaciones con el mundo
La política exterior de Nasser fue un reflejo de su visión del panarabismo y su rechazo al imperialismo occidental. Durante los primeros años de su mandato, Nasser se acercó a los países no alineados, buscando consolidar a Egipto como un líder en el Movimiento de Países No Alineados (MPNA), una coalición de naciones que pretendían mantenerse al margen de las tensiones entre las superpotencias de la Guerra Fría.
En 1955, Nasser participó en la Conferencia de Bandung en Indonesia, donde los líderes del Tercer Mundo, como el yugoslavo Josip Broz Tito y el indio Jawaharlal Nehru, se unieron para promover la independencia y la cooperación entre las naciones no alineadas. Este evento consolidó a Nasser como un símbolo del antiimperialismo y la independencia de las potencias coloniales.
Su política exterior también estuvo marcada por un acercamiento a la Unión Soviética, que suministró ayuda militar y económica a Egipto. En 1955, Egipto firmó un acuerdo con la URSS para recibir armamento, lo que desencadenó la ira de las potencias occidentales. Esto marcó el comienzo de una relación cada vez más estrecha con Moscú, que culminaría en la financiación de la construcción de la Gran Presa de Asuán, un proyecto monumental que cambiaría para siempre la economía egipcia. En 1960, Nasser formalizó su relación con la URSS durante su visita a Moscú, y fue recibido como un líder destacado del Tercer Mundo.
Uno de los eventos más significativos en la política exterior de Nasser fue la Crisis del Canal de Suez de 1956, que ocurrió cuando Nasser decidió nacionalizar el Canal de Suez, desafiando a Gran Bretaña, Francia e Israel, quienes eran los principales accionistas del canal. La nacionalización del canal fue una maniobra audaz de Nasser para asegurar los recursos de Egipto y poner fin a la influencia británica en la región. La crisis resultante llevó a un ataque conjunto de Israel, Reino Unido y Francia contra Egipto, pero Nasser logró una victoria diplomática al obtener la condena internacional de la agresión y la intervención de la ONU para poner fin al conflicto.
La Crisis de Suez consolidó la imagen de Nasser como un líder del Tercer Mundo, un defensor de la independencia y el nacionalismo árabe, y un adversario del imperialismo occidental. A nivel doméstico, la crisis reforzó su apoyo entre la población egipcia y la comunidad árabe, que veía en Nasser al líder de una nueva era de emancipación.
La construcción del panarabismo y la unificación árabe
Uno de los sueños más ambiciosos de Nasser fue la creación de una federación panárabe que uniera a los países árabes bajo el liderazgo egipcio. Este proyecto comenzó a materializarse en 1958 con la creación de la República Árabe Unida (RAU), una unión entre Egipto y Siria que pretendía ser la base de una confederación de naciones árabes. La unificación fue vista por Nasser como un paso hacia la independencia y el fortalecimiento del mundo árabe frente a las potencias occidentales.
Sin embargo, la unión resultó ser problemática. La falta de consenso político entre Egipto y Siria, sumada a la creciente centralización del poder en El Cairo, provocó tensiones entre ambos países. En 1961, un golpe de Estado en Siria terminó con la unión, y aunque Egipto mantuvo el nombre de la RAU, la idea de una federación panárabe se desplomó. A pesar de este revés, Nasser continuó siendo un defensor del panarabismo, intentando en diversas ocasiones revitalizar el proyecto de unidad árabe.
En 1964, Nasser promovió la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que sirvió como un vehículo para el nacionalismo palestino y la lucha contra Israel. Egipto jugó un papel central en la OLP, con Nasser asumiendo una postura firme contra la ocupación israelí y abogando por la unidad árabe en la lucha contra el enemigo común.
El apoyo soviético y los desafíos internos
A lo largo de la década de 1960, Nasser consolidó su relación con la Unión Soviética, que le proporcionó asistencia militar y económica crucial para su régimen. Egipto se benefició enormemente de la ayuda soviética, que incluyó la construcción de infraestructuras clave como la Presa de Asuán, y el suministro de armas que fortalecieron las capacidades defensivas del país.
No obstante, las tensiones entre Nasser y los soviéticos no fueron pocas. En particular, las fricciones surgieron cuando Nasser, tras ser presionado por los comunistas egipcios y las circunstancias internas, adoptó una postura más pragmática y moderada en algunos aspectos de su política económica. En 1965, las relaciones entre Nasser y la URSS se enfriaron debido a las reformas internas y la represión de movimientos de izquierda dentro de Egipto. A pesar de ello, la relación estratégica con Moscú continuó siendo crucial para Egipto en su lucha por mantener su independencia frente a las potencias occidentales.
El Declive de Nasser y el Fin de su Vida
La Guerra de los Seis Días y su impacto en Nasser
El liderazgo de Nasser alcanzó su apogeo en la década de 1960, pero la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, marcó un punto de inflexión irreversible en su carrera. En ese conflicto, Egipto, junto con Siria y Jordania, se enfrentó a Israel en una guerra que resultó en una derrota devastadora para los países árabes. Israel, con una fuerza militar superior y mejor preparada, lanzó un ataque sorpresa el 5 de junio de 1967, aniquilando la aviación egipcia en las primeras horas de combate y avanzando rápidamente a través del Sinaí y la Franja de Gaza. En solo seis días, Egipto perdió la península del Sinaí, la Franja de Gaza, y la autoridad sobre la Ciudad Vieja de Jerusalén, lo que representó un golpe humillante para Nasser y su visión del mundo árabe unificado.
Nasser había confiado en que las condiciones de la guerra estaban a su favor, debido a su creciente alianza con Siria y Jordania, y esperaba que la intervención de Egipto en la región de Gaza y el Sinaí desmantelara el control israelí sobre la zona. Sin embargo, la rápida derrota evidenció las fallas en la estrategia militar árabe y la falta de preparación para enfrentar la superioridad tecnológica y táctica israelí.
La derrota dejó a Nasser devastado y a Egipto humillado en el ámbito internacional. Aunque algunos de sus aliados y simpatizantes pidieron su renuncia, Nasser decidió no abandonar el poder y asumió públicamente la responsabilidad por la derrota, un acto de sinceridad que reforzó su imagen ante la población egipcia. Sin embargo, desde ese momento, Nasser ya no sería el mismo: el golpe a su prestigio y la falta de soluciones claras para la crisis árabe empeoraron la situación política interna en Egipto.
Cambios en la política y diplomacia egipcia
La derrota en la Guerra de los Seis Días no solo afectó la moral de Nasser, sino que también alteró su enfoque en la política exterior y las relaciones con otros países árabes. Si bien continuó siendo una figura central en el liderazgo árabe, la derrota en 1967 obligó a Nasser a reconsiderar su agresiva postura contra Israel y a revisar sus relaciones con las superpotencias. En los años siguientes, Nasser adoptó una postura más pragmática, buscando soluciones diplomáticas a través de la mediación de potencias internacionales, en lugar de confiar exclusivamente en la confrontación militar.
En 1970, Nasser aceptó el Plan Rogers propuesto por Estados Unidos, un plan que buscaba un alto el fuego entre Egipto e Israel y la desmilitarización del Canal de Suez, aunque las condiciones que imponía este plan fueron difíciles de aceptar. La política de desgaste, que involucraba enfrentamientos esporádicos con Israel, continuó siendo la línea de acción hasta su muerte, pero Nasser parecía estar más dispuesto a negociar un acuerdo de paz, lo que reflejaba un cambio notable en su postura ante el conflicto árabe-israelí.
Últimos años y la mediación en conflictos árabes
En los últimos años de su vida, Nasser también trató de mediar en otros conflictos árabes, reflejando su deseo de mantener la unidad de los países árabes, que estaban profundamente divididos en cuanto a cómo enfrentar la amenaza israelí y la influencia de las potencias extranjeras.
En 1970, el conflicto entre los fedayines palestinos y el gobierno jordano, conocido como el «Septiembre Negro», amenazó con desestabilizar aún más la región. Nasser intervino en este conflicto para mediar entre el rey Hussein de Jordania y Yasser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). En una histórica reunión en El Cairo, Nasser logró que ambas partes firmaran un acuerdo de cese al fuego, lo que le dio una última victoria diplomática y subrayó su rol de líder en el mundo árabe.
Sin embargo, el estado de salud de Nasser estaba deteriorándose rápidamente. Durante este periodo, Nasser sufría de problemas cardíacos que finalmente le llevaron a su muerte prematura.
La muerte de Nasser y el impacto en Egipto y el mundo árabe
El 28 de septiembre de 1970, Gamal Abdel Nasser falleció repentinamente de un ataque cardíaco a los 52 años, dejando a Egipto y al mundo árabe en un estado de conmoción profunda. La noticia de su muerte fue recibida con una mezcla de desesperación y admiración en todo el mundo árabe. En Egipto, la población se volcó en luto, y millones de personas acudieron a las calles para rendir homenaje a su líder.
La muerte de Nasser marcó el fin de una era para Egipto. Su sucesor, Anwar Sadat, asumió la presidencia y, aunque continuó muchas de las políticas de Nasser, en especial en lo relacionado con el nacionalismo árabe y la independencia frente a las potencias extranjeras, Sadat adoptó una postura más pragmática y orientada a la paz con Israel. Sadat fue quien, finalmente, firmó los acuerdos de paz con Israel en 1979, una decisión que Nasser probablemente nunca habría considerado.
El legado de Nasser perduró en la memoria colectiva del mundo árabe. Aunque su sueño de unificar a los países árabes bajo una sola bandera no se cumplió, Nasser dejó un profundo impacto en la historia de Egipto y la región. Fue el arquitecto de un movimiento nacionalista árabe que influyó en generaciones de líderes y activistas. Su visión de un Egipto independiente, fuerte y socialista sentó las bases de muchas de las reformas que se llevarían a cabo en los años posteriores, aunque también dejó un legado de autoritarismo y tensiones internas.
Legado duradero y reinterpretaciones posteriores
Tras su muerte, Nasser fue convertido en un símbolo del nacionalismo árabe y un líder de la lucha contra el imperialismo y el colonialismo. Su figura fue reverenciada en muchas partes del mundo árabe, y su legado de lucha por la independencia y la unidad árabe continuó influyendo en generaciones de líderes políticos.
Sin embargo, en las décadas posteriores, su legado fue reinterpretado. Algunos lo vieron como un líder visionario que luchó por la justicia social y la unidad árabe, mientras que otros criticaron su autoritarismo y su fracaso en lograr la unidad duradera del mundo árabe. A pesar de las críticas, el impacto de Nasser en la historia del Medio Oriente sigue siendo innegable, y su figura sigue siendo objeto de debate y análisis en la política contemporánea.
MCN Biografías, 2025. "Gamal Abdel Nasser (1918–1970): El Líder del Nacionalismo Árabe y la Revolución Egipcia". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/nasser-gamal-abdel [consulta: 5 de febrero de 2026].
