José Ortega Cano (1953–VVVV): El Maestro del Toreo que Conquistó el Mundo

José Ortega Cano (1953–VVVV): El Maestro del Toreo que Conquistó el Mundo

Orígenes y Primeros Años

José Ortega Cano nació el 27 de diciembre de 1953 en Cartagena, una ciudad costera de la región de Murcia, España. Creció en una familia que, aunque no estaba directamente vinculada al mundo taurino, se mudó cuando él apenas tenía cuatro años a San Sebastián de los Reyes, una localidad madrileña famosa por su feria taurina y encierros. Este cambio de residencia sería decisivo en su vida, ya que la influencia de la cultura taurina de la zona comenzó a forjar en él la pasión por el toreo, una vocación que más tarde lo llevaría a convertirse en uno de los más importantes matadores de toros de su generación.

San Sebastián de los Reyes, conocida como «La Pamplona Chica» por sus encierros, jugó un papel fundamental en su formación. Allí, Ortega Cano sintió desde joven la llamada del toreo y comenzó a mostrar su inclinación hacia el arte de la tauromaquia. En sus primeros años, fue testigo de la relevancia de las festividades locales, lo que lo incentivó a involucrarse en los espectáculos taurinos populares, aunque de manera más ligera y cómica. A los pocos años de haberse establecido en la localidad madrileña, comenzó a participar en los espectáculos cómico-taurinos organizados por el célebre Blas Romero, conocido en el mundo taurino como «El Platanito». En estos eventos, Ortega Cano experimentó con las suertes de capa, banderillas y muleta, una práctica que lo ayudó a adquirir las habilidades básicas del toreo, a pesar de que estos eran eventos menos serios que los tradicionales.

Influencias Tempranas

La influencia de San Sebastián de los Reyes y la cercanía a eventos taurinos de alto nivel fueron claves en la temprana pasión de Ortega Cano por el toreo. La cercanía con figuras taurinas y el contacto constante con las artes del toreo le permitieron desarrollar una visión clara de lo que significaba ser un torero de renombre. Sin embargo, fue la experiencia adquirida en los cómico-taurinos lo que le permitió iniciarse en el toreo sin las presiones que implica estar en una plaza profesional.

Blas Romero, su primer mentor, jugó un papel esencial en estos años de formación. A través de estos espectáculos, Ortega Cano no solo aprendió las técnicas del toreo, sino que también cultivó su carácter y la capacidad para conectar con el público, una cualidad esencial para cualquier gran torero. Este contacto temprano con el mundo taurino, y su aprendizaje en las mojigangas o espectáculos de menor calibre, marcaron el comienzo de lo que sería una carrera fulgurante, aunque llena de altibajos.

Formación y Primeros Pasos en el Toreo

Con el apoyo de su familia y tras haber demostrado una vocación y habilidades destacadas, José Ortega Cano se decidió a dar el paso definitivo hacia el mundo del toreo profesional. En julio de 1972, con tan solo 18 años, se presentó en la plaza de Las Arenas, en Barcelona, con su primer traje de luces, iniciando su carrera de matador de toros. Aquella primera intervención en una plaza de importancia marcó el comienzo de su etapa como novillero, aunque sus primeros pasos en la arena no fueron fáciles.

A pesar de no tener una gran fama al principio de su carrera, Ortega Cano se fue fogueando en las novilladas, esos festejos previos a la alternancia con los matadores de toros. Su participación en estas corridas, que no incluían el picador, le permitió probar sus habilidades en el ruedo y forjar su identidad como torero. Un hito significativo en su carrera fue su debut en una novillada con picadores en 1973, en el coso de Vista Alegre en Madrid, el 9 de septiembre. En ese festejo, Ortega Cano, junto a otros novilleros como Frederic Pascal y Juan Lucas, tuvo la oportunidad de demostrar su habilidad. Durante esa tarde, cortó una oreja a su primer toro, una muestra de su destreza y del talento que poseía para el toreo clásico.

La novillada en Vista Alegre fue un importante escalón en su carrera, pues la buena impresión que dejó en el público y en los críticos le permitió ascender rápidamente en el escalafón de novilleros. Así, con un toreo clásico y elegante, fue ganando notoriedad en el circuito taurino, lo que le permitió colocarse en la parte alta de la clasificación de novilleros a finales de 1974.

Toma de Alternativa y Primeros Triunfos

El 12 de octubre de 1974, en la plaza de Zaragoza, José Ortega Cano alcanzó uno de los momentos más importantes de su carrera: la toma de alternativa. El diestro alicantino José María Manzanares, figura destacada del toreo en esa época, fue quien le entregó los trastos de torear en un acto que marcó el comienzo de su carrera como matador de toros. El toro que Ortega Cano lidió ese día, de la ganadería de José Luis Osborne, fue un burel negro bragado llamado Pedillero, y en esta corrida el torero cartagenero dejó claro su potencial y habilidad.

A pesar de este prometedor inicio, Ortega Cano no logró en sus primeros años como matador afianzarse de inmediato entre los grandes nombres del toreo. Aunque su técnica era depurada y su toreo tenía la elegancia y la firmeza propias de los grandes maestros, la competencia era feroz, y durante los primeros años tras tomar la alternativa, le costó encontrar su sitio en los carteles más importantes. Pasaron varios años antes de que pudiera confirmar su posición entre los matadores de élite, lo que ocurrió en 1978, cuando logró un gran triunfo en Madrid.

El 14 de mayo de 1978, Ortega Cano se presentó en la Plaza Monumental de Las Ventas en Madrid para confirmar su alternativa, un paso esencial para cualquier torero que aspire a ser considerado una figura de primer nivel. En esta corrida, el torero cartagenero cuajó una brillante actuación frente a dos toros de la ganadería de Sotillo Gutiérrez. Su destreza con la muleta, la firmeza en los quites y la elegancia de su toreo le valieron la admiración de la afición madrileña. Este triunfo en Madrid fue crucial para el resurgir de su carrera y para consolidarlo como un torero de renombre.

El Auge de Ortega Cano en los Años 80

A partir de 1980, la carrera de Ortega Cano experimentó un ascenso meteórico. Durante esa temporada, toreó en 26 ocasiones, destacándose por su estilo clásico y elegante. Este año también marcó su primera participación en la Feria de San Isidro, el ciclo taurino más prestigioso de Madrid, donde consiguió el trofeo a la mejor estocada del ciclo. A pesar de un comienzo prometedor, la carrera de Ortega Cano no estuvo exenta de altibajos, y en 1979 sufrió su primera grave cornada en la Feria de San Isidro, durante una corrida en la que lidiaba un toro de la ganadería de Victorino Martín. Esta herida fue grave, pero no logró detener su ascenso.

El torero cartagenero continuó demostrando su talento en las principales plazas de España y, con el tiempo, se ganó el reconocimiento del público y de los profesionales del mundo del toreo. En 1983, Ortega Cano volvió a resurgir de una temporada difícil, participando en 27 corridas y logrando importantes éxitos en varias plazas. Pero fue en 1984 cuando alcanzó su madurez artística y su consolidación definitiva como figura del toreo.

En 1984, Ortega Cano obtuvo uno de sus mayores triunfos en Madrid, el 14 de septiembre, cuando compartió cartel con otros grandes matadores como Roberto Domínguez y José Luis Palomar. Durante esa corrida, Ortega Cano cuajó una impresionante faena, que culminó con una oreja cortada a un toro de la ganadería de Pilar Población. Esa tarde, la Puerta Grande de Madrid se abrió para él, un honor reservado solo para los toreros más destacados.

Triunfos Clave y Reconocimientos

Los años 80 fueron la década dorada de José Ortega Cano. En 1986, el torero cosechó dos de los más grandes éxitos de su carrera. El primero tuvo lugar el 22 de mayo en la plaza de Las Ventas, donde, tras una faena impecable, cortó dos orejas a un toro de la ganadería de Baltasar Ibán. Este triunfo consolidó su estatus como uno de los grandes toreros del momento. Poco después, en septiembre de 1986, Ortega Cano se presentó en un mano a mano con Julio Robles, otro gran torero de la época. Esa tarde, Ortega Cano cortó dos orejas y fue sacado a hombros por la Puerta Grande, un gesto que reflejaba la admiración de la afición por su destreza y su presencia en el ruedo.

Gracias a estos triunfos, Ortega Cano se convirtió en una de las figuras más relevantes del toreo de los años 80, disfrutando de una visibilidad y prestigio que le aseguraron un lugar entre los grandes del escalafón taurino. Además, sus éxitos en las plazas españolas fueron seguidos por un intenso recorrido por Hispanoamérica, donde dejó una huella importante en países como Venezuela, México y Colombia, consolidando su reputación internacional.

La Década de los 90: Crisis Profesional y Personal

La década de los 90 marcó un período de altibajos en la carrera de José Ortega Cano. A pesar de haber alcanzado el estatus de estrella en los años anteriores, su trayectoria comenzó a verse afectada por varios factores. Uno de los más destacados fue su boda con la famosa tonadillera Rocío Jurado, que, si bien le otorgó una gran visibilidad mediática, también desvió parte de la atención de su carrera taurina hacia su vida personal. Aunque su matrimonio con la cantante fue ampliamente celebrado y mediatizado, también generó críticas y controversias en algunos sectores del público taurino, que no veían con buenos ojos la sobreexposición de la vida privada de un torero.

Otro factor que influyó en su declive fue el desgaste físico y emocional derivado de las duras condiciones del toreo. Ortega Cano había sufrido varias cornadas graves a lo largo de su carrera, y las secuelas de estas heridas comenzaron a hacer mella en su rendimiento. En 1987, sufrió una grave cornada en el pecho durante la Feria del Pilar en Zaragoza, lo que le obligó a alejarse temporalmente de los ruedos. Su recuperación fue lenta, y aunque volvió a torear con éxito, el golpe de la cornada y el trauma psicológico que sufrió lo dejaron con menos confianza y menos seguridad en su arte.

A pesar de estos obstáculos, Ortega Cano siguió siendo una figura importante en el toreo, aunque su rendimiento comenzó a decaer progresivamente. A mediados de los años 90, la cantidad de contratos que recibía comenzó a disminuir, y su presencia en los carteles más relevantes se volvió menos frecuente. Aunque seguía siendo un torero de renombre, ya no lograba los mismos éxitos rotundos que antes, y su toreo comenzó a mostrar cierta falta de frescura.

Últimos Años en los Plazas y Retiro

El final de los años 90 y principios de los 2000 fueron una etapa de redefinición para José Ortega Cano. En 1998, a pesar de los vaivenes de su carrera, anunció que se retiraría del toreo de manera definitiva. Sin embargo, como suele ocurrir con muchos toreros, el adiós de los ruedos no fue tan sencillo. Ortega Cano decidió regresar en 2001, y su reaparición fue marcada por una actuación en la plaza de Olivenza (Badajoz), donde compartió cartel con los diestros Espartaco y Jesulín de Ubrique, figuras de gran renombre en ese momento. Aunque la faena no estuvo exenta de errores, la actuación permitió que Ortega Cano siguiera demostrando su valía en el ruedo, aunque de una forma algo más errática y menos regular que en su mejor época.

A lo largo de los siguientes años, Ortega Cano continuó alternando actuaciones exitosas con otras menos destacadas. A pesar de que en algunas plazas todavía dejaba muestras de su enorme talento, la realidad es que su carrera estaba llegando a su fin. En 2003, después de varios años de competir en condiciones cada vez más difíciles, Ortega Cano tomó la decisión de retirarse de manera definitiva. Su última corrida tuvo lugar en la plaza de Vistalegre en Madrid, el 21 de noviembre de 2003, donde se despidió del público tras lidiar seis toros en una actuación cargada de emoción y simbolismo. Durante esa última tarde, Ortega Cano cortó tres orejas, un gesto que reflejaba tanto su maestría como la despedida de un gran torero.

Legado y Reinterpretación Histórica

A pesar del declive de su carrera en sus últimos años, el legado de José Ortega Cano sigue siendo una parte fundamental de la historia del toreo. Su estilo clásico, elegante y certero dejó una huella indeleble en el mundo taurino. A lo largo de su carrera, Ortega Cano fue capaz de adaptarse a diferentes estilos y de dominar con igual destreza tanto el capote como la muleta, lo que lo convirtió en un torero completo y admirado por muchos.

Su impacto no se limita solo a su destreza en el ruedo; Ortega Cano también fue un referente para las nuevas generaciones de toreros que, a pesar de no haber vivido el auge de su carrera, lo vieron como un modelo a seguir. Además, su figura fue objeto de numerosas reinterpretaciones históricas, especialmente tras su retiro y la sobreexposición mediática de su vida personal. Algunos lo consideran un torero que, al igual que muchos otros, vivió una intensa lucha con su propio declive, pero su valentía y capacidad para adaptarse a las circunstancias de la vida le permitió mantenerse relevante, incluso cuando su toreo no era tan brillante como en sus años dorados.

En definitiva, José Ortega Cano es recordado como uno de los grandes maestros del toreo de su tiempo, cuyas actuaciones permanecerán grabadas en la memoria de los aficionados al toro durante décadas. Su historia es un testimonio de perseverancia, talento y pasión por el arte del toreo, y su legado perdura como una de las figuras más emblemáticas del toreo moderno.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "José Ortega Cano (1953–VVVV): El Maestro del Toreo que Conquistó el Mundo". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/ortega-cano-jose [consulta: 5 de febrero de 2026].