Grigori Yefimovich Rasputín (ca. 1871–1916): El Monje Loco que Dominó la Corte Rusa

Orígenes y Primeros Años

Contexto histórico y social

La Rusia del último cuarto del siglo XIX estaba sumida en una profunda crisis social y política. Las tensiones entre el zarismo, una monarquía autocrática profundamente arraigada, y las crecientes demandas de reforma por parte de la clase media y las élites intelectuales, estaban marcando el paso hacia un periodo de cambios decisivos. En este contexto de incertidumbre y miseria, nacía un hombre que se convertiría en uno de los personajes más controvertidos de la historia rusa: Grigori Yefimovich Rasputín.

El nacimiento exacto de Rasputín es incierto, pero se estima que tuvo lugar en 1871 o 1872 en la aldea de Prokovskoe, una localidad remota en la Siberia occidental. Provenía de una familia campesina pobre, sin acceso a una educación formal. Sin embargo, la falta de educación no impidió que, desde joven, Rasputín comenzara a forjar su destino mediante sus relaciones con prácticas religiosas poco convencionales y sectarias, que serían fundamentales en su posterior ascenso.

La juventud en Prokovskoe

Grigori Yefimovich pasó su infancia en la pobreza, en una comunidad aislada y alejada de las grandes ciudades. Su primer contacto con el mundo espiritual fue a través de las sectas religiosas que proliferaban en la Rusia rural en esa época. Una de las más notorias fue la de los klysty, una secta que practicaba el ascetismo extremo y la autoinmolación como forma de purificación. Los klysty creían que la salvación solo podía alcanzarse a través del castigo físico, y sus rituales incluían flagelaciones y orgías en un ambiente marcado por el exceso y la disolución.

A los veinte años, Rasputín ya estaba casado, y su vida como líder local de la secta klysty le otorgó cierta notoriedad en la región. La práctica de cultos privados, acompañada de excesos de alcohol y sexualidad desenfrenada, escandalizó a sus vecinos. Este comportamiento desmesurado, que combinaba una devoción religiosa extravagante con placeres mundanos, le valió el apodo de Rasputín, que se traduce como «disoluto» o «depravado». Las autoridades eclesiásticas, al percatarse de sus actividades, no tardaron en expulsarlo de su comunidad.

Ascenso como líder sectario

El exilio no significó el fin de su influencia. Lejos de su hogar, Rasputín emprendió una peregrinación que lo llevaría por toda Rusia, los Balcanes y hasta Grecia, donde visitó el célebre Monte Athos. Este viaje espiritual, marcado por su constante búsqueda de conocimientos esotéricos y curativos, le permitió cultivar una personalidad carismática que, sumada a sus poderes curativos, lo transformó en una figura de poder. Rasputín se dedicó a aprender técnicas de sanación, basadas en la imposición de manos y otros métodos alternativos, que más tarde serían cruciales para ganarse el favor de la familia imperial.

Peregrinación y formación personal

Durante los dos años que pasó en peregrinación, Rasputín se empapó de un vasto conocimiento sobre medicina popular, curación espiritual y esoterismo. Estas experiencias enriquecieron su magnetismo personal, lo cual lo convertiría en una figura fascinante para muchos, especialmente en la corte rusa, donde la fe en lo sobrenatural estaba muy extendida. Su influencia creció y, a medida que se acercaba al poder, comenzó a elaborar una imagen de «sanador divino», capaz de curar enfermedades y predecir el futuro.

En 1903, Rasputín hizo su primera aparición en San Petersburgo, la capital de Rusia, con cartas de recomendación de dos obispos ortodoxos. Su objetivo inicial era ingresar en la Academia de Teología, pero su falta de formación formal y su comportamiento excéntrico llevaron a su fracaso en ese intento. Sin embargo, la ciudad cosmopolita y bulliciosa en la que convivían nobles, políticos y empresarios de diversas índoles, le ofreció una puerta de entrada a los círculos de poder.

Rasputín aprovechó su atractivo y carisma para ganarse la confianza de varios miembros de la nobleza rusa. A medida que su figura ganaba prominencia, también lo hacía su influencia en la alta sociedad. Fue en este contexto cuando se acercó a las grandes duquesas Militza y Anastasia, hijas del rey de Montenegro, quienes lo introdujeron en el círculo cercano de la familia imperial. A pesar de su fama de místico y depravado, la élite rusa encontraba en él un poder inexplicable, algo que Rasputín cultivó y explotó para avanzar en su ambición de alcanzar una posición privilegiada.

Ascenso en la Corte Imperial

Llegada a San Petersburgo

En 1903, Rasputín llegó a San Petersburgo con la esperanza de ingresar en la prestigiosa Academia de Teología, un intento que fracasó rotundamente. A pesar de su origen humilde y su falta de estudios formales, Rasputín no perdió la oportunidad de aprovechar su carisma y el aura mística que ya le rodeaba. Aunque la nobleza rusa era escéptica respecto a sus credenciales, la fascinación por lo esotérico y lo sobrenatural prevalecía en los círculos aristocráticos, y eso fue lo que Rasputín supo explotar a su favor.

Al principio, su presencia en la ciudad no pasó desapercibida, sobre todo porque, a pesar de sus orígenes humildes, sus seguidores lo consideraban un hombre santo con poderes curativos excepcionales. Sin embargo, fue su vinculación con la Ciencia Teosófica, una corriente espiritual que había ganado terreno en Europa, especialmente en Francia y Estados Unidos, lo que le permitió integrarse en los círculos más altos de la aristocracia rusa. La teosofía, que defendía la creencia en la sabiduría divina accesible a través de la percepción directa y la sanación espiritual, resonaba profundamente entre los nobles y las clases altas rusas.

Relación con la familia Romanov

El momento clave de su vida llegó en 1905, cuando la revolución campesina y los levantamientos populares pusieron a la monarquía de los Romanov al borde del abismo. En este contexto de incertidumbre, Rasputín fue presentado a la familia imperial rusa, encabezada por el zar Nicolás II y su esposa, la zarina Alejandra. La razón de este encuentro fue el grave problema de salud del heredero al trono, el zarevich Alexis, quien padecía hemofilia, una enfermedad hereditaria que impedía la correcta coagulación de la sangre y que, en aquellos tiempos, era mortal.

En un momento de desesperación por salvar a su hijo, la zarina Alejandra aceptó las recomendaciones de aquellos que le aseguraban que Rasputín, con sus poderes curativos y espirituales, podría sanar a Alexis. Durante una crisis de hemorragia, Rasputín utilizó sus métodos, que muchos consideraban esotéricos y misteriosos, para lograr detener el sangrado del joven príncipe. Esta intervención, a pesar de su naturaleza controversial, causó una impresión profunda en la familia imperial. La zarina, completamente impresionada y agradecida, pronto empezó a considerar a Rasputín no solo un sanador, sino un enviado divino.

A partir de ese momento, Rasputín ganó una posición de poder dentro de la corte imperial. La confianza de los Romanov en él creció exponencialmente, y no solo se convirtió en un consejero cercano de la zarina, sino que también empezó a ejercer una influencia directa sobre Nicolás II. Su capacidad para curar al zarevich Alexis consolidó su poder y le permitió hacerse indispensable en la corte, especialmente en la vida privada de la familia imperial.

El poder detrás del trono

A medida que su influencia crecía, también lo hacía su control sobre las decisiones dentro de la corte. Rasputín, quien había comenzado como un desconocido monje de Siberia, pasó a ser una figura fundamental en la política interna de Rusia. Aprovechó su cercanía con la zarina para asegurarse de que los ministros y altos oficiales que le eran leales ocuparan posiciones claves en el gobierno, mientras que aquellos que se oponían a su influencia fueron marginados.

Los nobles y eclesiásticos que se oponían a Rasputín pronto se encontraron en situaciones incómodas: algunos fueron desterrados, otros despojados de sus títulos, y los más valientes que intentaron confrontarlo fueron ignorados o incluso perseguidos. Rasputín se convirtió en un símbolo de la corrupción y el abuso de poder dentro de la corte, pero su habilidad para manipular la percepción que los Romanov tenían de él lo mantuvo invulnerable a los ataques.

El ambiente dentro del palacio, bajo la creciente influencia de Rasputín, se volvió cada vez más caótico. Los rumores sobre su comportamiento excesivo, incluidas las orgías sexuales y el consumo desmesurado de alcohol, no dejaron de circular. Sin embargo, lo que para muchos era evidencia de su inmoralidad, para la zarina Alejandra era la confirmación de su poder divino. Rasputín, lejos de ser una simple figura religiosa, se convirtió en el verdadero hombre de poder detrás del trono ruso.

La Revolución de 1905 y el poder de Rasputín

En el contexto de la Revolución de 1905, cuando Rusia se encontraba sumida en disturbios y tensiones, Rasputín se mantuvo como un símbolo de la decadencia de la corte zarista. Mientras la aristocracia y la iglesia ortodoxa comenzaban a percibirlo como un peligro, las clases bajas lo veían como un fenómeno inexplicable, pero indudablemente poderoso. Sin embargo, su creciente influencia fue tanto su mayor ventaja como su talón de Aquiles.

A pesar de su importancia dentro de la corte, Rasputín nunca dejó de ser un personaje controvertido. Sus enemigos dentro del gobierno, incluidos ministros y miembros de la iglesia, comenzaron a ver en él una amenaza directa al orden establecido. Sin embargo, la figura de Rasputín, alimentada por las creencias supersticiosas de la zarina y el desconcierto generalizado ante su poder, continuó prosperando.

En este periodo, Rasputín consolidó su posición no solo como curandero, sino también como un consejero político. Su influencia, tanto sobre Nicolás II como sobre su esposa, le permitió intervenir en decisiones clave del gobierno, lo que irritó tanto a los opositores políticos como a la élite militar, quienes consideraban que su participación en los asuntos de Estado era inapropiada e incluso peligrosa.

El Declive y la Muerte de Rasputín

La Primera Guerra Mundial y su ascensión al poder absoluto

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, Rusia se unió a las potencias de la Triple Entente para luchar contra las fuerzas de los Imperios Centrales. La guerra, que pronto se convirtió en un conflicto devastador, amplificó las tensiones internas en el Imperio Ruso. Rasputín, con su poder sobre la familia imperial, aprovechó la situación para consolidar aún más su posición.

El zar Nicolás II, que había asumido el mando del ejército ruso en 1915, dejó las riendas del gobierno en manos de su esposa, la zarina Alejandra, quien, a su vez, se encontraba bajo la influencia directa de Rasputín. Esto permitió al monje ejercer un control absoluto sobre los asuntos de Estado. Rasputín no dudó en destituir a ministros y funcionarios que no le eran leales, reemplazándolos por personas de poca valía pero completamente subordinadas a su voluntad.

Este periodo de descontrol dentro de la corte imperial significó un auge para Rasputín, pero también marcó el comienzo de su caída. En su afán por afianzar su poder, promovió políticas que fueron desastrosas para el país. Su actitud indiferente ante la situación de la guerra y su falta de comprensión sobre los problemas de la nación lo convirtieron en un símbolo de la decadencia del régimen zarista. La corrupción se extendió rápidamente a lo largo de la corte, y muchos de los ministros y funcionarios públicos se dedicaron al saqueo descarado del Imperio con la bendición tácita de Rasputín.

El ejército ruso, que se encontraba luchando en varios frentes con una escasez crítica de suministros, se vio afectado directamente por la falta de recursos, y la desorganización reinante aumentó la frustración de la población y los soldados. La actitud de Rasputín, que mantenía un control absoluto sobre las decisiones políticas, contribuyó a agravar la situación, despojando al país de la dirección necesaria para enfrentar la guerra de manera efectiva.

Crisis y conspiración contra Rasputín

La creciente insatisfacción popular y la agitación política resultante de las decisiones erráticas de Rasputín no pasaron desapercibidas en los círculos de poder de Rusia. Su influencia sobre la zarina Alejandra y su intervención en la política imperial comenzaron a generar un enorme malestar entre la nobleza y la clase política. Rasputín se convirtió en un blanco constante de críticas por parte de diplomáticos, militares, aristócratas y miembros de la iglesia ortodoxa, quienes consideraban que su presencia en la corte era un grave perjuicio para el futuro de Rusia.

Las relaciones de Rasputín con la zarina fueron un tema de creciente preocupación. Los rumores sobre su vinculación con la zarina, basados en las cartas privadas que ambos intercambiaban, alimentaron las especulaciones sobre una relación amorosa y sexual. Aunque tanto Rasputín como la zarina Alejandra negaron tajantemente estos rumores, la imagen del monje como un corruptor de la corte rusa se consolidó aún más.

Al mismo tiempo, la situación política de Rusia empeoraba debido a la guerra. La clase dirigente rusa, frustrada por la ineficiencia de la administración zarista, comenzó a formar una alianza para deshacerse de Rasputín. Los conspiradores eran una combinación de aristócratas, oficiales militares y miembros de la iglesia ortodoxa que veían en Rasputín una amenaza para el futuro de Rusia.

En 1916, los enemigos de Rasputín decidieron actuar. La conspiración para asesinarlo fue liderada por el gran duque Dimitri Pavlovich, sobrino del zar Nicolás II, y el diputado de extrema derecha Vladimir Purishkevich, entre otros. El motivo de su odio hacia Rasputín fue claro: consideraban que su influencia sobre la familia imperial estaba debilitando al Estado ruso y, en última instancia, conduciendo a la monarquía hacia la ruina.

El asesinato de Rasputín

La noche del 29 de diciembre de 1916, Rasputín fue invitado al palacio del príncipe Félix Yussupov, quien formaba parte del grupo conspirador. El plan era envenenarlo con pasteles y vino, pero cuando Rasputín, aparentemente inmune al veneno, siguió comportándose con normalidad, los conspiradores decidieron actuar de manera más drástica. Yussupov, desesperado, le disparó a Rasputín en el pecho. Sin embargo, para sorpresa de todos, el monje no murió de inmediato. Rasputín, herido, logró arrastrarse hacia el jardín del palacio, donde fue alcanzado nuevamente por los disparos de Purishkevich, quien vació el cargador de su pistola en el cuerpo de Rasputín.

A pesar de las múltiples heridas de bala, Rasputín siguió con vida lo suficiente como para intentar huir del lugar. Finalmente, los conspiradores, asegurándose de que estaba muerto, envolvieron su cuerpo en una lona gruesa y lo arrojaron al río Neva, en las afueras de la ciudad. Sin embargo, cuando el cuerpo fue recuperado, los forenses determinaron que la causa de su muerte no fue el envenenamiento ni los disparos, sino el ahogamiento. La extraña secuencia de su muerte solo contribuyó a alimentar el mito de Rasputín, un hombre aparentemente inmortal y casi invulnerable.

Legado y fin de la dinastía Romanov

La noticia de la muerte de Rasputín se propagó rápidamente por todo el país, provocando una gran euforia entre el pueblo ruso. La figura del «monje loco» había sido un símbolo de la decadencia y la corrupción de la corte imperial, y su desaparición fue vista como un acto de justicia por muchos. Sin embargo, la caída de Rasputín no resolvió los problemas de Rusia. Un año después de su muerte, en 1917, la Revolución Rusa estalló, llevando al fin de la dinastía Romanov y al establecimiento del régimen comunista.

El asesinato de Rasputín, aunque significativo en el ámbito político, fue solo un preludio de la catástrofe que se avecinaba. La Revolución Rusa desterró al zar Nicolás II y acabó con su familia. Rasputín, cuya influencia había sido clave en los últimos días de la monarquía rusa, se convirtió en una figura emblemática de una era en la que el poder absoluto de los Romanov llegó a su fin, dejando una huella profunda en la historia de Rusia y del mundo.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Grigori Yefimovich Rasputín (ca. 1871–1916): El Monje Loco que Dominó la Corte Rusa". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/rasputin [consulta: 10 de febrero de 2026].