Nicolás Redondo Urbieta (1927–2023): Voz de Acero del Sindicalismo Español en el Siglo XX

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Contexto histórico y familiar: una infancia marcada por la guerra y la represión

Baracaldo en los años treinta: clase obrera y militancia socialista

Nacido el 16 de junio de 1927 en Baracaldo (Vizcaya), Nicolás Redondo Urbieta llegó al mundo en una España turbulenta, en el seno de una familia vasca obrera profundamente vinculada al movimiento socialista y sindicalista. Su padre, trabajador en los Altos Hornos de Vizcaya, era miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de la Unión General de Trabajadores (UGT), dos pilares de la izquierda obrera de la Segunda República.

Las consecuencias del golpe de Estado de 1936 y el estallido de la Guerra Civil Española se manifestaron con crudeza en la vida familiar de los Redondo. Su padre fue juzgado y condenado a muerte por su militancia política, aunque la pena fue posteriormente conmutada por 30 años de cárcel. Cumplió seis años en el penal del Puerto de Santa María (Cádiz) y falleció en 1969, dejando una huella imborrable en su hijo. La madre de Nicolás, por su parte, murió pocos meses después de su nacimiento, privándolo de una figura materna desde los primeros días de vida.

En ese contexto de pérdida, militancia y represión, Nicolás Redondo creció inmerso en una cultura obrera forjada por el sufrimiento, la lucha y el compromiso con las clases trabajadoras. El entorno familiar, marcado por la figura de un padre sindicalista perseguido por sus ideales, fue decisivo en la construcción del ethos personal y político del joven Redondo.

La tragedia familiar: muerte de su madre y represión política del padre

La orfandad materna y la represión padecida por su padre definieron un escenario emocional e ideológico particular: desde muy pequeño, Redondo fue testigo de las consecuencias directas de la militancia política en tiempos de dictadura. La cárcel de su padre no sólo fue una desgracia familiar, sino también una lección temprana sobre los costos de defender la justicia social en una España dominada por la violencia y la represión franquista. Es en ese dolor inicial donde germinarían los ideales de resistencia y firmeza que lo acompañarían durante toda su vida.

Exilio infantil y formación en Francia

La evacuación en el buque «La Habana»

En 1937, con apenas diez años, Nicolás fue uno de los miles de niños vascos evacuados ante el avance de las tropas franquistas. La evacuación se produjo a bordo del buque «La Habana», que lo llevó junto con otros pequeños refugiados a Burdeos (Francia). Este viaje, forzado por la guerra, no solo significó una separación abrupta de su tierra natal, sino también una introducción precoz al exilio y a la solidaridad internacional.

En Burdeos fue acogido por una familia minera de origen español, residente en el departamento de Hérault, en el sur de Francia. Esta familia, también obrera, lo integró como un hijo más durante tres años, tiempo durante el cual Redondo asistió a la escuela pública francesa. Esa experiencia de integración social, en un entorno de emigración y trabajo duro, fortaleció su comprensión de la lucha obrera como un fenómeno transnacional y lo sensibilizó aún más hacia la causa proletaria.

Educación en Herault y regreso a la España franquista

El retorno a España se produjo en 1940, tras la conclusión de la Guerra Civil. Nicolás Redondo, con trece años, regresó a una patria profundamente transformada por la victoria franquista: una nación sumida en la represión política, la pobreza y el aislamiento internacional. Reinstalado en Baracaldo, prosiguió sus estudios en una escuela privada hasta 1942, cuando decidió entrar como aprendiz en la Naval de Sestao, una de las empresas más emblemáticas del sector industrial vasco.

Ese paso de la escuela al taller marcó el tránsito definitivo hacia el mundo obrero. Redondo aprendió el oficio de oficial ajustador, una especialización mecánica dentro de la industria naval, mientras el contexto político y social de España se enraizaba en la represión y el control franquista. Pero también se abría paso una resistencia clandestina, que encontraría en Redondo a uno de sus futuros protagonistas.

Formación técnica y despertar sindical

Aprendiz en la Naval de Sestao y abandono de la carrera náutica

Durante sus años como aprendiz, Redondo se adentró en los entresijos del trabajo fabril, compartiendo la vida diaria con trabajadores endurecidos por la dictadura y las penurias económicas. En 1948, inició el primer curso de Náutica en la Escuela Oficial de Baracaldo, una alternativa que pudo haberlo alejado del mundo sindical. Sin embargo, la vocación técnica quedó rápidamente eclipsada por su creciente implicación política y sindical. Pronto abandonó esos estudios para dedicarse de lleno al activismo clandestino, en un momento en que las actividades de la UGT estaban prohibidas y severamente castigadas por el régimen.

Primeras huelgas, adhesión a la UGT y clandestinidad militante

Ya en 1945, con apenas 18 años, Nicolás Redondo se afilió simultáneamente a las Juventudes Socialistas y a la UGT, comenzando así una militancia paralela en el plano político y sindical. Esta doble filiación lo convirtió en uno de los jóvenes activistas más comprometidos del entorno socialista vasco, decidido a sostener las estructuras clandestinas heredadas de la etapa republicana.

Su primer gran acto de militancia directa fue su participación en la huelga del 1 de mayo de 1946, una protesta limitada al gremio de remachadores pero significativa en un contexto de total ilegalidad sindical. A partir de entonces, se convirtió en un elemento activo dentro de las redes de organización y propaganda de la UGT, especialmente entre 1952 y 1957, cuando asumió funciones de mayor responsabilidad en la estructura clandestina del sindicato.

Este periodo fue particularmente arriesgado: participar en actividades sindicales clandestinas equivalía a jugarse la libertad e incluso la vida. Redondo, sin embargo, se mantuvo firme en sus convicciones, desarrollando una capacidad organizativa notable y una visión estratégica de largo alcance que lo distinguirían en las décadas siguientes. Su experiencia obrera en la Naval de Sestao se fusionaba con su ideología, alimentando una identidad que lo situaría en la cúspide del movimiento obrero español en plena transición democrática.

De la represión a la dirección: persecución y liderazgo sindical

Arrestos y condenas entre 1960 y 1973

Durante las décadas de 1960 y 1970, Nicolás Redondo se convirtió en uno de los rostros más representativos de la resistencia sindical clandestina en España. La represión del franquismo no cesó con el paso del tiempo; al contrario, se intensificó contra los militantes activos en el mundo obrero. Redondo fue detenido en múltiples ocasiones: 1960, 1962, 1967, 1968, 1970 y 1971. Estas detenciones no eran meros episodios administrativos: implicaban incomunicación, torturas, cárcel y un riesgo constante de nuevas condenas.

La más dura de estas experiencias fue su encarcelamiento en 1973, tras una condena del Tribunal Supremo a dos años y medio de prisión. Cumplió cinco meses tras las rejas, cuarenta días de los cuales los pasó en celdas de castigo. El resto de la condena fue sustituida por libertad condicional, aunque esta no garantizaba la tranquilidad ni la libertad plena. En 1975, al morir Franco, se benefició del indulto a los presos políticos, aunque en 1976 todavía enfrentaba una petición fiscal de ocho años por asociación ilícita.

Este periodo de intensa persecución no sólo reforzó su figura como resistente, sino que lo convirtió en una referencia moral y organizativa para toda la militancia obrera. Su constancia en la lucha, incluso en las condiciones más adversas, cimentó una autoridad que trascendía el temor y la clandestinidad.

Elección como secretario general de la UGT en 1976

En el XXX Congreso de la UGT, celebrado en Madrid en 1976, ya en plena transición democrática, Nicolás Redondo fue elegido secretario general del sindicato. Era un reconocimiento a su trayectoria, pero también un acto simbólico: la clandestinidad daba paso a la organización legal, y Redondo representaba el hilo de continuidad entre la UGT republicana y la sindicalismo renovado de la democracia emergente.

Simultáneamente, fue designado vocal de la Comisión Ejecutiva del PSOE, consolidando así su protagonismo tanto en el ámbito sindical como en el político. A partir de entonces, Redondo fue reelegido en todos los congresos confederales del sindicato, consolidando su liderazgo durante casi dos décadas. Sin embargo, desde los primeros años se vislumbraron tensiones crecientes con el partido socialista, que culminarían en una ruptura traumática a finales de la década.

Militancia socialista y ruptura con el partido

Su papel como diputado y vocal del PSOE

Durante la transición democrática, Nicolás Redondo compaginó su actividad sindical con un papel activo en la vida parlamentaria. Fue elegido diputado del PSOE por Vizcaya en las elecciones generales de 1977, 1979, 1982 y 1986. Dentro del Congreso, formó parte de la Comisión de Trabajo y más adelante, de la Comisión de Política Social y Empleo, desde donde intentó trasladar las preocupaciones sindicales al ámbito legislativo.

Sin embargo, el ejercicio simultáneo de cargos en la UGT y en el PSOE provocó conflictos de intereses cada vez más difíciles de gestionar. La independencia sindical, principio rector para Redondo, entraba en colisión con la disciplina partidaria exigida por el PSOE, especialmente cuando éste comenzó a gobernar en mayoría absoluta bajo el liderazgo de Felipe González.

En diciembre de 1977, tras el ingreso parcial de militantes de USO (Unión Sindical Obrera) en la UGT, Redondo dimitió de la Comisión Ejecutiva del PSOE, una señal temprana de distanciamiento. Pero el punto de inflexión definitivo llegó en 1987, cuando Redondo renunció a su escaño parlamentario, una decisión sin precedentes para un dirigente sindical vinculado a un partido gobernante.

Disenso ideológico con Felipe González y dimisión en 1987

La dimisión fue una decisión profundamente meditada. Redondo la justificó en términos contundentes: «No podemos defender como sindicato un criterio y otro distinto el grupo parlamentario». Su renuncia fue acompañada de una carta dirigida a Felipe González, en la que afirmaba: «Tuyo y de la causa obrera», dejando claro que su lealtad al movimiento sindical estaba por encima de su pertenencia al PSOE.

El fondo de esta ruptura fue la política económica del gobierno socialista, que Redondo y la UGT consideraban cada vez más alejada de los intereses obreros. En particular, cuestionaban el papel del ministro de Economía Carlos Solchaga, cuyas medidas eran percibidas como proempresariales y en contradicción con los principios del socialismo democrático.

Redondo defendía que, tras años de austeridad y sacrificios obreros, era el momento de recuperar poder adquisitivo. Criticaba duramente el enfoque gubernamental: «Cuando una política mantiene tres millones de parados es que algo está fracasando en el Gobierno», declaraba sin ambages. El divorcio entre UGT y PSOE se hacía cada vez más visible, y su líder sindical emergía como una figura autónoma, dispuesta a confrontar incluso a un gobierno socialista si ello implicaba defender los derechos de los trabajadores.

La huelga de 1988 y el giro hacia la confrontación

Críticas a la política económica de Solchaga

Durante 1988, Redondo intensificó sus críticas al ejecutivo. La postura de la UGT era clara: ya no era viable continuar con políticas de concertación sin contrapartidas tangibles para los trabajadores. Denunciaban que se había sacrificado el empleo y la inversión social en favor del control de la inflación y de los beneficios empresariales.

Ese año, el distanciamiento con el gobierno se profundizó aún más por el fracaso de las negociaciones sobre desempleo, INEM y retribuciones públicas, lo que para Redondo evidenciaba una pérdida de sintonía entre el gobierno y su base natural de apoyo: el movimiento obrero.

Redondo reiteraba su apuesta por el diálogo y la negociación, pero exigía un marco realista: «Tiene que haber un giro, mayor inversión y más atención hacia los sectores sociales desfavorecidos. A la inflación y a los excedentes empresariales se ha sacrificado todo».

Carta a Felipe González y afirmación de la independencia sindical

El punto culminante de la confrontación fue la huelga general del 14 de diciembre de 1988, convocada de forma conjunta por la UGT y Comisiones Obreras (CC.OO.). Fue un éxito rotundo de seguimiento, marcando un hito en la historia del sindicalismo español. Fue también un desafío político directo al gobierno socialista, liderado por alguien que había compartido militancia con Felipe González durante años.

A partir de esa huelga, la brecha entre la UGT y el PSOE se volvió irreconciliable. Redondo rechazó nuevas invitaciones del presidente para retomar el diálogo, alegando que las discrepancias no eran personales, sino de «concepciones distintas». En 1989 llegó a decir que «si Felipe pudiera, destrozaría los sindicatos», dejando patente la ruptura total entre ambas esferas.

Ese mismo año, UGT y CCOO firmaron la Plataforma Sindical Prioritaria, un documento conjunto que consolidaba la unidad de acción sindical. Además, Redondo fue elegido vicepresidente de la Confederación Europea de Sindicatos, ampliando su influencia a nivel internacional y confirmando que su liderazgo trascendía el ámbito nacional.

Aislamiento político y protagonismo sindical europeo

Vicepresidencia en la CES y nuevas movilizaciones

A partir de 1989, Nicolás Redondo mantuvo su papel protagónico en el sindicalismo español, pero ahora desde una posición de confrontación abierta con el Gobierno socialista. Su nombramiento como vicepresidente de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) reforzó su prestigio internacional. Representaba no sólo a los trabajadores españoles, sino también a un modelo de sindicalismo independiente, crítico y profundamente social en el contexto europeo.

En el plano interno, la firma de la Plataforma Sindical Prioritaria (PSP) con CC.OO. inauguró una etapa de mayor coordinación entre ambas centrales sindicales. A pesar de los roces históricos, Redondo y Antonio Gutiérrez, líder de CC.OO., consiguieron establecer un frente común que se tradujo en importantes movilizaciones, como la jornada de paro general del 28 de mayo de 1992, la segunda gran protesta masiva contra el Gobierno socialista.

Distanciamiento definitivo con el PSOE

El XXXII Congreso del PSOE, celebrado en octubre de 1990, aprobó el fin de la doble militancia obligatoria entre PSOE y UGT, un principio que había estado vigente desde la época fundacional del socialismo español. Para Redondo, esta decisión fue “altamente satisfactoria”, pues confirmaba en términos formales una realidad ya evidente desde 1987: la ruptura definitiva entre el partido y el sindicato.

A partir de entonces, la UGT dejó incluso de recomendar el voto al PSOE en las campañas electorales, como solía hacerlo. Redondo acusó al Gobierno de estar llevando a cabo un “conservadurismo de rasgos autoritarios”, y no dudó en señalar que ya no reconocía en Felipe González al “Isidoro” idealista de los años setenta. La disociación entre socialismo y política económica del Gobierno fue, a su juicio, el mayor fracaso del PSOE en el poder.

Crisis internas, sucesión y despedida del liderazgo

Disputas con CCOO y tensiones precongresuales

Pese a la unidad de acción lograda con CCOO, las diferencias entre ambos sindicatos no desaparecieron. Durante las elecciones sindicales de 1990, surgieron discrepancias estratégicas que debilitaron la alianza. Redondo afirmó en septiembre de ese año que la unidad de acción “no estaba rota, pero sí resquebrajada”. En diciembre, declaró abiertamente: “Nunca más me fiaré de Antonio Gutiérrez”.

Sin embargo, el 1 de mayo de 1991 se logró una nueva manifestación conjunta, y meses después ambos líderes presentaron a Felipe González la Iniciativa Social de Progreso (ISP), un intento por retomar el diálogo sobre bases más firmes. No obstante, la desconfianza personal y política persistía, y Redondo era ya consciente del agotamiento de su ciclo como secretario general de la UGT.

En septiembre de 1993, UGT se vio salpicada por el escándalo de la cooperativa de viviendas PSV, perteneciente al grupo IGS, donde el sindicato tenía una participación del 47%. La crisis reveló un déficit de 14.000 millones de pesetas y generó tensiones entre Redondo y Carlos Sotos, presidente del grupo, debilitando la imagen pública del sindicato.

Apoyo a Cándido Méndez y abandono del cargo en 1994

El 6 de octubre de 1993, Redondo anunció oficialmente ante la Comisión Ejecutiva y el Comité Confederal su intención de no presentarse a la reelección como secretario general en el siguiente congreso del sindicato. Declaró que no aceptaría ningún cargo honorífico, en consonancia con su estilo personal austero y directo. Como posibles sucesores mencionó a Antón Saracíbar, Alberto Pérez y Manuel Fernández “Lito”.

En febrero de 1994, en plena campaña precongresual, hizo público su apoyo a la candidatura de Cándido Méndez y Alberto Pérez. Este respaldo generó tensiones con el sector de “Lito”, pero finalmente, durante el Congreso Confederal de abril de 1994, la ejecutiva saliente fue respaldada por el 95,8% de los votos, y Méndez fue elegido nuevo secretario general.

Con este gesto, Redondo cerraba de manera definitiva su etapa de casi dos décadas al frente de la UGT, consolidando una herencia de autonomía sindical y compromiso obrero que marcaría a sus sucesores. No quiso protagonismos finales ni homenajes espectaculares: su despedida fue sobria, coherente con una vida entregada a la causa de los trabajadores.

El escándalo PSV y el cierre de una época

Imputación judicial y deterioro de la imagen de UGT

Aunque ya fuera del cargo, Redondo tuvo que enfrentar las consecuencias legales del escándalo de PSV, que había estallado durante su mandato. El 22 de marzo de 1994, el juez Miguel Moreiras lo citó a declarar como imputado por la gestión de la cooperativa. La investigación generó un daño reputacional considerable a la UGT, y supuso el mayor episodio de desgaste para una figura que hasta entonces se había mantenido relativamente alejada de los escándalos de corrupción.

A pesar de que no se produjeron condenas graves, el proceso judicial representó un epílogo incómodo para una trayectoria que había estado marcada por la integridad, la resistencia y la firmeza frente al poder. Redondo, sin embargo, no buscó refugio en los medios ni en la política: se retiró discretamente de la vida pública.

Su legado sindicalista y la influencia de su hijo en la política vasca

Nicolás Redondo Urbieta tuvo dos hijos: Idoia y Nicolás Redondo Terreros, quien siguió los pasos paternos en la militancia socialista. Redondo Terreros fue secretario general del PSE-EE (PSOE de Euskadi) y diputado, y defendió una línea política crítica con el nacionalismo vasco, especialmente en los años de mayor actividad de ETA. En diciembre de 2001 presentó su dimisión, en un gesto que evocó la misma independencia de criterio que había caracterizado a su padre.

El legado de Nicolás Redondo Urbieta no puede reducirse a su figura individual. Representó una ética obrera de compromiso, dignidad y lucha que resistió tanto la represión franquista como las tentaciones del poder. Fue, en muchos sentidos, un símbolo de la transición sindical democrática y un referente de lo que significa anteponer los principios a los intereses partidarios.

Su vida sintetiza la historia del sindicalismo español del siglo XX: desde la clandestinidad y la persecución, hasta el reconocimiento legal, la confrontación política y la institucionalización del movimiento obrero. Su figura no estuvo exenta de contradicciones ni de momentos difíciles, pero supo mantenerse fiel a los trabajadores, incluso cuando eso significó enfrentarse al partido al que había servido durante décadas.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Nicolás Redondo Urbieta (1927–2023): Voz de Acero del Sindicalismo Español en el Siglo XX". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/redondo-urbieta-nicolas [consulta: 5 de marzo de 2026].