Mariano Mediano (1864–1923): El Último de Filipinas y Su Gesta Olvidada
Mariano Mediano (1864–1923): El Último de Filipinas y Su Gesta Olvidada
Infancia y Juventud de Mariano Mediano
Mariano Mediano nació en 1864 en Peralta de la Sal, una pequeña localidad situada en la provincia de Huesca, España. Hijo de una familia humilde, Mediano creció en un contexto en el que el destino de los hombres de su entorno estaba marcado, en gran parte, por las circunstancias históricas y políticas que atravesaba el país. Su hermano mayor, Vicente Mediano, fue un militar condecorado en la última guerra carlista, lo que marcó el primer contacto de Mariano con la vida militar. Desde temprana edad, se sintió atraído por la carrera militar, quizás como reflejo de la brillante trayectoria de su hermano y la admiración hacia él.
A los 17 años, en 1881, Mariano Mediano decidió seguir el ejemplo de su hermano y se alistó en los Carabineros, una institución encargada de vigilar el contrabando en la frontera. Fue destinado a Jaca, en los Pirineos, donde pasó varios años enfrentándose a contrabandistas en los difíciles y accidentados bosques de la zona. En este periodo, comenzó a forjarse la personalidad decidida y audaz que caracterizaría sus acciones en el futuro, ya que los Carabineros eran conocidos por la dureza de su labor.
El Comienzo de su Carrera Militar
Alistamiento en los Carabineros y Destino en Jaca
En sus primeros años de servicio, Mariano Mediano se destacó por su disciplina y determinación. Los Carabineros, aunque menos prestigiosos que otras ramas del ejército, le ofrecieron una buena oportunidad para iniciarse en el ámbito militar. Su trabajo consistía principalmente en patrullar las fronteras del Pirineo, persiguiendo contrabandistas en un territorio agreste y complicado. Esta experiencia temprana sería crucial para su futuro, ya que le proporcionó un conocimiento valioso sobre la guerra de guerrillas, que más tarde utilizaría en Filipinas.
Ascenso a la Guardia Real y Desilusión en Madrid
El 1,80 metros de altura de Mariano Mediano no solo le dio una presencia destacada, sino que también le permitió ascender en su carrera militar. Fue incorporado a la Guardia Real, una de las unidades más prestigiosas del ejército español. Tras su destino en Jaca, Mediano fue trasladado a Madrid, donde su vida militar dio un giro inesperado. En la capital, Mediano pasó años en una casi total inactividad. La falta de acción y de misión lo desilusionó profundamente. En lugar de disfrutar de los honores de su nuevo puesto, se sintió atrapado en una rutina sin propósito.
Desesperado por encontrar algo más que el vacío que sentía en su destino madrileño, Mariano Mediano decidió dar un paso audaz y marchó como voluntario a Filipinas. Dejó atrás a su esposa Josefina Zueras y a sus dos hijos, tomando la decisión de embarcarse en una aventura que marcaría su destino y cambiaría para siempre su vida.
La Marcha a Filipinas
En junio de 1897, Mariano Mediano llegó al archipiélago filipino, en un momento clave de la historia de España. El imperio colonial español, ya debilitado, luchaba por mantener el control sobre sus últimas posesiones en el Pacífico. Mediano se alistó en las tropas de choque españolas, los Cazadores Expedicionarios, conocidos por su valentía y por ser los encargados de las misiones más arriesgadas. Fue asignado a un destacamento bajo el mando del general Monet, quien le dio la oportunidad de demostrar su valía.
Los Primeros Enfrentamientos en Filipinas
El Asalto al Monte Kamansi
El 28 de noviembre de 1897, las tropas españolas, entre ellas Mediano, participaron en el asalto al Monte Kamansi, una posición estratégica defendida por las fuerzas filipinas, lideradas por el general Macaboulos. La batalla fue sangrienta, y aunque los españoles lograron tomar el monte, la victoria tuvo un precio muy alto. El número de bajas fue tan elevado que los filipinos, a pesar de haber perdido la posición, consideraron el enfrentamiento como una victoria en términos morales.
El general Monet, a cargo de la operación, optó por repartir honores y condecoraciones entre oficiales que no habían estado presentes en la batalla, dejando a los verdaderos combatientes, como Mediano, en un segundo plano. Este hecho marcó profundamente a Mariano Mediano, quien perdió el mando de su sección en favor de un oficial incompetente. Este nuevo oficial, sin conocimiento del terreno filipino, ordenó que la unidad regresara a Manila de forma imprudente, casi como si se tratara de una victoria. Mediano, indignado por la decisión, protestó formalmente y, como resultado, fue encarcelado. Esta acción, paradójicamente, le salvó la vida, ya que la unidad sufrió una emboscada devastadora en el camino de regreso y fue completamente aniquilada.
La Incompetencia de los Mandos y la Encarcelación de Mediano
El castigo de Mediano, lejos de ser una penalización para su carrera, le permitió sobrevivir a una de las mayores tragedias de su vida. Mientras él estaba preso, sus superiores continuaron demostrando una alarmante incompetencia. Los oficiales que habían sobrevivido a la batalla no tardaron en olvidar a Mediano, y este se vio obligado a abandonar las tropas de Cazadores Expedicionarios. No obstante, la experiencia adquirida en el campo de batalla lo llevó a tomar una decisión que cambiaría su destino: alistarse en la Guardia Civil indígena.
Ingreso a la Guardia Civil y Nuevas Tácticas
Al unirse a la Guardia Civil indígena, Mediano fue destinado a la provincia de Tayabas, en la isla de Luzón. Aquí, adoptó métodos de combate poco convencionales, que incluyeron tácticas de guerrilla inspiradas en sus años de persecución de contrabandistas en los bosques pirenaicos. Para ocultarse mejor entre los campesinos filipinos, Mediano y su unidad, formada en gran parte por indígenas buriks, se desplazaban descalzos y montaban carabaos (búfalos asiáticos), lo que les permitía moverse con total discreción. Esta innovadora estrategia le permitió infligir importantes derrotas al Katipunam, el ejército insurrecto filipino.
Lucha Contra los Insurrectos y el Katipunam
Mediano se convirtió en un enemigo temido por los insurgentes filipinos, especialmente en Tayabas, donde su unidad capturó a miembros clave del Katipunam, incluida la guerrillera Francisca Inantinka. A través de su astucia y conocimiento del terreno, Mediano llevó a cabo incursiones exitosas que mermaron la moral y las fuerzas del ejército filipino, ganándose una reputación como un hábil estratega y líder militar.
El Estallido de la Guerra Hispano-Americana
El 25 de abril de 1898, estalló la Guerra Hispano-Americana, un conflicto que tendría profundas repercusiones en la historia de Filipinas y, por ende, en la vida de Mariano Mediano. La flota española en Filipinas fue destruida por la armada de los Estados Unidos en la Batalla de Cavite, lo que dejó a las tropas españolas sin medios para recibir refuerzos ni suministros. La situación se tornó desesperada para los soldados españoles, que vieron cómo el apoyo desde la metrópoli se desvanecía. Mientras tanto, los filipinos, que luchaban por su independencia del yugo colonial español, aprovecharon la oportunidad para intensificar su insurrección.
En la isla de Luzón, los regimientos indígenas se rebelaron, mataron a sus oficiales españoles y se unieron a las filas del Katipunam, el ejército de liberación filipino dirigido por el general Emilio Aguinaldo. Mediano, quien en ese momento se encontraba en la provincia de Tayabas, vio cómo se fraguaba una sublevación masiva en la isla. Con la caída de la flota española, las fuerzas españolas en Filipinas se vieron rápidamente rodeadas, sin medios para resistir el avance del ejército insurgente.
La Defensa de Tayabas y la Larga Resistencia
La Organización de la Defensa Española en Tayabas
Ante la creciente amenaza de los insurgentes, el comandante español Pacheco organizó la defensa de Tayabas, concentrando todos los recursos militares disponibles en la ciudad. En total, unos 450 soldados españoles se atrincheraron en Tayabas, armados con 34 cañones, pero sin pólvora suficiente para dispararlos. Enfrente de ellos, el ejército del Katipunam, comandado por el general Malvar y Carpio, contaba con 15,000 hombres y 25 cañones, lo que dejaba clara la desventaja española en términos de fuerzas. Pese a la evidente disparidad de fuerzas, los soldados españoles resistieron con valentía.
El 12 de junio de 1898, los insurgentes filipinos comenzaron a rodear la ciudad, desalojando a la población civil y estableciendo un cerco. Los españoles, atrapados en la ciudad, se atrincheraron en los pocos edificios de piedra que quedaban, mientras el resto de la ciudad ardía en llamas. Los combates entre las fuerzas españolas y filipinas fueron constantes y sangrientos durante los días siguientes.
El Asedio Filipino y la Caída de Tayabas
A medida que la batalla se prolongaba, las condiciones de los soldados españoles empeoraron. La malaria y la falta de suministros, especialmente alimentos, hicieron mella en la guarnición española. Las bajas aumentaron, y la moral se desplomó. Sin embargo, las fuerzas españolas continuaron luchando con determinación. La ciudad de Tayabas se convirtió en un campo de batalla, y durante varios días los españoles se enfrentaron a los insurgentes en un asedio continuo.
Finalmente, el 15 de agosto de 1898, la ciudad de Tayabas capituló, tan solo dos días después de que se formalizara la paz entre Filipinas y España. Las fuerzas españolas, agotadas y diezmadas, se rindieron. En el momento de la capitulación, solo quedaban 20 oficiales y 175 soldados en pie, mientras que las pérdidas filipinas ascendieron a 1,500 hombres. La rendición de Tayabas marcó el fin de una de las últimas resistencias significativas en Filipinas.
La Prisión y la Fuga de los Últimos Españoles en Filipinas
Los Prisioneros Españoles en Filipinas
Los sobrevivientes a la rendición de Tayabas fueron hechos prisioneros por los insurgentes y se convirtieron en esclavos de los oficiales filipinos. La indiferencia de España ante la situación de estos prisioneros fue total. El gobierno español, más preocupado por el desastre político que supuso la pérdida de las colonias, hizo caso omiso de los sufrimientos de los soldados que aún permanecían en Filipinas.
A pesar de las difíciles condiciones de cautiverio, los prisioneros españoles no perdieron la esperanza. En marzo de 1899, decidieron llevar a cabo un arriesgado plan de fuga. Eligieron a uno de sus oficiales, el comandante Pacheco, para que escapara y llevara la noticia de su situación a las autoridades españolas. Pacheco logró llegar a Manila e informar a las autoridades norteamericanas sobre la terrible situación de los prisioneros españoles. Sin embargo, el gobierno español seguía mostrando un desinterés absoluto por la suerte de sus soldados.
En mayo de 1899, y ante la falta de noticias sobre el paradero del comandante Pacheco, los prisioneros españoles decidieron huir en masa. Sin embargo, fueron recapturados y encarcelados en cuevas, que se inundaban durante las crecidas de un río cercano. A pesar de la tragedia, seis oficiales, entre ellos Mariano Mediano y el teniente Viamente, lograron sobrevivir, aferrándose a los demás oficiales para evitar ahogarse durante las inundaciones. Los seis supervivientes fueron finalmente enviados a un campo de prisioneros en Rosario.
La Liberación y Regreso a España
El 3 de junio de 1899, el gobierno español finalmente dio por concluida la repatriación de prisioneros de Filipinas. A pesar de ello, aún quedaban miles de soldados dispersos en la selva filipina. En enero de 1900, el ejército de Estados Unidos tomó Lipa, una localidad cercana a Rosario, y liberó a algunos prisioneros españoles. Estos prisioneros instaron a las autoridades norteamericanas a liberar a Mediano y sus compañeros. Aunque inicialmente las autoridades de Estados Unidos se negaron a atacar Rosario, finalmente, bajo engaños, el coronel Anderson accedió a liberar a los últimos prisioneros españoles.
Mariano Mediano regresó a España en 1900, llegando a Barcelona, donde se encontró con un país completamente diferente al que había dejado. Desengañado por la pérdida de Filipinas y la indiferencia de su nación, Mediano decidió retirarse del ejército. Durante sus últimos años de vida, dejó a sus hijos una última consigna: «Olvidad Filipinas». La experiencia de haber sido uno de los últimos soldados españoles en Filipinas le marcó profundamente, y su sentimiento de traición por parte de su país nunca desapareció.
El Regreso y el Desencanto de Mariano Mediano
Tras abandonar el ejército, Mariano Mediano vivió sus últimos años en Barcelona. Su vida estuvo marcada por un sentimiento de desilusión y abandono, ya que, como muchos otros, no recibió el reconocimiento que merecía por sus sacrificios en Filipinas. En varias ocasiones estuvo frente al pelotón de fusilamiento, pero siempre se salvó en el último momento.
Mariano Mediano falleció en 1923, a los 59 años, debido a una crisis cardíaca. A pesar de que su figura fue olvidada por muchos durante años, su legado como uno de los últimos de Filipinas se mantiene vivo. En 2000, el Ejército español, reconociendo finalmente su valentía, rindió homenaje a Mediano y a sus descendientes, entregándoles varias medallas, incluida la Cruz del Mérito Militar.
La historia de Mariano Mediano es un recordatorio de la valentía y la sacrificada lucha de los últimos soldados españoles en Filipinas, que fueron olvidados por su país, pero cuya gesta sigue siendo un símbolo de heroísmo en la historia de España.
MCN Biografías, 2025. "Mariano Mediano (1864–1923): El Último de Filipinas y Su Gesta Olvidada". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/mediano-mariano [consulta: 17 de abril de 2026].
