Muhammad V de Marruecos (1909–1961): El Sultán que Luchó por la Independencia
Muhammad V de Marruecos (1909–1961): El Sultán que Luchó por la Independencia
Contexto Histórico y Social de Marruecos a Inicios del Siglo XX
A comienzos del siglo XX, Marruecos se encontraba en una situación política y social compleja. Si bien el país mantenía una estructura monárquica tradicional, la influencia de potencias extranjeras se hacía cada vez más palpable. Desde finales del siglo XIX, las potencias coloniales europeas, especialmente Francia y España, miraban con interés los vastos recursos naturales y la estratégica ubicación geográfica de Marruecos. El país se encontraba dividido en múltiples zonas de influencia, lo que sentó las bases para la intervención de los poderes coloniales.
En 1912, Marruecos quedó formalmente dividido entre un protectorado francés, que abarcaba las principales ciudades y las zonas más productivas, y un protectorado español, que se limitaba al Rif y otras zonas periféricas. Esta división fue el resultado de un acuerdo entre las potencias coloniales, que se asignaron de manera arbitraria las áreas de control en función de sus intereses estratégicos. Aunque oficialmente Marruecos mantenía su independencia, la realidad era que el país se encontraba bajo una creciente presión externa, con las autoridades coloniales impuestas por las potencias europeas. Esta situación no solo afectó a la administración del país, sino que también caló hondo en la conciencia nacional de los marroquíes, quienes empezaron a luchar por su autonomía y libertad.
La Familia de Muhammad V y sus Primeros Años
Muhammad V nació el 10 de agosto de 1909 en Fez, una de las ciudades más importantes de Marruecos. Era el tercer hijo de Muley Yusuf, quien había sido nombrado sultán por las autoridades francesas en 1912, durante los primeros años del protectorado. Su ascenso al trono fue el resultado de la presión ejercida por las potencias coloniales, que veían en su padre a un líder más moderado y dispuesto a colaborar con los intereses europeos.
La familia alauita, a la que pertenecía Muhammad V, había gobernado Marruecos durante siglos, pero el contexto del protectorado significaba que el poder real de los monarcas marroquíes estaba limitado por la influencia extranjera. A pesar de ser parte de una dinastía histórica, los primeros años de Muhammad V estuvieron marcados por la sombra del colonialismo, una realidad que determinaría su vida y su futuro político.
Muhammad V creció en un ambiente marcado por la presencia colonial, pero también por las tradiciones de la monarquía marroquí. A diferencia de sus hermanos mayores, que tenían una relación más distante con las potencias coloniales, Muhammad se mostró desde joven más cercano a la cultura europea, especialmente a la francesa. Esta inclinación por Francia y su cultura sería una característica clave de su juventud y, más adelante, de su ascenso al trono.
Educación y Formación Inicial
La educación de Muhammad V fue profundamente influenciada por los modelos europeos, lo que era común en la elite gobernante de muchos países bajo dominio colonial. A diferencia de otros príncipes marroquíes que seguían una formación más tradicional, Muhammad fue educado a la europea, con un enfoque en los valores y principios del continente. En 1926, acompañó a su padre en su primer viaje al extranjero, concretamente a Francia, una experiencia que marcaría profundamente al joven príncipe. Este viaje no solo le permitió conocer de primera mano las instituciones y la cultura francesa, sino que también cimentó su simpatía por el país europeo.
A pesar de que sus opciones de acceder al trono eran limitadas debido a la presencia de sus dos hermanos mayores, su educación y su relación con Francia lo pusieron en una posición favorable ante las autoridades coloniales. El alto comisario francés en Marruecos, Théodore Steeg, decidió que Muhammad V sería el próximo sultán, dado su perfil moderado y su simpatía hacia Francia. Esta decisión se tomó en 1927, cuando Muhammad V tenía apenas 18 años. Fue proclamado sultán en noviembre de ese mismo año, sucediendo a su padre tras su muerte.
Primeros Años como Sultán de Marruecos
La llegada de Muhammad V al trono marroquí no estuvo exenta de desafíos. A pesar de ser el nuevo líder del país, su autoridad era limitada por el control efectivo que las potencias coloniales ejercían sobre Marruecos. Francia, en particular, mantenía un control directo sobre la administración del país, mientras que Muhammad V no tenía experiencia en los asuntos de Estado. Durante los primeros años de su reinado, el sultán se vio más como una figura decorativa que como un verdadero líder del país.
El verdadero poder político estaba en manos del gran visir Muhammad al-Moqri, un hombre de confianza de las autoridades coloniales. A pesar de su limitada influencia en los primeros años, Muhammad V comenzó a aprender rápidamente sobre las intrincadas dinámicas de la política interna y externa. Su primera tarea fue consolidar su poder sobre las principales ciudades del país, en particular Rabat, la capital administrativa del protectorado. Para ello, se alió con el bajá de Marrakech, al-Glaui, quien era uno de los hombres más poderosos del país, pero también uno de los más cercanos a las autoridades francesas.
Con el paso del tiempo, Muhammad V fue adquiriendo una mayor conciencia de su rol y de las luchas internas que se libraban en Marruecos. Aunque al principio su reinado se caracterizó por una postura colaborativa con los colonizadores, los primeros indicios de su futura postura nacionalista empezaron a asomar. Fue en esta época cuando comenzó a acercarse a los círculos nacionalistas, especialmente a aquellos que luchaban por la independencia de Marruecos. Sin embargo, esta postura no se consolidaría hasta más tarde, tras el final de la Segunda Guerra Mundial.
Colaboración Inicial con las Autoridades Francesas
Cuando Muhammad V ascendió al trono en 1927, su reinado estuvo inicialmente marcado por la colaboración con las autoridades coloniales francesas. Durante sus primeros años como sultán, Marruecos permanecía bajo el control del protectorado francés, lo que significaba que la verdadera autoridad política y administrativa estaba en manos de los funcionarios franceses. La figura del sultán, aunque importante desde el punto de vista simbólico y religioso, tenía poco poder real.
La relación de Muhammad V con los franceses era cordial y, a menudo, se interpretaba como una alianza estratégica. El joven sultán parecía dispuesto a aceptar la tutela francesa, probablemente porque no veía otra alternativa viable para garantizar la estabilidad de su país. Esta postura fue facilitada por su educación proeuropea y su simpatía por Francia, algo que lo había diferenciado de otros miembros de la familia real, que eran más críticos con la presencia colonial.
Sin embargo, las tensiones entre Marruecos y sus colonizadores no tardaron en manifestarse. Aunque Muhammad V parecía dispuesto a seguir las directrices de Francia, el país estaba inmerso en un proceso de transformación social y política que acabaría por cuestionar la autoridad colonial. A partir de los años 40, con el fin de la Segunda Guerra Mundial, las dinámicas internacionales cambiaron radicalmente, y lo que antes parecía una relación de colaboración pasó a ser un campo de confrontación.
Cambio de Postura: De Colaborador a Defensor de la Independencia
El fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 marcó un punto de inflexión en la política de Muhammad V. Mientras que las potencias coloniales europeas habían salido debilitadas por la guerra, los movimientos nacionalistas en las colonias se hicieron más fuertes. En Marruecos, la lucha por la independencia comenzó a ganar fuerza, especialmente con el ascenso de los partidos nacionalistas, como el Istiqlal, que abogaban por la autodeterminación de Marruecos y el fin del dominio colonial.
Fue en este contexto cuando Muhammad V adoptó una postura más decidida a favor de la independencia. Durante los años 40, comenzó a desvincularse de las autoridades francesas y a mostrar un apoyo abierto al movimiento nacionalista. Esta transición fue un proceso gradual, pero a medida que las tensiones entre Marruecos y Francia aumentaban, Muhammad V se fue distanciando de los colonizadores. En 1947, pronunció un discurso histórico en Tánger, donde expresó el deseo de los marroquíes de obtener la independencia, un mensaje que sorprendió a las autoridades francesas.
En ese momento, Francia intentó frenar las demandas de independencia a través de tácticas diplomáticas y represivas, pero Muhammad V ya estaba completamente comprometido con la causa de la autodeterminación marroquí. Su postura se consolidó aún más después de la Guerra Civil Española (1936-1939), cuando el sultán apoyó abiertamente a los rebeldes franquistas, con la esperanza de que su alianza con el nuevo régimen de Francisco Franco le reportaría más autonomía para Marruecos. Sin embargo, el régimen franquista, que también tenía intereses en el control de Marruecos, no hizo concesiones a las demandas del sultán, lo que generó frustración en Muhammad V.
El Exilio y el Retorno Triunfal
A pesar de su creciente apoyo a la independencia, la postura de Muhammad V no fue bien recibida por las autoridades francesas, que decidieron tomar medidas drásticas. En 1953, tras varias demandas de reformas políticas y la creación de un ambiente más favorable para los movimientos nacionalistas, Francia decidió desterrar a Muhammad V de Marruecos. El sultán fue enviado primero a Córcega y luego a Madagascar, un exilio que duró hasta 1955.
El exilio de Muhammad V tuvo un efecto contrario al esperado por los colonizadores. En lugar de debilitar el movimiento por la independencia, su destierro lo convirtió en un símbolo de la lucha contra el colonialismo. Mientras tanto, el país se sumió en el caos, con el control del territorio marroquí cada vez más difícil de mantener por las autoridades francesas. En este contexto, la figura de Muhammad V, aunque lejos de su tierra, seguía siendo central para los marroquíes que deseaban la liberación de su país.
A medida que la situación en Marruecos empeoraba, Francia se dio cuenta de que su estrategia de mantener a Muhammad V en el exilio no estaba funcionando. En 1955, debido a las continuas protestas y disturbios en Marruecos, las autoridades francesas se vieron obligadas a llamar de nuevo al sultán. Este retorno fue un acontecimiento histórico, ya que marcó el principio del fin del protectorado francés en Marruecos. La popularidad de Muhammad V creció enormemente durante su exilio, y su regreso fue recibido con grandes celebraciones por parte del pueblo marroquí.
Proclamación de la Independencia y Coronación como Rey
El regreso de Muhammad V a Marruecos en 1955 fue el preludio de un proceso que llevaría al país a su independencia. En marzo de 1956, Francia, ante la presión interna y externa, finalmente reconoció la independencia de Marruecos. Este hecho histórico fue un triunfo no solo para Muhammad V, sino para todo el pueblo marroquí, que había luchado durante décadas por su libertad.
En ese mismo año, tras la independencia, Muhammad V fue coronado Rey de Marruecos, en lugar de sultán. La coronación marcó el inicio de una nueva etapa para Marruecos, una etapa que estaría marcada por la consolidación de la soberanía nacional, pero también por los desafíos internos y externos derivados de la transición de un sistema colonial a uno plenamente independiente.
Consolidación de su Autoridad y Reformas Internas
Tras la independencia de Marruecos en 1956 y su consagración como rey, Muhammad V se enfrentó a una de las tareas más difíciles de su reinado: la consolidación de su poder. A pesar de la gran victoria que representó la independencia, el país se encontraba sumido en un estado de confusión y división, tanto política como social. Marruecos necesitaba una transición ordenada hacia un sistema de gobierno independiente, pero también debía enfrentar las complejidades de modernizar su economía y sus instituciones.
Uno de los primeros desafíos fue reconciliar las diversas corrientes políticas dentro de Marruecos. El país estaba dividido entre los tradicionalistas, que deseaban mantener las estructuras de poder clásicas basadas en la monarquía y la religión, y los reformistas, que querían una mayor apertura hacia la modernidad, la industrialización y el desarrollo económico. Muhammad V adoptó una postura intermedia, reconociendo la importancia de la tradición islámica, pero sin limitarse a un sistema político exclusivamente teocrático.
En términos constitucionales, el nuevo rey optó por un sistema en el que la monarquía conservaría un poder significativo, pero sin abandonar la idea de un gobierno más moderno. En 1956, creó una asamblea consultiva compuesta por notables seleccionados por él mismo. Aunque la asamblea no tenía poderes legislativos reales, su creación marcó el inicio de un proceso de participación política en Marruecos, que más tarde se vería reflejado en una Constitución que equilibraba las tradiciones y las aspiraciones de modernidad.
En el ámbito económico, Muhammad V implementó planes de desarrollo con el objetivo de modernizar el país. Se introdujeron planes quinquenales y bienales que buscaban industrializar Marruecos y aumentar la renta nacional. Estas reformas, aunque no exentas de dificultades, sentaron las bases para un crecimiento económico sostenido, impulsando la creación de empleo y la mejora de las infraestructuras del país.
Relaciones Internacionales y Política Exterior
A nivel internacional, Muhammad V trabajó incansablemente para que Marruecos dejara de ser un actor secundario en la política mundial. Uno de sus principales objetivos fue integrar a su país en los principales foros internacionales, como las Naciones Unidas y la Liga Árabe. Marruecos se unió a la Liga Árabe en 1958, lo que le permitió consolidarse como un miembro importante en el mundo árabe.
A pesar de los avances diplomáticos, las relaciones con las potencias europeas, especialmente Francia y España, no fueron fáciles. En términos de política exterior, Muhammad V logró un delicado equilibrio entre mantener buenas relaciones con los países occidentales, como Francia, y fomentar vínculos más estrechos con los países árabes y africanos. Las tensiones con Francia, sin embargo, continuaron siendo un tema recurrente. En particular, la cuestión de los territorios del Sáhara Occidental y Ceuta y Melilla, que aún seguían siendo disputados, marcó las relaciones bilaterales entre Marruecos y España.
A nivel regional, Muhammad V jugó un papel crucial en la consolidación de los países del Magreb, fomentando la unidad entre Marruecos, Argelia y Túnez, aunque la cuestión del Sáhara Occidental más tarde complicaría esas relaciones con Argelia. En cuanto a los países africanos, el rey de Marruecos mantuvo una postura activa en la lucha por la independencia de otros países del continente, apoyando diversos movimientos nacionalistas.
El Legado de Muhammad V y su Muerte
Muhammad V murió de forma repentina el 26 de febrero de 1961, tras una operación menor en la nariz. Su muerte fue un golpe devastador para Marruecos, que había perdido a su líder más querido y reconocido. A pesar de su prematura desaparición, su legado como el artífice de la independencia de Marruecos perduró en la memoria colectiva del pueblo marroquí.
Durante su reinado, Muhammad V transformó a Marruecos de un país sometido a la dominación colonial a un Estado independiente, moderno y miembro activo de la comunidad internacional. Su valentía al enfrentarse a las potencias coloniales y su habilidad para navegar entre los desafíos internos del país le otorgaron una posición única en la historia de Marruecos. No solo fue un líder político, sino también un símbolo de la unidad nacional y la lucha por la autodeterminación.
A su muerte, fue sucedido por su hijo Hassán II, quien continuó con las reformas y consolidaciones iniciadas por su padre. Sin embargo, el legado de Muhammad V siguió siendo el referente de la política marroquí durante muchos años. Fue recordado por su capacidad de liderar a un pueblo dividido y por haber logrado la independencia en un periodo de gran agitación mundial.
Su figura fue admirada por el pueblo marroquí y fue reconocida por otros países árabes y africanos como un referente de la lucha por la independencia y la autodeterminación. Muhammad V no solo fue un rey, sino el artífice de un nuevo Marruecos, que desde su independencia comenzó a forjar su propio destino en el escenario global.
MCN Biografías, 2025. "Muhammad V de Marruecos (1909–1961): El Sultán que Luchó por la Independencia". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/muhammad-v-ibn-yusuf [consulta: 21 de febrero de 2026].
