Alberto Cortina de Alcocer (1947–): Arquitecto del Poder Empresarial en la España del Siglo XX

Orígenes familiares y formación académica

La influencia del linaje político

Alberto Cortina de Alcocer, nacido en Madrid el 20 de enero de 1947, creció en un entorno impregnado de poder político y relaciones influyentes. Su padre, Pedro Cortina Mauri, fue el último ministro de Asuntos Exteriores del régimen franquista, una figura relevante dentro del aparato del Estado durante las décadas finales de la dictadura. Este linaje situó a Cortina en una posición privilegiada desde su juventud, proporcionándole no solo contactos políticos de alto nivel, sino también una visión cercana a los mecanismos de influencia y decisión que marcarían su estilo empresarial.

En este contexto, el joven Alberto fue moldeado por un entorno de élite, donde las conexiones políticas y la cultura del poder eran elementos tan cotidianos como estratégicos. Esta herencia no sólo lo vincularía posteriormente con las altas esferas del mundo empresarial, sino que también definiría parte de su posicionamiento como actor clave en la transformación económica de la España postfranquista.

Educación en instituciones de élite

El prestigioso Colegio de El Pilar de Madrid, cuna de numerosas figuras destacadas de la política y la economía españolas, fue la primera institución educativa que forjó el carácter de Cortina. Posteriormente, se licenció en Derecho en la Universidad de Madrid, una carrera que, aunque no le condujo a la práctica jurídica tradicional, le otorgó las herramientas analíticas necesarias para comprender el marco legal que regula los negocios y las finanzas, áreas en las que más tarde destacaría con notable éxito.

Su paso por la universidad coincidió con una España en transformación, todavía bajo el franquismo pero ya con signos incipientes de cambio económico. Cortina, con una formación jurídica sólida y un entorno familiar que le facilitaba el acceso a posiciones clave, estaba listo para comenzar su ascenso dentro del tejido empresarial del país.

Primeros pasos en el mundo empresarial

La entrada en Construcciones y Contratas

En 1969, Alberto Cortina inició su carrera empresarial en Construcciones y Contratas (Conycon-Cycsa), una firma que acababan de heredar Alicia y Esther Koplowitz tras la muerte de su madre, viuda del fundador del grupo, Ernesto Koplowitz. Su ingreso en la empresa no fue casual, sino resultado de un acercamiento familiar que pronto se tornaría estratégico.

Apenas un año después, en abril de 1970, y tras el matrimonio de su primo Alberto Alcocer con Esther Koplowitz, Cortina contrajo matrimonio con Alicia Koplowitz, lo que consolidó su entrada definitiva en el núcleo de poder de una de las compañías constructoras más importantes de España. De esta manera, no solo se integró en el consejo de administración de Conycon-Cycsa, sino que se convirtió en un actor fundamental dentro del grupo empresarial Koplowitz.

Matrimonio con Alicia Koplowitz y acceso al poder corporativo

El matrimonio entre Cortina y Alicia Koplowitz no sólo fue una unión personal, sino también un pacto de poder. Junto a su primo Alberto Alcocer, Cortina formó un binomio empresarial que pasaría a ser conocido en el mundo financiero como “los Albertos”, símbolo de ambición, audacia y éxito económico en el Madrid de los años setenta y ochenta.

En 1972, ambos asumieron funciones ejecutivas dentro de la empresa y, en 1976, fueron nombrados consejeros delegados, dando inicio a una etapa dorada en la historia de la compañía. Bajo su liderazgo, Conycon-Cycsa dejó de ser una simple constructora familiar para convertirse en un grupo empresarial diversificado, con presencia en múltiples sectores clave de la economía.

La consolidación del tándem “los Albertos”

Estrategias de diversificación y expansión sectorial

La estrategia de “los Albertos” se centró en una diversificación agresiva que les permitió posicionarse en sectores estratégicos más allá de la construcción. Durante los años siguientes, invirtieron intensamente en áreas como la industria cementera (especialmente en la empresa Portland), el sector financiero (Banco de Fomento y Banco Zaragozano), los medios de comunicación (editorial Estructura, responsable del diario económico Cinco Días), y el ámbito editorial y asegurador.

Este modelo de expansión no sólo aumentó la rentabilidad del grupo, sino que también les otorgó una posición de poder transversal en el ecosistema empresarial español. Su capacidad para identificar oportunidades, diversificar riesgos y establecer sinergias convirtió a Cortina y a su primo en una de las duplas más influyentes del país, especialmente en un periodo donde el capitalismo español experimentaba una acelerada reestructuración postfranquista.

Alianzas clave: Banco Zaragozano, Portland, Cinco Días y COFIR

Entre las operaciones más significativas de esta época destaca su participación en el Banco Zaragozano, donde adquirieron progresivamente un paquete accionarial significativo, así como su entrada en el grupo editorial Estructura, con el objetivo de influir en la narrativa económica del país a través del diario Cinco Días. Igualmente importante fue su implicación en la cementera Portland, sector clave por su vinculación con la obra pública y la expansión inmobiliaria.

En 1987, se asociaron con el inversor italiano Carlo de Benedetti para fundar el grupo COFIR, consolidando así su presencia en el ámbito financiero internacional. Esta alianza internacional fue interpretada como un movimiento ambicioso, que marcaba su transición de actores nacionales a figuras relevantes del capital transnacional.

Ruptura con Ramón Areces y expansión bancaria

Conflictos en el Consejo de Administración de Conycon

El crecimiento vertiginoso del holding no estuvo exento de conflictos internos. El principal enfrentamiento se produjo con Ramón Areces, fundador de El Corte Inglés y amigo cercano de la familia Koplowitz, quien había asumido un papel rector en la gestión de Conycon tras el fallecimiento de los padres de Alicia y Esther.

Las divergencias estratégicas entre Areces y “los Albertos” culminaron a finales de 1987 con la salida de Areces y su equipo del consejo de administración, dejando vía libre a Cortina y Alcocer para consolidar su visión de expansión y control empresarial. Este episodio marcó el fin de las tensiones internas y el inicio de una etapa de expansión más agresiva, sin frenos ni contrapesos.

La alianza con el grupo kuwaití KIO y el nacimiento de Cartera Central

Libre de las restricciones impuestas por Areces, Cortina protagonizó junto a su primo una de las operaciones financieras más audaces del periodo: la asociación con el grupo kuwaití KIO, que derivó en la creación de Cartera Central en enero de 1988. Esta operación les permitió controlar el 12% del Banco Central, presidido por Alfonso Escámez, y obtener representación directa en su consejo de administración.

Este acuerdo no solo fortalecía su influencia en el sistema bancario español, sino que proyectaba su capacidad de negociación y liderazgo en escenarios financieros internacionales. Era la confirmación de que “los Albertos”, y particularmente Alberto Cortina, ya jugaban en las grandes ligas del poder económico.

El derrumbe de los lazos familiares y empresariales

Crisis matrimoniales y su impacto en el imperio Koplowitz

A finales de los años ochenta, la alianza estratégica entre los Koplowitz y “los Albertos” comenzó a desmoronarse no por razones empresariales, sino personales. En febrero de 1989, los medios de comunicación revelaron la relación sentimental entre Alberto Cortina y Marta Chávarri, entonces casada con el marqués de Cubas. Este escándalo, seguido poco después por la aparición pública del romance de Alberto Alcocer con la modelo Margarita Hernández, hizo tambalear los cimientos del núcleo familiar sobre el que se había edificado buena parte del emporio empresarial.

Los efectos de estas rupturas matrimoniales fueron devastadores. A lo largo de 1989 y 1990, las tensiones entre las hermanas Koplowitz y sus respectivos maridos se agudizaron, extendiéndose a la gestión empresarial conjunta. Las diferencias en los valores personales y los nuevos intereses de cada parte impidieron sostener una convivencia corporativa saludable, precipitando una separación total de intereses.

Reestructuración de los patrimonios y salida de Conycon

Tras intensas negociaciones, en junio de 1990 se alcanzó un acuerdo de separación patrimonial que redefiniría el mapa empresarial español. Las hermanas Koplowitz conservaron el control de Construcciones y Contratas, junto con las sociedades inmobiliarias y de servicios, al tiempo que liquidaron sus posiciones en el sector bancario.

Por su parte, Alberto Cortina y Alberto Alcocer se quedaron con el paquete accionarial de Cartera Central en el Banco Zaragozano, la aseguradora Uniseguros y sus participaciones en la financiera COFIR. Esta división permitió a Cortina liberarse del entorno familiar que había sido su trampolín inicial y, al mismo tiempo, sentar las bases para una nueva etapa como empresario independiente, acompañado siempre por su primo.

Reinvención empresarial y nuevos sectores

Proyectos financieros y energéticos post-divorcio

La independencia de “los Albertos” abrió la puerta a nuevos sectores y aventuras empresariales. Cortina se casó con Marta Chávarri, fortaleciendo su perfil mediático, mientras ampliaba sus negocios en industrias como la relojería de lujo, a través de Lorane Holding, y los hidrocarburos, mediante la firma Imes, S.A.

En 1992, culminaron su desvinculación de COFIR mediante un intercambio accionarial con Carlo de Benedetti, lo que les permitió incrementar su control en el Banco Zaragozano, alcanzando un 34% del capital. Esta jugada les otorgó una posición privilegiada en el consejo de administración y consolidó su estatus como actores bancarios de primer orden.

Consolidación en el Banco Zaragozano y nuevas alianzas

La culminación de esta etapa se produjo el 10 de mayo de 1997, cuando Cortina y Alcocer fueron nombrados copresidentes del Banco Zaragozano. Con un 38% del capital bajo su control, su influencia en la entidad era determinante. Esta posición no sólo reafirmaba su papel central en la banca privada española, sino que representaba el punto culminante de su reconstrucción empresarial tras la salida del grupo Koplowitz.

Mientras tanto, Cortina enfrentaba un nuevo fracaso matrimonial, separado nuevamente de Marta Chávarri. No obstante, su actividad empresarial continuaba imperturbable, con nuevos proyectos que demostraban su capacidad de adaptación y resiliencia en el competitivo entorno financiero español.

El escándalo de Urbanor

Acusaciones, juicios y condena judicial

A finales de los años noventa, Alberto Cortina se vio envuelto en uno de los escándalos financieros más sonados de la época: el llamado “caso Urbanor”. Este proceso judicial, que investigaba un presunto fraude de 4.000 millones de pesetas (equivalente a unos 24,5 millones de euros), giraba en torno a la venta de solares en la Plaza de Castilla de Madrid, donde en 1987 se construyeron las emblemáticas torres KIO.

Junto a su primo Alcocer, y a otros empresarios como Rafael Montes y Álvaro Álvarez, fue acusado de falsedad documental y apropiación indebida. En enero de 2001, la Audiencia Provincial de Madrid dictó una sentencia absolutoria, al considerar prescritos los delitos, aunque reconoció que los accionistas minoritarios habían sido víctimas de una estafa.

Todas las partes recurrieron el fallo y, en un giro inesperado, el Tribunal Supremo revocó la absolución en marzo de 2003. El alto tribunal condenó a Cortina y Alcocer a tres años y cuatro meses de prisión, además de una indemnización cercana a los 49 millones de euros. La sentencia fue un terremoto en el mundo financiero y marcó un antes y un después en la reputación de ambos empresarios.

Reacciones, indulto fallido y consecuencias reputacionales

Horas después de conocerse el fallo del Supremo, “los Albertos” renunciaron a sus cargos en el Banco Zaragozano, y Cortina dimitió también como consejero en Dragados, Ence e Inversis. En paralelo, iniciaron una campaña legal para evitar su ingreso en prisión, que incluyó la solicitud de indulto al Gobierno.

En julio de 2003, el Tribunal Constitucional aceptó el recurso de amparo interpuesto por la defensa y suspendió provisionalmente la ejecución de la condena. No obstante, en octubre del mismo año, el Consejo de Ministros denegó el indulto, siguiendo la recomendación del Ministerio Fiscal y del Tribunal Supremo, que no encontraron motivos de justicia ni equidad que justificaran la medida.

Este episodio representó un duro golpe para Cortina, no sólo por la amenaza de prisión, sino también por el daño reputacional en un entorno donde la credibilidad es clave. Pese a ello, el empresario mostró una notable capacidad para capear el temporal y redirigir sus esfuerzos hacia nuevos proyectos con determinación.

Persistencia empresarial y nuevas inversiones

Desvinculación del Zaragozano y entrada estratégica en ACS

En medio del escándalo, Cortina y Alcocer decidieron vender su participación en el Banco Zaragozano, operación que les generó más de 450 millones de euros. Lejos de retirarse, reinvirtieron 120 millones en el grupo constructor ACS, aumentando su participación del 5,06% al 10,17%, y convirtiéndose en los terceros accionistas más importantes del conglomerado, sólo por detrás de Corporación Financiera Alba (22,5%) y Florentino Pérez (20%).

Este movimiento estratégico les permitió recuperar su influencia en el mundo empresarial sin la exposición mediática del sector bancario. Con una participación sólida en una de las mayores constructoras de Europa, Cortina logró reinventarse una vez más como un actor clave, demostrando que su visión para los negocios seguía intacta.

El legado empresarial de una figura controvertida

Alberto Cortina, a lo largo de más de tres décadas de intensa actividad empresarial, ha dejado una huella profunda en la historia del capitalismo español. Desde sus inicios en Conycon hasta sus inversiones en banca, energía, medios de comunicación y construcción, su trayectoria ha estado marcada por la ambición, la audacia y, en ocasiones, la polémica.

Su vida personal ha sido objeto de escrutinio constante, alimentando tanto las páginas financieras como las revistas del corazón. Sin embargo, más allá de los escándalos y los juicios, Cortina ha sabido mantenerse como un referente de la alta empresa, capaz de adaptarse a los cambios del entorno, reponerse a los fracasos y generar riqueza en sectores clave de la economía española.

Hoy, su legado continúa entretejido en las estructuras empresariales del país, recordándonos que el éxito y la controversia, en muchas ocasiones, caminan de la mano.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Alberto Cortina de Alcocer (1947–): Arquitecto del Poder Empresarial en la España del Siglo XX". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/cortina-de-alcocer-alberto [consulta: 12 de febrero de 2026].