Alonso Fernándezde Avellaneda (s. XVI): El Enigma Literario detrás del Quijote Apócrifo
Alonso Fernández de Avellaneda (s. XVI): El Enigma Literario detrás del Quijote Apócrifo
Introducción al personaje de Alonso Fernández de Avellaneda
El misterio detrás del seudónimo
Alonso Fernández de Avellaneda es uno de los personajes literarios más enigmáticos de la historia de la literatura española. Conocido principalmente por haber publicado, en 1614, el segundo tomo del Don Quijote de la Mancha, bajo el título «El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha». Sin embargo, su verdadera identidad sigue siendo un misterio, pues se utilizó el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda para firmar una obra que fue rápidamente reconocida como una continuación no oficial de la monumental creación de Miguel de Cervantes. Este tomo, que contiene la tercera salida de Don Quijote, resultó ser un claro desafío a la obra cervantina, ya que fue publicado antes de que Cervantes completara la segunda parte de su Quijote.
El propio Cervantes se refiere a este autor en su Segunda parte del Quijote, criticándolo abiertamente. En la obra, se señala que Avellaneda era un escritor «manco y deslenguado», y que había cometido un error al presentarse como un verdadero continuador del personaje. La polémica no tardó en estallar, y el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda comenzó a ser un símbolo de esa fricción literaria entre los dos autores.
A pesar de su notoriedad, casi nada se sabe sobre la vida de Alonso Fernández de Avellaneda, y las referencias a él son escasas. La obra publicada en 1614 se centra exclusivamente en los episodios que siguen al final de la primera parte del Don Quijote de la Mancha, pero no se ofrece información acerca del autor o sus motivaciones.
Contexto histórico y literario
Para entender la importancia de Avellaneda, es necesario situarse en el contexto literario y social del siglo XVI. La publicación del Don Quijote de Cervantes en 1605 fue un hito que marcó el nacimiento de la novela moderna. El libro presentó una crítica irónica a los libros de caballerías, y a través de su protagonista, Don Quijote, Cervantes ofreció una reflexión profunda sobre la realidad y la locura, el idealismo y el desencanto.
En este entorno, el fenómeno literario del Quijote alcanzó gran popularidad y se consolidó como un pilar fundamental en la literatura española. Sin embargo, a pesar de la admiración general que despertaba la obra, no todos compartían la misma visión o el mismo respeto hacia Cervantes y su creación. Entre los que se sentían incómodos o incluso ofendidos por la obra, surgieron figuras dispuestas a ofrecer su propia versión de los acontecimientos. Este fue el caso de Alonso Fernández de Avellaneda, quien, utilizando el seudónimo, ofreció su visión alternativa del caballero manchego.
La figura de Don Quijote como héroe y su contraste con la realidad de su entorno era un terreno fértil para la parodia, y Avellaneda, con un estilo más enfocado a la crítica mordaz, no dudó en desarrollar un Quijote aún más alejado de las convenciones caballerescas y enredado en situaciones cómicas.
Primeras huellas: La publicación del «Quijote» apócrifo
El segundo tomo de Don Quijote de la Mancha
La obra más conocida de Alonso Fernández de Avellaneda es el segundo tomo de Don Quijote de la Mancha, publicado en 1614 en Tarragona. Esta obra se presentó como una continuación no oficial del primer tomo de Cervantes, lo que provocó una inmediata reacción en los círculos literarios de la época. Avellaneda ofreció a los lectores una versión alternativa de los viajes y desventuras de Don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza.
El tono de esta continuación es decididamente diferente al de la obra original de Cervantes. Mientras que la versión de Cervantes se caracteriza por su profunda reflexión filosófica, su crítica a los valores de la sociedad y su estructura de novela moderna, la obra de Avellaneda presenta una visión más ligera y superficial de las aventuras del caballero y su escudero. Sin embargo, Avellaneda no solo se apartó del tono filosófico de Cervantes, sino que también introdujo nuevos personajes y situaciones que desafiaban los acontecimientos de la primera parte del Quijote.
El Quijote apócrifo comienza con Don Quijote recuperándose de su última aventura y luego se embarca en nuevas peripecias, algunas de las cuales tienen lugar en Zaragoza, Madrid y Alcalá, lugares que ofrecen un contexto urbano muy diferente al de la obra cervantina, que se desarrollaba principalmente en los campos de La Mancha. A lo largo de este volumen, Avellaneda presenta un Don Quijote mucho más enajenado, cuyas fantasías no tienen los respiros de la cordura que caracterizaban la locura de su alter ego cervantino. El personaje de Sancho Panza también cambia en esta continuación: es un hombre mucho más torpe y cómico, con menos profundidad que el de Cervantes.
Reacción de Cervantes y la controversia literaria
La publicación de este tomo de Avellaneda en 1614 fue un golpe directo a Miguel de Cervantes, quien, en ese momento, aún no había completado su propia continuación del Quijote. Cervantes se sintió profundamente atacado por la obra de Avellaneda y respondió a la provocación en su propia Segunda parte del Quijote, publicada en 1615, un año después de la aparición del Quijote apócrifo.
En la Segunda parte del Don Quijote, Cervantes se dirige a la figura de Avellaneda de manera muy explícita, ridiculizándolo y desacreditando su versión del caballero manchego. En un pasaje de la obra, Cervantes menciona al autor del Quijote apócrifo como un escritor de baja calidad y, en ocasiones, incluso lo ridiculiza como una persona incapaz de comprender el verdadero espíritu de los caballeros andantes. A través de la inclusión de varios personajes que leen el segundo tomo de Avellaneda, Cervantes pone en duda la validez de su historia y presenta a su propio Don Quijote como el verdadero y único.
Además de criticar la calidad literaria de la obra, Cervantes también se refiere a las diferencias sustanciales entre las versiones de los personajes. Por ejemplo, en la novela de Avellaneda, la figura de Dulcinea del Toboso desaparece por completo, y Don Quijote pasa a convertirse en un «Caballero Desamorado». Esta transformación en el carácter del protagonista se presenta como una burla de los ideales caballerescos que Cervantes había tratado de subvertir en su propia obra.
La reacción de Cervantes fue, por tanto, una mezcla de crítica literaria y de respuesta personal a lo que consideraba un ataque directo a su legado como escritor. En muchos sentidos, la respuesta de Cervantes al Quijote apócrifo es un ejemplo de la tensión literaria que existía en ese momento, marcada por la competencia entre autores y la lucha por definir el lugar de la literatura española en el contexto europeo.
¿Quién es el verdadero autor? Las teorías sobre su identidad
Las primeras investigaciones
Desde la publicación del segundo tomo del Quijote en 1614, el misterio de la identidad de Alonso Fernández de Avellaneda ha sido un tema recurrente en la crítica literaria. A lo largo de los siglos, muchos estudiosos y biógrafos se han interesado por descubrir quién se escondía detrás del seudónimo, ya que, como se mencionó previamente, Cervantes y la mayoría de los contemporáneos del autor mostraron gran escepticismo respecto a su autenticidad. Sin embargo, la falta de información sobre Avellaneda ha dificultado las investigaciones, lo que ha dado pie a diversas teorías y especulaciones.
En un primer momento, las investigaciones apuntaron a que Alonso Fernández de Avellaneda podría ser un nombre ficticio creado con el único propósito de desafiar la obra de Cervantes. No obstante, con el paso del tiempo, se han propuesto varios candidatos como el verdadero autor del Quijote apócrifo.
Teorías sobre la autoría: Fray Alonso Fernández, Passamonte y otros
Una de las primeras teorías propuestas por críticos como Baños y Baig sostenía que Alonso Fernández de Avellaneda no era un seudónimo, sino el nombre real de Fray Alonso Fernández, un dominico natural de Palencia. Según esta teoría, Fray Alonso habría sido el autor del Quijote apócrifo, inspirado por su propio sentido religioso y su devoción a la vida espiritual, lo que se reflejaría en algunos de los temas presentes en la obra. Sin embargo, esta teoría fue rechazada por la mayoría de los estudiosos posteriores, que consideraron insuficientes los argumentos para vincular a Fray Alonso con la obra.
Otras teorías apuntaron a personajes más cercanos a Cervantes en términos de rivalidad o competencia literaria. Una de las hipótesis más populares fue que el autor del Quijote apócrifo era Jerónimo de Passamonte, un soldado aragonés y escritor que había sido compañero de armas de Cervantes. Martín de Riquer, uno de los más influyentes estudiosos de la literatura cervantina, argumentó que Passamonte, al verse ridiculizado en la primera parte del Don Quijote bajo el nombre de Ginés de Passamonte, habría decidido vengarse de Cervantes escribiendo una continuación de la obra, en la que, por supuesto, se burlaba aún más del autor y de sus personajes.
Aunque esta hipótesis sobre Passamonte goza de cierta popularidad, otros estudiosos han señalado que no existen pruebas suficientes para demostrar que fuera el verdadero autor de la obra. Además, se ha argumentado que la personalidad y el estilo literario de Passamonte no coinciden completamente con los de Avellaneda.
Los aragonesismos en la obra y la pista de un autor regional
Uno de los elementos que más ha ayudado a identificar al posible autor de la obra ha sido el uso frecuente de aragonesismos en el texto. El estilo literario de Avellaneda está marcado por expresiones, vocabulario y construcciones sintácticas propias del aragonés de la época, lo que ha llevado a muchos estudiosos a inclinarse por la hipótesis de que el autor era originario de Aragón.
Entre los posibles candidatos aragoneses, algunos críticos han propuesto que los poetas Bartolomé de Leonardo de Argensola o su hermano Lupercio Leonardo de Argensola podrían ser los autores del Quijote apócrifo. Ambos escritores fueron figuras destacadas de la literatura renacentista española, y se ha señalado que su estilo podría haber influido en la obra de Avellaneda.
Otro nombre que ha sido vinculado a la autoría de la novela es el de Luis de Aliaga, un religioso aragonés que fue confesor del rey Felipe III y que, según algunas teorías, podría haber tenido motivos para escribir una obra que rivalizara con la de Cervantes. Sin embargo, al igual que con otras teorías, esta propuesta también ha sido descartada por muchos debido a la falta de evidencia sólida.
La novela de Fernández de Avellaneda y su relación con el Quijote de Cervantes
Características y diferencias con la obra cervantina
El Quijote apócrifo de Alonso Fernández de Avellaneda tiene una serie de diferencias notables con la obra original de Cervantes, las cuales se perciben tanto en el tono como en el desarrollo de los personajes y en la estructura narrativa. A pesar de que ambos textos giran en torno al mismo protagonista, el Don Quijote de Avellaneda presenta una visión mucho más burlesca y superficial de los eventos. Mientras que en la obra de Cervantes, el caballero es una figura trágica que refleja las tensiones entre la realidad y la ilusión, Avellaneda convierte a Don Quijote en un personaje aún más desquiciado, cuyas fantasías se desarrollan en situaciones de caos y descontrol.
Una de las primeras diferencias que se nota es el tratamiento del personaje de Dulcinea del Toboso, quien en el Quijote de Cervantes representa la figura del amor idealizado, mientras que en la obra de Avellaneda, Dulcinea es reemplazada por un nuevo concepto de amor desengañado. Cuando Don Quijote recibe la respuesta de Aldonza Lorenzo en lugar de Dulcinea, su tristeza lo convierte en el «Caballero Desamorado», una figura más caricaturesca que refleja la desesperación y el desconcierto de un héroe cuya locura no encuentra el alivio de la belleza ideal.
Otro cambio significativo es el comportamiento de Sancho Panza, quien en la obra de Avellaneda es presentado como un personaje más torpe y procaz, cuya simplicidad y glotonería se exageran al extremo. El Sancho de Cervantes, aunque también es ingenuo, tiene una profundidad emocional y filosófica que lo hace más humano y simpático, mientras que en el Quijote apócrifo, Sancho parece estar destinado únicamente a hacer reír al lector con sus bromas y actos groseros.
La visión contrarreformista y religiosa en el Quijote apócrifo
Una de las características más distintivas de la novela de Avellaneda es su clara inclinación hacia los valores de la Contrarreforma y su enfoque religioso. En la obra, el autor introduce dos historias intercaladas que ofrecen lecciones de moral cristiana. La primera, «El rico desesperado», es una narración sobre un estudiante libertino que, a pesar de haberse convertido en monje, sucumbe al pecado, lo que finalmente lo lleva a su perdición. La segunda historia, «Los felices amantes», presenta el relato de una priora de convento que, tras caer en el pecado por culpa de un galán, es salvada por una intervención milagrosa de la Virgen María. Ambas narrativas refuerzan una visión moralista y ejemplarista, que está en línea con el pensamiento contrarreformista del siglo XVII.
Este enfoque religioso y moralista contrasta de manera significativa con la obra de Cervantes, quien, a pesar de incluir elementos de crítica social y religiosa, no establece la moral como el eje central de su narrativa. En el Quijote de Cervantes, la locura de Don Quijote no está necesariamente vinculada a un tema moral o religioso, sino que es más bien una reflexión filosófica sobre la naturaleza humana, la fantasía y la realidad.
Impacto de la novela en la literatura española y la controversia final
El Quijote apócrifo de Avellaneda, aunque aclamado en algunos círculos, no logró obtener la misma consideración que la obra maestra de Cervantes. Sin embargo, su existencia marcó un hito importante en la historia de la literatura española. La controversia que generó entre los dos autores, así como la crítica que Cervantes dirigió a Avellaneda en su propia continuación, ayudó a consolidar aún más el lugar de Don Quijote de la Mancha en el canon literario.
Avellaneda, al tratar de emular la obra cervantina, no solo introdujo una visión diferente de Don Quijote y sus aventuras, sino que también reflejó la feroz competencia literaria de la época. Si bien la obra de Cervantes se destacó por su capacidad para reflexionar sobre el individuo y la sociedad, el Quijote apócrifo mostró una versión más burlesca y simple de la locura y las ilusiones caballerescas.
En este sentido, Cervantes logró imponer su obra como la definitiva, no solo porque fue la más profunda y compleja, sino porque también consiguió que la competencia literaria de Avellaneda fuera vista como una mera parodia de su propio trabajo. La Segunda parte del Quijote de Cervantes se cimentó como la verdadera continuación de la obra original, y Avellaneda quedó relegado al olvido literario, a pesar de los intentos de los críticos de reivindicar su trabajo.
MCN Biografías, 2025. "Alonso Fernándezde Avellaneda (s. XVI): El Enigma Literario detrás del Quijote Apócrifo". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/fernandez-de-avellaneda-alonso [consulta: 4 de abril de 2026].
