Juan de Cañamares (¿–1492): El Magnicida que Intentó Acabar conFernando el Católico

Juan de Cañamares (¿–1492): El Magnicida que Intentó Acabar con Fernando el Católico

Introducción: El magnicida de Barcelona

En la historia de España, pocos eventos son tan impactantes como los intentos de asesinato a figuras clave del poder. Uno de estos casos, aunque poco conocido en la narrativa oficial, fue el atentado contra Fernando el Católico en Barcelona, el 7 de diciembre de 1492. Este episodio, que casi costó la vida al monarca, es recordado como uno de los mayores magnicidios fallidos de la historia peninsular. El responsable de este ataque fue un hombre que pasó a la historia bajo el nombre de Juan de Cañamares, un campesino catalán que, impulsado por motivos que siguen siendo objeto de debate, intentó acabar con la vida del rey de Aragón y Castilla.

En ese momento, Fernando el Católico estaba disfrutando de la victoria obtenida con la conquista de Granada y había promulgado la orden de expulsión de los judíos, dos decisiones que marcaban el fin de una era en la península. El rey había viajado a Barcelona para tratar temas diplomáticos con los franceses, quienes habían invadido el Rosellón, un territorio aragonés. Sin embargo, lo que iba a ser un día rutinario de trabajo se transformó en un evento que habría podido cambiar el destino de España.

El atentado ocurrió cuando el rey regresaba a sus aposentos tras asistir a varias causas judiciales en la Catedral de Barcelona. Al pasar por la Plaza del Rey, Fernando se detuvo para charlar con algunos de sus oficiales. En ese instante, de entre la multitud surgió un hombre que, armado con un cuchillo, se lanzó sobre él, hiriéndolo gravemente en la cabeza. La crónica del evento, relatada por el cronista Andrés Bernáldez, describe la escena con gran dramatismo: «El pescuezo ayuso fasta los honbros, en que le dieron siete puntos», indicaba el cronista, mostrando la gravedad del ataque. El rey, sorprendido por el dolor, exclamó: «¡Ó, Santa María y válame!», mientras se tocaba la cabeza, consciente de lo que acababa de suceder.

El atentado contra Fernando el Católico

La rapidez con que el séquito de Fernando reaccionó fue crucial para evitar que el magnicida escapara. El mozo de espuelas Alonso de Hoyos y el trinchante Ferroel fueron los primeros en abalanzarse sobre Juan de Cañamares, golpeándolo sin piedad hasta reducirlo. Mientras tanto, el rey, casi desvanecido por la pérdida de sangre, pidió que no mataran al atacante, ya que deseaba conocer las razones que lo habían llevado a intentar matarlo. Según los relatos, la herida que recibió Fernando fue extremadamente grave. En una carta enviada por la Reina Isabel al Obispo de Granada, Hernando de Talavera, se describía cómo la herida era tan profunda que «de honda entraban cuatro dedos y de larga otro tanto». Esta severa descripción muestra lo cerca que estuvo el rey de perder la vida en aquel momento.

A pesar de las primeras especulaciones que apuntaban a una conspiración, el incidente dejó muchas preguntas sin respuesta. Se mencionaron varias teorías sobre la identidad de los responsables del atentado: algunos pensaban que el ataque provenía de Francia, otros apuntaban a los navarros o incluso a los castellanos. Sin embargo, lo que realmente marcó la pauta en ese momento fue la confusión generalizada y el miedo a un levantamiento dentro de la ciudad. Según Bernáldez, las voces de alarma entre los ciudadanos de Barcelona aumentaron a medida que se barajaban diversas hipótesis sobre el origen del atentado: «unos decían, ‘¡francés es!’; otros decían, ‘¡navarro es!’; otros decían, ‘¡no es sino castellano!'». Lo que parecía claro es que la tensión entre las diversas facciones de la corte, en particular entre catalanes, castellanos y navarros, había alcanzado niveles preocupantes.

Pese a esta alarma, las investigaciones sobre el atentado se dirigieron hacia el agresor mismo, Juan de Cañamares. Aunque las fuentes históricas sobre su identidad eran vagas, se sospechaba que el magnicida pertenecía al movimiento de los payeses de remença, un grupo descontento con las reformas de los Reyes Católicos, especialmente con la Sentencia Arbitral de Guadalupe de 1486. Esta ley, que buscaba resolver las disputas entre señores feudales y campesinos, había sido un factor importante en las tensiones sociales de la región.

La sospecha de conspiración

La ciudad de Barcelona se encontraba en una situación delicada, con muchas especulaciones sobre una posible conspiración para matar a Fernando el Católico. Aunque no se pudo demostrar nada, la rápida movilización de los conselleres catalanes y la preparación de las galeras para una posible evacuación de la familia real indicaban que existía un temor real de que el atentado fuera parte de un plan más amplio. La sensación de traición que expresó el propio Fernando el Católico al ser atacado («¡ó, qué traición!, ¡ó, qué traición!») reflejaba la seriedad con que se tomaron las primeras horas posteriores al ataque.

Al día siguiente, cuando se supo que el rey había sobrevivido, la ciudad comenzó a calmarse, y las tensiones entre las diversas facciones se disiparon. Sin embargo, el tema de las conspiraciones seguía flotando en el aire, sin que se pudiera esclarecer con certeza el verdadero motivo detrás del atentado. Aunque las teorías conspirativas variaban, el hecho de que Juan de Cañamares fuera un campesino catalán sumaba otra capa de misterio al caso, ya que muchos en la corte se preguntaban si sus motivos podían estar relacionados con los descontentos sociales en la región.

Este atentado, aunque frustrado, dejó una marca indeleble en la memoria de la ciudad y en la política de los Reyes Católicos. Las tensiones sociales y políticas, en particular entre las diversas regiones del reino, fueron evidentes, pero la figura carismática de los monarcas logró, en última instancia, superar estos desafíos. Sin embargo, lo que ocurrió con Juan de Cañamares tras el atentado fue igualmente dramático, y su destino final resultó ser un recordatorio brutal de la naturaleza implacable de la justicia en aquellos tiempos.

El perfil de Juan de Cañamares: Orígenes y Motivos

La identidad de Juan de Cañamares ha sido un tema de debate entre historiadores debido a las escasas fuentes disponibles sobre su vida antes del atentado. Si bien algunas de las primeras informaciones apuntaban a que su apellido, vinculado al municipio conquense de Cañamares, sugería un origen castellano, parece que su verdadera procedencia fue Cataluña, más específicamente, de una aldea llamada Canyamás, situada en el municipio actual de El Vendrell, en Tarragona. Este dato es fundamental para comprender el contexto en el que Cañamares pudo haber desarrollado su visión del mundo y sus actitudes hacia la monarquía.

De hecho, la historia de los payeses de remença y las tensiones agrarias en Cataluña durante el siglo XV ofrecen un trasfondo importante para entender los posibles motivos que llevaron a Juan de Cañamares a intentar asesinar al rey. Los payeses de remença eran campesinos que vivían bajo el yugo de un sistema feudal opresivo, caracterizado por el control de las tierras por parte de los nobles. La Sentencia Arbitral de Guadalupe, dictada en 1486 por Fernando el Católico, fue un intento de resolver estos conflictos, pero la solución propuesta no satisfició a todos los involucrados. Aunque la medida buscaba la liberación de los campesinos de las cargas más pesadas del feudalismo, muchos de ellos sentían que la reforma no les beneficiaba lo suficiente. La creciente frustración entre estos campesinos podría haber alimentado el descontento de individuos como Cañamares, quien, al parecer, pertenecía a este grupo de desposeídos.

El juicio y la tortura

Tras ser detenido, Juan de Cañamares fue entregado a la Inquisición para ser interrogado, y las circunstancias de su tortura y juicio nos revelan una parte importante de su motivación. De acuerdo con las crónicas, Cañamares fue sometido a tortura para obtener una confesión que justificara su intento de magnicidio. Sin embargo, su declaración resultó ser insólita y, a primera vista, incomprensible. Según los testimonios recogidos por el historiador Pedro Mártir de Anglería, el campesino confesó que había intentado asesinar a Fernando el Católico con la creencia de que, al matarlo, él mismo ocuparía el trono de Aragón y Castilla. Esta declaración, que parecía una mezcla de delirio y ambición desmedida, fue la única que pudo obtenerse durante el proceso, ya que, a pesar de la tortura, Cañamares insistió en que no actuó por incitación de nadie más, ni como parte de una conspiración.

Este motivo de su actuación, aunque absurdo en apariencia, podría reflejar la ideología de algunos sectores del pueblo en la Corona de Aragón en ese tiempo. En la década de 1490, existían muchas creencias milenaristas que pregonaban la llegada de una era de renovación, y, en ese contexto, no es imposible que Cañamares haya considerado que, al acabar con la vida de Fernando, podría convertirse en el monarca que llevaría al pueblo hacia esa nueva era prometida.

Por otro lado, algunas interpretaciones modernas sugieren que Cañamares podría haber actuado bajo el impulso de un desajuste mental provocado por el estrés social y económico, exacerbado por las reformas impopulares de los Reyes Católicos. El hecho de que él mismo no pudiera ofrecer una razón coherente para su acto más allá de su obsesión por sustituir al rey sugiere que su decisión podría haber sido impulsada por una profunda desesperación o una desconexión de la realidad.

El final trágico de Juan de Cañamares

Una vez que la Inquisición completó su interrogatorio, Juan de Cañamares fue entregado al brazo secular para que cumpliera con la pena correspondiente por su crimen de lesa majestad. La ejecución de Cañamares fue extremadamente brutal y está documentada en las crónicas de la época. Según los relatos, el condenado fue sometido a una serie de tormentos atroces: le cortaron la mano con la que atacó al rey, luego le extrajeron un ojo, después la otra mano, seguido de la extracción del otro ojo y, finalmente, le amputaron diversas partes de su cuerpo, incluyendo los genitales y las narices. Tras este tormento, Cañamares fue finalmente ejecutado y su cuerpo desmembrado, siendo arrojado a la multitud, que lo apedreó y quemó.

Este desenlace revela la magnitud de la pena reservada a quienes atentaban contra la vida de un rey en la Edad Media. La violencia de la ejecución tenía como propósito dejar un mensaje claro sobre el precio de desafiar el poder real. Además, el acto de quemar su cuerpo y dispersar sus cenizas al viento tenía una doble intención: no solo castigar al criminal, sino también borrar su presencia de la memoria colectiva.

El legado y las repercusiones del atentado

El intento de asesinato de Fernando el Católico marcó un antes y un después en la historia de Barcelona y, por extensión, de la Corona de Aragón. Aunque la historiografía oficial trató de minimizar el evento y centrarse en los logros políticos y militares de los Reyes Católicos, como la conquista de Granada y el descubrimiento de América, el atentado dejó entrever las tensiones profundas que existían entre las diversas facciones de la corte. En particular, el conflicto entre los intereses castellanos, aragoneses y catalanes fue uno de los factores que subyacían a este acto de violencia.

Sin embargo, con el anuncio de que Fernando el Católico había sobrevivido y, después de su recuperación, al organizarse en Barcelona un torneo caballeresco en su honor, el atentado comenzó a ser relegado al olvido. La memoria oficial del reino trató de disipar las dudas sobre la seguridad de la monarquía, y el evento fue absorbido por la narrativa política del momento. A pesar de esto, el episodio del magnicidio fallido es un recordatorio de las complejas relaciones sociales, políticas y económicas que existían en una España que aún no había consolidado su unidad total, a pesar de los esfuerzos de los Reyes Católicos.

Aunque el nombre de Juan de Cañamares haya quedado en la sombra, el atentado de 1492 sigue siendo un episodio emblemático en la historia de España, ya que refleja las tensiones y los dramas que acompañaron el proceso de unificación bajo los Reyes Católicos, el poder absoluto de la monarquía y la frágil estabilidad de un reino que apenas comenzaba a consolidarse.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Juan de Cañamares (¿–1492): El Magnicida que Intentó Acabar conFernando el Católico". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/cannamares-juan-de [consulta: 5 de febrero de 2026].