Luisillo (1928-VVVV). El coreógrafo mexicano que revolucionó la danza española

Luis Pérez Dávila, más conocido en el mundo artístico como Luisillo, es una figura imprescindible en la historia de la danza del siglo XX. Nacido en México en 1928, su trayectoria abarca no solo una destacada carrera como bailarín y bailaor, sino también un papel fundamental como coreógrafo y director de compañías de danza, llevando el arte del flamenco y la danza española a escenarios internacionales. Su versatilidad, creatividad y compromiso con la tradición y la innovación han hecho de su legado uno de los más influyentes dentro del panorama dancístico hispano.

Orígenes y contexto histórico

Luisillo nació en un México en plena transformación cultural, donde las expresiones artísticas comenzaban a tomar un papel protagónico en la construcción de una identidad nacional moderna. Su formación en la danza comenzó en su ciudad natal, donde demostró desde muy joven un talento inusual para el movimiento y la expresión corporal.

Su salto a la escena internacional ocurrió en 1947 cuando debutó en Nueva York con la compañía de la legendaria Carmen Amaya, figura emblemática del flamenco. Esta experiencia marcó profundamente su concepción de la danza, dotándolo de una perspectiva híbrida entre el arte tradicional y las tendencias contemporáneas.

Al año siguiente, en 1948, Luisillo debutó en los escenarios de España, país que se convertiría en el epicentro de su carrera y en el territorio donde dejaría una huella imborrable.

Logros y contribuciones

En 1950, Luisillo fundó junto a Teresa Viera Romero los Ballets Españoles de Teresa y Luisillo, una compañía que llevó la danza española por toda Europa y los Estados Unidos. Esta etapa fue esencial para la proyección internacional del flamenco y la danza clásica española, gracias a una propuesta escénica rigurosa y a la vez innovadora.

Tras la separación artística de Teresa, la compañía pasó a denominarse Compañía de Danza Española, consolidándose como un referente en el ámbito coreográfico. Fue con esta agrupación que Luisillo estrenó algunas de sus obras más representativas, como El Prisionero y La Espera, coreografías que exploraban nuevas formas de narrar a través del cuerpo.

Entre sus aportaciones más relevantes destaca el estreno en 1964 del ballet Aventuras y Desventuras de Don Quijote, con música de Moreno Torroba, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Esta pieza no solo recibió elogios de la crítica, sino que pasó al repertorio del Ballet Nacional de Finlandia, lo que demuestra el alcance y calidad de su trabajo.

En 1965, Luisillo presentó en el Vaticano la coreografía El Convite, realizada con motivo de una concentración mundial de gitanos. Esta obra, impregnada de simbolismo y carga social, le valió la Medalla Ben Meritate, entregada personalmente por el papa Pablo VI.

Momentos clave

La carrera de Luisillo se articula en torno a una serie de hitos que definieron no solo su evolución artística, sino también el rumbo de la danza española contemporánea. Entre los momentos más destacados se encuentran:

  • 1947: Debut internacional en Nueva York con Carmen Amaya.

  • 1948: Primera actuación en España.

  • 1950: Fundación de los Ballets Españoles de Teresa y Luisillo.

  • 1964: Estreno de Aventuras y Desventuras de Don Quijote en el Teatro de la Zarzuela.

  • 1965: Presentación de El Convite en el Vaticano.

  • 1976: Retiro de los escenarios para dedicarse a la dirección coreográfica.

  • 1981: Nueva versión de Don Quijote para el Ballet Nacional de España.

  • 1984: Fundación del Teatro de Danza Española.

  • 1991: Creación de Capricho Español con música de Rimsky-Korsakov.

A partir de 1976, Luisillo decidió alejarse de los escenarios como intérprete para centrarse en la dirección y montaje coreográfico. Esta nueva faceta lo llevó a trabajar con importantes instituciones, como el Ballet Nacional de España, para el cual creó una nueva versión del ballet Don Quijote en 1981. Esta obra reafirmó su habilidad para fusionar el lenguaje clásico con los matices del flamenco, dotando de profundidad dramática y técnica a una de las figuras más universales de la literatura.

En 1984 dio un paso más en su labor como promotor de la danza española al fundar el Teatro de Danza Española, un espacio destinado a la creación y difusión de nuevas propuestas coreográficas. Allí llevó a escena obras de gran valor artístico, entre las que sobresale Capricho Español (1991), con música de Rimsky-Korsakov.

Relevancia actual

El impacto de Luisillo en la danza contemporánea es innegable. Su obra se mantiene como un referente obligado para coreógrafos, bailarines y estudiosos del flamenco y la danza española. No solo innovó en lo técnico y lo estético, sino que también contribuyó a la internacionalización del arte flamenco, proyectando su riqueza cultural a niveles globales.

Entre sus múltiples distinciones, destacan:

  • Medalla de Oro del Teatro La Fenice de Venecia

  • Rosa de Oro de Garda del Festival Internacional de Verona

  • Medalla de la Orden de San Ambrosio en Milán

  • Azteca de Plata de la Olimpiada Cultural de México

  • Sagitario de Oro de Italia

Estos premios no solo reconocen su maestría artística, sino también su papel como embajador cultural entre España y Latinoamérica, así como su capacidad para transformar la danza en una herramienta de comunicación universal.

Luisillo también dirigió el renombrado Tablao Los Cabales en Madrid, contribuyendo así a mantener viva la llama del flamenco en su forma más auténtica, a la vez que promovía nuevos talentos y creaciones.

Legado vivo y en constante evolución

Luisillo representa una síntesis entre la tradición y la innovación. Supo extraer lo más genuino del flamenco y la danza clásica española, incorporando elementos modernos sin perder la esencia de los estilos tradicionales. Su legado se refleja tanto en sus creaciones coreográficas como en las generaciones de bailarines y coreógrafos que han seguido sus pasos.

El hecho de que aún se le considere una figura vigente, incluso décadas después de haber abandonado el escenario como intérprete, habla de la profundidad de su impacto cultural. Obras como Luna de sangre (1952) y Romancero gitano (1970) siguen siendo fuente de inspiración por su carga emocional, riqueza rítmica y exploración estética del alma española y gitana.

Luisillo no solo dejó coreografías; dejó una forma de entender la danza como expresión total del ser humano, donde confluyen la emoción, la técnica, la narración y el compromiso con la identidad.

Hoy su influencia se percibe en los repertorios de compañías nacionales e internacionales, en el estilo de nuevos creadores, y en la memoria colectiva del arte escénico. Su nombre es sinónimo de excelencia, innovación y profundo respeto por las raíces culturales.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Luisillo (1928-VVVV). El coreógrafo mexicano que revolucionó la danza española". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/luisillo [consulta: 12 de febrero de 2026].