Susan Brownell Anthony (1820–1906): Arquitecta del Sufragismo Femenino en Estados Unidos

Orígenes familiares y formación temprana

El entorno cuáquero y antiesclavista de su infancia

Susan Brownell Anthony nació el 15 de febrero de 1820 en Adams, Massachusetts, en el seno de una familia cuáquera profundamente influida por valores de igualdad, laboriosidad y conciencia moral. Su padre, Daniel Anthony, fue un maestro liberal que dirigía una manufactura de algodón, pero sobre todo era un ferviente activista del movimiento antiesclavista, lo que imprimió en sus hijos un sentido de responsabilidad social desde temprana edad. La religiosidad cuáquera del hogar, lejos de ser dogmática, alentaba la reflexión individual y la defensa de los principios de justicia, algo fundamental en la futura formación política de Susan.

En 1826, la familia se trasladó a Batttensville, Nueva York, donde el padre fundó y dirigió un colegio progresista en el que Susan cursó parte de su educación inicial. Esta experiencia formativa no sólo le proporcionó conocimientos académicos, sino también una visión crítica del rol que ocupaban las mujeres en la sociedad.

Educación y vocación pedagógica

Tras su paso por la escuela local y el colegio de su padre, Anthony continuó su formación en un internado femenino de Filadelfia y luego en una academia para señoritas en Nueva York, con un enfoque en pedagogía. Su sólida educación fue excepcional para una mujer de su tiempo y le abrió las puertas al mundo de la enseñanza, profesión que ejerció durante más de una década. Sin embargo, la discriminación salarial —ganaba menos que sus colegas varones por el mismo trabajo— encendió en ella una inquietud duradera por la igualdad de derechos y la dignidad profesional de la mujer.

Primeros pasos en el activismo social

Militancia en el movimiento pro temperancia

La primera expresión pública de su compromiso social se dio en 1848, cuando se unió al movimiento pro temperancia, que luchaba contra los estragos sociales del alcoholismo. Durante cinco años, Anthony fue una militante activa, pero pronto descubrió que incluso dentro de este entorno reformista liberal, las mujeres eran sistemáticamente excluidas de los puestos de liderazgo. Esta experiencia le llevó a fundar la Sociedad Femenina pro Temperancia del Estado de Nueva York, un espacio donde las mujeres pudieran organizarse de forma autónoma.

Este periodo marcó una transición ideológica clave: Susan comprendió que la lucha por la igualdad de género debía tener una agenda propia, distinta de otras causas progresistas.

Descubrimiento del feminismo y alianza con Elizabeth Cady Stanton

La verdadera eclosión de su conciencia feminista llegó en 1851, cuando conoció a Elizabeth Cady Stanton, una de las organizadoras de la histórica Convención de Seneca Falls de 1848. Ambas compartían una visión radical sobre la necesidad de reformar la sociedad desde sus cimientos y se convirtieron en compañeras inseparables durante más de cinco décadas. Juntas formarían el núcleo del sufragismo norteamericano, alternando estrategias discursivas y organizativas con una firme voluntad de transformar el statu quo.

Consolidación del liderazgo sufragista

Campañas feministas iniciales y crítica a las normas sociales

A partir de 1852, Anthony y Stanton comenzaron a liderar campañas públicas en favor de la igualdad de derechos para las mujeres, abordando temas como la educación, el matrimonio, la propiedad y, más tarde, el derecho al voto. Denunciaron las restricciones físicas impuestas por la moda femenina victoriana, abogando por el uso de ropa más cómoda, como los pantalones bombachos y las faldas amplias promovidas por su colega Amelia Bloomer. Esta acción, más allá de su aspecto simbólico, fue una declaración política contra las estructuras de control corporal y moral impuestas a las mujeres.

Participación simultánea en el movimiento abolicionista

Desde 1854, Anthony se integró activamente en la Sociedad Americana Antiesclavista, compaginando su labor feminista con la causa de la abolición de la esclavitud. Su visión de la justicia era integral: la libertad de las mujeres no podía desvincularse de la libertad de los afroamericanos. No obstante, con el estallido de la Guerra de Secesión en 1861, las prioridades nacionales desplazaron a las mujeres del centro del debate político, concentrando la acción social en los frentes militares y diplomáticos.

Entre la guerra y la lucha por derechos civiles

Fundación de la Liga de Mujeres Leales

Lejos de replegarse, Susan B. Anthony redobló su compromiso durante el conflicto. En 1863, fundó la Liga de Mujeres Leales, que apoyaba la liberación de los esclavos en los estados confederados. Esta organización movilizó a miles de mujeres del norte en labores de propaganda, ayuda humanitaria y recaudación de fondos. Fue una muestra del poder organizativo femenino y un antecedente clave de las redes que más tarde sostendrían el sufragismo.

Una vez finalizada la guerra, Anthony se mantuvo activa denunciando la violencia racial y promoviendo la alianza entre afroamericanos y mujeres en la lucha por derechos civiles. Sin embargo, esta alianza no sería duradera.

Reconfiguración del feminismo tras la Guerra de Secesión

La aprobación de la Decimocuarta y Decimoquinta Enmienda —que concedieron derechos civiles y el sufragio a los varones negros, pero no a las mujeres— supuso un punto de inflexión doloroso. Muchos de sus antiguos aliados abolicionistas rechazaban ahora incluir a las mujeres en la agenda política. Anthony y Stanton comprendieron que la lucha por la igualdad femenina debía tomar un rumbo autónomo y sin concesiones.

En 1868, lanzaron en Nueva York el periódico feminista The Revolution, una publicación que durante dos años fue plataforma de ideas progresistas. Anthony se centró especialmente en las condiciones laborales de las obreras y en la demanda de igualdad salarial, cuestiones que consideraba esenciales para una verdadera emancipación femenina.

En 1869, ambas fundaron la Asociación Nacional pro Sufragio Femenino, que pasó a convertirse en el organismo clave del movimiento. Desde allí comenzaron a exigir una enmienda constitucional que garantizara el derecho al voto para todas las mujeres estadounidenses, colocando esta demanda como eje central del feminismo.

Estrategias y plataformas para la igualdad

La publicación del semanario The Revolution

La publicación de The Revolution entre 1868 y 1870 marcó una etapa fundamental en el desarrollo doctrinal del feminismo estadounidense. Bajo la dirección de Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton, el semanario no solo abordaba la cuestión del sufragio, sino que también ofrecía análisis profundos sobre la educación, la propiedad, el trabajo y la religión desde una perspectiva feminista. En un entorno mediático dominado por voces masculinas, The Revolution se convirtió en un canal contracultural y una herramienta de concienciación sin precedentes.

Anthony aprovechó su tribuna para denunciar la explotación laboral de las mujeres, especialmente de las obreras neoyorquinas, y para promover su afiliación a organizaciones sindicales. Su empeño culminó con la fundación de la Asociación de Mujeres Trabajadoras de Nueva York, una institución clave para articular demandas laborales específicas, como la reducción de jornadas, la mejora de condiciones higiénicas y la equiparación salarial.

Fundaciones clave del sufragismo organizado

El paso definitivo hacia una estrategia institucional llegó con la creación, en 1869, de la Asociación Nacional pro Sufragio Femenino, concebida como una entidad de presión permanente para obtener una enmienda constitucional que garantizara el voto femenino. Aunque no exenta de conflictos internos y escisiones —especialmente con sectores más moderados del movimiento—, la Asociación consolidó un discurso centrado en el principio de igualdad política absoluta entre los sexos.

Susan B. Anthony desempeñó un rol de liderazgo organizativo crucial, actuando como coordinadora nacional de campañas, responsable de contactos políticos y portavoz del ala más combativa del feminismo. Su pragmatismo complementaba la elocuencia teórica de Stanton, conformando una dupla irreemplazable para el avance de la causa.

Acciones directas y confrontación legal

El voto simbólico de 1872 y el juicio posterior

Uno de los actos más audaces de Anthony ocurrió en 1872, cuando lideró a un grupo de mujeres que acudieron a votar en las elecciones presidenciales en Rochester, Nueva York. Aunque conscientes de que su acción violaba la legislación vigente, lo hicieron amparadas en la interpretación extensiva de la Decimocuarta Enmienda, que garantizaba la ciudadanía plena. La acción culminó con la detención de Anthony y su posterior procesamiento.

El juicio, celebrado en 1873, se convirtió en un espectáculo político. A pesar de su brillante defensa oral, el veredicto fue desfavorable y Anthony fue condenada a pagar una multa. Se negó rotundamente a hacerlo, lo que impidió que el caso escalara judicialmente, pero logró lo que se proponía: convertir el proceso en una plataforma de difusión nacional para la causa sufragista.

Impacto público y recorrido nacional de conferencias

Tras el juicio, Anthony emprendió una gira de conferencias por todo Estados Unidos. Su objetivo era aprovechar el impulso mediático para consolidar el apoyo al sufragio femenino, especialmente entre las clases medias urbanas. Con un discurso directo, apasionado y fundamentado en principios constitucionales, logró captar la atención de miles de personas y formar núcleos sufragistas en decenas de ciudades.

Su estilo organizativo era meticuloso: mantenía una vasta correspondencia, redactaba informes, programaba reuniones y gestionaba redes de apoyo financiero. Este trabajo invisible fue esencial para la expansión del movimiento feminista en la última parte del siglo XIX.

Proyección internacional del feminismo

Viajes a Europa y el Consejo Internacional de Mujeres

En 1883, Susan B. Anthony emprendió un viaje a Europa, donde se entrevistó con feministas británicas y francesas. Esta experiencia reveló la dimensión global de la lucha por los derechos de las mujeres y la necesidad de crear estructuras internacionales de coordinación. De estas conversaciones surgió la idea del Consejo Internacional de Mujeres, fundado oficialmente en 1888 durante una gran convención en Washington.

Aunque al principio fue una organización predominantemente estadounidense, el Consejo incorporó con el tiempo grupos de 48 países, convirtiéndose en una plataforma clave del feminismo internacional. Anthony tuvo un papel destacado en su estructuración y en la redacción de sus estatutos, consolidando su figura como referente mundial del sufragismo.

Fundación de la Alianza Internacional pro Sufragio Femenino

En 1904, durante el congreso del Consejo Internacional en Berlín, se fundó la Alianza Internacional pro Sufragio Femenino, con un enfoque más directo en la obtención del voto. Esta nueva organización, apoyada por Anthony, surgió ante la necesidad de una entidad que pudiera ejercer una presión más focalizada sobre los gobiernos nacionales.

Anthony participó activamente en las discusiones previas y fue reconocida como una de sus fundadoras morales. La Alianza contribuiría posteriormente al avance del voto femenino en diversos países europeos y de América Latina, extendiendo el legado de Susan más allá de las fronteras de Estados Unidos.

Legado intelectual y últimos años

La Historia del Sufragio Femenino y la Biblia de las Mujeres

Además de su activismo práctico, Anthony contribuyó significativamente al registro y difusión de la historia del movimiento feminista. Junto a Stanton y Mathilda J. Gage, compiló la monumental obra Historia del Sufragio Femenino, publicada en cuatro volúmenes entre 1881 y 1902. Esta obra no solo documenta las luchas y logros del movimiento, sino que también sirve como testimonio de una época de transición social profunda.

Simultáneamente, colaboró con un grupo de feministas cristianas en la edición de la llamada Biblia de las Mujeres, una relectura crítica de los textos bíblicos en los que aparecen figuras femeninas. Este proyecto buscaba desmontar los fundamentos religiosos de la subordinación femenina y ofrecer una alternativa espiritual a las mujeres creyentes comprometidas con el cambio social.

Muerte de Anthony y su influencia en la conquista del voto femenino

Susan B. Anthony falleció el 13 de marzo de 1906 en Rochester, a los 86 años, sin haber visto consumado su principal objetivo: la obtención del sufragio femenino. Sin embargo, su legado fue decisivo. La aprobación de la Decimonovena Enmienda en 1920, que garantizó el derecho al voto a las mujeres en Estados Unidos, se produjo gracias a las bases que ella y sus compañeras habían construido.

Su vida representa un modelo de perseverancia ética, organización estratégica y visión internacional. Anthony no solo luchó por los derechos de las mujeres, sino que también sentó las bases de un feminismo moderno que articulaba demandas políticas, económicas y culturales. Su figura sigue siendo una fuente de inspiración en los estudios de género y en los movimientos sociales contemporáneos.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Susan Brownell Anthony (1820–1906): Arquitecta del Sufragismo Femenino en Estados Unidos". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/anthony-susan-brownell [consulta: 10 de febrero de 2026].