Juan I Balliol, Rey de Escocia (ca.1250-1313): El monarca entre la traición y la humillación

Juan I Balliol

Juan I Balliol, rey de Escocia entre 1292 y 1296, es una de las figuras más complejas y trágicas de la historia medieval escocesa. Nacido hacia 1250, su reinado estuvo marcado por intrigas políticas, luchas de poder y la intervención directa de Inglaterra en los asuntos internos de Escocia. Pese a ser un aristócrata de origen normando, Juan I Balliol tuvo que lidiar con la desconfianza y oposición de los nobles escoceses, así como con las presiones externas de Eduardo I de Inglaterra. Su breve reinado culminó en una humillación pública, pero su legado perduró gracias a su descendencia, que posteriormente tendría un papel crucial en la historia de Escocia.

Orígenes y contexto histórico

Juan I Balliol nació como el benjamín del matrimonio entre John Balliol y Dervorguilla, hija de Alan de Galloway, un señor caledonio que gobernaba una importante región de Escocia. La familia Balliol tenía raíces normandas, lo que les permitió consolidar poder tanto en Escocia como en las posesiones inglesas y en Normandía. A través de su madre, Juan Balliol descendía del antiguo monarca Guillermo el León, lo que lo colocaba como uno de los principales aspirantes al trono de Escocia tras la muerte de Alejando III en 1285.

La muerte de Alejandro III dejó a Escocia en una situación de incertidumbre política. La heredera del trono era Margaret, la Dama de Noruega, pero debido a su corta edad y su origen extranjero, la estabilidad del reino se vio amenazada. Juan Balliol fue uno de los principales partidarios de la coronación de la joven Margaret, pues confiaba en que su posición en el consejo de regencia le otorgaría una gran influencia en los asuntos del reino.

La lucha por el trono

El reinado de Juan Balliol comenzó en medio de una crisis dinástica y una lucha feroz por el control del reino. Tras la muerte de Margaret en 1290, la situación se volvió aún más caótica, ya que varios linajes nobles competían por la sucesión. Finalmente, en 1292, el rey de Inglaterra, Eduardo I, fue designado como árbitro de la disputa entre los candidatos al trono. De los trece aspirantes, tres parecían tener mayores derechos: John de Hastings, Robert Bruce el Noble y, por supuesto, Juan Balliol. Tras deliberaciones, Eduardo I eligió a Juan Balliol como el nuevo rey de Escocia el 17 de noviembre de 1292.

La coronación de Juan Balliol en Scone el 30 de noviembre fue un acto simbólico importante, pero el poder de Balliol estaba lejos de ser absoluto. En una ceremonia celebrada en Newcastle el 26 de diciembre de 1292, Juan Balliol prestó juramento de vasallaje ante Eduardo I, reconociendo la superioridad de Inglaterra sobre Escocia. Este acto, que debería haber consolidado su reinado, fue utilizado en su contra por sus opositores, especialmente el linaje de los Bruce, quienes lo acusaron de traidor.

El conflicto con Inglaterra y la caída de Juan Balliol

El reinado de Juan Balliol estuvo marcado por la tensión constante entre sus lealtades hacia Inglaterra y su deber de gobernar Escocia. La decisión de Juan Balliol de negarse a prestar los auxilios feudales a Eduardo I para la guerra contra Francia en 1294 fue un momento decisivo. Esta negativa provocó una violenta invasión de tropas inglesas, que arrasaron el reino escocés, derrotaron a las fuerzas leales a Balliol en Dumbar y Berwick, y obligaron al monarca a huir a Francia en busca de refugio.

A pesar de su exilio, Juan Balliol no se rindió. En 1295, firmó el tratado de la Auld Alliance, un acuerdo defensivo con Francia, con la esperanza de que el apoyo francés le permitiría recuperar su corona. Sin embargo, Eduardo I reaccionó rápidamente con una invasión masiva de Escocia. En marzo de 1296, Berwick cayó en manos inglesas, y pocos días después, las fuerzas de Eduardo I derrotaron a los escoceses en Montrose, donde Juan Balliol fue capturado.

La derrota de Montrose marcó el fin de la resistencia de Juan Balliol. Fue desposeído de sus símbolos reales y, en una humillante ceremonia pública, perdió su título de caballero. Esta humillación le valió el apodo de «Toom Tabard» (la chaqueta vacía) en la historia británica. Posteriormente, fue encarcelado en la Torre de Londres, donde permanecería hasta 1299, cuando una petición papal consiguió su liberación. Sin embargo, Eduardo I le prohibió regresar a Escocia bajo pena de muerte.

La vida en el exilio y el legado de Juan Balliol

Una vez libre, Juan Balliol se retiró a sus dominios en Normandía, donde vivió alejado de los asuntos políticos de Escocia. Durante su exilio, su presencia en la historia de Escocia fue eclipsada por figuras como William Wallace y Robert Bruce, quienes luchaban por la independencia del reino. Sin embargo, el linaje de los Balliol continuó influyendo en la política escocesa. El hijo de Juan Balliol, Edward Balliol, más tarde jugaría un papel crucial en los conflictos posteriores, aunque siempre con el apoyo de Inglaterra y de la aristocracia normanda y anglosajona que había respaldado a su padre en el pasado.

El reinado de Juan Balliol, aunque breve y marcado por la humillación, fue un episodio crucial en la historia medieval de Escocia. Su figura es recordada como la de un monarca débil que fue víctima de las ambiciones de Eduardo I de Inglaterra, pero su destino también está vinculado al eventual renacimiento de la independencia escocesa bajo el liderazgo de Robert Bruce.

Bibliografía

  • MITCHINSON, R.: A History of Scotland. (Londres-Nueva York: Methuen, 1980).

  • MORGAN, K. O.: The Oxford History of England. (Oxford: University Press, 1988).

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Juan I Balliol, Rey de Escocia (ca.1250-1313): El monarca entre la traición y la humillación". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/juan-i-balliol-rey-de-escocia [consulta: 28 de febrero de 2026].