Ludovico Manin, Dux de Venecia (1725-1802): El Último Duque de una Gloriosa República
Ludovico Manin (1725-1802), centésimo vigésimo y último dux de Venecia, vivió en una época marcada por la transición entre las viejas estructuras políticas europeas y la Revolución Francesa, que transformó radicalmente el panorama geopolítico del continente. Nacido en Friuli, su vida y su mandato coincidieron con el apogeo de las conquistas napoleónicas, que pusieron fin a una de las repúblicas más emblemáticas de la historia: la Serenísima República de Venecia. A través de una carrera política y militar que se extendió por varias décadas, Manin fue testigo del declive de su ciudad natal ante la presión de fuerzas externas y los cambios internos. Su abdicación en 1797 marcó el fin de una era en la historia de Venecia.
Orígenes y Contexto Histórico
Ludovico Manin nació el 14 de mayo de 1725 en Friuli, Italia, en una familia de rancio abolengo que gozaba de privilegios dentro del sistema veneciano. Su linaje tenía derecho a voto en el Gran Consejo desde 1651 y recibía una importante retribución anual de 100.000 ducados. A lo largo de su vida, Manin desarrolló tanto su carrera política como militar, ascendiendo gradualmente a través de diversas posiciones en el ejército veneciano. En 1751 fue nombrado capitán del ejército, y poco después ocupó cargos de mayor responsabilidad en Verona y Brescia, donde se destacó por su habilidad como líder militar. A los 39 años, Manin alcanzó el puesto de procurador de San Marcos, lo que consolidó aún más su posición dentro de la elite veneciana.
En términos históricos, la Venecia de Manin ya no era la poderosa República de antaño. Desde el siglo XVI, la Serenísima había visto cómo su influencia en el Mediterráneo y en Europa disminuía frente a las crecientes potencias marítimas y terrestres como España, Austria y Francia. Además, la corrupción interna y los problemas económicos habían minado las bases del gobierno veneciano, lo que contribuyó al lento declive de la república. A pesar de estas dificultades, Manin heredó un cargo prestigioso y una ciudad que aún albergaba una rica tradición política y cultural.
Ascenso al Trono Ducal y Primera Crisis
En 1789, tras la muerte de Paolo Renier, Manin fue elegido como el nuevo dux de Venecia. Su ascenso al trono ducal fue celebrado con grandes gastos, lo que generó descontento entre la población veneciana, que se encontraba empobrecida debido a las continuas dificultades económicas. Durante este período, las tensiones sociales eran palpables, y los venecianos, desilusionados por la opulencia de su líder, comenzaron a expresar su descontento a través de coplas populares. Una de las más conocidas era la que se refería a Manin de forma sarcástica, diciendo: «Il doge Manin dal piccolo cuore, è stretto di mano perchè è nato friulano», en referencia a su carácter y origen.
El mandato de Manin coincidió con el estallido de la Revolución Francesa en 1789. Los disturbios en Francia, que pusieron en cuestión las estructuras monárquicas y aristocráticas de Europa, tuvieron repercusiones en toda la región. Venecia, aislada y sin capacidad para mantenerse neutral en medio de la creciente influencia de la Revolución, comenzó a ser arrastrada por los eventos que se desarrollaban en París. El Senado veneciano, en un intento por evitar la intervención de las fuerzas revolucionarias en su territorio, estableció relaciones diplomáticas con la joven República Francesa.
La Amenaza Francesa y la Caída de Venecia
En 1796, la situación de Venecia empeoró con la llegada de las tropas napoleónicas. Napoleón Bonaparte, un líder militar ambicioso, había comenzado a expandir su influencia por toda Europa. Aprovechando el caos generado por la Revolución Francesa, Napoleón había lanzado una serie de victorias militares en el norte de Italia. En abril de 1797, el general Junot entregó a Ludovico Manin una carta en la que se le daba un ultimátum: Venecia debía someterse a las fuerzas de la Revolución Francesa. La respuesta del gobierno veneciano fue un acto de resistencia simbólica. En la última reunión del Senado, en un ambiente de pesimismo y desesperación, se dispararon los cañones del fuerte Sant’Andrea en un intento de defender la ciudad. Sin embargo, este gesto de resistencia fue infructuoso.
La ciudad, que había sido un próspero centro de comercio y cultura durante siglos, ya no podía enfrentar la fuerza militar de las tropas napoleónicas. A principios de mayo de 1797, Napoleón Bonaparte envió un mensaje claro de lo que esperaba para Venecia. De hecho, sus palabras fueron comparadas con las de Atila, el rey de los hunos, conocido por su devastadora invasión de Europa. Napoleón no tenía intención de negociar, y su avance era imparable.
El 12 de mayo de 1797, ante la presión de los acontecimientos y la falta de apoyo de sus conciudadanos, Ludovico Manin abdicó de su puesto como dux. La insignia ducal fue entregada a una asamblea provisional sin poder real, y dos días después, Manin abandonó el palacio ducal. Las tropas francesas entraron en la ciudad, poniendo fin a la Serenísima República de Venecia tras más de mil años de existencia.
La Retiro y Muerte de Ludovico Manin
Tras su abdicación, Ludovico Manin se retiró a la vida privada en su palacio de San Stae, en Venecia. Allí vivió sus últimos años en relativo anonimato. La entrada de las tropas francesas marcó el final de su carrera política y de la historia de la República de Venecia como una entidad independiente. Ludovico Manin murió el 24 de octubre de 1802 a la edad de 77 años. Fue enterrado en la iglesia de los Descalzos en Venecia, cerrando así el capítulo de una de las ciudades más gloriosas de Europa.
Relevancia Actual
El legado de Ludovico Manin está irremediablemente ligado al fin de la República de Venecia, una de las civilizaciones más emblemáticas de la Edad Media y la Edad Moderna. Aunque su mandato fue breve y en gran parte definido por la caída de la ciudad, Manin representa el final de un período de historia que se extendió por siglos. La Serenísima República de Venecia, famosa por su estructura política única y su capacidad de mantener la independencia en un contexto internacional muy turbulento, fue absorbida por las fuerzas de la Revolución Francesa, con la participación activa de Napoleón Bonaparte en su destino final.
Hoy en día, el nombre de Ludovico Manin es recordado no solo como el último dux de Venecia, sino también como un testigo de la caída de una era. Las conquistas napoleónicas transformaron Europa de manera irreversible, y la desaparición de Venecia como república independiente simboliza el fin de una era de grandes repúblicas comerciales en el Mediterráneo.
MCN Biografías, 2025. "Ludovico Manin, Dux de Venecia (1725-1802): El Último Duque de una Gloriosa República". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/manin-ludovico-dux-de-venecia [consulta: 23 de febrero de 2026].
