Nicolás Guillén (1902–1989): Poeta cubano, referente del mestizaje y la poesía social

Nicolás Guillén nació el 10 de julio de 1902 en Camagüey, Cuba, en el seno de una familia mestiza que jugaría un papel crucial en su vida y en su obra. Su padre, Guillermo Guillén, fue un periodista cubano que ejerció una gran influencia en su vida temprana. Nicolás creció en un ambiente familiar que valoraba la cultura y la educación. Desde joven, mostró una inclinación hacia las artes, especialmente la poesía, y se interesó por la lectura y el aprendizaje autodidacta.

A pesar de la inestabilidad económica que sufrió la familia tras la muerte de su padre durante la guerra civil de 1917, Guillén logró completar sus estudios secundarios en Camagüey. Sin embargo, sus estudios universitarios no fueron tan lineales. Se trasladó a La Habana para estudiar Derecho en la Universidad de La Habana, pero pronto abandonó esta carrera en 1922, sintiendo que su verdadera vocación estaba en la literatura.

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Los Primeros Contactos con la Poesía

Aunque su formación formal fue algo irregular, Nicolás Guillén complementó su educación con una formación autodidacta que le permitió desarrollarse como poeta. A una edad temprana, en 1920, Guillén publicó sus primeras composiciones en la revista local Camagüey Gráfico. Esto marcó el inicio de su carrera literaria, aunque su primer libro, Cerebro y corazón, quedó sin publicar debido a su autocrítica hacia el estilo modernista que dominaba en Cuba en aquellos años. Esta obra representaba una etapa temprana influenciada por la estética de Rubén Darío, el modernismo y su copiosa legión de imitadores, aunque Guillén pronto se distanció de estos movimientos.

La Creación de la Revista Lis y el Proceso de Maduración Poética

En 1923, Guillén fundó la revista Lis, que aunque tuvo una corta vida, marcó un hito importante en su carrera. A través de Lis, el joven poeta pudo dar a conocer sus primeros escritos relevantes y empezar a ser reconocido entre los jóvenes literatos de la época. Además, su participación en la antología Poetas jóvenes cubanos (Barcelona: Maucci, 1923) le permitió ganar visibilidad en el ámbito literario cubano.

No obstante, Guillén sentía que su poesía necesitaba evolucionar. Por eso, en lugar de publicar su primer libro, prefirió refinar su estilo. A fines de 1926, se trasladó a La Habana, donde se sumergió en el panorama vanguardista y comenzó a alejarse de los moldes tradicionales de la poesía cubana. Durante esta etapa, su poesía adoptó características de la poesía pura que se estaba difundiendo en Europa, donde la musicalidad y la métrica se dejaban de lado para dar paso a una poesía más libre y objetiva. A pesar de este alejamiento de la tradición, Guillén continuó fiel a su compromiso con la identidad de Cuba y el reconocimiento de su herencia mestiza.

Primeras Colaboraciones en el Diario de la Marina

Durante su estancia en La Habana, Guillén comenzó a colaborar en diversos medios, uno de los más importantes fue el Diario de la Marina, donde, en la sección Ideales de una raza, abordó temas raciales y políticos. A partir de 1928, sus colaboraciones en este periódico lo establecieron como una figura destacada en el debate público sobre la situación de la población negra cubana. Fue aquí donde comenzó a dar forma a su mayor hallazgo poético: el uso del son, un género musical popular cubano, como vehículo para expresar las inquietudes sociales y raciales de su país. Este enfoque, que fusionaba lo negro y lo español, no solo representaba la diversidad cultural de Cuba, sino que también reflejaba la identidad nacional en términos poéticos, algo que no se había logrado previamente en la literatura cubana.

El Nacimiento de la Poesía Negrista

La publicación de Motivos del son en 1930 marcó el comienzo de la etapa negrista en la obra de Guillén. Con esta obra, el poeta cubano no solo integró los ritmos del son en la poesía, sino que también introdujo la figura del negro cubano como eje de su escritura. La combinación del ritmo del son y los temas de identidad y justicia social revolucionaron la poesía cubana y la literatura hispanoamericana en general. La poesía de Guillén comenzó a abarcar más que solo la representación de la cultura afrodescendiente; también denunció la opresión y las desigualdades raciales y sociales, dando voz a los oprimidos de la sociedad cubana.

La publicación de Sóngoro cosongo en 1931 consolidó aún más la relevancia de Guillén en la poesía cubana y latinoamericana. Este libro, que Guillén subtituló como «Poemas mulatos», exploró con una profundidad inusitada el mestizaje cubano y la identidad cultural afroespañola. Fue también un acto de reivindicación cultural que planteaba que la Cuba del futuro debía aceptar y valorar su condición mestiza, marcando un hito en la literatura antillana.

El Reconocimiento Internacional y la Lucha Social (1930–1940)

La Revolución Poética: Sóngoro Cosongo y West Indies Ltd.

En 1930, Nicolás Guillén alcanzó un hito importante en su carrera literaria con la publicación de Motivos del son. Esta obra introdujo la influencia del son, un ritmo y género musical nacido en las comunidades afrodescendientes de Cuba, que Guillén adaptó a la poesía, llevando la musicalidad popular a los ámbitos más altos de la lírica culta. Guillén fue pionero en una nueva corriente dentro de la poesía de su país y, por extensión, en toda la literatura latinoamericana, al plasmar en sus versos los sentimientos y las luchas del pueblo negro cubano. La publicación de Sóngoro cosongo en 1931, una continuación y depuración del estilo que Guillén había comenzado a explorar con Motivos del son, supuso el verdadero despegue de su figura en el ámbito literario internacional.

El título de Sóngoro cosongo, que hacía referencia a la sonoridad característica del son, fue considerado una obra maestra de la poesía negrista. En ella, Guillén utilizó los ritmos y las estructuras del son para transmitir las luchas del pueblo negro cubano, que vivía una dura realidad de discriminación, pobreza y marginación. Guillén no solo le dio voz a los afrodescendientes, sino que también exploró el mestizaje como la verdadera esencia de la identidad cubana, como él mismo había afirmado en el prólogo de Sóngoro cosongo: «El espíritu de Cuba es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo. Algún día se dirá ‘color cubano’». Este enfoque no solo renovó la poesía cubana, sino que también ofreció una nueva visión de la realidad social, combatiendo el racismo y proponiendo un modelo de identidad nacional que celebraba el mestizaje cultural.

El éxito de Guillén con Sóngoro cosongo no fue solo un triunfo literario, sino también una forma de reivindicación política y social. Guillén se convirtió en el principal portavoz de la lucha contra la discriminación racial en Cuba, un tema que desde entonces marcaría gran parte de su obra. Su poesía se hizo eco de las luchas sociales de la época, incluyendo la de los obreros, campesinos y las comunidades más marginadas, pero sin perder de vista su firme compromiso con la cuestión racial.

El siguiente paso de Guillén en su carrera literaria fue la publicación de West Indies Ltd. en 1934, un poemario que introdujo una fuerte crítica social y política. En esta obra, Guillén amplió su mirada, más allá del problema racial, para abordar las cuestiones de la opresión social y económica que vivía el pueblo cubano bajo el yugo imperialista de Estados Unidos. El título mismo de la obra, con la referencia a «West Indies» (Indias Occidentales) y la abreviatura «Ltd.» (limitada), denunciaba la explotación neocolonial de las islas del Caribe por parte de las potencias extranjeras, particularmente los intereses norteamericanos. De esta manera, Guillén también comenzó a integrar su crítica a las intervenciones extranjeras en los países de América Latina, y Cuba, en este sentido, se convirtió en un microcosmos de los conflictos de toda la región.

West Indies Ltd., por su parte, consolidó la imagen de Guillén como un poeta socialmente comprometido, que además de trabajar con los ritmos populares, exploraba las realidades políticas de su tiempo. En el poema que da título al libro, Guillén denuncia la explotación de la tierra y la miseria del pueblo cubano bajo el dominio económico de los Estados Unidos, ampliando así su visión política y social. Este paso le permitió adentrarse en una nueva dimensión de su trabajo, en la que la denuncia de la injusticia social y racial pasaba a ocupar un lugar central. El tema de la lucha contra el imperialismo estadounidense y la defensa de la soberanía cubana fueron puntos recurrentes en la obra de Guillén a partir de este momento.

La Larga Estancia en México y la Participación en la Guerra Civil Española

Durante la década de 1930, la situación política de Cuba se complicaba cada vez más. La dictadura de Gerardo Machado, que Guillén criticaba abiertamente en sus obras, acabó con la Revolución de 1930, un fracaso que dejó una sensación de impotencia en la sociedad cubana. En este contexto de crisis política y social, Guillén se trasladó a México, un país donde ya se gestaban movimientos revolucionarios y de izquierda que también encontrarían en su poesía un potente aliado.

Fue en México donde Guillén participó activamente en el Congreso de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, un espacio donde pudo compartir sus ideales con otros intelectuales latinoamericanos y europeos, y donde su obra se enriqueció con las tensiones políticas y sociales de la época. Además, en 1937, Guillén publicó su obra España: Poema en cuatro angustias y una esperanza, en la que expresó su solidaridad con la República española durante la Guerra Civil. Este libro, que muestra una profunda preocupación por la situación política en Europa, fue otro ejemplo del compromiso político de Guillén, quien no solo se limitaba a escribir sobre los problemas de su país, sino que también se involucraba directamente en las luchas internacionales.

En 1937, Guillén viajó a Valencia para participar en el Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura. Durante este evento, Guillén tuvo la oportunidad de encontrarse con algunos de los más grandes poetas de la época, como Pablo Neruda, Vicente Huidobro, César Vallejo, Octavio Paz y Alejo Carpentier. Esta experiencia en la que pudo intercambiar ideas y visiones con los más importantes intelectuales de la época, profundizó aún más su compromiso político y social.

La participación en este congreso fue significativa, pues Guillén no solo mostró su apoyo a la causa republicana, sino que también amplió su perspectiva política, entendiendo la importancia de la lucha antifascista como un fenómeno global que afectaba a toda América Latina y Europa. Fue en este contexto internacional donde Guillén reafirmó su identidad como poeta revolucionario y su responsabilidad de llevar la voz del pueblo cubano a los escenarios más prestigiosos del mundo.

El Regreso a Cuba: La Muerte de Machado y la Nueva Revolución

En 1938, Guillén regresó a Cuba después de varios años en el exilio. Al regresar, la situación política en Cuba había cambiado considerablemente, con la caída de Machado y la llegada al poder de un gobierno más progresista. Guillén asumió un rol activo dentro de la vida política y cultural del país, integrándose al Partido Comunista Cubano y convirtiéndose en un militante activo que luchaba por los derechos de los trabajadores y por la justicia social. Su regreso a Cuba coincidió con un período de efervescencia política y cultural que daría paso a importantes movimientos revolucionarios, entre ellos la Revolución Cubana que estallaría en 1959.

En este periodo, Guillén continuó su prolífica producción literaria y comenzó a consolidar su lugar como uno de los grandes poetas latinoamericanos. En 1947, publicó El son entero, una recopilación de toda su obra poética hasta ese momento. Esta recopilación no solo sirvió como resumen de su carrera, sino también como una reafirmación de su compromiso con la poesía como herramienta de cambio social y político. Además, Guillén viajó por varios países de Sudamérica, difundiendo su obra y convirtiéndose en un símbolo de la lucha por la justicia en toda América Latina.

La Consagración Internacional y el Compromiso Revolucionario (1940–1959)

La Consolidación como Voz Poética de América Latina

Con el paso de las décadas, la figura de Nicolás Guillén continuó creciendo y consolidándose como uno de los poetas más influyentes de América Latina. La década de 1940 marcó la madurez plena de su carrera literaria. Tras su regreso a Cuba en 1938, Guillén, con un reconocimiento creciente en su país y en el extranjero, se convirtió en una figura fundamental dentro del debate intelectual y político cubano. En este periodo, Guillén no solo continuó su carrera literaria, sino que también desempeñó un papel activo en la vida pública de su país, participando en conferencias y dando discursos en favor de la justicia social, los derechos civiles y, más tarde, del régimen revolucionario que finalmente triunfaría en 1959.

Una de las obras más importantes de Guillén en estos años fue El son entero (1947), un compendio de su poesía publicada entre 1929 y 1946, que ofreció una visión panorámica de su evolución estilística y temática. En esta recopilación, Guillén logró integrar los logros de su poesía vanguardista y su etapa negrista, mostrando su capacidad de innovación y su permanente compromiso con las causas sociales. Este volumen representaba no solo su consolidación como poeta, sino también su contribución esencial al patrimonio literario de América Latina. El son entero fue una obra profundamente celebrada, pues no solo preservaba los ritmos del son como eje de su poesía, sino que también reflejaba la evolución de su mirada política y social. El libro se erigió como un testimonio de la relación íntima entre la poesía y la lucha social.

En los años posteriores, Nicolás Guillén siguió comprometido con la defensa de la identidad cultural de Cuba, pero también de toda América Latina. Su obra se extendió más allá de los límites nacionales, abarcando la defensa de la independencia política de los países latinoamericanos, frente a la constante injerencia de los Estados Unidos y las potencias europeas. Guillén entendió que su poesía debía ir más allá de la expresión lírica para convertirse en una herramienta de resistencia política, por lo que su obra adquirió una carga ideológica mucho más profunda.

Durante los años 40 y 50, Nicolás Guillén se convirtió en un símbolo de la literatura latinoamericana comprometida con la justicia social y la libertad. La voz de Guillén trascendió las fronteras de Cuba, y su obra fue traducida a varios idiomas, logrando una resonancia internacional que hizo de él un referente no solo para los poetas de su tiempo, sino también para futuras generaciones. Guillén comenzó a ser considerado, junto a figuras como Pablo Neruda, César Vallejo y Octavio Paz, uno de los poetas más importantes del continente.

El Exilio y la Lucha Contra la Dictadura de Batista

Aunque la década de 1940 había sido fructífera para Nicolás Guillén, con el reconocimiento global de su obra, los años 50 marcaron un periodo de gran agitación política en Cuba. El regreso de Fulgencio Batista al poder en 1952, mediante un golpe de estado, significó un retroceso en los avances democráticos y sociales de la isla. Guillén, siempre comprometido con los ideales de justicia social, no tardó en manifestar su rechazo al régimen dictatorial de Batista, y fue uno de los primeros intelectuales en unirse a la oposición. Sus críticas al régimen, que se habían venido gestando a lo largo de los años, se intensificaron, y la situación en Cuba se volvió cada vez más insostenible para los intelectuales y artistas comprometidos con los ideales de libertad y democracia.

En 1953, Guillén fue forzado al exilio tras la represión de la dictadura de Batista. Se trasladó primero a París, donde pasó un tiempo reflexionando sobre su vida y su obra, pero también trabajando y colaborando con otros intelectuales de izquierda que se habían refugiado en Europa. Durante este periodo, Guillén no solo escribió, sino que también participó en numerosos actos de solidaridad internacional con los pueblos que luchaban contra las dictaduras y el imperialismo. En 1954, el gobierno soviético le otorgó el Premio Lenin por la Paz Internacional, un reconocimiento que, lejos de distanciarlo de su pueblo natal, lo fortaleció en su lucha por la justicia social y la independencia de los pueblos de América Latina.

En este periodo de exilio, Guillén también viajó por varios países de Europa del Este y América Latina, y se consolidó como un intelectual de renombre mundial. Sin embargo, a pesar de su reconocimiento internacional, Guillén seguía mirando a Cuba y viviendo con la esperanza de que algún día la isla se liberaría de la opresión dictatorial. Su exilio, lejos de desdibujar su vínculo con su tierra, lo convirtió en una figura emblemática para los revolucionarios cubanos.

La Publicación de La Paloma de Vuelo Popular y la Inmensa Solidaridad Internacional

Uno de los logros más notables de Guillén durante su exilio fue la publicación de La paloma de vuelo popular (1958) en Buenos Aires. Esta obra recopiló algunas de las elegías que Guillén había escrito en homenaje a personajes como Jacques Roumain, Jesús Menéndez, y Emmet Till, quienes representaban las luchas contra la opresión racial, la explotación y la injusticia. En este libro, Guillén abordó temas universales de dolor, amor y esperanza, y reafirmó su compromiso con la paz y la justicia social. La paloma de vuelo popular fue, en muchos aspectos, un testamento poético de su lucha por la humanidad, y se convirtió en una de las obras más celebradas de su producción literaria.

Además de las elegías dedicadas a figuras históricas, el libro también contenía composiciones inéditas que Guillén había escrito durante su exilio. Estos nuevos poemas dieron cuenta de su continuo compromiso con los movimientos revolucionarios de América Latina y de su creciente apoyo a la Revolución Cubana, que parecía a punto de estallar. Guillén había mantenido siempre una postura crítica frente a la influencia de Estados Unidos en los países latinoamericanos, y la Revolución Cubana representaba para él la materialización de muchas de sus luchas y aspiraciones.

La Revolución Cubana: El Regreso Triunfal de Guillén

El 1 de enero de 1959, la Revolución Cubana triunfó con la victoria del movimiento liderado por Fidel Castro. Este acontecimiento representó la culminación de años de lucha popular contra la dictadura de Batista y la opresión imperialista. Para Nicolás Guillén, que llevaba años en el exilio, la victoria revolucionaria fue un momento de júbilo y esperanza. No solo porque la isla finalmente lograba la independencia que tanto había anhelado, sino porque la Revolución representaba un paso hacia la justicia social, la igualdad racial y la emancipación de los pueblos de América Latina.

A su regreso a Cuba tras el triunfo de la Revolución, Guillén se convirtió en un ferviente defensor del nuevo régimen, participando activamente en la vida pública del país. Fue nombrado Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y desempeñó un papel crucial en la consolidación de la Revolución Cultural que se estaba gestando. Como líder intelectual y político, Guillén apoyó con fervor las reformas que se estaban implementando en el país, y su poesía se convirtió en un vehículo para promover los ideales de la Revolución.

En 1964, Guillén publicó Tengo, una obra que recopilaba su producción poética reciente, reflejando los avances de la Revolución y la transformación social que había experimentado Cuba. Este libro, como muchos de los anteriores, contenía poemas que celebraban los logros de la Revolución, pero también ofrecían una reflexión crítica sobre los desafíos que aún quedaban por superar.

Crisis, Evolución y Reconocimiento Final (1960–1989)

La Consolidación del Régimen Revolucionario y los Desafíos del Poeta

Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, Nicolás Guillén se consolidó como uno de los principales exponentes del nuevo régimen, que representaba la esperanza de los cubanos en su lucha por la justicia social y la igualdad. La Revolución fue vista por muchos como la culminación de un largo proceso de liberación, y Guillén, quien siempre se había mostrado comprometido con las luchas populares, abrazó este cambio histórico con entusiasmo. Sin embargo, a medida que avanzaban los años, también emergieron algunos cuestionamientos sobre la dirección que tomaba el nuevo gobierno y las tensiones que existían entre el poeta y las autoridades en cuanto a la libertad de expresión y los límites de la creación literaria.

En la Cuba revolucionaria de la década de 1960, Guillén continuó siendo una figura prominente dentro del Partido Comunista Cubano y desempeñó un rol activo en el Comité Nacional del Partido. No obstante, el ambiente político y cultural de la isla comenzó a cambiar, con la consolidación de un régimen socialista que imponía restricciones a ciertos aspectos de la vida pública, incluyendo las libertades individuales y el pensamiento crítico. En este contexto, Guillén, como muchos otros intelectuales, se vio en la necesidad de encontrar un equilibrio entre su rol como defensor de la Revolución y su identidad como poeta libre y comprometido con su arte.

La tensión entre la censura ideológica y la libertad creativa fue un tema recurrente durante los primeros años del régimen de Fidel Castro. Guillén, quien había sido un firme defensor de la Revolución, también empezó a expresar su preocupación por el rumbo que tomaban ciertos aspectos de la política cultural del nuevo gobierno. En particular, la poesía de Guillén sufrió una cierta transformación, ya que comenzó a ser cada vez más utilitaria en función de las metas ideológicas del gobierno, lo que limitó su capacidad para explorar nuevos territorios literarios.

A pesar de estas limitaciones, Guillén nunca dejó de ser una figura crucial en la vida cultural y política de Cuba. En los años 60 y 70, su nombre continuó siendo sinónimo de poesía de protesta, y su obra se convirtió en un emblema del compromiso social y revolucionario. Sin embargo, las dificultades del régimen para garantizar la plena libertad de expresión y el creciente control sobre la cultura llevaron a Guillén a reevaluar su papel en una sociedad que, aunque había alcanzado logros significativos, seguía enfrentando desafíos en cuanto a la diversidad de opiniones y la libertad creativa.

El Regreso a la Poesía de la Revolución: El Gran Zoo y La Rueda Dentada

En 1967, Guillén publicó El Gran Zoo, una obra que marcó un giro en su producción literaria. En este poemario, el poeta cubano dejó atrás el tono solemne y político de sus obras anteriores para adentrarse en una poesía más libre y juguetona, un retorno a la ironía y al humor que siempre habían sido características de su estilo. Con El Gran Zoo, Guillén demostró que la poesía podía ser, al mismo tiempo, un vehículo de reflexión profunda y un espacio para la imaginación, el juego y la creatividad. A través de una serie de poemas que describían animales, personas, situaciones y elementos de la naturaleza, Guillén creó una especie de “bestiario poético” en el que las palabras se transformaban en imágenes que reflejaban tanto la complejidad del mundo como la capacidad del ser humano para encontrar belleza y humor en las cosas más simples.

A pesar de la tensión que se vivía en Cuba en aquellos años, El Gran Zoo fue bien recibido tanto dentro como fuera de la isla. La obra se percibió como una muestra de la vitalidad creativa de Guillén, que había logrado sortear las presiones ideológicas del régimen sin perder su voz auténtica. Con este trabajo, Guillén dio un respiro a su poesía y permitió que sus lectores apreciaran su capacidad para reírse de sí mismo y de las circunstancias que lo rodeaban, algo que pocos poetas cubanos podían permitirse en ese momento.

En 1972, Guillén publicó La rueda dentada, otro libro que continuaba en la misma línea de El Gran Zoo, pero con un enfoque aún más sarcástico y de crítica social. En esta obra, Guillén se adentró en el terreno de la ironía política, denunciando los problemas sociales y económicos de Cuba, pero también con una mirada global a las tensiones que existían en el mundo. Su aguda crítica al capitalismo y su reflexión sobre el subdesarrollo le dieron una relevancia renovada como voz crítica del socialismo cubano. En La rueda dentada, Guillén no solo abordó los problemas de la Cuba revolucionaria, sino que también se atrevió a cuestionar los ideales y las contradicciones del sistema socialista que se estaba consolidando en la isla.

La rueda dentada fue un trabajo de madurez, que mostraba a un Guillén más sobrio, pero igualmente incisivo, que no dudaba en utilizar el humor para hacer frente a las dificultades sociales. En este libro, la “rueda dentada” se convertía en un símbolo del trabajo, la fuerza motriz que impulsaba la Revolución, pero también la que podía atraparnos en sus engranajes. A través de este símbolo, Guillén mostraba cómo, aunque la Revolución cubana había logrado importantes avances, el proceso seguía siendo arduo y lleno de obstáculos. La obra reveló la complejidad del poeta, que no solo era un defensor de la Revolución, sino también un pensador crítico que no temía enfrentarse a las realidades del poder.

Los Últimos Años: Reflexión y Reconocimiento

Durante la década de 1980, Guillén, ya octogenario, continuó escribiendo y participando activamente en la vida cultural cubana. En 1982, publicó Páginas vueltas. Memorias, un libro en el que repasaba los momentos más significativos de su vida y su carrera, reflexionando sobre los cambios que había vivido como poeta y como ciudadano cubano. La obra se convirtió en un testamento literario de sus años de lucha, de sus convicciones revolucionarias y de su constante búsqueda de la justicia social.

En 1983, Guillén publicó Sol de domingo, su último libro de poesía. Este volumen recogió una selección de sus poemas más célebres, junto con nuevas composiciones que reflejaban el vigor de su talento, incluso en la vejez. Con Sol de domingo, Guillén demostró que su voz poética seguía siendo fresca y vigente, y que, a pesar de los años, su capacidad para conmover y provocar reflexión seguía intacta.

A lo largo de estos últimos años, Guillén recibió numerosos homenajes en Cuba y en el extranjero. Fue reconocido como uno de los grandes poetas de América Latina, y su influencia en la poesía contemporánea fue incuestionable. A pesar de la crítica que se había generado en torno a su relación con el régimen cubano, Guillén permaneció fiel a sus ideales, sabiendo que su poesía no solo era un reflejo de su tiempo, sino también una herramienta de transformación social.

La Muerte de Guillén y su Legado

Nicolás Guillén falleció el 16 de julio de 1989 en La Habana, a los 87 años. Su muerte fue un acontecimiento que conmovió a toda Cuba y a muchos países de América Latina. Guillén había dejado un legado literario que trascendía los límites de su país natal, convirtiéndose en uno de los poetas más influyentes del siglo XX. Su obra no solo reflejaba la historia y las luchas de los pueblos de Cuba, sino que también había tenido un impacto global, inspirando a generaciones de escritores, intelectuales y activistas comprometidos con la justicia social.

A día de hoy, Nicolás Guillén sigue siendo una de las voces más importantes de la poesía latinoamericana, y su obra continúa siendo leída y estudiada en todo el mundo. Su poesía, que abarcó una gran diversidad de géneros, estilos y temas, sigue siendo un referente para todos aquellos que buscan en la literatura una forma de resistir la opresión, de defender la identidad cultural y de soñar con un mundo más justo y libre.

El Legado de Nicolás Guillén (1989 – Presente)

El Legado Literario y la Influencia de Guillén en la Poesía Latinoamericana

El legado de Nicolás Guillén va más allá de sus poemas. La importancia de su obra reside en cómo, desde su singular perspectiva como poeta mestizo y como defensor de los oprimidos, logró plasmar la identidad cultural de Cuba, de América Latina y, en general, de los pueblos afrodescendientes, en una época en que estas voces eran sistemáticamente silenciadas o marginadas. Guillén no solo fue un poeta de gran talento literario, sino también un pensador que supo dar forma a la realidad social y política de su tiempo a través de sus versos.

Su obra está marcada por la profundidad de los temas que abordó, entre los que destacan el mestizaje, la lucha contra el racismo, la justicia social, la crítica a las estructuras de poder, y la reivindicación de la cultura afrodescendiente. Estos elementos, presentes en el núcleo de su poesía, lo colocan en una posición privilegiada dentro del canon literario latinoamericano y, más específicamente, dentro de la poesía afrocubana.

Uno de los mayores logros de Guillén fue haber logrado integrar de manera única y profunda los elementos de la tradición popular cubana, especialmente la música, los ritmos del son y otras formas de expresión afrodescendientes, con la poesía culta. En su obra, los géneros musicales y las expresiones populares no solo fueron una fuente de inspiración, sino una forma de construcción poética que dotó a su voz de una musicalidad incomparable. A través de su adaptación de la métrica y el ritmo popular, Guillén transformó el son y el sóngoro cosongo en vehículos líricos capaces de transmitir no solo las realidades sociales y políticas, sino también la energía y el alma del pueblo cubano.

La poesía de Guillén traspasó las fronteras de Cuba y alcanzó reconocimiento internacional, siendo considerada un referente esencial en la poesía latinoamericana y mundial. Su trabajo ha sido traducido a numerosos idiomas y sus poemas han sido leídos, estudiados y admirados por lectores de todo el mundo. Poetas, académicos y lectores comunes han encontrado en sus versos una conexión profunda con las luchas sociales, el racismo, el colonialismo y las tensiones identitarias que han marcado la historia de América Latina. A través de su influencia, Guillén logró lo que pocos poetas alcanzan: trascender su contexto temporal y geográfico para convertirse en una voz universal de los pueblos marginados.

La crítica literaria contemporánea ha reconocido a Guillén como uno de los más grandes poetas de América Latina, situándolo junto a figuras como Pablo Neruda, César Vallejo y Octavio Paz. Su capacidad para fusionar la poesía de vanguardia con la poesía popular y social hizo de él una figura única, que trascendió las tendencias estéticas y las limitaciones de su tiempo. Además, su enfoque en el mestizaje cultural y la denuncia del racismo contribuyó a una revalorización de la identidad afroamericana en la literatura del siglo XX, dando voz a una población históricamente silenciada.

La Contribución a la Literatura Afrodescendiente y la Cultura Cubana

El impacto de Nicolás Guillén en la literatura afrodescendiente es indiscutible. A través de su trabajo, Guillén fue capaz de visibilizar la experiencia del negro cubano y de América Latina, dándole una voz poética potente que reflejaba las luchas sociales, las tradiciones culturales y las aspiraciones de una comunidad históricamente oprimida. En su poesía, el negro cubano ya no era un ser invisible, sino que se convirtió en el sujeto principal de la narrativa poética, capaz de cantar su historia, sus dolores, y sus esperanzas.

Con Motivos del son (1930) y Sóngoro cosongo (1931), Guillén creó una de las corrientes literarias más influyentes del siglo XX: la poesía negrista. Esta corriente no solo fue una expresión estética, sino también una declaración política y cultural. A través del son y otros géneros musicales populares, Guillén hizo que la tradición oral de la población afrodescendiente se elevara a la poesía escrita, demostrando que la cultura popular y la alta cultura podían convivir y enriquecer mutuamente. Además, su poesía ayudó a que la cultura afrodescendiente dejara de ser vista como un elemento exótico o periférico, para convertirse en el núcleo de una identidad nacional cubana más inclusiva.

A lo largo de su vida, Guillén mantuvo un compromiso constante con la lucha contra el racismo y la discriminación racial, no solo en Cuba, sino en toda América Latina. Sus poemas, como «Balada de los dos abuelos», continúan siendo una de las expresiones más bellas y conmovedoras del mestizaje, mostrando cómo las dos culturas –la africana y la europea– pueden y deben coexistir en un mismo ser, en un mismo país, sin que ninguna de ellas sea relegada a la periferia.

Guillén también fue fundamental en la creación de una literatura cubana moderna que no solo se limitaba a la clase intelectual, sino que tenía una conexión directa con las clases populares y afrodescendientes, a través de los ritmos del son, los modismos y las lenguas habladas en las calles. La poesía de Guillén logró hacer accesible la literatura para muchas personas que antes no se sentían identificadas con los cánones literarios tradicionales, ya que sus poemas reflejaban su propia realidad, sus propios ritmos y sus propios lenguajes.

Nicolás Guillén y la Revolución Cubana: Un Poeta del Proceso Social

El vínculo entre Nicolás Guillén y la Revolución Cubana fue fundamental para su obra. Guillén no solo se adhirió a la causa de la Revolución, sino que también se convirtió en un referente intelectual y cultural de la misma. Desde su regreso a Cuba tras el triunfo de Fidel Castro en 1959, Guillén apoyó abiertamente el proceso revolucionario y se convirtió en uno de los principales defensores de los cambios sociales que se estaban llevando a cabo.

No obstante, su relación con el gobierno revolucionario no estuvo exenta de tensiones. A pesar de su apoyo al régimen, Guillén también fue consciente de las contradicciones y los desafíos del socialismo cubano, y no dudó en expresar sus preocupaciones sobre el rumbo que tomaba el país. En sus últimos años, Guillén se mantuvo firme en su convicción de que la Revolución debía ser inclusiva, democrática y respetuosa con las libertades individuales, y aunque su apoyo al régimen fue inquebrantable, nunca dejó de ser un pensador crítico que cuestionaba los aspectos que no estaban funcionando de acuerdo con los ideales que él mismo había promovido.

La Popularidad y el Homenaje Póstumo

Después de su muerte en 1989, Nicolás Guillén se convirtió en una figura simbólica de la literatura cubana y latinoamericana. En Cuba, su legado sigue vivo en cada rincón de la isla, no solo en sus libros, sino también en el impacto que tuvo en las generaciones posteriores de escritores y poetas. Guillén fue homenajeado en numerosas ocasiones por su contribución a la cultura cubana y latinoamericana, y su figura sigue siendo una de las más respetadas en la historia literaria de Cuba.

A nivel internacional, su obra continúa siendo estudiada y valorada como una de las más importantes del siglo XX. Su poesía ha perdurado, no solo por su maestría técnica, sino por su capacidad de reflejar las luchas de su tiempo y de ser una voz para los que no tenían voz.

La Eternidad de su Poesía

El legado de Nicolás Guillén, a través de sus poesías y su pensamiento revolucionario, sigue vigente. Sus poemas, impregnados de ritmo, de vida, de historia y de política, continúan resonando en los corazones de quienes luchan por la justicia social, por la igualdad racial y por la preservación de las tradiciones populares. Guillén se consolidó como una de las grandes voces de la poesía del siglo XX y sigue siendo una fuente de inspiración para nuevas generaciones de poetas y activistas en todo el mundo.

Nicolás Guillén será siempre recordado como el poeta que, desde su perspectiva mestiza y su vínculo indisoluble con la cultura popular, plasmó las luchas y las esperanzas de su pueblo y, más allá de ello, la de todos los pueblos que sueñan con un futuro más justo, libre y solidario.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Nicolás Guillén (1902–1989): Poeta cubano, referente del mestizaje y la poesía social". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/guillen-batista-nicolas [consulta: 6 de febrero de 2026].