Bartolomé Leonardo de Argensola (1561–1631): Poeta y cronista del Siglo de Oro de Aragón
Bartolomé Leonardo de Argensola (1561–1631): Poeta y cronista del Siglo de Oro de Aragón
Bartolomé Leonardo de Argensola (1561–1631) fue una de las figuras más destacadas de la poesía del Siglo de Oro en España, especialmente dentro de la tradición literaria aragonesa. Su obra, fuertemente influenciada por los grandes clásicos de la antigüedad, lo convirtió en uno de los poetas más celebrados de su tiempo. Aunque su trabajo en la corte y como historiador es también significativo, fue su poesía la que lo consolidó como una figura esencial en la literatura española de los siglos XVI y XVII.
Orígenes y familia
Nacido en 1561 en Barbastro, una ciudad de la provincia de Huesca, Bartolomé Leonardo de Argensola fue hijo de Juan Leonardo y Aldonza Tudela. La familia, de origen humilde, estuvo marcada por la influencia del entorno aragonés, una región con una rica tradición cultural que también cultivó a otros literatos destacados, como su propio hermano, Lupercio Leonardo de Argensola. Pese a que los detalles sobre su infancia y educación son limitados, se sabe que desde joven mostró una marcada inclinación hacia las letras.
Su formación en el campo de las humanidades es uno de los elementos clave en la configuración de su obra poética. Aunque no hay evidencia directa de que haya estudiado en la Universidad de Huesca, la posibilidad de que recibiera su educación básica en su ciudad natal no puede ser descartada. A los 18 años, en 1579, ya se encontraba publicando sus primeras composiciones, lo que señala su temprano interés por la literatura.
Estudios y primeros logros
El siguiente paso en su formación académica fue su inscripción en la Universidad de Zaragoza, donde obtuvo el grado de bachiller. Sin embargo, fue en la Universidad de Salamanca donde profundizó en sus estudios de Derecho canónico entre 1581 y 1584, aunque algunos historiadores, como Otis H. Green, sugieren que pudo haber completado su formación en Zaragoza en lugar de Salamanca. Durante su estancia en Salamanca, se estableció un contacto con figuras influyentes que contribuyeron a fortalecer sus conocimientos clásicos, una influencia que se reflejaría en su obra poética.
En sus primeros años, Argensola ya demostró su inclinación por los grandes clásicos latinos, tales como Horacio, Juvenal, Persio y Marcial, cuyas enseñanzas influyeron profundamente en su estilo literario. En 1579, publica unas octavas que elogian la obra Divina y varia poesía del religioso fray Jaime Torres, lo que marca el comienzo de su carrera literaria. La atención a los clásicos y la preferencia por la poesía de los antiguos fueron las piedras angulares de su obra a lo largo de toda su vida.
Primeros años de servicio en la Corte
Con el paso de los años, la carrera de Bartolomé Leonardo de Argensola adquirió una nueva dimensión cuando en 1584 comenzó a servir al duque de Villahermosa, don Fernando de Aragón. Durante su tiempo al servicio del duque, Argensola asumió responsabilidades importantes como regente de la parroquia de los estados del duque, lo que le permitió adquirir la dignidad de Rector de Villahermosa. Esta posición lo insertó en una esfera de influencia que le otorgó un cierto renombre, especialmente entre los círculos literarios de la época.
Una de las intervenciones más notables de Argensola en estos primeros años fue su participación en los incidentes que rodearon la huida de Antonio Pérez, secretario del rey Felipe II, un suceso que involucró a diversas figuras de la corte y que tuvo repercusiones políticas importantes en Aragón entre 1591 y 1592. La implicación de Argensola en estos eventos demuestra su creciente presencia en la vida pública de Aragón.
Relación con la Emperatriz María y su traslado a la Corte
Con la muerte del duque de Villahermosa, Argensola cambió de rumbo y pasó a servir a la emperatriz María, esposa del emperador Felipe II, en la corte de Madrid. Este traslado fue clave en su vida, ya que marcó el comienzo de una etapa en la que profundizó sus relaciones con diversos personajes influyentes de la corte, como el conde de Lemos, Nuño de Mendoza, y el príncipe de Esquilache. Estas relaciones no solo fueron de carácter profesional, sino también literario, ya que Argensola pudo codearse con eruditos, poetas y otros intelectuales de la época.
Durante su estancia en la corte, Argensola empezó a combinar sus responsabilidades cortesanas con su creciente interés por la historia. En esta etapa, produjo trabajos como la Conquista de las islas Molucas y los Anales de Aragón, en los que se refleja su fascinación por el pasado y su deseo de preservar la memoria histórica de su tierra natal.
A medida que su relación con los círculos aristocráticos se estrechó, Argensola también comenzó a mostrar una mayor atención hacia los temas religiosos, lo que le permitió ampliar sus intereses literarios hacia la poesía devota y moral.
Muerte de la emperatriz y traslado a Nápoles
La muerte de la emperatriz María en 1603 alteró la vida de Argensola en la corte. Sin embargo, en 1608, el conde de Lemos solicitó una pensión para el poeta, quien recibió 300 ducados como recompensa por su trabajo. Con el nombramiento del conde como virrey de Nápoles, Argensola se trasladó a esta ciudad italiana, donde continuó con su labor literaria y cronística. Junto a su hermano Lupercio y otros poetas y escritores, Argensola fundó la Academia de los Ociosos, un grupo literario que se convirtió en un centro importante de la cultura renacentista y barroca.
Este paso por Nápoles marcó una etapa de gran producción literaria para Argensola. Su labor no solo abarcó la poesía, sino también la crítica social, especialmente a través de sus sátiras, que reflejaban su desaprobación hacia los vicios de la sociedad cortesana y de la vida pública. En 1613, la muerte de su hermano Lupercio marcó un golpe significativo en la vida de Argensola, quien, tras la pérdida, solicitó el puesto de cronista del Reino de Aragón, un cargo que no obtuvo hasta 1615.
Transición hacia Nápoles y su relación con la Academia de los Ociosos
Tras la muerte de su hermano Lupercio en 1613, Argensola experimentó una profunda pérdida personal que afectó su vida y su obra. Sin embargo, la etapa posterior a esta tragedia sería crucial para consolidar su legado literario. En 1608, con el nombramiento del conde de Lemos como virrey de Nápoles, Argensola se trasladó a Italia, donde continuó sirviendo a este influyente noble y profundizó en su producción literaria.
En Nápoles, Argensola formó parte de la Academia de los Ociosos, un grupo literario fundado por escritores, poetas y filósofos que se reunían para discutir temas literarios y culturales. Este grupo, que incluyó a su hermano Lupercio, Mira de Amescua, Jerónimo de Barrionuevo y otros intelectuales, se convirtió en un centro importante de la vida literaria en la ciudad. La academia, al igual que otros movimientos literarios de la época, reflejaba una fascinación por los ideales del Renacimiento y el Barroco, así como una inclinación hacia el estudio de los autores clásicos. En este entorno, Argensola pudo continuar su exploración de la poesía y la historia, en consonancia con su devoción a los estudios clásicos.
A lo largo de su estancia en Nápoles, Argensola también comenzó a traducir y adaptar obras latinas, una actividad que contribuiría a su notoriedad literaria. Sus traducciones de autores como Horacio y Píndaro no solo ampliaron su repertorio, sino que también ofrecieron una reinterpretación personal de los textos, lo que le permitió enriquecer su propio estilo literario.
Su obra como cronista e historiador
Además de su carrera como poeta, Bartolomé Leonardo de Argensola destacó por su faceta como historiador. La obra histórica de Argensola se centra principalmente en la historia de Aragón, una región que él conocía bien y a la que estuvo profundamente ligado a lo largo de su vida. A partir de 1615, Argensola fue nombrado cronista del Reino de Aragón, lo que le permitió ejercer una influencia considerable en la preservación y narración de los hechos históricos de su tierra natal.
Como cronista, Argensola produjo los Anales de Aragón, una obra en la que recopiló eventos clave de la historia aragonesa. Esta obra, aunque no alcanza la misma fama que sus composiciones poéticas, demuestra la amplitud de su interés por la historia y la cultura. A través de los Anales de Aragón, Argensola logró consolidarse como una figura fundamental para la historiografía aragonesa del Siglo de Oro.
El cargo de cronista también lo llevó a estudiar la historia de España más allá de Aragón. Su labor como historiador se complementaba con su afán de comprender las complejas dinámicas políticas de su tiempo, y sus escritos fueron una mezcla de la tradición clásica y las nuevas inquietudes barrocas que dominaban el panorama cultural europeo en aquel momento.
Muerte y legado
Bartolomé Leonardo de Argensola falleció en Zaragoza en febrero de 1631, dejando un legado literario que, a pesar de no ser tan reconocido en su época como el de otros poetas de su generación, ha perdurado a lo largo de los siglos como parte esencial del Siglo de Oro español. Su obra, que se caracteriza por un profundo amor por la literatura clásica y un sentido moral inquebrantable, ofrece una mirada crítica y refinada a los vicios y virtudes de su tiempo.
En su testamento, Argensola hizo una petición peculiar: pidió que su sobrino Gabriel Leonardo se encargara de recopilar todos sus escritos, con la instrucción de que no fueran dispersados ni publicados sin su autorización. Sin embargo, en 1634, tres años después de su muerte, su sobrino desoyó esta recomendación y publicó en Zaragoza las Rimas de Lupercio y del Doctor Bartolomé Leonardo de Argensola, lo que permitió que su poesía llegara a un público más amplio.
Aunque el poeta no tuvo la fama de otros grandes nombres del Siglo de Oro, su estilo refinado y su dedicación al estudio de los clásicos le otorgaron un lugar especial dentro de la tradición literaria española. Su crítica social, sus sátiras agudas y su sensibilidad moral lo han convertido en un referente para estudiosos de la literatura barroca y de la poesía española en general.
La obra poética: influencias clásicas y su estilo
El estilo literario de Bartolomé Leonardo de Argensola estuvo profundamente marcado por su fascinación por los clásicos latinos. Durante toda su vida, el poeta se mantuvo fiel a los ideales clásicos, prefiriendo las formas métricas tradicionales y un estilo equilibrado y medido. Se apartó de las innovaciones literarias de su tiempo, como el culteranismo, que se alejaban de los modelos clásicos, y centró su atención en la precisión y la depuración de los versos.
Su poesía está influenciada principalmente por autores como Horacio, Juvenal, Persio y Marcial, cuyas obras conoció en profundidad gracias a sus estudios. De Horacio, Argensola adoptó la disciplina en la escritura y el gusto por la sátira, mientras que de Juvenal heredó la crítica mordaz hacia los vicios de la sociedad y de la vida cortesana. La nostalgia por un pasado mejor, un tema recurrente en la poesía barroca, también es evidente en sus composiciones, especialmente en sus poemas satíricos.
En su obra, Argensola explora una amplia variedad de géneros poéticos: la poesía amorosa, satírica, moral, religiosa y de circunstancias. La poesía amorosa de Argensola, aunque no fue una de sus mayores pasiones, está impregnada de un estilo elegante y comedido, sin caer en los excesos emotivos. Como bien señaló José Manuel Blecua, la poesía amorosa de Argensola parece más un juego literario que una expresión sincera de sentimientos, lo que sugiere que el poeta nunca experimentó un amor profundo o turbulento.
Uno de los aspectos más destacados de la poesía de Argensola es su crítica social, especialmente a través de la sátira. La Epístola a don Nuño de Mendoza es uno de los ejemplos más famosos de su estilo satírico, donde, mediante una descripción detallada de los vicios de la corte, Argensola denuncia la corrupción, la codicia y la hipocresía de la vida cortesana. El poema es una especie de guía moral que, en su tono mordaz, aconseja a los lectores alejarse de los vicios y las malas compañías.
Otros poemas satíricos de Argensola también abordan temas como los defectos de los oficios judiciales, la vanidad y la falsedad de ciertas personas, y la crítica al abuso del maquillaje por parte de algunas mujeres. Estos poemas reflejan la sensibilidad del autor hacia los problemas sociales de su época y su convicción de que la poesía tenía el poder de corregir los vicios y mejorar la moral de la sociedad.
Reflexión final sobre su legado
A lo largo de su vida, Bartolomé Leonardo de Argensola demostró ser un poeta y pensador profundamente comprometido con la tradición literaria clásica, que, sin embargo, no dejó de criticar los vicios y las corrupciones de su tiempo. Su obra, rica en matices y reflejos de la sociedad barroca, continúa siendo un ejemplo fundamental de la poesía española del Siglo de Oro. Aunque no alcanzó la fama de otros grandes contemporáneos, su legado perdura como un testimonio de la importancia de los valores clásicos, la crítica social y el dominio de las formas poéticas.
MCN Biografías, 2025. "Bartolomé Leonardo de Argensola (1561–1631): Poeta y cronista del Siglo de Oro de Aragón". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/leonardo-de-argensola-bartolome-juan [consulta: 22 de febrero de 2026].
