Antonio Lomelín Migoni (1945–2004): El Valiente Matador de Toros que Enfrentó al Peligro sin Miedo
Antonio Lomelín Migoni (1945–2004): El Valiente Matador de Toros que Enfrentó al Peligro sin Miedo
1. Introducción al personaje y primeros años
Antonio Lomelín Migoni nació el 26 de diciembre de 1945 en la ciudad de Acapulco, Guerrero, México, en una familia donde el ambiente taurino estaba lejos de ser ajeno. Su vida y carrera estuvieron marcadas por la valentía y el arrobo que exhibió desde sus primeros pasos en el mundo del toreo, un destino que parecía estarle predestinado desde su infancia.
El joven Lomelín creció observando las faenas taurinas en las plazas cercanas a su ciudad natal, donde se cultivaba una gran afición a los toros. A pesar de las circunstancias adversas y de no contar con una familia directamente vinculada a la tauromaquia profesional, Antonio desarrolló una pasión desbordante por los toros. Con un fuerte deseo de emular a los grandes matadores que había visto en su tierra natal, comenzó a entrenar desde joven, y pronto se vio arrastrado por el sueño de convertirse en un matador de toros reconocido en el país y más allá de sus fronteras.
2. Inicios en el toreo
Su carrera taurina comenzó con pasos modestos pero decididos. En sus primeros años, Lomelín se presentó en diversas fiestas menores en las que empezó a ganarse la confianza de la gente. A través de estas experiencias, demostró rápidamente su gran temple y valentía, un rasgo que lo caracterizaría a lo largo de toda su carrera. Desde sus primeros días en el ruedo, Antonio mostró una gran entrega, siempre dispuesto a enfrentarse a los toros de una manera temeraria y desafiante, dispuesto a asumir cualquier riesgo con tal de triunfar y de no quedar nunca en deuda con la audiencia.
La primera vez que Lomelín actuó en una novillada picada fue en la pequeña plaza de La Aurora, un coso cercano al Distrito Federal. Este primer paso en su carrera le permitió forjar una sólida base de experiencia que le abriría las puertas de otras plazas más importantes. A tan solo unos meses de este debut, Lomelín tuvo la oportunidad de presentarse como novillero en la emblemática Plaza Monumental de México, el 16 de mayo de 1965. Este evento marcó un antes y un después en su camino taurino, pues le permitió demostrar su entrega y su estilo valiente ante un público exigente y aficionado al toreo.
3. La carrera como novillero
El carácter temerario y la dedicación de Lomelín en los ruedos lo convirtieron rápidamente en una figura prometedora dentro del circuito de novilleros. Su estilo valiente, que lo llevaba a enfrentarse sin temor a los toros, le permitió destacarse desde el principio. Sin embargo, esa misma valentía casi le cuesta su carrera en sus primeros años, ya que en el transcurso de sus primeros enfrentamientos con los toros sufrió dos graves cornadas: una en la ingle durante una actuación en la plaza de Puebla y otra más en Monterrey. Estos accidentes dejaron en evidencia tanto el riesgo inherente a la profesión como la férrea voluntad de Lomelín de no abandonar su vocación pese al peligro.
A pesar de estos percances, el matador mexicano nunca se rindió, y fue precisamente esa tenacidad la que le permitió seguir adelante. La tragedia de esas heridas no frenó el impulso de su carrera, y con el tiempo, su temple y coraje se ganaron el respeto y la admiración de todos los aficionados. Estos primeros años marcaron el tono de su carrera: a pesar de los riesgos, Lomelín demostró que su pasión por el toreo era incansable.
4. La alternativa y primeros logros
La gran oportunidad para Antonio Lomelín llegó en 1967, cuando recibió la alternativa en la plaza de Irapuato, el 20 de noviembre. En este evento trascendental, Lomelín fue apadrinado por Manuel Capetillo Villaseñor, una de las figuras más destacadas de la tauromaquia mexicana de la época. En esta ocasión, el joven matador mató un toro de la ganadería Rancho Seco, propiedad de la familia Tupinamba, ante un público que rápidamente comenzó a reconocer su valía.
La alternativa marcó el inicio de su carrera profesional como matador de toros, y a partir de ese momento, Lomelín comenzó a consolidarse como una de las figuras más prometedoras de la tauromaquia mexicana. En el mismo año, Antonio Lomelín confirmaría su valía en la Plaza Monumental de México, el 18 de febrero de 1968, cuando nuevamente fue apadrinado por José Huerta Rivera, conocido como «Joselito Huerta». En este evento, Lomelín se presentó con gran arrobo, demostrando que su entrega y valentía no tenían límites. Esa misma temporada, Antonio Lomelín se consagró como el líder del escalafón taurino mexicano, con un total de 43 corridas lidiadas a lo largo del año.
Con su meteórica carrera en ascenso, Lomelín continuó ganando renombre en el país y en el extranjero. Su estilo intrépido y su habilidad para enfrentar a los toros con gran temple y valentía lo catapultaron a un lugar de prestigio dentro del toreo mexicano.
5. Éxitos en España y el regreso a México
A medida que su fama se consolidaba en México, Antonio Lomelín sintió la necesidad de demostrar su talento en la cuna del toreo: España. En 1969, se presentó por primera vez en suelo ibérico, buscando la validación de la afición española. Su debut en España no fue tan exitoso como esperaba, pues apenas lidió ocho corridas, lo que lo llevó a regresar a México. Sin embargo, Lomelín no se rindió ante la adversidad y, tras otra exitosa temporada en su país natal, decidió regresar a España con la firme intención de ganarse el reconocimiento en la tierra donde nacieron los grandes maestros del toreo.
El 28 de mayo de 1970, Lomelín tuvo su ansiada confirmación de alternativa en la Plaza Monumental de Las Ventas, en Madrid. Aquella tarde fue histórica para él. Apadrinado por el torero zamorano Andrés Vázquez, con el también matador José Manuel Inchausti («Tinín») como testigo, Lomelín tuvo la oportunidad de enfrentarse a un toro de la ganadería Alonso Moreno de la Cova, conocido como Montillano. Su actuación fue memorable y de gran nivel: en aquella jornada, el matador mexicano se ganó el respeto y la admiración del público español, quien le dedicó una estruendosa ovación. Lomelín cortó tres orejas esa tarde (una del toro de su confirmación y dos más de su segundo enemigo), y salió a hombros por la Puerta Grande, un logro que consolidó su estatus de figura del toreo.
Este éxito en Las Ventas permitió que Lomelín firmara un contrato con varias plazas de toros españolas para continuar su temporada en Europa. En total, toreó 22 corridas en España durante ese año, lo que consolidó su presencia en el escalafón internacional de los matadores de toros. Fue un éxito rotundo que, además de engrandecer su carrera, lo impulsó a seguir luchando por su espacio en la historia del toreo.
6. Los años difíciles: lesiones y superación
A pesar de los triunfos, la carrera de Lomelín no estuvo exenta de dificultades. Desde sus primeros años, el matador mexicano fue golpeado por una serie de cornadas que, si bien no fueron capaces de quebrantar su espíritu, sí marcaron profundamente su trayectoria. A lo largo de su carrera, Lomelín sufrió varias heridas graves que amenazaron su vida en más de una ocasión. En 1971, por ejemplo, sufrió una cornada en la Plaza de Barcelona, cuando un toro de la ganadería de Osborne lo hirió gravemente.
Pero las más impactantes fueron las que sufrió en su país natal. En Tijuana, el 1 de agosto de 1971, un toro de Mimiahuapán llamado Querendón le propinó una cornada en el hígado, luego de que Lomelín, a pesar de las heridas, insistiera en colocar un par de banderillas. Esta lesión fue comparable en gravedad con la que sufrió el matador mexicano Alberto Balderas Reyes en 1940, lo que causó gran conmoción en el mundo taurino.
No obstante, la tenacidad de Lomelín no tenía límites. Después de esta grave cornada, el matador mexicano se recuperó y volvió a los ruedos sin mostrar signos de debilidad. A pesar de las secuelas de las heridas, Lomelín continuó lidiando con la misma entrega y valentía que siempre lo habían caracterizado. Su capacidad de superar los obstáculos que le imponía la vida le permitió seguir activo en el toreo, cosechando triunfos y manteniéndose entre los más destacados matadores de México y del mundo.
Sin embargo, la mala suerte no lo dejó por completo. En 1974, sufrió otra cornada extremadamente grave en la Plaza Monumental de México, que le hizo temer por su vida. En esta ocasión, el toro Bermejo le dio una cornada espantosa en el abdomen, lo que causó una gran conmoción en los asistentes. A pesar de la gravedad de la herida, Lomelín demostró una vez más su capacidad para soportar el dolor y su inquebrantable pasión por el toreo, lo que solo aumentó su leyenda.
7. Reconocimiento y últimos años
La carrera de Antonio Lomelín alcanzó un nuevo nivel de reconocimiento a medida que acumulaba logros y superaba las adversidades que el destino le ponía en el camino. En 1981, al final de la temporada, Lomelín alcanzó el primer puesto del escalafón de matadores mexicanos, un reconocimiento que consolidaba su posición como uno de los más importantes exponentes del toreo en su país. En total, ese año toreó un impresionante número de 87 corridas, un reflejo del respeto que había ganado en la afición mexicana.
A pesar de los graves percances que siguieron marcando su carrera (como las cornadas sufridas en Irapuato en 1983 y en Pachuca en 1984), Lomelín nunca dejó de luchar por seguir siendo un matador activo. Incluso en 1989, a pesar de los años de sacrificios y lesiones, se presentó en 24 corridas, lo que demuestra su pasión incansable por el toreo.
Uno de los aspectos más destacados de su carrera fue su capacidad para ejecutar algunas de las suertes más complejas del toreo, como el péndulo y el volapié, con una destreza impresionante. Su estilo, además de ser valiente, estaba lleno de arte y técnica, lo que lo convirtió en un torero admirado no solo por su arrobo y coraje, sino también por su virtuosismo.
Antonio Lomelín Migoni dejó una huella indeleble en el toreo mexicano e internacional. Su nombre sigue resonando como sinónimo de valentía, arte y una pasión por el toreo que nunca flaqueó, a pesar de las graves dificultades que enfrentó en su camino. Su legado perdura, y su historia es un ejemplo de lucha, dedicación y amor por el arte de la tauromaquia.
MCN Biografías, 2025. "Antonio Lomelín Migoni (1945–2004): El Valiente Matador de Toros que Enfrentó al Peligro sin Miedo". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/lomelin-migoni-antonio [consulta: 6 de febrero de 2026].
