Isaac Francisco Rojas (1906-1995): Vicepresidente de facto de la República Argentina
Isaac Francisco Rojas (1906-1995): Vicepresidente de facto de la República Argentina
1. Orígenes y Formación Inicial
Isaac Francisco Rojas nació en Buenos Aires el 26 de diciembre de 1906, en un contexto de crecimiento y transformación para la Argentina. De familia tradicional y con una clara orientación hacia el servicio militar, Rojas decidió seguir la carrera naval desde joven. En 1923, con tan solo 17 años, ingresó a la Escuela Naval Militar, institución que le brindó la formación básica necesaria para ingresar al mundo de la Armada Argentina. Su determinación y capacidad destacaron, y en 1929, tras seis años de formación rigurosa, egresó como guardiamarina.
Durante su tiempo en la Escuela Naval, Rojas no solo recibió instrucción básica de navegación, sino que también realizó estudios complementarios en áreas cruciales para el desarrollo de un oficial de alto rango, como la artillería y el derecho internacional en la Escuela de Guerra Naval. Estos conocimientos serían fundamentales a lo largo de su carrera y lo perfilaban como un oficial con una formación integral, capaz de tomar decisiones tanto en el campo de batalla como en el ámbito diplomático.
2. Carrera en la Armada
La carrera de Rojas en la Armada Argentina fue destacada y ascendente. Desde sus primeros días en la fuerza, sirvió en varios buques de guerra, destacándose especialmente por su participación en el acorazado Rivadavia. Su experiencia en el mar no se limitó solo a los aspectos operacionales, sino que también incluyó tareas de investigación científica en los buques San Juan y San Luis, donde se ocupó de realizar análisis relacionados con la seguridad y la mejora de las operaciones navales.
A lo largo de su carrera, Rojas fue ascendiendo rápidamente, demostrando habilidades excepcionales en el mando de unidades navales. Fue comandante de los rastreadores Thorne y Bouchard, dos embarcaciones clave en las operaciones militares de la Armada en esa época. Además, fue nombrado jefe de artillería del crucero Almirante Brown, lo que consolidó aún más su reputación como un hombre de confianza dentro de la Armada. Su liderazgo y conocimientos lo llevaron a ser ascendido a contraalmirante en 1952.
En su nuevo rol, Rojas estuvo al mando de dos grandes embarcaciones, el guardacostas Pueyrredón y el crucero Nueve de Julio, ambos de importancia estratégica en la defensa de la soberanía nacional. Sin embargo, a pesar de su creciente influencia dentro de la Armada, Rojas comenzó a sentirse frustrado por la postura del gobierno peronista, que había relegado a la Marina a un tercer plano dentro de las fuerzas armadas, un hecho que alimentó su desconfianza hacia el régimen.
3. Contexto Político: El Peronismo y la Marina
Durante los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón (1946-1955), la Marina de guerra argentina experimentó una notoria postergación, pues el gobierno priorizó al Ejército y la Aviación en la asignación de recursos y cargos clave dentro de las fuerzas armadas. Esta situación generó un profundo malestar entre los oficiales navales, que sentían que su poder e influencia se veían constantemente limitados por las decisiones políticas de la administración peronista.
A pesar de esta tensión, el peronismo no logró instaurar un sistema de adoctrinamiento tan intensivo en la Marina como en otras fuerzas armadas, lo que permitió que muchos marinos se mantuvieran con una postura más neutral o incluso opositora al régimen. En paralelo, las purgas que afectaron al Ejército tras los fallidos intentos de golpe de Estado en 1951 y 1952 no fueron tan drásticas en la Marina, lo que permitió que muchos oficiales de esta fuerza se mantuvieran activos y guardaran sus opiniones sobre el gobierno. Esta circunstancia convirtió a la Marina en un importante reservorio de opositores al peronismo, algunos de los cuales comenzaron a conspirar abiertamente contra el régimen de Perón.
En este contexto de creciente resentimiento y desconfianza, la Marina jugó un papel crucial en el levantamiento de 1955. Fue precisamente la Armada la que intentó un golpe de Estado el 16 de junio de 1955, con el bombardeo a la Plaza de Mayo, uno de los episodios más trágicos de la historia argentina. La acción, que buscaba asesinar al presidente Perón, resultó en la muerte de más de 300 personas y dejó a más de 600 heridos. Aunque el golpe fracasó, la Marina continuó conspirando y planificando un nuevo levantamiento.
4. El Levantamiento de 1955 y la Revolución Libertadora
Tras el fallido intento de golpe en 1955, la Marina, encabezada por oficiales de menor rango, como los capitanes de navío, decidió llevar a cabo un nuevo intento de sublevación. En esta ocasión, Isaac Francisco Rojas, que en ese momento se desempeñaba como director de la Escuela Naval Militar en Río Santiago, se convirtió en uno de los principales impulsores de la revuelta.
Rojas, convencido de que el éxito del movimiento solo era posible con el apoyo del Ejército, se acercó a los conspiradores de esa rama, liderados por el general Eduardo Lonardi, quien ya estaba retirado. Así, el 16 de septiembre de 1955, estalló lo que se conocería como la Revolución Libertadora, un golpe militar que destituyó a Perón y puso fin a su gobierno.
El movimiento comenzó en la ciudad de Córdoba y se extendió rápidamente por el país. A pesar de algunos contratiempos iniciales, la Armada, bajo el comando de Rojas, logró avanzar hacia Buenos Aires, bombardeando estratégicamente instalaciones como las destilerías de petróleo de Mar del Plata para presionar al gobierno. La amenaza de Rojas de bombardear La Plata fue decisiva para inclinar la balanza a favor de los sublevados.
El 20 de septiembre de 1955, Juan Domingo Perón se exilió en la embajada paraguaya, y luego viajó a Paraguay en un hidroavión. Ese mismo día, el general Eduardo Lonardi asumió la presidencia provisional, y Rojas fue nombrado vicepresidente de facto el 24 de septiembre de 1955.
5. La “Revolución Libertadora” y el Gobierno de Rojas
Una vez que la Revolución Libertadora derrocó a Juan Domingo Perón, las primeras medidas del nuevo gobierno fueron drásticas. El principal objetivo de los militares que tomaron el poder era erradicar la influencia del peronismo y sus estructuras dentro del aparato estatal y militar. Rojas, como vicepresidente de facto, se alineó con las posturas más radicales del nuevo régimen, especialmente en lo que respectaba a la persecución de los peronistas y la disolución de las instituciones que habían apoyado a Perón.
En el ámbito militar, el gobierno de Lonardi decidió depurar a todos los oficiales de las fuerzas armadas vinculados al gobierno depuesto, lo que llevó a la retiración de los oficiales superiores en la Marina, lo que automáticamente le permitió a Rojas ascender al rango de almirante en octubre de 1955. Este ascenso, aunque se dio en circunstancias políticas excepcionales, consolidó su poder dentro de la Armada y lo posicionó como una figura clave en el nuevo gobierno de facto.
No obstante, el gobierno de la Revolución Libertadora estuvo marcado por divisiones internas. Dentro de la Junta Militar que había asumido el poder, dos corrientes opuestas comenzaron a enfrentar sus ideas sobre el tratamiento del peronismo y las futuras políticas del país. Por un lado, estaban los liberales, que buscaban disolver el partido peronista y erradicar cualquier vestigio de la ideología peronista de la vida política nacional. Por otro lado, estaban los nacionalistas, quienes proponían un enfoque más moderado, que abogaba por aplicar el lema “ni vencedores ni vencidos”, buscando una salida más pacífica y reconciliadora, aunque sin dejar de castigar a los principales responsables de la corrupción y el abuso de poder del régimen peronista.
Rojas, como vicepresidente, representaba claramente a los sectores más duros del gobierno, los cuales no estaban dispuestos a permitir la existencia del peronismo en la política argentina. Su figura fue clave en la creación de una Junta de Recuperación Patrimonial, cuya misión era investigar los bienes de los funcionarios del gobierno depuesto y recuperar los recursos del Estado. La purga del peronismo también afectó al Ejército, y las consecuencias de estas medidas se vieron reflejadas en la creciente desconfianza entre los militares.
6. La Presidencia de Aramburu y el Rol de Rojas
En medio de la creciente tensión dentro de la Junta Militar, Pedro Eugenio Aramburu asumió la presidencia provisional el 13 de noviembre de 1955, tras la renuncia de Eduardo Lonardi. Aramburu, más moderado en su enfoque hacia el peronismo y con la idea de lograr una salida institucional rápida, se distanció de los sectores más duros representados por Rojas.
A pesar de su ascenso en el gobierno, la influencia de Rojas comenzó a disminuir con el paso de los meses. El general Aramburu, al frente del Ejecutivo, procuró una estrategia de reconciliación con las fuerzas políticas y los sectores sociales, lo que le permitió manejar las tensiones internas y avanzar en la normalización de la situación política. Por el contrario, Rojas mantuvo su postura inflexible, abogando por la erradicación definitiva del peronismo antes de cualquier transición hacia un gobierno democrático.
Este contraste de visiones resultó en una creciente tensión entre ambos líderes, que culminó en la pérdida de peso político para Rojas dentro del nuevo gobierno. En 1956, su figura pasó de ser central a marginal, y su influencia en el proceso de toma de decisiones fue disminuyendo, lo que le llevó a presentar su renuncia, la cual fue rechazada por sus colegas de las otras fuerzas armadas. Esta situación reflejó un quiebre en el poder militar que comenzó a consolidarse con la presidencia de Aramburu.
7. La Política de Proscripción y las Elecciones de 1958
Una de las principales preocupaciones de Rojas y los sectores más duros del gobierno de facto fue la proscripción del peronismo. A medida que se acercaban las elecciones nacionales de 1958, el ambiente político se volvía cada vez más polarizado. Mientras Aramburu consideraba que un retorno rápido a la democracia y a la normalidad institucional era crucial para estabilizar el país, Rojas no estaba dispuesto a permitir la participación del peronismo en la política electoral.
El gobierno de Aramburu apostó por permitir que algunas figuras del peronismo pudieran participar, aunque con restricciones. Por su parte, Rojas y los suyos temían que cualquier tipo de concesión a los peronistas fuera un error político, convencidos de que el peronismo aún representaba una amenaza para la estabilidad del país.
El resultado de las elecciones, celebradas el 12 de febrero de 1958, sorprendió a muchos. A pesar de las maniobras políticas para debilitar a los peronistas, el triunfo de Arturo Frondizi, quien contaba con el apoyo del peronismo, representó una derrota para las fuerzas antiperonistas dentro del gobierno. Frondizi asumió la presidencia el 1 de mayo de 1958, y el regreso a la democracia fue inevitable. Rojas, sin embargo, no aceptó fácilmente el resultado y comenzó a conspirar nuevamente contra el nuevo gobierno, lo que marcaría el inicio de un ciclo de inestabilidad política que duraría varios años.
8. El Final de su Carrera y la Relación con el Gobierno de Menem
A lo largo de su vida política, Rojas fue un acérrimo antiperonista. Su figura se consolidó como uno de los más importantes exponentes de los sectores más reaccionarios y conservadores del país, especialmente durante las décadas de los 50 y 60, cuando la política argentina se encontraba marcada por profundas divisiones internas.
En 1963, durante la disputa entre azules y colorados, Rojas intentó nuevamente obtener el control político, pero fue derrotado por otros sectores militares. A pesar de sus intentos de consolidarse como una figura clave en la oposición, su influencia disminuyó de forma irreversible en la política argentina.
No obstante, en sus últimos años, Rojas tuvo un acercamiento con el presidente Carlos Menem, quien accedió a la presidencia en 1989 representando al Partido Justicialista, es decir, el movimiento político que Rojas había combatido durante toda su carrera. Este acercamiento, aunque tardío y casi simbólico, reflejó el cambio de época y la necesidad de reconciliación de muchas figuras políticas en los años posteriores a la dictadura.
Isaac Francisco Rojas falleció el 5 de septiembre de 1995 en Buenos Aires, dejando un legado controvertido. Fue un hombre que se destacó por su anticomunismo y su antiperonismo militante, pero también por su capacidad de adaptación en momentos de crisis política, siempre dispuesto a mantener su influencia dentro de las estructuras del poder militar.
Su vida refleja el complejo proceso de transición en la política argentina, entre la dictadura, el autoritarismo y el regreso a la democracia.
MCN Biografías, 2025. "Isaac Francisco Rojas (1906-1995): Vicepresidente de facto de la República Argentina". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/rojas-isaac-francisco [consulta: 27 de enero de 2026].
