Diego López Pacheco Cabrera y Bobadilla (1599–1653): Virrey de Nueva España y el Marqués de Villena

Diego López Pacheco Cabrera y Bobadilla (1599–1653): Virrey de Nueva España y el Marqués de Villena

Introducción a Diego López Pacheco Cabrera y Bobadilla

Diego López Pacheco Cabrera y Bobadilla, conocido principalmente como el Marqués de Villena, fue una figura clave en la historia de la administración colonial española, destacando por su paso por el virreinato de Nueva España entre 1640 y 1642. Nacido en Alcázar de Belmonte, en la provincia de Cuenca, en 1599, su vida estuvo marcada por la nobleza, el poder político y los complejos conflictos dentro de la administración colonial. Su figura es representativa de una época en la que los virreyes de las colonias españolas no solo gobernaban con poder absoluto, sino que también estaban involucrados en intrincados juegos de lealtades, ambiciones personales y rivalidades que definieron el rumbo de la Nueva España durante la época del reinado de Felipe IV.

Orígenes y Formación Académica

López Pacheco nació en una familia noble de la Mancha, lo que le permitió acceder a una educación privilegiada. Estudió en la prestigiosa Universidad de Salamanca, un centro educativo que formaba a muchas de las élites españolas de la época. Su formación académica, aunque no especialmente documentada en términos de materias específicas, le permitió adquirir las herramientas necesarias para desenvolverse en un mundo político y social altamente competitivo.

Tras sus estudios, se enlistó como coronel de infantería, lo que le dio cierta notoriedad en el ámbito militar, aunque su carrera política fue la que realmente marcó su futuro. Los títulos nobiliarios heredados tras la muerte de su hermano mayor le otorgaron una influencia considerable dentro de la nobleza española. Fue duque de Escalona y conde de San Esteban de Gormaz, una posición que consolidó su relevancia en la corte de Madrid.

Ascenso a la Noblesa y Matrimonio

En 1620, Diego López Pacheco se casó con Luisa Bernarda, una unión que, además de ser un paso importante en su vida personal, fortaleció su posición en la aristocracia. Luisa Bernarda murió en 1638, un año antes de que él recibiera el nombramiento para ser virrey de la Nueva España. Este matrimonio fue significativo, ya que la esposa de Escalona fue un elemento clave en sus conexiones familiares y políticas, especialmente porque, a través de su esposa, tenía vínculos con la nobleza portuguesa, lo que en los años posteriores jugaría un papel crucial en los conflictos que enfrentaría durante su gobierno en el virreinato.

Designación como Virrey de Nueva España

En 1640, Diego López Pacheco fue nombrado virrey de la Nueva España, un cargo sumamente relevante en la España colonial, ya que Nueva España era uno de los virreinatos más poderosos y económicamente significativos del Imperio Español. El nombramiento fue una sorpresa para muchos, pues Escalona no era necesariamente un político experimentado en la administración colonial, pero su poderío en la corte española y su noble estirpe fueron factores determinantes para su ascenso. Fue el primer grande de España en recibir el cargo de virrey, un hecho que subrayaba el grado de confianza que la corona depositaba en él.

En abril de 1640, Escalona embarcó rumbo a Veracruz con una comitiva de más de 70 criados, lo que demostraba el lujo y el poder que pretendía mostrar al asumir el virreinato. En la misma flota viajaba Juan de Palafox y Mendoza, el visitador general y futuro obispo de Puebla, cuya relación con el virrey sería fundamental para el desarrollo de su mandato.

El 24 de junio de 1640, Escalona desembarcó en San Juan de Ulúa, el principal puerto de la Nueva España, donde fue recibido con una mezcla de expectativas y desconfianzas, sobre todo por los sectores que lo veían como un virrey distante de las realidades del virreinato y más centrado en sus propios intereses personales.

Conflictos con Juan de Palafox y Mendoza

Desde el inicio de su mandato, la relación de Diego López Pacheco con Juan de Palafox y Mendoza estuvo marcada por profundas tensiones. Aunque al principio intentaron dar una imagen de cooperación, las diferencias entre ambos no tardaron en aflorar. Palafox, un hombre de principios estrictos y un firme defensor de la reforma moral y política de Nueva España, se enfrentó rápidamente a Escalona, quien representaba una administración más tradicional y centrada en los intereses personales y económicos de la aristocracia española.

Uno de los principales puntos de fricción entre el virrey y el visitador general fue la administración de las doctrinas de indios en el obispado de Puebla. En 1640, Palafox decidió reformar el control de las parroquias indígenas, que hasta ese momento estaban en manos de los frailes, entregándoselas a los curas seculares. Esta reforma, que tenía un trasfondo político, fue vista por muchos criollos como un avance para erradicar los privilegios de los regulares, especialmente los frailes franciscanos, quienes estaban muy vinculados a Escalona.

El virrey, por su parte, no dudó en defender a los frailes y en obstaculizar los esfuerzos de Palafox. En diciembre de 1640, autorizó a los alcaldes mayores a oponerse a las reformas e incluso a impedir que los frailes perdieran el control sobre las parroquias. Este conflicto se convirtió en un enfrentamiento abierto entre ambos, donde las diferencias de carácter se volvieron más pronunciadas: Escalona, orgulloso de su noble estirpe, buscaba consolidar su poder y sus riquezas personales, mientras que Palafox, más puritano y reformista, no dudaba en atacar los abusos de la administración colonial.

La disputa entre ambos personajes también se vio reflejada en la esfera política. Palafox acusaba a Escalona de administrar las rentas reales en beneficio propio y de sus allegados, de fomentar la corrupción a través de la venta de oficios públicos y de hacer caso omiso de los abusos cometidos por los alcaldes mayores contra los indígenas. Estas tensiones llegaron a un punto crítico cuando, en 1641, se desató la crisis con Portugal, que repercutió directamente en la administración de Escalona.

Cuestiones Políticas y Sociales en Nueva España

El virrey Escalona se encontró atrapado en medio de una serie de conflictos políticos y sociales que definieron su mandato. Las tensiones internas dentro del virreinato de Nueva España, exacerbadas por la reforma religiosa de Palafox, se unieron a la creciente inquietud generada por la ruptura de Portugal con la corona española. A nivel social, las reformas impulsadas por el obispo de Puebla afectaron profundamente el equilibrio de poder en la Nueva España, enfrentando tanto a las órdenes religiosas como a los grupos criollos y los sectores más conservadores de la élite colonial.

Uno de los aspectos más complejos de esta situación fue el conflicto entre los frailes y los curas seculares, que se intensificó tras la reforma de Palafox. La reforma que pretendía retirar a los frailes de las parroquias para dárselas a los clérigos seculares tenía implicaciones políticas más allá de la esfera religiosa. Los criollos, mayoría en el clero secular, veían en estas reformas una oportunidad para disminuir el poder de los frailes, que históricamente habían tenido una gran influencia en la política colonial. Esta postura fue apoyada por Palafox, pero Escalona, quien tenía fuertes vínculos con las órdenes mendicantes, defendió abiertamente a los frailes, lo que llevó a un enfrentamiento entre ambos.

Además de los conflictos religiosos, Palafox acusó a Escalona de ser negligente en cuanto a los abusos de los alcaldes mayores, quienes oprimían tanto a los indígenas como a los criollos. Escalona, que había adoptado una actitud de defensa de sus propios intereses y los de su círculo cercano, permitió que estos abusos continuaran. Palafox, por su parte, denunció la corrupción y la falta de acción del virrey para frenar los abusos, lo que lo convirtió en un blanco de sus ataques.

Además, Escalona tenía un enfoque bastante diferente al de Palafox en cuanto a la administración de las rentas reales y las finanzas coloniales. El virrey se benefició de la venta de cargos públicos y de un manejo personal de los recursos, lo que no solo generó quejas dentro de la administración, sino que también alimentó los rumores sobre su avaricia y su desinterés por el bienestar de los súbditos. A medida que Palafox insistía en que Escalona debía rendir cuentas y actuar de manera más ética, el virrey se mantenía firme en su postura, lo que intensificó las tensiones.

El Conflicto con los Lusitanos y la Crisis con Portugal

Uno de los elementos más dramáticos del gobierno de Escalona en Nueva España fue su relación con los portugueses, especialmente tras la independencia de Portugal en 1640. En ese año, Portugal rompió oficialmente con la corona española, lo que desató una serie de medidas de precaución por parte de la monarquía española en sus territorios coloniales. En Nueva España, Escalona se vio atrapado en una situación compleja, ya que tenía vínculos familiares con la familia real portuguesa a través de su difunta esposa, Luisa Bernarda, quien era pariente del duque de Braganza, el líder de la rebelión portuguesa.

La ruptura con Portugal generó una gran desconfianza en la corte española hacia Escalona, debido a su parentesco con los rebeldes portugueses. A raíz de esta crisis, en enero de 1641, la corona española envió diversas cédulas secretas a Escalona con órdenes estrictas: debía suspender la llegada de más portugueses a Nueva España, investigar sus intenciones y, en caso de ser necesario, retirar a los portugueses de los puertos y enviar los navíos lusos al interior. Este periodo fue de gran tensión, ya que los rumores sobre una posible conspiración portuguesa en el virreinato se multiplicaban.

Palafox aprovechó esta situación para sembrar dudas sobre la lealtad de Escalona. Acusó al virrey de ser demasiado favorable hacia los portugueses y de no tomar las precauciones necesarias ante la amenaza de una insurrección. A través de informes al Consejo de Indias y a la corte, Palafox sugirió que Escalona podría estar colaborando con los rebeldes portugueses, un rumor que terminó influyendo en la decisión de la corona española de destituir al virrey.

Destitución y Regreso a España

A medida que las tensiones aumentaban, la situación de Escalona se volvió insostenible. En enero de 1642, la corte española aprobó un informe del Consejo de Indias en el que se recomendaba la destitución de Escalona debido a sus vínculos con los lusitanos y su manejo cuestionable de los asuntos coloniales. El informe también especulaba sobre la posibilidad de que Escalona tuviera intenciones de proclamarse rey de Nueva España, lo que fue utilizado por Palafox como una justificación para su remoción.

En junio de 1642, Palafox se dirigió a la capital de Nueva España, México, donde convocó a una junta secreta y notificó la destitución de Escalona. El virrey se vio obligado a retirarse del gobierno y, tras pasar unos meses en el convento de Churubusco, se trasladó a otro convento cercano en San Martín. Mientras tanto, en España, su hijo, el conde de Santisteban, presentó una defensa de su padre, argumentando que las acusaciones de Palafox eran infundadas.

En abril de 1643, Escalona regresó a España, donde se abrió una investigación sobre su destitución. Después de un largo proceso, Escalona fue exculpado de los cargos de corrupción y traición. No obstante, decidió rechazar el regreso a Nueva España y solicitó diversas mercedes. En lugar de regresar a su antiguo puesto, fue nombrado virrey de Sicilia y, más tarde, virrey de Navarra, donde finalmente falleció en 1653.

Legado y Reflexión Final

El legado de Diego López Pacheco Cabrera y Bobadilla es, en muchos aspectos, el de un hombre atrapado entre sus propios intereses personales, las expectativas de la corte española y las turbulentas realidades de la administración colonial. Su gobierno en Nueva España fue testigo de la compleja interacción entre la nobleza, el clero y la monarquía, reflejando los conflictos inherentes al sistema colonial español.

Escalona nunca alcanzó la estabilidad política que esperaba en Nueva España, debido a las luchas de poder con figuras como Juan de Palafox y Mendoza, y a las presiones derivadas de la crisis con Portugal. A pesar de sus fallos administrativos y personales, su historia muestra las dificultades inherentes a la gestión de uno de los virreinatos más importantes del Imperio Español. Su destitución y posterior exculpación subrayan el frágil equilibrio de poder en la corte española, donde las acusaciones de corrupción y deslealtad podían destruir carreras, pero también dar lugar a nuevas oportunidades para aquellos que sabían jugar sus cartas con astucia.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Diego López Pacheco Cabrera y Bobadilla (1599–1653): Virrey de Nueva España y el Marqués de Villena". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/lopez-pacheco-cabrera-y-bobadilla-diego [consulta: 5 de febrero de 2026].