San José de Bethencourt, San Pedro de (1626-1667): El legado de un misionero español en Guatemala
San José de Bethencourt, conocido también como San Pedro de Bethencourt, es una de las figuras más relevantes de la historia de la Iglesia en América Central. Nacido el 21 de marzo de 1626 en Chasna (actualmente Vilaflor, Tenerife, Islas Canarias), dedicó su vida a la caridad, la espiritualidad y la creación de instituciones benéficas que han perdurado hasta nuestros días. Fue beatificado en 1980 y canonizado en 2002 por el papa Juan Pablo II, quien destacó su labor incansable en favor de los más necesitados. Su legado es un testimonio de entrega y fe, consolidando su nombre como uno de los pilares de la espiritualidad franciscana en el continente americano.
Orígenes y contexto histórico
San José de Bethencourt nació en el seno de una familia de ascendencia ilustre, ya que descendía de Jean de Bethencourt, un explorador y virrey de las Islas Canarias a finales del siglo XIV. A pesar de este linaje, su vida temprana fue modesta; durante su juventud trabajó como pastor en Tenerife. Sin embargo, el joven Pedro de Bethencourt sentía un llamado interior hacia una vida más dedicada a la fe y la espiritualidad. Fue este impulso el que lo llevó, a la edad de 23 años, a emprender un viaje hacia Guatemala en 1649, aunque su llegada no fue inmediata, ya que tuvo que esperar casi dos años en La Habana debido a diversos obstáculos, incluidos los efectos de terremotos devastadores que destruyeron gran parte de la ciudad de Santiago de Guatemala.
El misionero no encontró un camino sencillo en sus primeros años en América Central. Se enfrentó a la barrera del idioma y las dificultades de adaptación, pero su fe nunca flaqueó. Fue en Guatemala donde dio comienzo su verdadera labor, tanto espiritual como social.
Logros y contribuciones
La vida de San Pedro de Bethencourt estuvo marcada por su dedicación a la caridad y a los más desfavorecidos. En 1653, se unió a la Orden Tercera Franciscana, una decisión que definió su vocación de vida. En lugar de ser un simple teórico de la fe, Pedro se entregó a una vida de acción, buscando siempre maneras prácticas de aliviar el sufrimiento humano.
Una de sus primeras obras fue la construcción del Hospital de Belén en Guatemala, un centro asistencial para los más necesitados que, según sus deseos, se convertiría en el núcleo fundacional de la Congregación de los Betlemitas de las Indias Occidentales. Esta congregación, también conocida como la Orden Betlemita, fue una de las instituciones más significativas de la época, ya que trabajaba en el cuidado de los enfermos, la educación de los niños y la ayuda a los indigentes. La orden seguía los principios de la caridad y la vida austera que San Francisco de Asís había predicado, siendo este un modelo claro para la espiritualidad de Pedro de Bethencourt, quien sentía una profunda devoción por San Francisco de Asís, como él mismo lo hizo patente en la fundación de la orden y en su devoción por el Nacimiento de Belén, aspecto clave en la devoción franciscana.
Momentos clave
Entre los momentos más destacados de la vida de San Pedro de Bethencourt, se encuentra la creación del Hospital de Belén. Esta obra no fue sencilla, ya que fue necesaria la solicitud de limosnas para su financiación. A pesar de las dificultades económicas, el hospital se erigió en la ciudad de La Antigua, en Guatemala, y pronto se convirtió en un lugar de refugio para enfermos, niños abandonados y personas en situación de vulnerabilidad social. La creación de este hospital fue crucial, no solo porque brindaba atención médica, sino porque también proporcionaba un espacio para el desarrollo espiritual y social de los más necesitados.
A partir de este hospital, Pedro de Bethencourt organizó otras actividades sociales, como una escuela catequística para niños y una hospedería, donde personas de todas las clases sociales podían encontrar ayuda y consuelo. Estos esfuerzos no fueron exentos de dificultades, ya que la controversia surgió dentro de su propio entorno franciscano, quienes discutían su forma de vida y su enfoque hacia las limosnas y la vida comunitaria. A pesar de estas tensiones, el obispo de Guatemala, Payo Enríquez de Rivera, apoyó su trabajo y le recomendó que adoptara otro hábito para consolidar su orden.
La creación de la Congregación de los Betlemitas fue uno de los logros más trascendentales de Pedro de Bethencourt, pues esta congregación llegó a extenderse por varias regiones de América, incluida Nueva España y Perú, con decenas de casas de la orden fundadas. Aunque la rama masculina de la orden desapareció a principios del siglo XIX, la rama femenina perduró y sigue siendo activa hasta hoy en día. En 1987, un sacerdote canario, Luis Álvarez García, refundó la rama masculina en Canarias y Guatemala.
Relevancia actual
El legado de San Pedro de Bethencourt sigue vivo, no solo a través de la orden que fundó, sino también por su canonización en 2002 por el papa Juan Pablo II, quien reconoció su vida de sacrificio y dedicación. Su festividad se celebra el 25 de abril, día de su fallecimiento, y su sepulcro en Guatemala sigue siendo un lugar de peregrinación para los fieles.
Su vida y obra continúan siendo fuente de inspiración para quienes buscan un ejemplo de dedicación a los más necesitados y de amor al prójimo. A través de su ejemplo, el mundo sigue siendo testigo de la importancia de la caridad y el trabajo desinteresado por el bienestar de los demás, valores que San Pedro de Bethencourt promovió en su vida diaria.
Conclusión
San José de Bethencourt, también conocido como San Pedro de Bethencourt, fue un misionero cuyo impacto trasciende las fronteras del tiempo y el espacio. Desde su modesta infancia en Tenerife hasta su muerte en Guatemala, su vida estuvo marcada por una profunda espiritualidad, un amor incansable por los más necesitados y un firme compromiso con la fe cristiana. Su obra más relevante, el Hospital de Belén, fue el principio de un legado que se extendió por América Latina y sigue vivo a través de la Congregación de los Betlemitas, fundada por él. Hoy en día, su canonización en 2002 por el papa Juan Pablo II es un testimonio más de su santidad y de la trascendencia de su obra.
Con la vida de Pedro de Bethencourt, se nos recuerda que la verdadera grandeza radica no en la fama ni en los honores, sino en la dedicación al servicio de los demás, un principio que continúa guiando a generaciones de creyentes hasta nuestros días.
MCN Biografías, 2025. "San José de Bethencourt, San Pedro de (1626-1667): El legado de un misionero español en Guatemala". Disponible en: https://mcnbiografias.com/san-jose-de-bethencourt-san-pedro-de [consulta: 26 de abril de 2026].
