José María Cos y Pérez (1770–1819): Un Líder Eclesiástico y Político en la Larga Larga Batalla por la Independencia Mexicana
José María Cos y Pérez nació en 1770 en la ciudad de Zacatecas, una de las localidades más influyentes del Virreinato de Nueva España, no solo por su valor estratégico, sino también por su riqueza minera. Durante el siglo XVIII, Zacatecas era un próspero centro de extracción de plata, cuyo auge económico atraía a diversas clases sociales y propiciaba un ambiente criollo y mestizo muy dinámico. En este contexto, la ciudad se convirtió en un crisol de tensiones sociales, económicas y políticas, en las que los habitantes criollos, indígenas y mestizos empezaban a plantear cuestionamientos sobre la injusticia del sistema colonial impuesto por la Corona española.
Zacatecas se hallaba en un cruce de caminos clave para la comunicación del norte y el centro de la Nueva España, lo que le confería una relevancia estratégica en la organización administrativa del virreinato. A nivel social, era una sociedad jerárquica donde las diferencias de clase, raza y poder político se reflejaban en la desigual distribución de las riquezas, pero también en el ambiente intelectual que existía en la ciudad, especialmente en los círculos de los intelectuales criollos, como José María Cos, quienes comenzaban a cuestionar abiertamente las injusticias del régimen colonial.
Orígenes familiares y primeros años
José María Cos era hijo de Isidro Cos, un español originario de la península ibérica, y Matiana Pérez, una mujer de ascendencia mexicana. Su origen mestizo y su vínculo con ambos mundos, el español y el indígena, le otorgaron una perspectiva privilegiada sobre los conflictos sociales del virreinato. Como muchos otros hijos de la clase media alta criolla, Cos tuvo acceso a una educación que le permitió sobresalir desde muy joven.
A pesar de sus raíces en una familia de origen español, Cos se sintió más cercano a las aspiraciones y dificultades de los criollos, una clase que empezaba a cuestionar el dominio absoluto de la Corona sobre las tierras de América. Estos primeros años en Zacatecas, sumados a la influencia de la ciudad y la educación recibida, fueron fundamentales para moldear sus futuros ideales políticos y sociales.
Formación académica y primeros logros
La educación de Cos se desarrolló en un ambiente intelectual que fomentaba el cuestionamiento de las estructuras de poder y la búsqueda de justicia social. Estudió en el Instituto San Luis Gonzaga de Zacatecas, y gracias a su destacado desempeño, logró obtener una beca para estudiar en el Seminario Tridentino de Guadalajara, donde profundizó sus estudios teológicos. Su brillantez académica lo llevó a obtener, en 1798, los grados de licenciado y doctor en teología, un hito importante en su carrera, que lo catapultó dentro de los círculos religiosos y académicos de la región.
El título de doctor en teología, obtenido con gran esfuerzo y dedicación, lo posicionó como una figura respetada dentro de la comunidad eclesiástica. Además, recibió las órdenes sacerdotales por parte del obispo Cabañas, lo que le permitió ingresar a la vida religiosa y comenzar su carrera en la iglesia. Durante sus primeros años de sacerdocio, Cos se desempeñó como vicerrector del Colegio de Zacatecas, y en 1802, asumió el curato de Burgo de San Cosme, una parroquia en su ciudad natal. Fue aquí donde Cos comenzó a tener un contacto más cercano con los problemas sociales y políticos del momento.
Primeros intereses e inclinaciones ideológicas
El ambiente en el que Cos se desarrolló, especialmente en sus primeros años como sacerdote, estuvo marcado por el auge del pensamiento ilustrado y las discusiones sobre los derechos de los pueblos. En los círculos criollos de Zacatecas, donde la indignación hacia los abusos de la Corona española y la falta de autonomía local comenzaban a ser comunes, Cos se mostró sensible a las tensiones sociales que atravesaban la región.
Durante su tiempo en el curato de San Cosme, Cos aprovechaba las frecuentes visitas a la ciudad de Zacatecas para participar en tertulias y discusiones con otros intelectuales y líderes locales. Estas conversaciones, en las que se trataban temas como la opresión social, la autonomía política y la justicia económica, influyeron profundamente en su visión del mundo. Así, fue formándose como un hombre comprometido con la independencia de América y con la lucha contra las injusticias del régimen colonial.
Primeros roles en la iglesia y vida eclesiástica
La vida eclesiástica de Cos comenzó a ser cada vez más prominente dentro del clero de Zacatecas, primero como vicerrector del Colegio de Zacatecas y luego como cura en varios de los más importantes pueblos mineros de la región. Fue a través de estos cargos que empezó a interactuar con personalidades influyentes de la sociedad zacatecana, como el intendente Francisco Rendón y el conde de Santiago de La Laguna, don Miguel Rivero, un rico hacendado y líder local.
Estos contactos le permitieron a Cos mantenerse al tanto de las tensiones y los movimientos que comenzaban a agitar a la sociedad criolla. La estrecha relación con estas figuras, especialmente con el conde de Santiago, quien también compartía un sentimiento de desconfianza hacia el dominio español, le permitió entrar en contacto con los primeros brotes de resistencia a la Corona. El ambiente de los círculos de poder y la cercanía a los eventos clave del virreinato fueron decisivos para que Cos se involucrara cada vez más con las ideas de independencia que comenzaban a circular con mayor fuerza.
La mediación en tiempos de agitación política
Los sucesos ocurridos en 1808 en la península Ibérica, cuando las tropas napoleónicas invadieron España, generaron una serie de reacciones en Nueva España. La destitución del virrey Iturrigaray, quien fue reemplazado por un régimen más represivo, fue uno de los principales factores que desataron una serie de levantamientos en distintas partes del virreinato, entre ellos, en Zacatecas.
Cos, como figura moderada y conciliadora, se encontró en el centro de las tensiones políticas que surgieron en la región. Aconsejó al conde de Santiago de La Laguna sobre las mejores estrategias para responder a los abusos de las autoridades coloniales. Este enfoque mediador sería uno de los aspectos más distintivos de Cos en los años venideros, especialmente cuando se sumó al movimiento insurgente en los primeros años del conflicto. Sin embargo, su habilidad para mantener un equilibrio entre las diversas facciones también lo pondría en una posición difícil cuando las luchas internas dentro del movimiento insurgente se intensificaron.
Enlace con la insurgencia y participación en la lucha
Los años posteriores a 1808 fueron decisivos para José María Cos, pues los acontecimientos en la Península Ibérica, especialmente la invasión napoleónica y la consecuente crisis política en España, reconfiguraron completamente el panorama político y social en Nueva España. La destitución del virrey Iturrigaray en 1808, junto con la toma del poder por parte de los realistas, generó un ambiente de incertidumbre y desconfianza que sacudió al Virreinato. Los criollos, especialmente aquellos con una formación intelectual como Cos, comenzaron a cuestionar con mayor vehemencia el orden colonial.
El levantamiento de Zacatecas contra el intendente Francisco Rendón en 1810, un evento significativo que reflejaba la creciente tensión entre las autoridades locales y la Corona, fue un paso hacia la insurgencia. Durante estos días de agitación, el conde de Santiago, quien se encontraba en el epicentro de las decisiones políticas de la región, envió a Cos a investigar las intenciones del padre Hidalgo, quien ya se había levantado en armas en el centro del país. Esta misión de mediación, que llevó a Cos a un encuentro con Hidalgo, fue una de las primeras acciones directas del sacerdote en la lucha por la independencia.
Sin embargo, durante este viaje, Cos fue capturado por las tropas realistas de Félix María Calleja, quien lo forzó a un encuentro con el virrey Francisco Venegas en la Ciudad de México. La captura y las vicisitudes que atravesó durante este periodo revelaron el papel crucial que jugaría en la intermediación ideológica del movimiento insurgente. A pesar de ser prisionero, Cos logró escapar y fue capturado por los insurgentes de Ignacio López Rayón, lo que significó su ingreso formal a la causa de la independencia, particularmente en el ámbito doctrinal y político.
Ideología y contribución doctrinal
A lo largo de su vida, Cos se mostró como un hombre de profunda formación religiosa y un ferviente defensor de la ortodoxia católica. A pesar de ello, su visión política fue cada vez más orientada hacia la autodeterminación y la independencia de las colonias americanas. Una de sus contribuciones más significativas fue la redacción del Manifiesto de la Nación Americana a los europeos de este continente en 1812, un texto que defendía la legitimidad de la insurgencia y proponía una visión de América como una entidad separada de España. En él, Cos argumentaba que, ante la ausencia del rey Fernando VII, la soberanía debía recaer en el pueblo, planteando el principio de la autodeterminación.
Este manifiesto fue un llamado a los europeos y a las naciones americanas para reconocer la lucha insurgente como un proceso legítimo, basado en principios de justicia y derecho internacional. La respuesta a sus ideas fue variada, pero su posicionamiento ideológico le permitió ganar reconocimiento dentro del círculo de líderes insurgentes. Cos sostenía que España y América debían ser consideradas partes iguales dentro de la monarquía, pero con plena autonomía en sus asuntos internos.
Además de sus escritos políticos, Cos tuvo un papel crucial en la creación y dirección de periódicos insurgentes. Fundó el Ilustrador Nacional y, más tarde, el Ilustrador Americano, publicaciones que se convirtieron en plataformas clave para la difusión de las ideas insurgentes. Estas publicaciones, aunque rudimentarias y confeccionadas con materiales muy básicos, fueron esenciales para conectar a los líderes insurgentes con la población y para difundir la causa de la independencia. La importancia de estos periódicos fue tal que el virrey Venegas ordenó su contrarreacción, publicando un periódico que trataba de desacreditar las ideas de Cos.
Dirección de periódicos insurgentes
Durante los primeros años del movimiento insurgente, Cos no solo fue un líder ideológico, sino también un activo propagandista. Dirigió varios periódicos, de los cuales Ilustrador Nacional es el más conocido. A pesar de las dificultades materiales, como la falta de tinta y otros insumos, los periódicos insurgentes alcanzaron un gran impacto entre la población, especialmente entre los criollos y los sectores más ilustrados de las ciudades.
El Ilustrador Americano, por ejemplo, llegó a ser tan leído que obligó al virrey Venegas a tomar medidas para contrarrestarlo. En respuesta, se encargó a un deán realista, Beristain, crear el Verdadero Ilustrador Americano, un periódico destinado a refutar las ideas que Cos y otros insurgentes difundían. Sin embargo, a pesar de la censura y la represión, la prensa insurgente logró mantener una gran influencia, especialmente entre aquellos que apoyaban la causa de la independencia.
Cos no solo desempeñó un papel fundamental en la creación de estos periódicos, sino que también fue su principal defensor, utilizando estos medios como herramientas para educar a la población sobre los principios que sustentaban la insurgencia. Los textos de Cos se convirtieron en una fuente esencial para la justificación legal y moral del movimiento.
Crisis dentro del movimiento insurgente
En 1812, la situación de la insurgencia comenzó a complicarse. La división interna entre los líderes insurgentes, especialmente entre Ignacio López Rayón y José María Liceaga, así como la creciente influencia de Morelos, generaron tensiones dentro del triunvirato. Cos intentó mediar en estas disputas, pero su enfoque moderado y su necesidad de equilibrio no lograron resolver las diferencias profundas entre los principales líderes insurgentes.
A pesar de sus esfuerzos, el triunvirato de la Suprema Junta Gubernativa, compuesto por López Rayón, Liceaga y Berdusco, sufrió varias crisis internas, lo que finalmente llevó a la disolución de la Junta. Cos se encontraba en una encrucijada: por un lado, sus principios moderados lo impulsaban a actuar como mediador y conciliador, pero por otro, la presión para tomar decisiones más radicales lo colocaba en una posición difícil.
A lo largo de los años 1812 y 1813, la figura de Cos se fue consolidando como una voz importante en la creación de la Constitución de Apatzingán, un texto que sentaba las bases legales de la independencia y que, a pesar de las divisiones internas, intentaba dar un marco coherente al nuevo orden que los insurgentes deseaban establecer.
Transformaciones en la insurgencia y declive de Cos
A finales de 1813, la situación política de la insurgencia comenzó a mostrar signos de debilidad. La ejecución de Morelos a finales de ese año, junto con la disolución del Congreso de Apatzingán, marcó un golpe devastador para el movimiento independentista. Sin embargo, para José María Cos, esta caída no fue solo un golpe a la causa, sino también a su propio papel dentro del movimiento. Aunque había participado activamente en la redacción de la Constitución de Apatzingán y en las deliberaciones políticas del Congreso de Chilpancingo, la muerte de Morelos y la desbandada de los insurgentes trajeron consigo un sentimiento de desconcierto generalizado.
Cos, quien ya había comenzado a mostrar diferencias con algunos de sus compañeros, como la negativa a firmar el Acta de Independencia de 1813, comenzó a distanciarse aún más del liderazgo insurgente. Las tensiones ideológicas y las luchas internas entre los líderes insurgentes, como José María Liceaga y Ignacio López Rayón, agravaron la situación. Su rechazo al liderazgo más radical de Morelos y su acercamiento a posturas más moderadas lo colocaron en una posición en la que se sentía más cómodo con la idea de una independencia gradual y bajo principios legales más que con una revolución violenta que, a su parecer, podría destruir todo el orden social.
El hecho de que Cos estuviera involucrado en la creación de las bases legales para la independencia, como la Constitución de Apatzingán, no evitó que se sintiera desencantado con los métodos de lucha de sus compañeros. Su postura moderada y legalista no coincidía con el creciente fervor revolucionario, y, a medida que las tensiones aumentaban, Cos comenzó a alejarse del campo de batalla.
Contribuciones a la insurgencia y diferencias con Morelos
Uno de los momentos más críticos de su relación con el movimiento insurgente ocurrió cuando Cos, al sentirse relegado, mostró su desacuerdo con algunas de las decisiones de Morelos. La elección de José Manuel Herrera como embajador ante los Estados Unidos fue particularmente problemático para Cos, quien aspiraba a ese cargo. Este episodio fue un factor determinante en su eventual rompimiento con el liderazgo de Morelos.
Su rechazo al liderazgo de Morelos no fue meramente por disputas personales; también tuvo que ver con su visión diferente de la guerra y la independencia. Cos, un hombre de principios y doctrinas legales, creía que la lucha debía basarse en la legitimidad de las instituciones, y no en la insurrección total. A pesar de ser parte del triunvirato con Morelos y Liceaga, su apoyo al proyecto insurgente se redujo debido a las diferencias ideológicas.
Condena, indulto y retirada a Pátzcuaro
El año 1815 marcó un cambio crucial para José María Cos. Después de las tensiones con Morelos y la crisis interna que vivía el movimiento, Cos fue arrestado por las fuerzas realistas, quienes lo encarcelaron y lo condenaron a muerte. Sin embargo, los sucesos que se produjeron después impidieron su ejecución. Cos fue liberado en febrero de 1816, cuando el general Manuel de Terán disolvió el Congreso en Tehuacán, un acto que dejó al movimiento insurgente en una situación aún más precaria.
Tras su liberación, Cos intentó reincorporarse al grupo insurgente liderado por Ignacio López Rayón. Se refugió en el fuerte de Cóporo, donde permaneció durante algunos meses antes de solicitar el indulto al nuevo virrey Juan José Ruiz de Apodaca, quien llegó a la Nueva España en el otoño de 1816. Este indulto, que fue concedido a Cos, lo dejó en una situación de incertidumbre, ya que fue visto con desconfianza tanto por los realistas como por los insurgentes.
Retirado en Pátzcuaro, Michoacán, Cos intentó enmendar su relación con el movimiento insurgente. Dirigió un memorial al claustro de la Universidad de Guadalajara en marzo de 1817, tratando de demostrar su arrepentimiento y su voluntad de apoyar la causa insurgente. Sin embargo, sus esfuerzos fueron infructuosos, y su figura permaneció rodeada de suspicacia, tanto entre los que luchaban por la independencia como entre aquellos que defendían la monarquía.
Últimos años y legado
Los últimos años de la vida de Cos fueron marcados por la frustración y el aislamiento. A pesar de que los insurgentes experimentaron una breve renovación de esperanza con la llegada de Javier Mina en 1817, Cos se mantuvo al margen de los nuevos esfuerzos por revitalizar la lucha. Su retiro en Pátzcuaro y su falta de implicación directa con los eventos que rodearon la llegada de Mina reflejaron el fin de su participación activa en la independencia de México.
El 17 de noviembre de 1819, José María Cos y Pérez falleció en Guadalajara, Jalisco, dejando un legado ambiguo. Para algunos, Cos fue una figura clave que, desde su posición moderada, contribuyó al movimiento de independencia a través de sus ideas legales y su trabajo ideológico. Sin embargo, su tendencia a mediar y a buscar acuerdos, más que a luchar abiertamente, fue vista por otros como una traición a la causa.
En la opinión de Carlos María de Bustamante, su contemporáneo, Cos «destruyó con la mano izquierda lo que construyó con la derecha». A pesar de sus esfuerzos por mediar y construir puentes entre las facciones del movimiento, su cambio de bando y su eventual apartamiento de la lucha armada lo colocaron en una posición de olvido dentro de la historia de la independencia. Para algunos, su legado no es uno de victoria, sino de frustración y de la constante lucha entre sus ideales y las circunstancias que marcaron la Revolución Mexicana.
Reflexión sobre su impacto en la Revolución
José María Cos y Pérez, un hombre de iglesia, pero también de ideas políticas innovadoras, representa el conflicto interno que marcó a muchos de los actores de la Revolución de Independencia. Su vida ilustra cómo la lucha por la independencia no solo fue un conflicto bélico, sino también un complejo choque de ideologías, entre aquellos que buscaban una ruptura total con la Corona y los que deseaban una independencia más gradual y moderada. A pesar de sus diferencias con algunos de los líderes más radicales de la insurgencia, su aportación doctrinal y política dejó una huella perdurable en la historia de México, aunque su figura haya quedado a menudo eclipsada por otros héroes más conocidos.
MCN Biografías, 2025. "José María Cos y Pérez (1770–1819): Un Líder Eclesiástico y Político en la Larga Larga Batalla por la Independencia Mexicana". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/cos-y-perez-jose-maria [consulta: 6 de febrero de 2026].
