Mazilier, Joseph (1797-1868): El coreógrafo que revolucionó el ballet francés

Joseph Mazilier, nacido como Giulio Mazarini el 13 de marzo de 1797 en Marsella, es considerado una de las figuras más influyentes en la historia del ballet francés. A lo largo de su carrera, Mazilier no solo destacó como bailarín, sino también como un hábil coreógrafo y maestro, que dejó una huella perdurable en el desarrollo del ballet romántico en Francia. Su legado, plasmado en una serie de obras icónicas y en su trabajo en la Ópera de París, lo coloca como una figura esencial en la evolución del arte del ballet.

Orígenes y contexto histórico

Mazilier nació en una época en la que el ballet clásico estaba en plena transformación. A principios del siglo XIX, Francia vivía una intensa actividad cultural debido a las secuelas de la Revolución Francesa y al auge de las artes durante el Imperio Napoleónico. En este contexto, el ballet de la época se encontraba entre el clasicismo y el romántico, y Mazilier fue testigo y protagonista de esta transición que marcaría una nueva era para la danza en Europa.

Su carrera comenzó en Burdeos, antes de dar su gran salto a la capital francesa. En 1822, debutó en el Théâtre de la Porte-Saint-Martin de París, donde se dio a conocer por su gran talento y su técnica depurada. Fue en esta etapa donde empezó a forjar una relación estrecha con varios de los coreógrafos y compositores más destacados de la época, lo que le permitió desarrollar una carrera llena de importantes estrenos.

Logros y contribuciones

Joseph Mazilier destacó no solo como intérprete, sino también como coreógrafo. A lo largo de su carrera, fue responsable de crear una serie de ballets que marcaron la historia de la danza. Uno de los primeros de estos fue Jocko (1825), creado para la música de Jean-Baptiste Blache. A este le siguieron otros como Monsieur de Pourceaugnac (1826), Les Hussards et les Jeunes Filles (1828) y Les Artistes (1829), todos estos de la mano del coreógrafo Jean Coralli.

Sin embargo, su mayor contribución al repertorio clásico llegó cuando se unió a la Ópera de París en 1830, donde ascendió rápidamente a primer bailarín de carácter en 1833. Durante su estancia en la Ópera, Mazilier estrenó papeles de gran importancia en el ballet romántico, como el papel de James en La Sílfide (1832), una obra que marcó un hito en el ballet europeo. La obra, de la autoría de Filippo Taglioni, se convirtió en un éxito rotundo, y Mazilier contribuyó de manera significativa a su éxito en los escenarios franceses.

A lo largo de su carrera, Mazilier fue reconocido por su habilidad para adaptarse a los distintos estilos que emergieron durante la época. Fue responsable de coreografiar varias obras que llegaron a convertirse en clásicos del repertorio del ballet, como La Tempête, ou L’Île des Génies (1834) y Le Diable Boîteux (1836), ambas de Jean Coralli, así como La Chatte Métamorphosée en Femme (1837) y La Tarantule (1839), obras que contribuyeron al florecimiento del ballet romántico en Francia.

Entre sus trabajos más destacados se encuentran: La Gypsy (Benoist y Marliani, 1839), creado para la famosa bailarina Fanny Elssler; Le Diable Amoureux (Benoist y Réber, 1840); Lady Henriette, ou La Servante de Greenwich (Flotow, Burghmüller y Deldevez, 1844); y Le Diable à Quatre (Adam, 1845), que consolidaron su posición como uno de los coreógrafos más importantes de su tiempo.

Momentos clave en su carrera

A lo largo de su carrera, Mazilier vivió numerosos momentos clave que marcaron su evolución como artista y su contribución al ballet. Entre los más destacados se encuentran:

  1. Su debut en el Théâtre de la Porte-Saint-Martin (1822), que lo catapultó a la fama.

  2. La creación de Jocko (1825), que consolidó su relación con Jean Coralli y otros compositores como Blache.

  3. Su ascenso a primer bailarín en la Ópera de París en 1833, un cargo que le permitió influir en la dirección artística de la compañía.

  4. La creación del papel de James en La Sílfide (1832), una de las obras más representativas del ballet romántico.

  5. Su trabajo en la coreografía de Le Corsaire (1856), una de las obras más célebres de la época, en la que colaboró con otros artistas como Auber.

Mazilier también se destacó por su faceta como maestro de ballet en la Ópera de París, donde impartió clases entre 1839 y 1851, y nuevamente entre 1853 y 1860. Fue durante este período cuando supervisó y perfeccionó las puestas en escena de algunas de las obras más grandes del repertorio, como Le Corsaire, que se representó de manera exitosa en 1856.

Relevancia actual

El legado de Joseph Mazilier es indiscutible en la historia del ballet. Aunque su nombre puede no ser tan conocido fuera del mundo de la danza, su influencia en la evolución del ballet romántico es enorme. Fue una figura clave que contribuyó a la creación de algunas de las obras más importantes del siglo XIX, y su capacidad para integrar el estilo romántico en las coreografías le permitió dar forma a lo que hoy se considera el repertorio clásico del ballet.

El impacto de Mazilier puede verse en la forma en que las compañías de ballet continúan interpretando sus obras, como La Sílfide, Le Corsaire y Jovita, ou Les Boucaniers (1853), las cuales siguen siendo representadas en teatros de todo el mundo. Su contribución a la coreografía, así como su dedicación al perfeccionamiento técnico y artístico del ballet, lo colocan como una de las figuras más relevantes del arte de la danza.

Además, su influencia perdura en la formación de generaciones de bailarines y coreógrafos. La Ópera de París, donde desempeñó su labor durante muchos años, continúa siendo una de las instituciones más prestigiosas en la formación de bailarines y coreógrafos, en gran parte debido al legado dejado por Mazilier y sus contemporáneos.

Algunas de sus obras más destacadas

  • Jocko (1825)

  • Monsieur de Pourceaugnac (1826)

  • La Sílfide (1832)

  • La Tempête, ou L’Île des Génies (1834)

  • Le Diable Boîteux (1836)

  • La Gypsy (1839)

  • Le Diable Amoureux (1840)

  • Le Diable à Quatre (1845)

  • Le Corsaire (1856)

  • Marco Spada, ou La Fille du Bandit (1857)

Joseph Mazilier falleció en París el 19 de mayo de 1868, dejando un legado que continúa siendo relevante en la historia del ballet. Su influencia sobre la danza clásica es monumental, y su nombre sigue vivo en cada paso que se da en los escenarios más prestigiosos del mundo.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Mazilier, Joseph (1797-1868): El coreógrafo que revolucionó el ballet francés". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/mazilier-joseph [consulta: 6 de febrero de 2026].