Vives y Tutó, José de Calasanz (1854–1913): Cardenal Capuchino que Marcó la Iglesia Católica del Siglo XX
Vives y Tutó, José de Calasanz (1854–1913): Cardenal Capuchino que Marcó la Iglesia Católica del Siglo XX
Introducción: Primeros años y formación religiosa
José de Calasanz Vives y Tutó nació el 15 de febrero de 1854 en San Andrés de Llavaneras, un pequeño municipio de la provincia de Barcelona, en una familia de origen humilde. Fue el tercero de los seis hijos de José Vives y Maria Tutó. A los seis años, tras la muerte de sus padres, se trasladó junto a su hermana a Mataró, donde fue acogido por familiares. Fue en esta ciudad donde comenzó a formarse en los valores cristianos, viviendo su primera experiencia de servicio, de la mano de los frailes y sacerdotes que impartían educación en las escuelas religiosas.
Desde joven, mostró un interés profundo por la vida religiosa. Ingresó en los Escolapios de Mataró, donde cursó sus estudios y desarrolló un amor por la teología y la espiritualidad cristiana. Durante su formación, destacó por su dedicación al estudio y por su excelente rendimiento académico, lo que le permitió graduarse con notas sobresalientes. A pesar de su buen desempeño, en 1868 solicitó ingresar en la orden de los Escolapios, pero no fue aceptado.
Sin embargo, este rechazo no detuvo su impulso religioso. En ese mismo año conoció a un capuchino, Segismundo de Mataró, quien buscaba jóvenes con vocación para un convento en Guatemala. Inspirado por su encuentro, José, con tan solo 15 años, decidió unirse a la orden capuchina. Acompañado por su hermano Joaquín, se trasladaron a Guatemala en 1869, donde José vistió el hábito capuchino y adoptó el nombre de fray José Calasanz de Llavaneras. A partir de allí comenzó su formación dentro de la comunidad capuchina, comenzando una etapa llena de desafíos y viajes.
Desafíos y experiencias formativas
El camino de José de Calasanz estuvo marcado por un sinfín de dificultades. En 1872, debido a problemas políticos y sociales en Guatemala, la comunidad capuchina fue expulsada y se vio obligada a trasladarse a California. Este desplazamiento no fue fácil, pero José continuó su formación religiosa en ese nuevo territorio. En 1872, la comunidad se trasladó a Tolouse, Francia, donde José pudo continuar sus estudios de filosofía. Sin embargo, debido a una grave enfermedad nerviosa que lo aquejaba, se vio obligado a interrumpir su formación.
A pesar de los contratiempos de salud, José se recuperó y continuó su vocación religiosa. En 1875, tras superar su enfermedad, se trasladó con varios hermanos capuchinos a Ecuador, donde la orden había abierto una nueva casa. Sin embargo, en 1876, debido a la inestabilidad política de Ecuador y otra recaída de su enfermedad, tuvo que regresar a Europa. Fue en Perpiñán, Francia, donde finalmente pudo completar su formación teológica. En mayo de 1877 fue ordenado sacerdote, un hito crucial en su vida y en su futuro como líder religioso.
Trabajo como líder en Francia y España
Después de su ordenación, fray José Calasanz asumió un papel activo en la enseñanza dentro de la orden capuchina. En el mismo año de 1877, comenzó a trabajar como profesor en la Escuela Seráfica del convento de Perpiñán. Su dedicación a la enseñanza y a la formación espiritual de los jóvenes le permitió destacarse dentro de la comunidad. Al año siguiente, fue nombrado director de la escuela, y en 1878, superior del convento. Fue en estos años cuando José desarrolló una gran capacidad de liderazgo, demostrando tanto su sabiduría como su compromiso con la educación y la espiritualidad.
En 1880, una nueva crisis política en Francia afectó a los frailes capuchinos, ya que el gobierno francés decretó la supresión de todas las órdenes religiosas en el país. Esto obligó a fray José y a su comunidad a abandonar Francia. Se dirigieron a España, estableciéndose en Igualada, cerca de Barcelona, en enero de 1881. Allí, fray José continuó ejerciendo su liderazgo y fue reelegido superior de la comunidad en 1882. En 1884, la orden capuchina en España estaba atravesando otro momento de reorganización, lo que llevó a José a trasladarse a Roma en busca de resolver la situación.
En la Ciudad Eterna, fray José fue recibido por el nuevo general de los capuchinos, Bernardo de Andermatt, quien le encargó la tarea de ayudar en la reorganización de la orden. Durante este período, comenzó a forjar una estrecha relación con la Santa Sede, lo que marcaría el inicio de su carrera dentro de la curia romana.
Auge en Roma: La reorganización de la orden y la influencia en la Iglesia
En Roma, José de Calasanz se integró activamente en la vida de la orden capuchina, desempeñando un papel clave en la reorganización que buscaba devolver la estabilidad a la comunidad después de las dificultades vividas durante la década de 1800. Su trabajo cercano con el general capuchino Bernardo de Andermatt permitió que los frailes capuchinos recuperaran su organización y fortaleza dentro de la Iglesia. Su experiencia administrativa y su compromiso con los principios de la orden le valieron la confianza del Papa León XIII, quien lo nombró consultor de diversas congregaciones romanas a lo largo de los años.
José fue nombrado consultor del Santo Oficio en 1887, encargado de velar por la pureza de la doctrina católica. Más tarde, en 1889, fue designado para la Congregación de Ritos Orientales, y en 1893, para la Congregación de Propaganda Fide, la cual se encargaba de la expansión de la fe cristiana. Su trabajo en estas importantes congregaciones le permitió dejar una huella significativa en la Iglesia de la época, y se ganó el respeto tanto de sus compañeros de la curia como de los papas con los que trabajó, especialmente de León XIII y Pío X.
Simultáneamente a su trabajo en la curia romana, José también asumió responsabilidades más específicas relacionadas con la educación del clero. Fue nombrado examinador del clero de Roma y visitador general de los capuchinos en España. En este último rol, defendió a su orden y a otras asociaciones religiosas frente a las presiones del gobierno, además de proponer medidas que permitieran la enseñanza en catalán en los conventos, contribuyendo de esta forma a la preservación de la lengua y la cultura catalana dentro de la Iglesia. Además, luchó contra la supresión de varias diócesis españolas, como las de Solsona, Tortosa, Urgell y Vich.
José también se destacó como profesor de teología moral en el Colegio Apolinare de Roma, lo que le permitió influir en las futuras generaciones de sacerdotes y en la formación académica y teológica dentro de la Iglesia Católica. En 1896, participó activamente en el examen de la validez de las ordenaciones anglicanas y colaboró en la preparación de un informe sobre el monje Beda el Venerable, con vistas a su posible nombramiento como doctor de la Iglesia. Fue en estos años cuando consolidó su influencia y su renombre dentro del ámbito teológico y eclesiástico.
Contribuciones teológicas y al papado
En 1899, a los 45 años, José de Calasanz recibió el más alto reconocimiento de su vida eclesiástica: el cardenalato. El Papa León XIII lo nombró cardenal en reconocimiento a su incansable trabajo en la curia romana, su dedicación al clero y sus logros en la reforma de la orden capuchina. La creación de este nuevo cardenal constituyó un hito importante en la Iglesia, ya que José no solo era un teólogo respetado, sino también un hombre de acción dentro de la Santa Sede.
Durante este tiempo, José Calasanz continuó con su trabajo en la curia romana, y uno de sus mayores logros fue su organización del Concilio Plenario Latinoamericano de 1899, que tuvo lugar entre mayo y julio de ese año. Este evento histórico reunió a obispos y sacerdotes de América Latina para discutir temas cruciales para la Iglesia en el continente, como la evangelización y la formación del clero. La labor de José en la organización del concilio fue un reflejo de su capacidad administrativa y su visión de futuro para la Iglesia Católica en América.
En paralelo, fue uno de los colaboradores más cercanos del Papa Pío X, con quien trabajó en la redacción de importantes documentos que marcarían la dirección de la Iglesia en el siglo XX. Fue uno de los redactores de la encíclica Pascendi (1907), que condenaba el modernismo dentro de la Iglesia, y participó en la elaboración del decreto Lamentabili (1907), que refutaba las ideas modernas que amenazaban la doctrina católica. Además, tuvo un papel fundamental en la publicación del Código de Derecho Canónico en 1917, que organizó y sistematizó las normas que rigen la vida interna de la Iglesia Católica.
José también promovió la formación del clero en diferentes regiones del mundo. En particular, defendió la creación del Colegio Español en Roma y el Colegio Pío Latinoamericano, instituciones dedicadas a la formación de jóvenes sacerdotes de América Latina. Además, protegió iniciativas como la Alliance des Grands Séminaires, una organización que promovía las vocaciones sacerdotales en Francia. A través de estas instituciones y su constante trabajo en la educación teológica, dejó una huella duradera en la estructura educativa de la Iglesia.
Legado y muerte
La vida de José de Calasanz estuvo marcada por una intensa producción intelectual. A lo largo de su carrera, escribió más de un centenar de obras sobre diversos temas como ascética, biografías, derecho canónico, teología moral, mariología, patrística, entre otros. Entre sus obras más destacadas se encuentran el Compendium Theologiae Moralis (1881), el Compendium Iuris Canonici (1882) y el Compendium Theologiae Dogmaticae (1882), que constituyen importantes contribuciones a la teología y la doctrina católica.
Su enfermedad nerviosa, que lo había aquejado desde su juventud, se agravó con el paso de los años, y su salud se deterioró considerablemente. A pesar de sus problemas de salud, José de Calasanz siguió trabajando incansablemente hasta el final de su vida. Murió el 7 de septiembre de 1913 en Montoporzio Catone, cerca de Roma, a los 59 años. Su muerte dejó un vacío en la comunidad capuchina y en la Iglesia Católica, pero su legado perdura a través de sus obras, su contribución a la reforma de la orden y su papel fundamental en la Iglesia del siglo XX.
José de Calasanz fue un hombre de profundas convicciones religiosas, un líder incansable y un teólogo brillante. Su influencia no solo se limitó a la orden capuchina, sino que su impacto se extendió a toda la Iglesia Católica, especialmente en la formación del clero y en la organización de la Iglesia en América Latina. Su vida fue un testimonio de fe, dedicación y compromiso con la Iglesia, y su legado continúa inspirando a las generaciones de católicos y sacerdotes que siguen sus pasos.
MCN Biografías, 2025. "Vives y Tutó, José de Calasanz (1854–1913): Cardenal Capuchino que Marcó la Iglesia Católica del Siglo XX". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/vives-y-tuto-jose-de-calasanz [consulta: 4 de abril de 2026].
