Giovanni Nanni o Annio da Viterbo (1432–1502): El Humanista y Falsificador de la Historia

Giovanni Nanni o Annio da Viterbo (1432–1502): El Humanista y Falsificador de la Historia

Introducción: Giovanni Nanni o Annio da Viterbo: Contexto y Orígenes

Giovanni Nanni, conocido más tarde como Annio da Viterbo, nació en 1432 en la ciudad de Viterbo, situada en la región del Lacio, en Italia. Desde joven, mostró una profunda inclinación hacia el saber, especialmente en las áreas de la filología y la historia antigua. Su formación comenzó bajo la tutela de estudiosos de su ciudad natal, donde desarrolló un dominio del latín, el griego y las lenguas semíticas, lo que lo posicionó como una de las figuras más prometedoras de su tiempo en el ámbito humanista.

A pesar de que su nombre de nacimiento era Giovanni Nanni, el erudito decidió adoptar el pseudónimo de Annio da Viterbo, una latinización que, en muchos aspectos, reflejaba su devoción al estudio de la cultura clásica. A lo largo de su vida, Nanni se dedicó a recopilar, analizar e incluso crear textos antiguos con el objetivo de reconstruir la historia del mundo antiguo, un empeño que lo llevaría a mezclar hechos históricos con invenciones audaces. Su profunda fe religiosa lo llevó a profesar en la orden de los dominicos, lo que, sin embargo, no impidió su continua fascinación por la historia, la literatura y la creación de obras históricas.

Ascenso en la Iglesia y la Sociedad

La combinación de su vasta erudición y su ambición lo catapultó a posiciones de influencia dentro de la Iglesia y la sociedad. A lo largo de su vida, Annio da Viterbo se ganó la confianza de varios papas, entre ellos Sixto IV y Alejandro VI, quienes le confiaron importantes responsabilidades eclesiásticas. Además, la corte de los Reyes Católicos de España también se mostró receptiva a sus trabajos y a la reinterpretación de la historia que ofrecía, lo que fortaleció aún más su prestigio.

La importancia de Annio no solo se limitó a su labor académica, sino también a sus trabajos políticos y administrativos. En su faceta religiosa, destacó como maestro del Sacro Palacio, un cargo que le permitió acceder a los círculos más influyentes de la Roma renacentista. Siendo parte activa del pensamiento humanista, se dedicó a la elaboración de obras que no solo buscaban recrear el pasado de las naciones, sino también legitimarlo ante la mirada de sus contemporáneos.

Obras sobre el Imperio Otomano

Una de las áreas en las que Annio da Viterbo dejó su huella más notable fue en la historiografía sobre el Imperio Otomano. Sus escritos sobre la expansión turca, como el Tractatus de imperio Turcorum, se convirtieron en referencias clave para comprender el fenómeno de las conquistas de los turcos. En estos estudios, Annio no solo relataba los hechos de las incursiones otomanas, sino que también proyectaba sus propias perspectivas sobre el futuro de Europa, en el que se vislumbraba la victoria final de los cristianos sobre los turcos y saracenos.

Estas obras, aunque hoy en día son de interés limitado para los historiadores debido a la naturaleza especulativa de algunas de sus ideas, fueron esenciales en su época para moldear el discurso sobre las amenazas del mundo musulmán y el papel de Europa en la lucha por la Cristiandad. A través de su influencia en los círculos eclesiásticos y de poder, Annio intentó colocar a la historia reciente en una narrativa de triunfo cristiano sobre los musulmanes, una narrativa que fue bien recibida en un contexto de creciente tensión entre estas dos culturas.

El Monumental Estudio sobre la Antigüedad: Antiquitatum Variarum Volumina XVII (1498)

A pesar de su influencia en estos ámbitos, la obra por la que más se recuerda a Annio da Viterbo es su estudio sobre la Antigüedad. Su obra Antiquitatum Variarum Volumina XVII, publicada en Roma en 1498, es un ambicioso intento por reconstruir la historia de las civilizaciones antiguas, especialmente de aquellas que fueron influyentes en el desarrollo de la cultura occidental. Este trabajo, que abarca diecisiete volúmenes, se presenta como un compendio de textos históricos y comentarios sobre fuentes de autores clásicos.

Lo peculiar de esta obra, sin embargo, es que, más que un esfuerzo historiográfico tradicional, el trabajo de Annio se caracteriza por la creación de falsificaciones de textos antiguos. A lo largo de su monumental trabajo, el humanista incluyó documentos supuestamente antiguos que, en realidad, él mismo había compuesto. Estos escritos inventados buscaban, entre otras cosas, establecer una conexión mítica entre las naciones europeas y las grandes civilizaciones antiguas, como las de los hebreos, los egipcios o los griegos.

Este enfoque, si bien en sus tiempos fue ampliamente aceptado y hasta celebrado, hoy es considerado un claro ejemplo de mixtificación histórica. La obra de Annio se basaba en una suerte de mitificación de las civilizaciones antiguas, un proceso en el que no dudó en atribuir hechos históricos clave a personajes y civilizaciones míticas, como los descendientes de Noé o figuras de la Antigüedad clásica, para dar mayor prestigio y legitimidad a las naciones modernas. En su trabajo, España y otras potencias europeas se vieron dotadas de un linaje glorioso que se remontaba a los orígenes bíblicos, como una forma de justificar el poder y la grandeza de estos reinos en el presente.

La recepción de esta obra fue compleja. Mientras algunos la consideraban una magnífica reconstrucción de la historia antigua, otros, como los críticos contemporáneos, empezaron a cuestionar la autenticidad de muchos de los documentos presentados. De todos modos, durante algún tiempo, Annio logró convencer a muchos eruditos de su tiempo, lo que consolidó su lugar en la historia del Renacimiento. Sin embargo, lo que inicialmente fue aclamado como una obra monumental pasó con el tiempo a ser considerado más como un fraude intelectual que una verdadera aportación al conocimiento histórico.

La Mixtificación Histórica: Falsificaciones y Alegaciones sobre el Pasado

La obra más polémica de Annio da Viterbo no fue simplemente su intento de reconstruir la historia antigua, sino el uso que hizo de falsificaciones para respaldar sus teorías. En su afán por encumbrar a las naciones europeas, particularmente a España, Annio se embarcó en la creación de genealogías fantásticas que combinaban elementos mitológicos con hechos históricos distorsionados. De acuerdo con sus escritos, muchas de las grandes civilizaciones de Europa y el mundo antiguo no solo eran descendientes de personajes bíblicos, sino que también poseían un linaje casi divino, que se remontaba a los tiempos del Antiguo Testamento.

Un claro ejemplo de esta mixtificación es la historia que relató sobre la fundación de España, en la que llegó a afirmar que la nación ibérica había sido establecida por Túbal, uno de los hijos de Jafet (hijo de Noé), basándose en unos supuestos textos del historiador babilonio Beroso, los cuales, según él, demostraban este origen legendario. Annio también recurrió a fuentes como Catón, Fabio Pittore y otros autores antiguos para inventar relatos sobre los orígenes gloriosos de varios reinos europeos. En su versión de la historia, los reyes de España procedían de una larga dinastía de monarcas mitológicos, que se remontaba a figuras tan antiguas como el rey Tago, quien según Annio habría fundado Tarifa en el año 1333 a.C.

Estas afirmaciones, aunque se presentaban con el respaldo de lo que parecían ser pruebas históricas, carecían de cualquier base real. No solo los textos atribuidos a Beroso eran una invención, sino que muchas de las citas y relatos sobre la genealogía de los reyes españoles provenían de escritos totalmente apócrifos, creados por el propio Annio. Sin embargo, la habilidad del dominico para disfrazar sus invenciones bajo la autoridad de figuras históricas respetadas le permitió engañar a muchos, incluyendo a eruditos como el historiador Florián de Ocampo y el escritor Esteban de Garibay, quienes más tarde incluyeron estas genealogías en sus propias obras sobre la historia de España.

El Caso de la Lápida Falsificada: El Hallazgo de la Fundación de Viterbo

La capacidad de Annio da Viterbo para fabricar pruebas históricas no se limitó a sus escritos. En un acto de lo que puede considerarse una de sus invenciones más notorias, el erudito falsificó una lápida egipcia que supuestamente confirmaba la fundación de su ciudad natal, Viterbo, por parte de Isis y Osiris. Esta lápida, que afirmaba ser un testimonio de una antigua civilización egipcia, fue enterrada por Annio en las inmediaciones de Viterbo, para que, supuestamente, fuera descubierta más tarde. La noticia de este hallazgo fue divulgada por Annio, quien, casualmente, se encargó de presentar la pieza ante la comunidad local, que se sintió enormemente orgullosa de descubrir que su ciudad tenía conexiones tan remotas y gloriosas con la mitología egipcia.

Este fraude, que demuestra la audaz inventiva de Annio, logró engañar a muchos durante un tiempo. El hecho de que la lápida fuera considerada un hallazgo de gran importancia histórica dio un impulso al ego de los habitantes de Viterbo, quienes comenzaron a considerarse descendientes directos de las divinidades egipcias. Sin embargo, al igual que en el caso de sus escritos, la verdad salió a la luz con el tiempo, y la comunidad académica pronto descubrió la falsedad de la lápida.

El Impacto de la Mixtificación en la Erudición

Aunque las falsificaciones de Annio da Viterbo finalmente fueron descubiertas, el daño que causaron a la historiografía de la época fue considerable. La obra de Annio fue aceptada con entusiasmo en su tiempo por muchos eruditos, especialmente aquellos con un enfoque renacentista que buscaban revitalizar el conocimiento antiguo a través de la interpretación y el redescubrimiento de textos históricos. Entre los estudiosos que cayeron bajo la influencia de sus invenciones se encuentran personajes como Florián de Ocampo y Esteban de Garibay, quienes en sus propias crónicas históricas incluyeron las genealogías y mitos ideados por Annio.

Sin embargo, la aparición de críticos más rigurosos, como el filólogo Pedro Crinito, el historiador Raffaele Maffei, y el teólogo Francisco de Quevedo, comenzó a desmantelar la veracidad de las obras de Annio. Estos eruditos, con su aguda crítica, denunciaron la falsedad de las genealogías inventadas por Annio y su manipulación de los textos antiguos. En España, Quevedo, con su conocida faceta de humanista y escritor, fue uno de los más implacables críticos de las invenciones de Annio, demostrando que figuras históricas como Túbal y Gerión, en las que el dominico basaba su narrativa, no tenían base en la realidad histórica.

El Legado y la Revalorización de Giovanni Nanni

A pesar de las críticas y de los descubrimientos que expusieron las falsificaciones de Annio da Viterbo, su obra sigue siendo objeto de interés, aunque desde una perspectiva diferente. La enorme creatividad y la capacidad para entrelazar mitos y leyendas en su trabajo histórico lo convierten en una figura intrigante dentro de la historia del Renacimiento. Aunque su intento de falsificar la historia de las grandes civilizaciones y de glorificar a ciertas naciones no resistió el escrutinio de los eruditos posteriores, las habilidades literarias de Annio y su impacto en la historiografía siguen siendo parte importante de su legado.

La figura de Giovanni Nanni, o Annio da Viterbo, demuestra cómo la historia y la literatura del Renacimiento fueron moldeadas por las tensiones entre la búsqueda del conocimiento auténtico y la fascinación por el pasado glorioso, tan característico de esta época. Aunque sus intentos por reescribir la historia cayeron en el olvido debido a las exposiciones de fraude, la imaginación de Annio y su lugar en la historia del humanismo siguen siendo innegables, marcando un interesante capítulo en la historia de la interpretación histórica y la creación literaria.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Giovanni Nanni o Annio da Viterbo (1432–1502): El Humanista y Falsificador de la Historia". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/nanni-giovanni-o-annio-da-viterbo [consulta: 24 de enero de 2026].