Alfonso Carrillo de Acuña (1412-1482): El Prelado que Marcó la Historia de Castilla
Alfonso Carrillo de Acuña,
nacido en 1412 en Cuenca y fallecido en 1482 en Alcalá de Henares, fue
uno de los personajes más influyentes del siglo XV en España. Su vida
estuvo marcada por una fuerte relación con la nobleza, un profundo
conocimiento de la política castellana, y una ambición que lo llevó a
involucrarse de lleno en las luchas dinásticas y los conflictos que
definieron el destino de la Corona de Castilla. Desde sus primeros
pasos en la Iglesia hasta su intervención directa en la política
castellana, Carrillo de Acuña dejó una huella indeleble en la historia
de España.
Orígenes y contexto histórico
Alfonso Carrillo de Acuña
nació en el seno de una familia noble con origen portugués. Su padre,
Lope Vázquez de Acuña, fue una de las figuras más poderosas de la
nobleza castellana, ejerciendo como la máxima autoridad en el Concejo
de la Mesta, una de las instituciones más influyentes de la época. Su
madre, Teresa Carrillo de Albornoz, provenía de la familia del cardenal
Gil Álvarez de Albornoz, lo que le otorgó una conexión directa con
importantes figuras religiosas. Además, Alfonso fue sobrino del
cardenal Alfonso Carrillo, quien jugó un papel crucial en su formación
desde temprana edad. Con solo once años, fue instruido en los
entresijos de la Iglesia, lo que marcaría el rumbo de su carrera.
Este entorno familiar,
lleno de influencias eclesiásticas y políticas, permitió que Alfonso
Carrillo de Acuña se acercara rápidamente a la alta jerarquía
eclesiástica y adquiriera una formación que le daría un notable dominio
sobre los asuntos del reino. A los 22 años, fue nombrado protonotario
apostólico por el papa Eugenio IV, un cargo que le permitió acceder a los círculos de poder en la corte papal y en la política castellana.
El camino hacia la sede Primada de España
La carrera eclesiástica
de Alfonso Carrillo comenzó a despegar tras la muerte de su tío en
1434. Fue entonces cuando fue nombrado protonotario apostólico y
accedió al Consejo Real del rey Juan II,
a la vez que fue enviado como embajador de Castilla al Concilio de
Basilea. En 1435, fue nombrado administrador de la sede de Sigüenza y,
poco después, obispo de esta diócesis, lo que le permitió regresar a
Castilla con una sólida preparación para los asuntos de gobierno. Como
obispo, Carrillo demostró su gran capacidad administrativa,
favoreciendo a su cabildo catedralicio y enriqueciendo notablemente la
institución.
A los 34 años, su carrera
dio un giro decisivo cuando fue nombrado arzobispo de Toledo, uno de
los cargos más importantes en la Iglesia española. Desde 1446 hasta su
muerte en 1482, Carrillo de Acuña no solo fue el arzobispo de Toledo,
sino que ostentó el título de Cardenal Primado de Castilla, lo que le
confirió una enorme influencia sobre la política del reino. En este
cargo, desempeñó un papel destacado en la política castellana, apoyando
la tendencia pro-aragonesa de ciertos sectores nobiliarios, aunque sus
posturas eran siempre cambiantes, dependiendo de las circunstancias
políticas.
Su intervención en las luchas dinásticas del siglo XV
La figura de Alfonso
Carrillo de Acuña no puede entenderse sin tener en cuenta su
intervención en las luchas dinásticas que marcaron el siglo XV en
España. Durante los primeros años del reinado de Enrique IV,
Carrillo continuó acumulando poder y ostentando cargos relevantes. En
1454, fue nombrado regente del reino durante la ausencia del rey, quien
se encontraba en una campaña en el reino nazarí de Granada. En 1463,
fue designado embajador ante la corte francesa. Durante esta etapa,
Alfonso Carrillo alcanzó una gran riqueza y poder, superando incluso a
muchos de los grandes linajes nobiliarios de la corte castellana. Se
convirtió en una figura con una influencia casi feudal, dueño de
numerosos castillos y vasallos.
Sin embargo, su creciente poder y su ambición lo llevaron a enfrentarse con el mismo rey. En 1465, durante la Farsa de Ávila,
un episodio crucial en la historia de la nobleza castellana, Carrillo
apoyó la rebelión nobiliaria contra Enrique IV. Los nobles, en su
intento por destituir al rey, promovieron la figura del infante Alfonso
como el legítimo heredero al trono. Aunque este infante murió de manera
repentina en 1468, los nobles, apoyados por Carrillo, continuaron
luchando por sus intereses. La situación se resolvió con el Pacto de los Toros de Guisando de 1468, que reconocía a Isabel como heredera legítima, desplazando a su hija natural, Juana la Beltraneja.
Alfonso Carrillo fue una
pieza clave en la negociación de este pacto, pero su apoyo a Isabel no
fue incondicional. A lo largo de su carrera, Carrillo cambió de bando
según lo requerían las circunstancias. Cuando se dio cuenta de que los
futuros monarcas, Isabel y Fernando, adoptaban una política más
autoritaria, se distanció de ellos y comenzó a apoyar las pretensiones
de Juana la Beltraneja, la hija ilegítima de Enrique IV.
La caída y el regreso a Alcalá de Henares
En 1476, Alfonso Carrillo se enfrentó directamente a su antiguo aliado, Pedro González de Mendoza,
quien se había convertido en el principal rival de Carrillo en la lucha
por el poder eclesiástico. Carrillo, al mando de sus propios ejércitos,
fue derrotado por las fuerzas de Mendoza. Obligado a pedir perdón a la
reina Isabel, Carrillo fue perdonado y conservó su puesto en la
Iglesia. Sin embargo, su influencia política se desvaneció en ese
momento.
Tras su derrota, Alfonso
Carrillo se retiró a su villa favorita, Alcalá de Henares, donde había
fundado un convento de franciscanos. Allí pasó los últimos años de su
vida, lejos de los conflictos políticos que habían marcado su carrera.
Fue en Alcalá de Henares donde falleció en 1482.
Relevancia actual
Alfonso Carrillo de
Acuña, a pesar de sus altibajos en la política de su tiempo, sigue
siendo una figura relevante en la historia de la Iglesia y la política
de Castilla en el siglo XV. Su vida refleja las tensiones y los cambios
políticos de un periodo crucial para España, marcado por la
consolidación de la monarquía de los Reyes Católicos y el final de la
Edad Media en la península ibérica. Su intervención en las luchas
dinásticas y su influencia como arzobispo de Toledo lo convierten en
una figura central en el estudio de la historia medieval de España.
Bibliografía
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VV.AA: Diccionario de historia eclesiástica de España, Madrid, 1972.
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NIETO SORIA, J.M.: Iglesia y génesis del Estado Moderno en Castilla: 1369-1480, Madrid, 1994.
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ERLANGER, PH.: Isabel la Católica, París, 1987.
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C. Herráiz García.
MCN Biografías, 2025. "Alfonso Carrillo de Acuña (1412-1482): El Prelado que Marcó la Historia de Castilla". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/carrillo-de-acunna-alfonso [consulta: 1 de marzo de 2026].
