Baltasar de Vargas Figueroa (1629-1667). El legado pictórico de un maestro del arte colonial colombiano
Baltasar de Vargas Figueroa es una figura clave en la historia del arte colonial de Colombia. Su vida y obra, profundamente enraizadas en la tradición religiosa y artística de su tiempo, lo convierten en uno de los exponentes más importantes del barroco americano del siglo XVII. Nacido y fallecido en Santafé de Bogotá, su carrera se desarrolló en el corazón del virreinato de la Nueva Granada, donde dejó una impronta duradera a través de sus obras devocionales.
Orígenes y contexto histórico
Nacido en 1629 en una época en que el arte servía principalmente como vehículo de evangelización, Baltasar de Vargas Figueroa creció en un entorno profundamente religioso y artístico. Su padre, Gaspar de Figueroa, también pintor, fue su maestro y principal influencia. Esta tradición familiar marcó profundamente su estilo y técnicas.
La elección del nombre compuesto Vargas Figueroa respondió a la necesidad de diferenciarse de su abuelo homónimo, también llamado Baltasar. En aquel entonces, era común en las familias de artistas mantener y reproducir estilos, lo que a menudo dificulta la atribución precisa de ciertas obras.
Durante el siglo XVII, el Virreinato del Perú (que abarcaba la Nueva Granada) vivía una efervescencia religiosa alimentada por las órdenes religiosas que impulsaban la creación de arte sacro. En este contexto, los talleres de artistas funcionaban como centros de formación y producción pictórica. Vargas Figueroa, al igual que otros pintores coloniales, utilizó modelos europeos como referencia, especialmente grabados que llegaban desde España y Flandes.
Logros y contribuciones
La contribución artística de Baltasar de Vargas Figueroa se concentra mayoritariamente en la pintura religiosa, en consonancia con los requerimientos de su época. Su estilo, de claras influencias barrocas, se caracteriza por una composición detallada, uso dramático de la luz y énfasis en el gesto emocional de los personajes sagrados.
Entre sus obras más destacadas figuran:
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Los Desposorios místicos de santa Catalina de Alejandría: Obra que destaca por su simbolismo y tratamiento espiritual del tema.
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La Piedad: Una interpretación profundamente emotiva del sufrimiento de la Virgen María.
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El milagro de Soriano: De esta obra se conocen varias versiones, lo que indica su popularidad en el ámbito religioso.
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San Martín partiendo su capa: Representación de uno de los santos más venerados en la época colonial, que subraya la caridad y humildad cristianas.
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Santo Ecce Homo: Conservado en el convento de las Carmelitas Descalzas, muestra a Cristo en el momento de mayor dolor, con una carga expresiva típica del barroco.
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Muerte de Santa Bárbara: Presente en la iglesia de Las Aguas de Bogotá, ejemplifica su capacidad para plasmar martirios con realismo y devoción.
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Señor de la Columna: Ubicada en la catedral de Pamplona, es una de sus imágenes más conocidas de la Pasión de Cristo.
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San Jerónimo: Esta obra, en el templo de San Francisco de Cali, exhibe la intensidad contemplativa del santo.
Además de sus obras firmadas, muchas otras han sido atribuidas a él o a su taller. Esta dificultad de atribución se debe a la práctica común en la época de trabajar en conjunto con aprendices y familiares, especialmente su padre, lo que genera una fusión estilística casi indistinguible entre ambos.
Momentos clave
A lo largo de su carrera, hubo varios momentos que marcaron la consolidación de Vargas Figueroa como uno de los principales exponentes del arte colonial neogranadino:
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1629: Nace en Santafé de Bogotá, en el seno de una familia de artistas.
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Década de 1640-1650: Se forma en el taller de su padre, desarrollando sus habilidades en la pintura religiosa.
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Década de 1650: Comienza a recibir encargos importantes por parte de iglesias y conventos locales.
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1667: Fallece en Santafé de Bogotá, dejando un legado artístico distribuido por varias ciudades del virreinato.
Estas etapas permiten comprender el desarrollo de su carrera y la expansión de su influencia en el arte sacro regional.
Relevancia actual
Hoy en día, Baltasar de Vargas Figueroa es reconocido como uno de los pilares del arte colonial colombiano. Sus obras forman parte del patrimonio cultural e histórico de Colombia y están resguardadas en templos y museos que valoran la herencia artística de la colonia.
La iglesia museo de Santa Clara de Tunja, en particular, es un espacio fundamental para apreciar su obra. Allí se encuentran algunas de sus pinturas más emblemáticas, lo que ha convertido este sitio en una referencia obligada para estudiosos del arte colonial.
Su relevancia también se refleja en los esfuerzos de conservación y restauración que instituciones culturales han llevado a cabo para mantener viva su producción artística. Cada restauración permite una nueva lectura de sus composiciones y técnicas, confirmando su maestría y sensibilidad pictórica.
Además, el estudio de su obra ofrece una ventana al pensamiento religioso, estético y social del siglo XVII en el virreinato neogranadino. El carácter didáctico y emocional de su pintura ayuda a entender cómo el arte se convirtió en una herramienta de transmisión de valores cristianos durante la colonización.
Su estilo, si bien profundamente influenciado por grabados europeos, tiene una identidad particular que lo distingue en el panorama del arte virreinal. Esta dualidad entre lo local y lo foráneo es una de las características que más valoran los historiadores del arte.
Baltasar de Vargas Figueroa dejó una huella perdurable que trasciende los siglos. Su obra continúa inspirando a investigadores, restauradores y amantes del arte religioso colonial, que encuentran en su legado una síntesis de devoción, técnica y belleza.
MCN Biografías, 2025. "Baltasar de Vargas Figueroa (1629-1667). El legado pictórico de un maestro del arte colonial colombiano". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/vargas-figueroa-baltasar-de [consulta: 22 de febrero de 2026].
