Matteo Ricci (1552-1610). El jesuita italiano que unió la ciencia con la espiritualidad en China
Matteo Ricci (1552-1610), conocido como uno de los misioneros más destacados de la Compañía de Jesús en China, jugó un papel fundamental en la historia de las relaciones entre Oriente y Occidente. A través de su fascinación por las ciencias, la cultura china y su dedicación religiosa, dejó un legado que trascendió fronteras. Como un hombre que entendió las costumbres y tradiciones del Imperio Celeste, Ricci logró ser reconocido no solo por su labor evangelizadora, sino también por su contribución a la comprensión científica y filosófica de China.
Orígenes y contexto histórico
Matteo Ricci nació el 6 de octubre de 1552 en Macereta, Italia, en una época en la que el Renacimiento italiano estaba dejando su huella en la ciencia, las artes y la filosofía. Ricci fue educado en un entorno que valoraba profundamente el conocimiento y el aprendizaje, lo que influiría en su carrera posterior. En su juventud, decidió ingresar a la Compañía de Jesús en 1571, una orden religiosa que tenía como uno de sus objetivos principales la evangelización a través de la educación y la difusión del conocimiento.
Durante su formación en Roma, Ricci estudió derecho, pero su verdadera pasión se inclinaba hacia las matemáticas, la cosmografía y la astronomía. Esta vocación científica, sumada a su profundo interés por la religión, lo llevó a embarcarse hacia la misión de Goa en 1578, en donde continuó sus estudios teológicos. Su ordenación sacerdotal tuvo lugar alrededor de 1580 en Cochín, un puerto estratégico en la India. A partir de ahí, comenzó su travesía hacia lo que sería una de las misiones más importantes en la historia de la Compañía de Jesús.
Logros y contribuciones
La misión en China
Matteo Ricci es principalmente conocido por haber fundado la primera misión jesuita en China, un logro que dejó una marca indeleble en las relaciones entre la civilización occidental y la cultura china. A diferencia de muchos misioneros de su época, Ricci adoptó un enfoque más adaptado a las costumbres locales. En lugar de imponer la fe cristiana de manera autoritaria, buscó una forma de dialogar con la cultura china. Esto lo hizo al reconocer y respetar elementos fundamentales de la cultura china, como el culto a los ancestros y el respeto a figuras como Confucio.
Ricci defendía la idea de que los cristianos podían honrar a Confucio y a los antepasados sin comprometer su fe. En lugar de rechazar estas prácticas, las interpretaba como una expresión de respeto, no como un acto de veneración divina. De este modo, intentó reconciliar la tradición china con la doctrina cristiana, lo que provocó tanto admiración como controversia entre los religiosos de su tiempo.
Adopción de costumbres chinas
Ricci comprendió que para ganarse la confianza de los intelectuales y líderes chinos, debía ganarse su respeto y aceptación. Por esta razón, adoptó la vestimenta tradicional china y adoptó muchas de sus costumbres, lo que le permitió integrarse en la sociedad de la época. Esta aproximación cultural, conocida como «inculturación», fue un aspecto clave de su éxito como misionero en China.
Además, Ricci se dedicó a estudiar profundamente el chino, dominando la lengua al punto de poder escribir algunos diálogos en ella. Sus conocimientos no solo se limitaban a la religión, sino que abarcaban las ciencias, lo que lo convirtió en una figura respetada por su erudición. En 1584, publicó su Catecismo dialogado, un esfuerzo por presentar la doctrina cristiana de manera accesible para los chinos. También redactó un Decálogo que ofrecía orientaciones cristianas, adaptadas a las costumbres locales, para su audiencia en China.
Obras científicas y religiosas
Uno de los logros más notables de Ricci fue su habilidad para combinar la ciencia con la evangelización. Como matemático, astrónomo y cosmógrafo, Ricci escribió una serie de obras científicas, entre las que destacan el Tratado de los cuatro elementos, el Catálogo de estrellas y la Explicación de la esfera celeste. Estas obras no solo le ganaron respeto en los círculos académicos chinos, sino que también abrieron el camino para la introducción de ideas científicas occidentales en China, un terreno entonces desconocido para la mayoría de los eruditos chinos.
Ricci también se dedicó a escribir varios tratados religiosos, como el Tratado de las veinticinco palabras (1604) y las Diez paradojas sagradas y morales (1608). Estas obras fueron fundamentales para transmitir los principios cristianos a sus seguidores en China. A través de sus escritos, Ricci no solo enseñaba sobre la fe cristiana, sino que también desafiaba algunas creencias tradicionales, invitando a los chinos a una reflexión más profunda sobre los conceptos religiosos.
Momentos clave
La vida de Matteo Ricci estuvo marcada por varios momentos clave que no solo definieron su carrera, sino que también tuvieron un impacto significativo en la historia de la misión en China.
-
Entrada a la misión de Goa (1578): Ricci comenzó su travesía hacia Oriente, donde comenzó a estudiar la teología y a aprender sobre la cultura india, antes de dirigirse hacia China.
-
Fundación de la misión en Shinkhing (1582): Tras aprender la lengua sínica con el padre M. Ruggieri, Ricci fundó su primera misión en China, en la ciudad de Shinkhing. Sin embargo, la misión enfrentó dificultades y Ricci fue expulsado en 1589.
-
Establecimiento en Namkín y la corte imperial (1601): Tras varios años de trabajo en otras regiones de China, Ricci fue recibido en la Corte Imperial en 1601 por el emperador, lo que consolidó su posición en el país.
-
Conversión de Li-inschi (1601): Uno de los logros más importantes de Ricci fue la conversión de Li-inschi, un intelectual respetado, lo que le otorgó un mayor prestigio entre los eruditos chinos.
-
Fallecimiento en Pekín (1610): Matteo Ricci murió en Pekín el 11 de mayo de 1610, dejando un legado que perduró en la historia de la misión jesuita en China y en las relaciones entre Occidente y Oriente.
Relevancia actual
Hoy en día, Matteo Ricci es considerado una figura clave en la historia de la misión jesuita en China. Su enfoque integrador y su respeto por la cultura china le permitió establecer un puente entre dos mundos que, en muchos aspectos, eran profundamente diferentes. Su legado perdura no solo en la historia de la Compañía de Jesús, sino también en la historia de la China moderna, especialmente en el campo de las relaciones internacionales y el intercambio cultural.
La figura de Ricci sigue siendo un modelo para los misioneros y aquellos interesados en el diálogo intercultural, demostrando que el respeto mutuo y el entendimiento profundo de las costumbres de otro pueblo pueden crear relaciones fructíferas. Además, su obra científica sigue siendo de relevancia, ya que introdujo conceptos y conocimientos que marcaron un hito en la ciencia y la tecnología de la época.
Matteo Ricci fue mucho más que un misionero religioso; fue un pionero en la creación de puentes entre dos culturas que, aunque diferentes, compartían un profundo respeto por el conocimiento y la sabiduría. Su figura sigue siendo un referente en el mundo de la evangelización, la ciencia y el entendimiento mutuo entre Oriente y Occidente.
MCN Biografías, 2025. "Matteo Ricci (1552-1610). El jesuita italiano que unió la ciencia con la espiritualidad en China". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/ricci-matteo [consulta: 6 de febrero de 2026].
